La imagen del desamparo, tal vez sea frecuente en esta suerte de epifanía, concebir la antelación de lo no pensado, sabiendo que lo que se piensa aún se encuentra detrás del pensamiento, no hay trazo en ese cuadro -que acaso creemos pintar- que pueda cubrir los remiendos horadados por la lluvia como si fuera lava de un volcán, no hay paraguas arrojado desde un puente, para que muera en el poema en una página determinada, y podamos congraciarnos, al igual que Gilles Deleuze, con la irreductible idea de que el arte es la única cosa en el mundo que se conserva.
domingo, 30 de agosto de 2026
El desamparo
La imagen del desamparo, tal vez sea frecuente en esta suerte de epifanía, concebir la antelación de lo no pensado, sabiendo que lo que se piensa aún se encuentra detrás del pensamiento, no hay trazo en ese cuadro -que acaso creemos pintar- que pueda cubrir los remiendos horadados por la lluvia como si fuera lava de un volcán, no hay paraguas arrojado desde un puente, para que muera en el poema en una página determinada, y podamos congraciarnos, al igual que Gilles Deleuze, con la irreductible idea de que el arte es la única cosa en el mundo que se conserva.
sábado, 22 de agosto de 2026
Un silencio a medio hacer
Un cauce vadea la palabra, y un huerto alcanza para cubrir una osamenta, porque siempre hay un silencio a medio hacer entre estas disquisiciones, mientras los fantasmas cruzan con sus farolas como si fueran poemas.
viernes, 14 de agosto de 2026
El espantapájaros cruzando el maizal
En el horizonte del poema, un espantapájaros baja los brazos y empieza a caminar, perdiéndose entre los maizales.
Esa imagen no altera el plano amarillo del poema, pero su sentido genera algo nuevo. Se corresponde con lo no visible y con algún manto que cubrimos con palabras, que en cierto modo amparan la idea que tenemos sobre la belleza.
Hay miel en las colmenas y vuela el polen sobre la hierba.
El tiempo pasa demasiado pronto, entonces vuelvo a los primeros versos y cierro la tranquera que no quise nombrar.
Para que el espantapájaros pueda llegar al otro lado del poema.
domingo, 9 de agosto de 2026
Esto de ti
Esto de ti, que aún me ampara, de los atardeceres no atardecidos
de los molinos esperando el viento en medio de un prado.
Este sol que sale en tu jardín, estos versos que siempre te nombran.
Siempre extrañándote.
sábado, 1 de agosto de 2026
Variaciones sobre el atribulado alcance de la poesía. Parte 3
Uno cree que cambia el rumbo del viento, cubierto de los fulgores anaranjados que a veces quedan descriptos en el poema, que todo lo otro, de un amarillo incólume, resultan tiestos de un fondo sin telón atravesado por las gaviotas, en un atardecer flamígero, donde apenas caben las parábolas que parecen pontificar los atavíos de una metáfora.
Uno cree que deja huellas en el camino, mientras se arremolinan en el poema las paradojas irresueltas que una ventisca horada en ese detrás de la palabra apenas concebida, porque siempre hay algo que antecede al viento entre los pliegos de una hora temprana, porque siempre se escuchan voces por fuera del poema, porque la noche gira dentro de una bóveda cubierta de estrellas titilantes, mientras una línea de fuga serpentea a través de las escrituras automáticas, “los vellones de oro de la dispersión”, colgados al costado de un muro cercado por la hiedra, y agrego entonces la palabra "colgajo" para que la similitud haga las paces con el desaliento.
domingo, 26 de julio de 2026
El prado sin cruzar
En el medio de algo por atravesar, sin saber en qué tiempo y bajo qué murmuro, atribulado de los silencios y la incertidumbre, creo entender cómo será mi respuesta, si es que puedo cumplir lo prometido.
En esa escollera de cauces oscuros, donde se han hundido cada uno de los poemas, he visto como un barco sin coraza subió hasta las estrellas, sin dejar de surcar el mar, perdido en el desasosiego que una infancia sin memoria pretendió sepultar.
