sábado, 11 de abril de 2026

El sol de la infancia


La hora de la siesta, esa nada aparente, antes era un resplandor amarillo que parecía llenar de luz a las paredes, hasta aplacarlas de tanto brillo, como un cuerpo inerme que espera recuperarse bajo el sol, apenas pasaban autos y se podía escuchar el paso de algunos zapatos dejando huellas violetas en la vereda. Había abejas y mariposas, muchas mariposas. Algo que se perdía en el túnel del tiempo, junto con el último aleteo anaranjado.

Y es que nunca hubo un túnel a cielo abierto, la infancia lo era todo, y estábamos despiertos, trepando al gigantesco árbol de moras cuando caía el atardecer.


sábado, 4 de abril de 2026

Una escena sin nombrar

Intento ponerle un nombre a una escena vacía, para que la mera consecución de las palabras llegue antes que la resignación, en esta nada en donde me preocupo por el sentido de la asociación, acaso un movimiento que indique el inicio de algo nuevo.

Mover algo en esta escena sin nombrar, trazar los pliegos de una hilera de sombras, para conjeturar sobre el taciturno silencio de los árboles, alejarnos lo suficiente para que otro espacio sea creado.

Así, una lámpara es cambiada de lugar en el poema, la escena desteje la sombra que se inclina ante el tiempo, se ven las grietas en la pared pintada de verde, y el marco de la única ventana se hace visible con el atardecer.


sábado, 28 de marzo de 2026

Lo que queda del bosquejo

Ahora que termina la canción, del poema que se enreda en la enramada, pienso en cómo deformar lo que se anuda, cómo hacerlo sin palabras

un texto para hacer visibles las capas, una mata bajo el silencio sin cubrir, del rocío en el plano ambarino donde los versos parecen dedos que arrancan pedazos de tierra, marcando los surcos, mirando a las hormigas avanzar hacia los derroteros fecundos, la idea anudada cuyo preámbulo es la perplejidad y el débil asombro mientras atardece,

esas toscas representaciones y esos simulacros

ese vaivén mientras me pierdo en el bosquejo donde se anulan las percepciones.

sábado, 21 de marzo de 2026

La imagen de la poesía

Alguna vez me pregunté porqué la poesía no tiene una imagen que pudiera representar algo más que las desavenencias de un género literario o forma de existir en el mundo. Una imagen como la que se suele asociar a la justicia, el amor, la libertad (hoy tan bastardeada).

El cuestionamiento era que si hay un concepto al cual no puede asociarse una imagen, la pregunta sobre su naturaleza invariablemente ofrecía (ofrece) definiciones dispares, aunque coincidentes desde lo semántico, por más que las reflexiones parezcan cruzar infinidad de espacios, el plano sigue siendo el mismo, pero la imagen queda fuera del marco.

Definir esa idea puede llevar minutos o toda una vida.

Melancólicamente, busqué por años una imagen que representara la poesía, aún recuerdo el vértigo inicial ante la inquietud, la ausencia de certezas al atardecer.

La vida sigue mientras tanto.


domingo, 15 de marzo de 2026

La inevitabilidad del poema

Cuando se agotan los textos de las escrituras automáticas, la hoja en blanco es una sentencia que obliga a cruzar de planos cada uno de los esbozos derramados en el lienzo, abstraer las ideas de ese sonambulismo para desarrollarlas en conceptos nuevos, certidumbre de faroles en medio de una noche sin estrellas. 

Cuando un silencio está poblado de palabras, solo pienso en los correlatos de esos tránsitos bajo las sombras de los árboles, imbricar el movimiento de las hojas bajo el sol, dejar marcas en algo que parece apacible, la luz que apagamos cuando ya no tenemos nada por hacer.

En todo caso, la inevitabilidad del poema es esa apariencia de parral donde nada sucede, una acuarela de mediodía, los fantasmas del atardecer. 

Hay que poner ornamentos en las palabras, aproximar instancias, poder nombrar el vaivén de una hamaca en la plaza vacía.  


sábado, 7 de marzo de 2026

Sobre la autenticidad en el arte y otras convenciones


                             mientras escucho wonderfull, de los Residents

A veces me pierdo en los detalles de algunas conversaciones, como si alguna frase deshilvanada de su contexto pudiera permitirme sobrevolar las peripecias de un concepto, sin que nada de todo eso termine en un poema, apenas una concepción de una teoría, cuya única finalidad es la publicación en un blog de poesía, 

a propósito ¿cuántos quedamos?

