sábado, 22 de febrero de 2014

Un punto de inflexión

En el libro "El cielo protector" de Paul Bowles, aparece en el epígrafe un texto de Kafka que me detuvo:
“A partir de determinado punto, no hay retroceso posible. A ese punto hay que llegar”

En todo proceso de escritura, llega un punto de inflexión en el que no es posible razonar lo que se está construyendo. La prosa se torna arborescente, la "trama" se intensifica bordeando las márgenes imprevistas de los recovecos semánticos, hay allí un nudo que nunca termina de desatarse, un embrollo con sus dificultades ontológicas sin resolver, pero que es preciso continuar, ver hasta donde llegan sus discordancias.

Me encuentro trabajando en un tono desde hace tiempo, hay una idea de vacilación que cada tanto me detiene, luego avanzo por fragmentos, intentando sacralizar lo ya desacralizado, recogiendo parte de un romanticismo que anhelo recuperar, acaso una exaltación a través del poema.

Desde cierta lírica, cultivada mediante precarias lecturas, busco profanar aquella instancia del lenguaje calcinado, descifrar con la escritura lo que no es posible decir con la palabra, ese infinito.

sábado, 15 de febrero de 2014

El viento mientras tanto...

Una pantalla blanca, los ojos como ascuas esmeriladas, un vano clamor por resolver, el lineamiento de un esquema sobrevolando la horizontalidad de una conjetura violácea en un plano verde, donde caben las teorías nunca labradas frente al espejo, la línea acaso recta de las probabilidades semánticas de una sentencia impar.
Dar una zambullida, imbricar los conceptuales trazos, un sol tibio que enceguece, sombras que se inclinan hacia el pasado.
No quiero corregir esta vez, escribo como si me escapara desde un trasfondo de pasillo horadado por la reiteración de gestos mecánicos, la parte de la belleza donde cuelgan los helechos y las lilas, mezcladas como en una urdimbre, el sol de entonces, reflejando el brillo de las bombitas de agua colgadas de los hilos, el patio con los canteros resquebrajados, las tejas rosadas con sus clavos oxidados, el pájaro que nunca aprendió a volar.

Suelo hurgar entre los desencantos y las dilucidaciones prosaicas, existe un puente entre ellas, como una certidumbre por devanar, simplemente el tiempo, aquella dimensión que todo obstaculiza, desplaza hacia las márgenes la perpetuación de los desbrozamientos, donde fluctúan las obligaciones de los relojes, las tareas con candados y las paredes de la rutina.

El viento mientras tanto calcina las palabras bajo el sol.

sábado, 8 de febrero de 2014

Preocupaciones...

No sé para donde arrojar mis verticales inquisiciones, vuelvo para el oeste. Ayer anoté unos vértigos, recogí frases sueltas, fijé distorsiones. El plano es una playa donde salgo a caminar dejando nombres en la orilla, creyéndome poeta, hundido en algún pasado inmóvil, donde apenas soy visible.

Últimamente las construcciones tienen un tono ocre en sus márgenes, como un eclipse que atraviesa un campo de margaritas. Me preocupa el centro de ese esquema, donde nacen las supuestas coordenadas prosaicas, la idea de homogeneidad dentro de un laberinto urdido por el caos, ciertas esquirlas que buscan encauzar la primer anomalía, cuando solo se trata de una irrupción, algo que ocurre, acaso la admonición de una posibilidad estética.

Hoy llovió todo el día, hubiese querido no hablar del tiempo, pero esa parte es la que no puedo resolver, después de todo nadie sabe que soy el áureo espantajo.

sábado, 1 de febrero de 2014

Verano






Ver pasar el día...