mientras escucho wonderfull, de los Residents
A veces me pierdo en los detalles de algunas
conversaciones, como si alguna frase deshilvanada de su contexto pudiera
permitirme sobrevolar las peripecias de un concepto, sin que nada de todo eso
termine en un poema, apenas una concepción de una teoría, cuya única finalidad
es la publicación en un blog de poesía,
a propósito ¿cuántos quedamos?
Donde me extravié fue en un intercambio
epistolar entre el novelista y dramaturgo polaco Witold Gombrowicz y el pintor
y escultor francés Jean Dubuffet, quienes a lo largo de varias cartas discurren
amable y críticamente sobre el sentido del arte y los mecanismos que se
establecen en torno a la autenticidad de la obra. Los textos que se publicaron
en la revista Las Ranas no tienen desperdicio, me quedo al azar con algunas
afirmaciones, como cuando Gombrowicz afirma que todo el arte se basa en un
lenguaje convencional “hace falta saber lo que "quiere decir" en
poesía, por ejemplo "rosa", o en una sonata el acorde de séptima
disminuida. Pero si esta especie de juego que se crea entre el creador y el
consumidor va demasiado lejos, se pierde el contacto con la realidad, si el
artista trata con un consumidor demasiado "maduro", demasiado
"adaptado", demasiado "educado", entonces eso, a la larga,
no puede volverse otra cosa que un juego”, y en ese juego, creo, se pierde
la autenticidad de lo realizado, de esa suerte de confusión pasamos sin darnos
cuenta al entretenimiento (y algo clave que en todo este proceso observa el
gran escritor: la deformación debida a la educación), donde queda de lado la
verificación de lo observado, el tiempo que no se destina a contemplar
exhaustivamente una pintura, a desandar el sentido de un verso en medio de una
meseta, la nota de alguna cuerda que por algún motivo parece alargarse.
"Nuestra admiración por la pintura es la
consecuencia de un largo proceso de adaptación que se ha operado durante siglos
y por razones que, muy a menudo, no tienen nada que ver con el arte, ni con el
espíritu. La pintura se ha creado su receptor. Es una relación convencional".
Si esto que afirma el dramaturgo es así ¿en qué parte se pierde el mensaje que
busca marcar ese pintor mientras se inclina sobre el lienzo? ¿acaso importa?
aceptar la convención ¿es hacer un trato para entender el juego?, hace falta
que nos muestren un ejercicio en donde la obra interpele este sentido en algún lugar
del "cuadro", "algo" que informe sobre el snobismo del
receptor, Gombrowicz utiliza la imagen del cigarrillo en comparación con la
pintura, se esgrime que si uno necesita un cigarrillo es porque anteriormente
se adquirió el vicio de fumar, lo que lo convierte en una necesidad artificial,
no legítima, entonces lo que se configura es todo un proceso de adaptación que
no tiene nada que ver con la verdadera necesidad de la belleza por parte del
consumidor, porque difícilmente sea entendida en su concepción y alcance, el novelista pone el ejemplo de las piedras preciosas, que muchos las desean como si fueran
la representación de la belleza misma, sin embargo, un diamante artificial,
falso, que es absolutamente idéntico al diamante auténtico, no vale más que
unos centavos, entonces, ante la evidencia, debemos consagrar horas de nuestro
tiempo para realizar el duro trabajo de la verificación en el terreno del arte.
En este espacio, quisiera creer que no pierdo el
tiempo haciendo "aportes" a la cultura, ya que en ocasiones la
crítica y el intercambio de opiniones dejan un hueco en el jardín, y siempre descubro,
mientras escribo contra mí mismo, que el jardín de ese jardín no es alcanzado
por la literatura.
Fuente consultada:
Las ranas. Artes, ensayo y traducción. Año II, N° 2, abril de 2006. p. 93-103.