Y en el medio de ese fárrago de penas sin nombrar, desalentado de los faros y los puentes, espero amanecer mientras anclo mi destino en alguna remembranza, las palabras que aparecen en ese prado sin cruzar:
Tengo que volver.
sábado, 18 de julio de 2026
Bajo los pliegos de una hora temprana
Suele pasar, en medio de farolas distantes, cuando intento encapsular el efecto de una distorsión que licua los componentes serenos de un plano sin transitar, un no andar que prefigura el entramado de un simulacro donde apenas soy visible, es entonces cuando me pregunto si alguna vez me importó algo, si son ciertos los resplandores.
Lo que intento decir es que el tiempo me encorvó la espalda, en este pesar donde el poema se encuentra en otro lugar, acaso autocompasivo pero apartado de la consecuencia, las veces que proferí aullidos bajo una maleza sin adjetivar, atribulado bajo la inmensa luna blanca, sin alcanzar el sentido de los puntos suspensivos que un silencio pretende dirimir.
Acaso deshabitado de palabras, no alcanzo a distinguir la brisa amarilla del poema, ensimismado bajo los pliegos de una hora temprana.
domingo, 12 de julio de 2026
Entre una hilera de mañanas desangeladas
En este frío desasosiego, urdido entre una hilera de mañanas desangeladas, cubro sin un jardín el verbo de un tiempo rodeado de flores. No sé qué lugar ocupo en esa distancia que lo transitado y lo concebido apenas pueden comerciar, acaso un fulgor rosado, a centímetros de una evocación incierta, sin otra pretensión que contemplar con cierta perplejidad, esta curva de la vida donde los silencios quedan sin habitar.
Así me pierdo en la pretensión de un frío albor, no desarrollado en el poema, mientras creo elucidar los pormenores de una construcción basada en preceptos y conceptos, atribulado ante las grietas de una simple manifestación literaria, bajo los pliegos de un contrapunto que aún pretendo dirimir.
martes, 7 de julio de 2026
Variaciones sobre el atribulado alcance de la poesía. Parte 2
Uno cree que modifica el desierto, que se abre un surco entre las espigas, pobladas en otro contexto, apenas inclinadas por la ventisca, sin que el labrador de sombrero pajizo pueda recoger ese amarillo en el poema, acaso la oscuridad de las sombras proyectadas por los álamos al atardecer, porque en esa labranza o en ese viento hay algo que no podemos dirimir, como cuando pasa un ave nocturna apenas transparentada en sus escamas plateadas bajo la luna, cruzando hacia el cielo del poema, sin los colores suficientes, sin las nubes adecuadas, perdidos por no saber dónde culmina ese vuelo, sin el auxilio de una metáfora que incluya el manto de una ausencia. Mencionar en este tránsito la invisibilidad del poeta, en el mismo momento que sacude las retorcidas ramas del árbol más alto del poema, para que caigan las naranjas en la hierba inclinada, para que alguien recoja algo antes de que anochezca.
domingo, 28 de junio de 2026
La paradoja de los poetas
A veces, en la orilla donde se abrevan las sombras de las eventuales conjeturas, pienso en el oficio de los poetas, y pienso en quienes aún siguen escribiendo en un blog, si acaso ese propósito no es otra cosa que una justificación de una leve presencia en el mundo, creyendo que podemos iluminar los recovecos sin esperar reconocimiento alguno, solo por el mero hecho de formar parte de una pequeña comunidad que acaso algún día reconozca un sentido, sin pretender un aplauso ni mendigar una aprobación.
No creo entender lo que hago, probablemente la paradoja consista en ese prevalecer de la idea de que esta pobreza y esta oscuridad es el precio que se paga por sostener sin argumentos un espacio donde otros puedan apoyarse, así sea una breve lectura, el aleteo de un pensamiento, o una mera ventisca en una habitación vacía.
