domingo, 30 de agosto de 2026

El desamparo


La imagen del desamparo, tal vez sea frecuente en esta suerte de epifanía, concebir la antelación de lo no pensado, sabiendo que lo que se piensa aún se encuentra detrás del pensamiento, no hay trazo en ese cuadro -que acaso creemos pintar- que pueda cubrir los remiendos horadados por la lluvia como si fuera lava de un volcán, no hay paraguas arrojado desde un puente, para que muera en el poema en una página determinada, y podamos congraciarnos, al igual que Gilles Deleuze, con la irreductible idea de que el arte es la única cosa en el mundo que se conserva.


sábado, 22 de agosto de 2026

Un silencio a medio hacer

Un cauce vadea la palabra, y un huerto alcanza para cubrir una osamenta, porque siempre hay un silencio a medio hacer entre estas disquisiciones, mientras los fantasmas cruzan con sus farolas como si fueran poemas.

viernes, 14 de agosto de 2026

El espantapájaros cruzando el maizal

En el horizonte del poema, un espantapájaros baja los brazos y empieza a caminar, perdiéndose entre los maizales. 

Esa imagen no altera el plano amarillo del poema, pero su sentido genera algo nuevo. Se corresponde con lo no visible y con algún manto que cubrimos con palabras, que en cierto modo amparan la idea que tenemos sobre la belleza. 

Hay miel en las colmenas y vuela el polen sobre la hierba. 

El tiempo pasa demasiado pronto, entonces vuelvo a los primeros versos y cierro la tranquera que no quise nombrar. 

Para que el espantapájaros pueda llegar al otro lado del poema.

domingo, 9 de agosto de 2026

Esto de ti

Esto de ti, que aún me ampara, de los atardeceres no atardecidos 

de los molinos esperando el viento en medio de un prado. 

Este sol que sale en tu jardín, estos versos que siempre te nombran. 

Siempre extrañándote. 

sábado, 1 de agosto de 2026

Variaciones sobre el atribulado alcance de la poesía. Parte 3

Uno cree que cambia el rumbo del viento, cubierto de los fulgores anaranjados que a veces quedan descriptos en el poema, que todo lo otro, de un amarillo incólume, resultan tiestos de un fondo sin telón atravesado por las gaviotas, en un atardecer flamígero, donde apenas caben las parábolas que parecen pontificar los atavíos de una metáfora. 

Uno cree que deja huellas en el camino, mientras se arremolinan en el poema las paradojas irresueltas que una ventisca horada en ese detrás de la palabra apenas concebida, porque siempre hay algo que antecede al viento entre los pliegos de una hora temprana, porque siempre se escuchan voces por fuera del poema, porque la noche gira dentro de una bóveda cubierta de estrellas titilantes, mientras una línea de fuga serpentea a través de las escrituras automáticas, “los vellones de oro de la dispersión”, colgados al costado de un muro cercado por la hiedra, y agrego entonces la palabra "colgajo" para que la similitud haga las paces con el desaliento.  

domingo, 26 de julio de 2026

El prado sin cruzar

En el medio de algo por atravesar, sin saber en qué tiempo y bajo qué murmuro, atribulado de los silencios y la incertidumbre, creo entender cómo será mi respuesta, si es que puedo cumplir lo prometido. 

En esa escollera de cauces oscuros, donde se han hundido cada uno de los poemas, he visto como un barco sin coraza subió hasta las estrellas, sin dejar de surcar el mar, perdido en el desasosiego que una infancia sin memoria pretendió sepultar.

Y en el medio de ese fárrago de penas sin nombrar, desalentado de los faros y los puentes, espero amanecer mientras anclo mi destino en alguna remembranza, las palabras que aparecen en ese prado sin cruzar:

Tengo que volver.

sábado, 18 de julio de 2026

Bajo los pliegos de una hora temprana

Suele pasar, en medio de farolas distantes, cuando intento encapsular el efecto de una distorsión que licua los componentes serenos de un plano sin transitar, un no andar que prefigura el entramado de un simulacro donde apenas soy visible, es entonces cuando me pregunto si alguna vez me importó algo, si son ciertos los resplandores. 

Lo que intento decir es que el tiempo me encorvó la espalda, en este pesar donde el poema se encuentra en otro lugar, acaso autocompasivo pero apartado de la consecuencia, las veces que proferí aullidos bajo una maleza sin adjetivar, atribulado bajo la inmensa luna blanca, sin alcanzar el sentido de los puntos suspensivos que un silencio pretende dirimir. 

Acaso deshabitado de palabras, no alcanzo a distinguir la brisa amarilla del poema, ensimismado bajo los pliegos de una hora temprana.