Una línea plateada, poblada de luces calladas, habitada por palabras, sonidos e imágenes. A veces siento que es eso la Web, como si viéramos desde la cabina de un avión, cuando va llegando a un aeropuerto, una luminosa y nocturna meseta indefinida. Nadar en estos espacios resulta un ejercicio infructuoso, recoger frutos una tarea de artesano, pero esta allí, al alcance de cualquiera que bajo una pantalla anónima decida cruzar aquellos frondosos desiertos, la variable es una constante, basta un enlace que nos lleve a otra iridiscencia y así, multiplicar lo multiplicado, ígneos torbellinos que borbotan cuestionamientos, mensajes con errores de ortografía, versos de otros o propios, sentencias, razonamientos, ilustraciones y un largo hilo de construcciones mutiladas por el instante, y soledad, de las más escrutadora, la más silenciosa de todas, porque detrás de todas estas cosas hay almas que buscan consuelo, hacer menos dura la existencia. Mostrar que somos, a pesar de que no, mostrar que proseguimos a pesar de la ausencia.
domingo, 26 de febrero de 2012
El nocturno divagar
Una línea plateada, poblada de luces calladas, habitada por palabras, sonidos e imágenes. A veces siento que es eso la Web, como si viéramos desde la cabina de un avión, cuando va llegando a un aeropuerto, una luminosa y nocturna meseta indefinida. Nadar en estos espacios resulta un ejercicio infructuoso, recoger frutos una tarea de artesano, pero esta allí, al alcance de cualquiera que bajo una pantalla anónima decida cruzar aquellos frondosos desiertos, la variable es una constante, basta un enlace que nos lleve a otra iridiscencia y así, multiplicar lo multiplicado, ígneos torbellinos que borbotan cuestionamientos, mensajes con errores de ortografía, versos de otros o propios, sentencias, razonamientos, ilustraciones y un largo hilo de construcciones mutiladas por el instante, y soledad, de las más escrutadora, la más silenciosa de todas, porque detrás de todas estas cosas hay almas que buscan consuelo, hacer menos dura la existencia. Mostrar que somos, a pesar de que no, mostrar que proseguimos a pesar de la ausencia.
sábado, 15 de octubre de 2011
Las construcciones de este blog
Todo es efímero.
Hablo de la construcción de ideas.
No hay tiempo. Los espacios críticos se crean desde la fragmentación, aproximando disyuntivas mediante fugaces dicotomías. Las lecturas son esporádicas, aunque vertiginosas, siempre intensas. Las reflexiones intentan colmar un estado de tensión, situación que en sí misma supone todo abordaje, en ocasiones ofrecido desde subjetivas periferias, de obras nacidas en un relámpago, y decodificadas con cierta desventura en una bitácora tardía.
Siempre llego después a un tema aciago, probablemente deshabitado, intentando una perpetuación del cisma, una luz hiriente. Luego lo devano, agregando notas marginales de modo arborescente.
Entonces escribo y es esto, meros embelecos ansiando hilar los pormenores de una hilatura, escribir sobre la escritura, hablar de lo creado.
Así construyo, pero no me basta.
Accionar, tal vez sea la palabra recurrente cuando hilvano el ejercicio de pensar, y entonces pienso que en este punto algunos poetas exponen lo no creado, son escritores pero el blog los representa, con el tiempo son absorbidos por la obligada aportación original, que nunca cesa, finalmente el espacio se torna una extensión de sí mismos, siguen teniendo un nombre mientras lejanos y cómplices lectores aguardan el libro que les devolverá el significado de un consuelo, porque ellos también necesitan construir desde la lectura, y si bien los blogs aportan versos, son los libros los que permiten favorecer construcciones.
Así también ciertas bitácoras simulan un diálogo desde vericuetos artificiales, suponiendo una relación y una participación que busca desechar el carácter estático de lo propuesto, ansiando dinamizar mediante diagramas mentales el entramado del mundo exterior.
Por otra parte, hay seres que en el mundo del arte poseen el don de la invisibilidad, y se mantienen incólumes fuera de todo círculo espejado, pudiendo trabajar sin distracciones, y sin la necesidad de articular los resortes de un coro siempre disponible para la aprobación. No es nuevo, y por otro lado se perdió el sentido crítico de la lectura de poemas. Me ha pasado compartir esto, y lo extraño.
En una película alguien se preguntaba por el peso del alma ¿cuánto pesa una idea en una bitácora virtual? ¿cómo se mide esto? Incluso me lleva a pensar cómo será, en entornos digitales, la noción de desecho. Paulatinamente decrece, en el arco del tiempo, la curvatura del pensamiento colectivo. La construcción queda registrada para que otros las desmenucen, refuten o complementen.