En todo caso, creo que hacemos de cuenta que soltamos amarras en medio de la noche, que ese barco ebrio, apenas iluminado por la luna, anclará en algún amanecer, y que cuando alguien vaya a la orilla, no hallará a los poetas, solo encontrará palabras, parecidas a las huellas recién borradas por el mar.
domingo, 21 de junio de 2026
Sobre algunas manifestaciones de la otredad en la lectura
Cada tanto suelo abrevar observaciones en algunas entrevistas de carácter literario, como una reciente de Alberto Mangel, ex Director de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, entre varias apreciaciones se eleva una, concisa, cuando dice, a propósito de la obra de Jorge Luis Borges "que la literatura nunca es un catecismo. Que la literatura no da respuestas de sí o no. Que la literatura nos está diciendo algo o quiso decirnos algo que no hemos escuchado. Y en esa ambigüedad reside el hecho estético"
Es coincidente con lo que rescata del autor la investigadora y profesora Louis Annick cuando dijo que "Debemos aceptar que la realidad no pertenece a ningún género literario", en donde Borges elaborará una escritura sin nombrar en forma directa los planos de esa realidad, lo que Annick ha llamada "una estética oblicua".
Pero lo que me dejó pensando fue la incidencia del libro "Pierre Menard, autor del Quijote", básicamente el tema de las apropiaciones. En aquella obra, se sabe que un autor francés escribe palabra por palabra el Don Quijote de Cervantes, pero en el siglo XX, entonces, para Mangel, aunque el texto es igual, es otro libro, porque el autor es otro, el contexto es otro y será leído de otra manera, y acaso como ejemplo sea lícito observar la intervención del lector para cambiar el sentido del texto dejando las mismas palabras. Como bien lo subraya Mangel, el hecho nos hace comprender que también leemos un texto por lo que hemos oído de ese texto, que no necesariamente coincidirá con lo que piensa o comprende el mismo autor sobre ese texto.
Al final de la entrevista se comparte unos versos de Borges, en donde probablemente la estética oblicua se torna horizonte y llanura, a centímetros del corazón, a silencios acaso transitados:
Ya
no compartirás la clara luna
ni
los lentos jardines. Ya no hay una
luna
que no sea espejo del pasado,
cristal
de soledad, sol de agonías.
Adiós
las mutuas manos y las sienes
que
acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la
fiel memoria y los desiertos días.
Nadie
pierde (repites vanamente)
sino
lo que no tiene y no ha tenido
nunca,
pero no basta ser valiente
para
aprender el arte del olvido.
Un
símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.
Nota
consultada:
sábado, 13 de junio de 2026
Variaciones sobre el atribulado alcance de la poesía
Uno cree que separa las aguas, que en un determinado momento irrumpe la necesidad de salvar algo para que suceda todo lo otro, porque somos efímeros e imperfectos, porque sin embargo algo queda al final de esta orilla, imaginando un dique que algún día desviará los barcos hacia una vida menos complicada, que proyectaremos una sombra parecida a la de los árboles, para que todos los poetas se pregunten si vale la pena insistir sobre aquel prolongado desasosiego, aquella profundidad en el fondo del estanque.
Ahora mismo se estiran las palabras separadas por una breve bruma, como un hiato entre crepúsculos, algo que no puedo explicar al final del día.
Mientras me pierdo en el vadeo de una conjetura, me pregunto por qué la luna cabe entre dos ramas apenas extendidas.
viernes, 5 de junio de 2026
sábado, 30 de mayo de 2026
El plano inclinado de la tristeza
Cuando todo parece eclipsar, la poesía se hace invisible en el bosque
donde ya no sé cómo abrevar este silencio
solo veo sombras tornasoladas en un cuadro que no supe pintar
domingo, 24 de mayo de 2026
El cauce del poema
Alguna vez, el plano del poema fue transitado bajo los pliegos de una evocación, sin relación alguna con las antiguas estructuras, un cauce que al paso de los años decidí contemplar desde una orilla, haciendo el ejercicio del trabajo con las palabras, el río que no es posible nadar dos veces. Desde un tiempo sin medirlo en la gravedad de cada vicisitud acumulada, las teorías obturaron el poema, la escritura pasó a ser una excusa para dirimir el alcance de una divagación disfrazada de conjetura, y los piélagos inalcanzables de la literatura, donde moran los peces cantantes, se llenaron de supuestos no acercados por la validación ni por el reconocimiento, solo hubo inercia, alguien que aún hoy no encuentra su propia voz.