Donde me extravié fue en un intercambio epistolar entre el novelista y dramaturgo polaco Witold Gombrowicz y el pintor y escultor francés Jean Dubuffet, quienes a lo largo de varias cartas discurren amable y críticamente sobre el sentido del arte y los mecanismos que se establecen en torno a la autenticidad de la obra. Los textos que se publicaron en la revista Las Ranas no tienen desperdicio, me quedo al azar con algunas afirmaciones, como cuando Gombrowicz afirma que todo el arte se basa en un lenguaje convencional “hace falta saber lo que "quiere decir" en poesía, por ejemplo "rosa", o en una sonata el acorde de séptima disminuida. Pero si esta especie de juego que se crea entre el creador y el consumidor va demasiado lejos, se pierde el contacto con la realidad, si el artista trata con un consumidor demasiado "maduro", demasiado "adaptado", demasiado "educado", entonces eso, a la larga, no puede volverse otra cosa que un juego”, y en ese juego, creo, se pierde la autenticidad de lo realizado, de esa suerte de confusión pasamos sin darnos cuenta al entretenimiento (y algo clave que en todo este proceso observa el gran escritor: la deformación debida a la educación), donde queda de lado la verificación de lo observado, el tiempo que no se destina a contemplar exhaustivamente una pintura, a desandar el sentido de un verso en medio de una meseta, la nota de alguna cuerda que por algún motivo parece alargarse.

"Nuestra admiración por la pintura es la consecuencia de un largo proceso de adaptación que se ha operado durante siglos y por razones que, muy a menudo, no tienen nada que ver con el arte, ni con el espíritu. La pintura se ha creado su receptor. Es una relación convencional". Si esto que afirma el dramaturgo es así ¿en qué parte se pierde el mensaje que busca marcar ese pintor mientras se inclina sobre el lienzo? ¿acaso importa? aceptar la convención ¿es hacer un trato para entender el juego?, hace falta que nos muestren un ejercicio en donde la obra interpele este sentido en algún lugar del "cuadro", "algo" que informe sobre el snobismo del receptor, Gombrowicz utiliza la imagen del cigarrillo en comparación con la pintura, se esgrime que si uno necesita un cigarrillo es porque anteriormente se adquirió el vicio de fumar, lo que lo convierte en una necesidad artificial, no legítima, entonces lo que se configura es todo un proceso de adaptación que no tiene nada que ver con la verdadera necesidad de la belleza por parte del consumidor, porque difícilmente sea entendida en su concepción y alcance, el novelista pone el ejemplo de las piedras preciosas, que muchos las desean como si fueran la representación de la belleza misma, sin embargo, un diamante artificial, falso, que es absolutamente idéntico al diamante auténtico, no vale más que unos centavos, entonces, ante la evidencia, debemos consagrar horas de nuestro tiempo para realizar el duro trabajo de la verificación en el terreno del arte.

En este espacio, quisiera creer que no pierdo el tiempo haciendo "aportes" a la cultura, ya que en ocasiones la crítica y el intercambio de opiniones dejan un hueco en el jardín, y siempre descubro, mientras escribo contra mí mismo, que el jardín de ese jardín no es alcanzado por la literatura.

Fuente consultada:

Las ranas. Artes, ensayo y traducción. Año II, N° 2, abril de 2006. p. 93-103.


viernes, 27 de febrero de 2026

La vasija de barro del poema

En esa antesala de lo que se va creando a través del poema, sucede algo que el pensamiento no logra apresar, lo sostuve en algún tiempo, creer que en lo no pensado del pensamiento se producían ciertas irregularidades que habilitaban la creación de textos como si fueran el resultado de esquirlas incrustadas en algún pasado por resolver, con sus propias líneas de ruptura disparadas en sincronía hacia múltiples direcciones. Lo curioso es que, en ese plano flamígero, el no entendimiento de algún modo propicia inmanencias hacia recovecos endógenos donde las palabras envuelven los pensamientos fractales, estableciendo junturas semánticas de algo que sucede mientras es desbrozada la maleza. Entonces me cuestiono esta ambigüedad: si lo creado nace de aquello que me ha interesado a pesar de no entenderlo, el sustento de ese poema podría ser el barro de una vasija en cuyo interior se entrecruzan las ideas, pero el temor -mientras las sombras van poblando ese cielo a medio hacer- es que la vasija, en esa lectura del artefacto, no represente la arborescencia que pueda subyacer de un plano teórico, ni habilite, por su mecanismo creativo interno, la posibilidad de teorizar sobre los destellos de una problemática.

El poema ya es solo conjetura, mientras el poeta se aparta, pronto se aproxima la filosofía, entonces se admite que ya no hay texto, no hay obra, no hay autor, solo manchas negras en un lienzo atiborrado de nubes. 


lunes, 16 de febrero de 2026

Una sombra sobre otra

Acerqué mi sombra a la sombra de un árbol, y no encontré que fuera más oscura al superponerse, solo un cuerpo y una corteza, la única cosa que parecía visible en este atardecer.

Y cuando digo atardecer, no es el atardecer del poema, ni tampoco el de las personas que caminaban en el muelle, como sombras en un fondo anaranjado,

solo es una palabra flotando como una pluma en medio de una conjetura.

viernes, 6 de febrero de 2026

¿Qué es la poesía?


En la revista Hablar de Poesía se hicieron esta pregunta hace unos años.
La retomo sin mayores expectativas, aunque en realidad siempre me interesó la indagación sobre los procesos de creación literaria, tratar de explicar el instante que antecede a la escritura de un poema. Alguna vez, en este pasillo de paredes descascaradas bajo un cielo verde, creí aportar dos conceptos entrecruzados que dirimieran el interrogante, concebido bajo la forma de un problema: el desbrozamiento y la imbricación.
A los pocos días, una ventisca llenó de hojas el atardecer.