Los manuscritos se pierden o se rompen o se queman, los sitios web desaparecen, y es todo.
Tal vez se trate de una selva demasiado frondosa como para advertir la mirada de un sapo segundos antes de tragarse una libélula.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Un blog de poesía...
¿Qué es un blog de poesía?
¿Qué representa?
Hay poetas que escriben en estos espacios para “despuntar el vicio”, en ocasiones comparten textos que jamás incluirán en sus libros, ejercen el derecho a la opinión en tanto ciudadanos, realizando atravesamientos en planos políticos, sociales y culturales, ofreciendo respuestas desde el contexto de la literatura. Los hay quienes aprovechan las cualidades de este tipo de plataforma para difundir pensamientos, publicaciones, documentos audiovisuales que los tuvieron como eje de interés en un determinado acontecimiento. Escriben, opinan, ensayan aparatos críticos y forman una especie de catálogo literario que solo será consumido en forma virtual, con contenidos digitales que vaya a saberse si alguna vez terminan en soportes impresos.
De tanto en tanto asocian una construcción citando artículos de otras bitácoras, de tanto en tanto se dejan ver, tienen un rostro, y comulgan entre acólitos sus desventuras cotidianas.
Otros prefieren arrojar sus versos, escritos desde nocturnas computadoras en lugares sin identidad, simulando una ficción, una pertenencia hacia algo que va más allá de toda comprensión.
Es extraño el consuelo que supone escribir para alguien que del “otro lado” semeja la invisible actitud de un visitante. La distancia deja de medirse, y sorprende que un lector se tome un tiempo para tratar de entender estas falsas verdades.
Alguien que escribe versos, alguien que los lee. Alguien que de algún modo comprende que el todo está en la parte y la parte está en el todo.
No deja de parecerme una misteriosa construcción.
lunes, 29 de agosto de 2011
Lo que ocurre en el mundo real
Cuando estuve en el Río Limay, sentado en una piedra a orillas de las aguas, vi “algo”. Como si tuviera su propio esquema, su propia álgebra. Un mundo que excedía la capacidad de los sentidos. Como si una obra se gestara intermitentemente, imbricándose a sí misma. Hilándose a sí misma.
Quizás haya que detenerse en ese momento, en que la aparente calma oculta un entramado sinuoso y dinámico, mientras el previsible mundo prosigue en su divagar cotidiano. El mundo de las piedras y los murmullos, los atardeceres que congregan soledades.
Se acepta una ficción, donde somos “otros”, a veces una simple imagen, un problema del cual tenemos una fotografía. Aceptamos esas reglas y fingimos pertenencia. Nos apagamos y encendemos. Los sentidos se multiplican, trazamos inacabadas simetrías, comulgamos adscripciones sin tiempo, sin espacio, sin identidad.
Desangelados y vacíos por el mundo de las computadoras, escribiendo versos para resguardar un sentido de posteridad, nadando en océanos virtuales, con el utópico deseo de alcanzar una orilla.
Un laberinto, a veces creo que se trata de un laberinto, y de tanto en tanto encontramos algo.
sábado, 23 de julio de 2011
La luz de julio...

Creo poder afirmar que solamente un poeta puede darse cuenta de algo como esto.
Cuando lo que hay es un mundo detrás de las cosas.
sábado, 18 de junio de 2011
Barroquismo populista

“Nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tú el lector de estos ejercicios, y yo su redactor”.
Fervor de Buenos Aires, Jorge Luis Borges
Pienso en el alcance de las aportaciones que ciertos blogs realizan, más allá de la selección de algunos poemas, buscando frecuentar el análisis crítico y la admonición a lo que se supone es tendencia o pertenencia.
Habitualmente no suelen hallarse estas disquisiciones desde donde soslayar evidencias.
Al azar, encontré este artículo que habilitó un leve discernimiento:
Cozarinsky no duda en definir como “fatal” la tentativa de imitar el tono, el vocabulario y la sintaxis de Borges. “Quienes lo intentaron en los años ’40 y ’50 perecieron víctimas de su error. El mismo Borges fue limpiando su prosa del asfixiante barroquismo populista de sus artículos de los años ’20, hasta acceder al tono inconfundible que lo iba a identificar”, argumenta el autor de La tercera mañana. “No veo en las letras argentinas una herencia de Borges que valga la pena señalar, a menos que se trate de una fe inconmovible en la primacía de lo literario...