Anclado en el no hacer, sigo dirimiendo el hueso del poema, en el mismo estanque de agua quieta, donde a veces arrojo piedras.
domingo, 17 de mayo de 2026
La no-filosofía
Elucubrando sobre la no-filosofía, vientos que cruzan de páramo en páramo, tratando de articular un precepto en medio de reglas apenas frecuentadas.
El entendimiento común de un pulso creativo, el concepto y la idea, la tela sin cortar, la posibilidad de un texto, un problema a medio hacer, un cielo de pájaros negros.
Nadar de noche, hacia el fondo del poema, el temblor de las estrellas en el agua oscura, un lago o un estanque, la posibilidad de una experiencia, poder pasar con las palabras del otro lado del velo insondable, donde el piélago es conjetura, acaso falsas derivaciones de unas cuantas verdades sin resolver.
domingo, 10 de mayo de 2026
Algunos poemas de Alejandra
Anoche, un poco al azar, volví a leer unos poemas de Alejandra Pizarnik, afuera llovía y el otoño ya había arrojado nuevamente sus hojas amarillas en la vereda de los troncos negros.
Leerla me recordó la cita de Kafka, que Pizarnik recupera, cuando dice “es una exhortación a los jóvenes para que no estén tristes, ya que existen la naturaleza, la libertad, Goethe, Schiller, Shakespeare, las flores, los insectos, etc.”, podría agregar en ese listado a la autora de extracción de la piedra de locura, pero pensé más que nada en el consuelo que supone leer poesía mientras la vida discurre en la aparente mansedumbre de un jardín abandonado.
Dos de esos poemas no recordé haberlos leído, probablemente por tratarse de su Poesía Completa, un libro de 470 páginas publicado por la Editorial Lumen (Colección Poesía N° 120), cuya edición estuvo a cargo de Ana Becciu, reuniendo poemas, manuscritos y textos que abarcan desde 1955 a 1972 (ahora que lo pienso, que increíble que toda una vida quede condensada en menos de 500 páginas, único artefacto que ubica un dique de madera contra el olvido y el silencio, ese que Pizarnik consideraba que no existía).
El primero de esos poemas “pequeños cantos” que creí olvidar, es el tercero de una publicación que se hizo en la revista Árbol de Fuego (N° 45, Caracas, 1971), donde se advierte de un modo acaso visible el sentido de la ausencia cuando se acerca al aislamiento y a la soledad en el más profundo de los descensos, son estos versos:
el centro de un poema
es otro poema
el centro del centro
es la ausencia
en el centro de la ausencia
mi sombra es el centro
del centro del poema
El otro poema, que lleva el número 15, y que parece escrito en una servilleta, plantea con breves versos algo que siempre me interpeló en la escritura, esa espera que no sucede en el devenir de la poesía, mientras nuestras disquisiciones continúan alejándose y acercándose a la única montaña, esa que, en un determinado momento, no sabemos si estamos subiendo o empezamos a bajar:
Niña que en vientos grises
Vientos verdes aguardó
Después de leer esto, me quedé pensando en ese viento, si algo de eso que aguardamos puede formar parte de un problema.
Afuera había dejado de llover.
domingo, 3 de mayo de 2026
Mientras los trazos cruzan memorias deshabitadas
Estoy atravesando el pasillo de los silencios destejidos por el tiempo, cuando las sombras no parecían sombras y se quedaban quietas en la punta de la mesa, las manos entrelazadas, los ojos perdidos en el leve ondular de las cortinas, el sueño que nunca tuve, mientras el viento murmuraba por fuera de la ventana sin marco, sombras que alguna vez tuvieron un nombre.
El pasillo era largo y apenas iluminado por vitrales amarillos, es conveniente fijar el tiempo en el pasado, para que el presente no difumine los rostros como si no importara lo que irrumpe. Afueran están los árboles y el bullicio, de donde vengo caminando bajo una nube blanca, como si fuera un paraguas de la infancia.
