Me interesó un entendimiento que descubrí recientemente en una entrevista publicada en la revista Carapachay, realizada al poeta, músico y guionista Alberto Muñoz, cuya obra ha estado atravesada por la geografía del Delta, específicamente el Arroyo Espera, en el corazón del Tigre, provincia de Buenos Aires.
Lo que me pareció sumamente luminoso fue la comprensión de la lectura concebida desde un plano muy amplio, el autor lo resume con una anécdota, decía Muñoz que una vez, mientras hablaba con un isleño de nacionalidad paraguaya, a quien invitó a tomar unos mates en un muelle, notó que este hombre, de nombre Celso, no paraba de mirar el río mientras escuchaba, cuando el poeta le pregunta qué es lo que miraba, el hombre simplemente le dijo "mañana tenemos crecida, hoy a la noche llueve" y algo también sobre algún tipo de pescado que iba a haber, ahí es donde aparece la idea que expresa Muñoz, al decir que lo que estaba haciendo el isleño era leer el río "y el río se lee, así como en la Edad Media se leía la fachada de las iglesias", y puso como ejemplo la Basílica de Luján, que por fuera, arquitectónicamente, está custodiada por monstruos y gárgolas que miran para abajo, y que si había una lectura de esa situación, era que adentro de la iglesia estabas protegido de esos monstruos, que esas gárgolas de cemento estaban afuera, porque no podían entrar a la iglesia, en consecuencia, todo eso representaba una lectura, una piedra es también un libro.
Entonces, decía Muñoz, que lo hay que tratar de entender de todo esto es que el lector es piedra, el lector es agua, es lector es cielo, es olfato, lo que hace comprender que la lectura compete a todos los sentidos, y que asi como uno lee un libro, también lee gente.
Me pareció un buen discernimiento.
La entrevista culmina con un extenso poema del autor, solo tomo unos versos al pasar:
"que el desierto es matemática en estado de arena"...
PD: habría que trenzar alguna cuerda para llevar esta comprensión tal como la concibió Jacobo Fijman cuando dijo “Muchas veces acaece que el poeta veraz es traído a las tinieblas mismas de la muerte, y pasa a ser lector de símbolos, y vuelto en amistad de la belleza, goce de la voluntad de su gusto en el procedimiento, y en la consolación y esperanza de su obra”, y es que quizás, tal como lo concibió Fijman, todos los verdaderos poetas deberían hacer en algún momento la pregunta: ¿Qué es la poesía? y es maravilloso cuando parte de la respuesta la tiene el propio poeta pero asociada bajo la forma de otra pregunta: ¿quién soy?
Todo esto ya no tiene que ver con un género literario sino con una forma de existir en el mundo, una forma de consuelo en medio de esta pradera, aquel que lee un río no necesariamente es un poeta, el que puede leer símbolos, tal vez lo sea.
Textos consultados:
Revista Carapachay o la guerrilla del junco. Conversación con Alberto Muñoz. Año 2, Número 4, páginas 11-38. Disponible en https://revistacarapachay.com/2016/08/12/entrevista-a-alberto-munoz/
Número. 14, febrero de 1931. Mallarmé, lector de símbolos. Recuperada del Archivo Histórico de Revistas Argentinas (AHIRA). Disponible en: https://ahira.com.ar/ejemplares/numero-14/

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