sábado, 27 de diciembre de 2014

Lo que une


El sentido de pertenencia que me une a este personaje conceptual es complicado de dirimir, cuando tenso mi poema esperando que aúlle en determinado momento, cuando camino por un campo poblado de zarzas, cuando tomo un vino debajo de las estrellas, acaso la lira, inútilmente compasiva, enhebra denuestos entre márgenes poblados de anotaciones, y este acontecer sin destino cierto, imaginado, a imagen y semejanza, hirsuto y pequeño.   

De estos tiestos me completo, en la hora donde vuelan las gaviotas, en el tiempo que está por venir, para callarme, para arrullarme entre atardeceres índigos rodeado de glicinas, para saber que siempre seré el áureo espantajo.

A los que leen, buen año.

Paz,
amor

y empatía.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Navidad


Una vez escuché que alguien decía "y si no te veo feliz navidad", a lo cual recibió como respuesta ¿y si me ves que? parece una frase hecha pero está cargada de una connotación imposible de medir, donde el tiempo agrega sus variables grises, una frase simple que transmite muchas cosas y a la vez ninguna, y viene siendo pronunciada desde el fondo de los tiempos.

Suelo pensar en el tiempo últimamente, buscando encontrarme en estas fechas, y lo que ocurre es una extraña algarabía que tiene como anclaje un sentido de pertenencia, donde "somos" la mesa que se comparte, aunque seamos diferentes y recorramos nuestras vidas casi sin darnos cuenta. Hay quienes viven un "silencioso desaliento" que muta en incandescente compasión hasta que el año nuevo llega y todo vuelve a su cauce normal.

Creo necesario proseguir, ese recorrido del agua entre las piedras, ese vaso de vino que se medita, ese fuego, esa canción, ese viento de los años...

Después de todo, es solo otra noche luminosa en el mundo.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Epifanía


Y el día veinticuatro del mes primero estaba yo a la orilla del gran río Hidekel.
Y alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz.

Daniel 10.4

Y yo Daniel miré, y he aquí otros dos que estaban en pie, el uno a este lado del río, y el otro al otro lado del río.
Y dijo uno al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin de estas maravillas?

Daniel 12.5

El sol como las puertas, con dos hombres blanquísimos, de un colegio militar en un desierto; un colegio militar que no es más que un desierto en un lugar adentro de esta playa de la que huye el futuro. (1984)

Allá atrás, en mi nuca, vi al blanquísimo desierto de esta vida de mi vida; vi a mi eternidad, que debo atravesar desde los ojos del Señor hasta los ojos del Señor. (1984)

Héctor Viel Temperley

He aquí dos viñetas, imágenes de telas blancas movidas por el viento, en un día de verano.
En el libro de Daniel, en los últimos versículos, el profeta revela una visión, el relato es simple, una figura parada en el horizonte, que apenas era posible distinguir “su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud”, el texto parece inferir la imagen del Mésias, no nacido aún, pero que pudo presentarse ante quien podía ver “lo que otros creen ver”.

En el libro “Hospital Británico” de Héctor Viel Temperley, ocurre una epifanía similar,el poeta comenta que en un día nublado, estando en una playa, cierra los ojos cuando sale el sol y ve dos figuras blanquísimas, sintiendo al instante que tenía que escribir acerca de esas dos personas que parecían hacer guardia en la arena.

Yo podría y como lector me sería lícito suponer– que esas figuras son las mismas, ese alguien ungido por la fe, horadado en las palabras. Pueden pasar siglos y la literatura no superará el cuadro inicial, se podrá escribir mejor lo que ya fue escrito, variará el contexto, se sumarán lecturas, y sin embargo estarán estas imágenes al final de las palabras, en el horizonte o en la playa, bajo un día de sol.

Culmina Viel Temperley:
El verano en que resucitemos tendrá un molino cerca con un chorro blanquísimo sepultado en la vena. (1969)

Hasta ese día...

domingo, 14 de diciembre de 2014

La tarde de verano


Suele ocurrir después del mediodía, no lo puedo resolver con palabras, el sol parece blanco, pesa sobre los techos de las casas, todo lo enmudece, un padecimiento breve y lento, tibieza de la parte alta de los muebles, un auto agobiado que se escucha de lejos, ni siquiera pájaros, apenas algunas cigarras y búhos, un sopor que se instala invisible, una queja que no se nombra, conversaciones imperceptibles en un teléfono.

La gente que duerme después de almorzar, la gente que se resguarda del calor, que no indaga en esa caminata lenta que es todo sol que abrasa, ese estar debajo de un ópalo, escuchar que algo se acerca, algo que parece latir, ¿cuántos grifos invisibles cruzando la calle? La forma de un quejido imposible de medir.

Algo pequeño, en el interior de las cosas, se gesta inadvertido. El bosque se pone en movimiento. Los espantajos caminan con sus grilletes en los tobillos, como parias en vastas procesiones, aparentando pertenencia.

Mientras tanto, a todo le encuentro sentido: puertas derruidas, jardines descuidados, veredas rotas, ventanas sin pintar, largos y misteriosos pasillos, campanarios, rejas oxidadas, canteros sin flores, buzones sin correspondencias...


Probablemente ese sea el problema.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Proseguir


A propósito de una oportunidad perdida, me permito atravesar diferentes planos de la realidad, entonces pienso que es momento de callarse, apartarse con las ideas, dejar que las cosas se calmen un poco. Perdí hace unos días una interesante oportunidad laboral, esto motivó una serie de cuestionamientos cuya certidumbre es imposible devanar, me vi como un descreído parado al costado del camino, contemplando la marcha de las lentas procesiones, aquellos que buscan una posibilidad mirando hacia delante como fantasmas, creyendo que el camino allanado no son huellas de otros, que todo es descubierto por primera vez…

Hay algo que impulsa a las personas a creer que los cambios son posibles, y accionan en consecuencia, no sé explicar ese valer la pena , no sé resolver que motiva a los seres humanos a proseguir, pensando que siempre hay un destino detrás de cada acto.

Solo sé que por alguna razón tengo que seguir caminando.