Las personas que miran a las personas que se pierden en un rincón apenas iluminado, la posibilidad de una conversación, mientras espero por un cauce que se vuelva motivo, circunstancia, abstracción, una mirada que se vuelva silencio, que parezca una despedida con claroscuros que se inclinan mientras anochece, como si los claroscuros fueran parte de la conversación, la hora en la que no se sabe que hay del otro lado de la pared, en esa ida sin andares, la parte anaranjada del crepúsculo, los pájaros negros posados en las terrazas resplandecientes, las plantas que apenas se ven al final del pasillo, cuando las sombras no parecían sombras, cuando simulaban olvidarse del olvido, caminando sin un detrás, escribiendo este poema.
sábado, 25 de abril de 2026
Cita
“La grandeza del poeta puede, en realidad, medirse mejor por lo que calla si a la vez intenta no silenciar lo inexpresable” de Wilhelm Richard Wagner.
Cuando la cita anula la eventualidad de una divagación...
sábado, 18 de abril de 2026
Poemas del círculo
Esto es todo lo que no conocí.
Todo lo que no sabíamos del círculo
Andrea Bernal
Supe de un poemario que anda preparando Andrea Bernal, nacida en Madrid en 1985, profesora de filosofía y poeta, llevará por título “Círculo”, en lo que pareciera ser un conjunto de poemas reflexivos sobre la vida y la muerte, acaso el tránsito hacia algo que se nos escurre de las manos. Me detuve en el poema titulado “Mundo”, donde escribe lo siguiente:
El mundo deshaciéndose en un cordel.
Mientras no miramos
quién lanza lluvia,
envuelve,
detiene el tiempo o lo persigue.
Cuando un mundo se descubre ciego,
otros mirlos ya lo atrapan.
En esos dos últimos versos vi algo nuevo, porque una cosa es la imagen que se transcribe en medio de un desasosiego que se transita, y otra cosa muy distinta es cuando la poesía representa con el verso aquello que forma parte de lo que no vemos o creemos ver, esa perplejidad encuentra en la acción de los mirlos un sentido que el poema va descubriendo mientras el mundo se deshace en un cordel.
Me pregunto qué hubiera pasado si esos pájaros no estuviesen en el poema, probablemente no hubiera un círculo por comprender.
Sitio consultado:
5 poemas de Círculo, de Andrea Bernal
https://www.zendalibros.com/5-poemas-de-circulo-de-andrea-bernal/
sábado, 11 de abril de 2026
El sol de la infancia
Antes, cuando los niños eran niños, un resplandor
amarillo llenaba de luz a las paredes, hasta aplacarlas de tanto brillo, como
un cuerpo inerme que espera recuperarse bajo el sol, en las calles de la
infancia apenas pasaban autos y hasta podía escucharse el paso de las personas dejando
huellas violetas en la vereda. Había abejas y mariposas, muchas mariposas. Algo
que se perdía en el túnel del tiempo, junto con el último aleteo anaranjado.
Y es que nunca hubo un túnel bajo ese cielo, estábamos
despiertos, trepando al gigantesco árbol de moras cuando caía el atardecer.
sábado, 4 de abril de 2026
Una escena sin nombrar
Intento ponerle un nombre a una escena vacía, para que la mera consecución de las palabras llegue antes que la resignación, en esta nada en donde me preocupo por el sentido de la asociación, acaso un movimiento que indique el inicio de algo nuevo.
Mover algo en esta escena sin nombrar, trazar los pliegos de una hilera de sombras, para conjeturar sobre el taciturno silencio de los árboles, alejarnos lo suficiente para que otro espacio sea creado.
Así, una lámpara es cambiada de lugar en el poema, la escena desteje la sombra que se inclina ante el tiempo, se ven las grietas en la pared pintada de verde, y el marco de la única ventana se hace visible con el atardecer.
sábado, 28 de marzo de 2026
Lo que queda del bosquejo
Ahora que termina la canción, del poema que se enreda en la enramada, pienso en cómo deformar lo que se anuda, cómo hacerlo sin palabras
un texto para hacer visibles las capas, una mata bajo el silencio sin cubrir, del rocío en el plano ambarino donde los versos parecen dedos que arrancan pedazos de tierra, marcando los surcos, mirando a las hormigas avanzar hacia los derroteros fecundos, la idea anudada cuyo preámbulo es la perplejidad y el débil asombro mientras atardece,
esas toscas representaciones y esos simulacros
ese vaivén mientras me pierdo en el bosquejo donde
se anulan las percepciones.
sábado, 21 de marzo de 2026
La imagen de la poesía
Alguna vez me pregunté porqué la poesía no tiene una imagen que pudiera representar algo más que las desavenencias de un género literario o forma de existir en el mundo. Una imagen como la que se suele asociar a la justicia, el amor, la libertad (hoy tan bastardeada).