Sitio consultado:
https://hablardepoesia.com.ar/2019/03/20/que-es-la-poesia/ 


lunes, 2 de febrero de 2026

En este discurrir

En este discurrir del margen, que atraviesa el eje donde suelo dirimir conjeturas, interpelo vanamente sobre lo que antecede, acaso una nube que todo lo cubre, segmentos que parecen conceptos, con sedimentos propios de una fuga que marcarán las ideas de otros versos.

Hacia allí evado una teoría, cuando la construcción es abandono, a pesar de las perfectas torres de cristal.

Lo incomprensible de una nervadura, mientras trato de reptar hacia el sol con sus volutas efímeras de polvo, las repisas de los muebles pintados de verde.

Este pulso no es mío, los trazos que pinté no tienen silencios en común, ni juntura alguna, solo hay un punto en blanco al final del poema. 

domingo, 18 de enero de 2026

Sobre las diferentes formas de lectura

Me interesó un entendimiento que descubrí recientemente en una entrevista publicada en la revista Carapachay, realizada al poeta, músico y guionista Alberto Muñoz, cuya obra ha estado atravesada por la geografía del Delta, específicamente el Arroyo Espera, en el corazón del Tigre, provincia de Buenos Aires.

Lo que me pareció sumamente luminoso fue la comprensión de la lectura concebida desde un plano muy amplio, el autor lo resume con una anécdota, decía Muñoz que una vez, mientras hablaba con un isleño de nacionalidad paraguaya, a quien invitó a tomar unos mates en un muelle, notó que este hombre, de nombre Celso, no paraba de mirar el río mientras escuchaba, cuando el poeta le pregunta qué es lo que miraba, el hombre simplemente le dijo "mañana tenemos crecida, hoy a la noche llueve" y algo también sobre algún tipo de pescado que iba a haber, ahí es donde aparece la idea que expresa Muñoz, al decir que lo que estaba haciendo el isleño era leer el río "y el río se lee, así como en la Edad Media se leía la fachada de las iglesias", y puso como ejemplo la Basílica de Luján, que por fuera, arquitectónicamente, está custodiada por monstruos y gárgolas que miran para abajo, y que si había una lectura de esa situación, era que adentro de la iglesia estabas protegido de esos monstruos, que esas gárgolas de cemento estaban afuera, porque no podían entrar a la iglesia, en consecuencia, todo eso representaba una lectura, una piedra es también un libro.

Entonces, decía Muñoz, que lo hay que tratar de entender de todo esto es que el lector es piedra, el lector es agua, es lector es cielo, es olfato, lo que hace comprender que la lectura compete a todos los sentidos, y que asi como uno lee un libro, también lee gente.

Me pareció un buen discernimiento.

La entrevista culmina con un extenso poema del autor, solo tomo unos versos al pasar:

"que el desierto es matemática en estado de arena"...

PD: habría que trenzar alguna cuerda para llevar esta comprensión tal como la concibió Jacobo Fijman cuando dijo “Muchas veces acaece que el poeta veraz es traído a las tinieblas mismas de la muerte, y pasa a ser lector de símbolos, y vuelto en amistad de la belleza, goce de la voluntad de su gusto en el procedimiento, y en la consolación y esperanza de su obra”, y es que quizás, tal como lo concibió Fijman, todos los verdaderos poetas deberían hacer en algún momento la pregunta: ¿Qué es la poesía? y es maravilloso cuando parte de la respuesta la tiene el propio poeta pero asociada bajo la forma de otra pregunta: ¿quién soy? 

Todo esto ya no tiene que ver con un género literario sino con una forma de existir en el mundo, una forma de consuelo en medio de esta pradera, aquel que lee un río no necesariamente es un poeta, el que puede leer símbolos, tal vez lo sea.

Textos consultados:

Revista Carapachay o la guerrilla del junco. Conversación con Alberto Muñoz. Año 2, Número 4, páginas 11-38. Disponible en https://revistacarapachay.com/2016/08/12/entrevista-a-alberto-munoz/

Número. 14, febrero de 1931. Mallarmé, lector de símbolos. Recuperada del Archivo Histórico de Revistas Argentinas (AHIRA). Disponible en: https://ahira.com.ar/ejemplares/numero-14/

jueves, 15 de enero de 2026

Todo lo nuevo parece perderse

En este río que siempre se lleva algo, me encuentro una vez más rodeado de la espesura, donde el día termina sin saber en qué silencio habrá un cauce, que repare a su modo lo que el fuego se lleva mientras sube hacia los cerros, entre las ramas inclinadas en el agua fría, sabiendo que anochece, que ya no somos los mismos, que al amanecer seguiremos teniendo un nombre.

Árboles negros se contemplan en el reflejo del río, el tiempo es una hebra que flota en la orilla, me pregunto si los peces seguirán saltando contra la corriente, si los pájaros harán otra vez sus nidos.

Todo lo nuevo parece perderse al paso del viento, esa espera sin ocurrir.