El cuestionamiento era que si hay un concepto al cual no puede asociarse una imagen, la pregunta sobre su naturaleza invariablemente ofrecía (ofrece) definiciones dispares, aunque coincidentes desde lo semántico, por más que las reflexiones parezcan cruzar infinidad de espacios, el plano sigue siendo el mismo, pero la imagen queda fuera del marco.
Definir esa idea puede llevar minutos o toda una vida.
Melancólicamente, busqué por años una imagen que representara la poesía, aún recuerdo el vértigo inicial ante la inquietud, la ausencia de certezas al atardecer.
La vida sigue mientras tanto.
domingo, 15 de marzo de 2026
La inevitabilidad del poema
Cuando se agotan los textos de las escrituras automáticas, la hoja en blanco es una sentencia que obliga a cruzar de planos cada uno de los esbozos derramados en el lienzo, abstraer las ideas de ese sonambulismo para desarrollarlas en conceptos nuevos, certidumbre de faroles en medio de una noche sin estrellas.
Cuando un silencio está poblado de palabras, solo pienso en los correlatos de esos tránsitos bajo las sombras de los árboles, imbricar el movimiento de las hojas bajo el sol, dejar marcas en algo que parece apacible, la luz que apagamos cuando ya no tenemos nada por hacer.
En todo caso, la inevitabilidad del poema es esa apariencia de parral donde nada sucede, una acuarela de mediodía, los fantasmas del atardecer.
Hay que poner ornamentos en las palabras, aproximar instancias, poder nombrar el vaivén de una hamaca en la plaza vacía.
sábado, 7 de marzo de 2026
Sobre la autenticidad en el arte y otras convenciones
mientras escucho wonderfull, de los Residents
A veces me pierdo en los detalles de algunas conversaciones, como si alguna frase deshilvanada de su contexto pudiera permitirme sobrevolar las peripecias de un concepto, sin que nada de todo eso termine en un poema, apenas una concepción de una teoría, cuya única finalidad es la publicación en un blog de poesía,
a propósito ¿cuántos quedamos?
Donde me extravié fue en un intercambio epistolar entre el novelista y dramaturgo polaco Witold Gombrowicz y el pintor y escultor francés Jean Dubuffet, quienes a lo largo de varias cartas discurren amable y críticamente sobre el sentido del arte y los mecanismos que se establecen en torno a la autenticidad de la obra. Los textos que se publicaron en la revista Las Ranas no tienen desperdicio, me quedo al azar con algunas afirmaciones, como cuando Gombrowicz afirma que todo el arte se basa en un lenguaje convencional “hace falta saber lo que "quiere decir" en poesía, por ejemplo "rosa", o en una sonata el acorde de séptima disminuida. Pero si esta especie de juego que se crea entre el creador y el consumidor va demasiado lejos, se pierde el contacto con la realidad, si el artista trata con un consumidor demasiado "maduro", demasiado "adaptado", demasiado "educado", entonces eso, a la larga, no puede volverse otra cosa que un juego”, y en ese juego, creo, se pierde la autenticidad de lo realizado, de esa suerte de confusión pasamos sin darnos cuenta al entretenimiento (y algo clave que en todo este proceso observa el gran escritor: la deformación debida a la educación), donde queda de lado la verificación de lo observado, el tiempo que no se destina a contemplar exhaustivamente una pintura, a desandar el sentido de un verso en medio de una meseta, la nota de alguna cuerda que por algún motivo parece alargarse.
"Nuestra admiración por la pintura es la consecuencia de un largo proceso de adaptación que se ha operado durante siglos y por razones que, muy a menudo, no tienen nada que ver con el arte, ni con el espíritu. La pintura se ha creado su receptor. Es una relación convencional". Si esto que afirma el dramaturgo es así ¿en qué parte se pierde el mensaje que busca marcar ese pintor mientras se inclina sobre el lienzo? ¿acaso importa? aceptar la convención ¿es hacer un trato para entender el juego?, hace falta que nos muestren un ejercicio en donde la obra interpele este sentido en algún lugar del "cuadro", "algo" que informe sobre el snobismo del receptor, Gombrowicz utiliza la imagen del cigarrillo en comparación con la pintura, se esgrime que si uno necesita un cigarrillo es porque anteriormente se adquirió el vicio de fumar, lo que lo convierte en una necesidad artificial, no legítima, entonces lo que se configura es todo un proceso de adaptación que no tiene nada que ver con la verdadera necesidad de la belleza por parte del consumidor, porque difícilmente sea entendida en su concepción y alcance, el novelista pone el ejemplo de las piedras preciosas, que muchos las desean como si fueran la representación de la belleza misma, sin embargo, un diamante artificial, falso, que es absolutamente idéntico al diamante auténtico, no vale más que unos centavos, entonces, ante la evidencia, debemos consagrar horas de nuestro tiempo para realizar el duro trabajo de la verificación en el terreno del arte.
En este espacio, quisiera creer que no pierdo el
tiempo haciendo "aportes" a la cultura, ya que en ocasiones la
crítica y el intercambio de opiniones dejan un hueco en el jardín, y siempre descubro,
mientras escribo contra mí mismo, que el jardín de ese jardín no es alcanzado
por la literatura.
Fuente consultada:
Las ranas. Artes, ensayo y traducción. Año II, N° 2, abril de 2006. p. 93-103.
viernes, 27 de febrero de 2026
La vasija de barro del poema
En esa antesala de lo que se va creando a través del poema, sucede algo que el pensamiento no logra apresar, lo sostuve en algún tiempo, creer que en lo no pensado del pensamiento se producían ciertas irregularidades que habilitaban la creación de textos como si fueran el resultado de esquirlas incrustadas en algún pasado por resolver, con sus propias líneas de ruptura disparadas en sincronía hacia múltiples direcciones. Lo curioso es que, en ese plano flamígero, el no entendimiento de algún modo propicia inmanencias hacia recovecos endógenos donde las palabras envuelven los pensamientos fractales, estableciendo junturas semánticas de algo que sucede mientras es desbrozada la maleza. Entonces me cuestiono esta ambigüedad: si lo creado nace de aquello que me ha interesado a pesar de no entenderlo, el sustento de ese poema podría ser el barro de una vasija en cuyo interior se entrecruzan las ideas, pero el temor -mientras las sombras van poblando ese cielo a medio hacer- es que la vasija, en esa lectura del artefacto, no represente la arborescencia que pueda subyacer de un plano teórico, ni habilite, por su mecanismo creativo interno, la posibilidad de teorizar sobre los destellos de una problemática.
El poema ya es solo conjetura, mientras el poeta se aparta, pronto se aproxima la filosofía, entonces se admite que ya no hay texto, no hay obra, no hay autor, solo manchas negras en un lienzo atiborrado de nubes.
lunes, 16 de febrero de 2026
Una sombra sobre otra
Acerqué mi sombra a la sombra de un árbol, y no encontré que fuera más oscura al superponerse, solo un cuerpo y una corteza, la única cosa que parecía visible en este atardecer.
Y cuando digo atardecer, no es el atardecer del poema, ni tampoco el de las personas que caminaban en el muelle, como sombras en un fondo anaranjado,
solo es una palabra flotando como una pluma en medio de una conjetura.
viernes, 6 de febrero de 2026
¿Qué es la poesía?
lunes, 2 de febrero de 2026
En este discurrir
En este discurrir del margen, que atraviesa el eje donde suelo dirimir conjeturas, interpelo vanamente sobre lo que antecede, acaso una nube que todo lo cubre, segmentos que parecen conceptos, con sedimentos propios de una fuga que marcarán las ideas de otros versos.
Hacia allí evado una teoría, cuando la construcción es abandono, a pesar de las perfectas torres de cristal.
Lo incomprensible de una nervadura, mientras trato de reptar hacia el sol con sus volutas efímeras de polvo, las repisas de los muebles pintados de verde.
Este pulso no es mío, los trazos que pinté no tienen silencios en común, ni juntura alguna, solo hay un punto en blanco al final del poema.
domingo, 18 de enero de 2026
Sobre las diferentes formas de lectura
Me interesó un entendimiento que descubrí recientemente en una entrevista publicada en la revista Carapachay, realizada al poeta, músico y guionista Alberto Muñoz, cuya obra ha estado atravesada por la geografía del Delta, específicamente el Arroyo Espera, en el corazón del Tigre, provincia de Buenos Aires.
Lo que me pareció sumamente luminoso fue la comprensión de la lectura concebida desde un plano muy amplio, el autor lo resume con una anécdota, decía Muñoz que una vez, mientras hablaba con un isleño de nacionalidad paraguaya, a quien invitó a tomar unos mates en un muelle, notó que este hombre, de nombre Celso, no paraba de mirar el río mientras escuchaba, cuando el poeta le pregunta qué es lo que miraba, el hombre simplemente le dijo "mañana tenemos crecida, hoy a la noche llueve" y algo también sobre algún tipo de pescado que iba a haber, ahí es donde aparece la idea que expresa Muñoz, al decir que lo que estaba haciendo el isleño era leer el río "y el río se lee, así como en la Edad Media se leía la fachada de las iglesias", y puso como ejemplo la Basílica de Luján, que por fuera, arquitectónicamente, está custodiada por monstruos y gárgolas que miran para abajo, y que si había una lectura de esa situación, era que adentro de la iglesia estabas protegido de esos monstruos, que esas gárgolas de cemento estaban afuera, porque no podían entrar a la iglesia, en consecuencia, todo eso representaba una lectura, una piedra es también un libro.
Entonces, decía Muñoz, que lo hay que tratar de entender de todo esto es que el lector es piedra, el lector es agua, es lector es cielo, es olfato, lo que hace comprender que la lectura compete a todos los sentidos, y que asi como uno lee un libro, también lee gente.
Me pareció un buen discernimiento.
La entrevista culmina con un extenso poema del autor, solo tomo unos versos al pasar:
"que el desierto es matemática en estado de arena"...
PD: habría que trenzar alguna cuerda para llevar esta comprensión tal como la concibió Jacobo Fijman cuando dijo “Muchas veces acaece que el poeta veraz es traído a las tinieblas mismas de la muerte, y pasa a ser lector de símbolos, y vuelto en amistad de la belleza, goce de la voluntad de su gusto en el procedimiento, y en la consolación y esperanza de su obra”, y es que quizás, tal como lo concibió Fijman, todos los verdaderos poetas deberían hacer en algún momento la pregunta: ¿Qué es la poesía? y es maravilloso cuando parte de la respuesta la tiene el propio poeta pero asociada bajo la forma de otra pregunta: ¿quién soy?
Todo esto ya no tiene que ver con un género literario sino con una forma de existir en el mundo, una forma de consuelo en medio de esta pradera, aquel que lee un río no necesariamente es un poeta, el que puede leer símbolos, tal vez lo sea.
Textos consultados:
Revista Carapachay o la guerrilla del junco. Conversación con Alberto Muñoz. Año 2, Número 4, páginas 11-38. Disponible en https://revistacarapachay.com/2016/08/12/entrevista-a-alberto-munoz/
Número. 14, febrero de 1931. Mallarmé, lector de símbolos. Recuperada del Archivo Histórico de Revistas Argentinas (AHIRA). Disponible en: https://ahira.com.ar/ejemplares/numero-14/
jueves, 15 de enero de 2026
Todo lo nuevo parece perderse
En este río que siempre se lleva algo, me encuentro una vez más rodeado de la espesura, donde el día termina sin saber en qué silencio habrá un cauce, que repare a su modo lo que el fuego se lleva mientras sube hacia los cerros, entre las ramas inclinadas en el agua fría, sabiendo que anochece, que ya no somos los mismos, que al amanecer seguiremos teniendo un nombre.
Árboles negros se contemplan en el reflejo del río, el tiempo es una hebra que flota en la orilla, me pregunto si los peces seguirán saltando contra la corriente, si los pájaros harán otra vez sus nidos.
Todo lo nuevo parece perderse al paso del viento, esa espera sin ocurrir.