Pienso cuantas bitácoras adscriben sin saberlo a la noción de barroquismo populista, y discernir qué se entiende por "populista" en el acontecer de la literatura. Probablemente se trate de una digresión, arrojada al azar bajo la forma de un relato autocompasivo.
Algo que nace buscando una forma, intentando a su vez transformarse en un ser orgánico.
Ese “algo”, bajo la tribulación de un conjunto de poemas callados, o de gritos filosóficos, que no va más allá de un plano estéticamente preconcebido para comulgar imbricadas líneas de pensamiento. El hecho concreto infiere un criterio de compartir aquello que ocurre, mientras paralelamente un número indeterminado de conceptos se diluyen, simbolizados en puntos suspensivos o imágenes suntuosas, que buena parte de los lectores apenas advertirán.
Mientras tanto, el silencio es profanado, a la espera de un consuelo, o de una comunión.
jueves, 16 de diciembre de 2010
Desmenuzando evidencias
El hilo del poema que llega hasta el estanque,
hasta perderse en su voz muda, luego quedan murmullos y alguna que otra
conjetura, alguna que otra inmovilidad.
Así pareciera quedar anclado el derrotero de los poetas que escriben en sus bitácoras, mientras un oleaje los socava, comulgando una empatía y una suerte de encuentro en el que hay por toda compañía un vaso a medio terminar, algunas hojas en blanco y un silencio nocturno en la ciudad aparentemente dormida.
Hay algunas construcciones que desmenuzan
evidencias, y desde allí irrumpe el pensamiento, en una periferia que sin
embargo habilita el discernimiento de estructuras, poblando de componentes los
desvaríos y las desarticulaciones.
Se avanza desde lo que se supone que es el entendimiento de una obra, nacen mesetas que sobrevuelan -en su comprensión- los confines de aquello devanado y comulgado.
Luego, un crítico analiza las diferentes interpretaciones e instaura con su estudio un plano de abstracción que pretenderá significar el contexto.
Así surgen estéticas a las cuales algunos lectores adscriben, probablemente sin haber conceptualizado la matriz original, la piedra angular de lo creado ¿cuántos de estos volcanes son desollados desde una imbricación somera de elucidaciones, sin cercanía con lo candente? ¿Cuántas de estas concepciones quedan en el lodo de lo que se pretende justificar?
Por tal motivo arrojaré mis presunciones sin
revisar los preconceptos, y que algún día alguien descubra estas escamas
superpuestas, que no ocultan otra cosa que mi propio desasosiego ante el eterno
clamor de la poesía.
sábado, 27 de noviembre de 2010
Sobre las desavenencias del pensamiento crítico

Es preciso destruir el propósito de todos
los puentes,
Vestir de alineación los paisajes de todas
las tierras,
Enderezar a la fuerza la curva de los
horizontes,
Y gemir por tener que vivir, con un ruido
brusco de sierras…
¡Hay tan poca gente que ame los paisajes
que no existen!...
Saber que continuará el mismo mundo mañana
¡Cómo nos desalegra!...
Que mi oír tu silencio no sean nubes que
entristezcan
Tu sonrisa, ángel exiliado, y tu tedio,
aureola negra…
Del poema “Hora absurda”, Fernando Pessoa
Estas cosas que pasan, como en un tránsito, suelen ser “vistas” por ciertos escritores. Mientras hay quienes simplemente sobrevuelan un devenir, hay también aquellos que apresan un vértigo, y lo fijan, dejando al resto de los mortales la compleja tarea de interpretar lo que ha ocurrido, en un contexto que irá más allá de su comprensión.
Hacia estos desolados páramos solemos trasladar nuestras desavenencias.
Acerco una digresión. Hoy por hoy, los espacios virtuales vinculados con literatura, en su mayoría, son mudos testigos de las disyuntivas que algunos lectores entretejen en los foros de opinión de esas mismas plataformas. Y está visto que quienes digitan la construcción de sentido desde espacios masivos, solo les interesa controlar algunas cosas, entre ellas que buena parte de la sociedad no habilite precisamente, espacios de pensamiento crítico. Por el contrario, buscan generar ejércitos obedientes de personas inteligentes que sepan hacer su trabajo, y luego que se distraigan, ahí entra la televisión y los medios de comunicación controlados por el sistema, y el “sistema” es algo que aprendimos a tolerar, por temor a los cambios, a la participación directa, a la comodidad que pareciera otorgar un control remoto.
Somos parte de estas desarticulaciones que simulan una única articulación. Estamos protegidos porque estamos dentro de un inmenso arenero, resulta ingenuo que alguien pueda decir “yo elijo” “yo decido”. Que ingresen a un supermercado y elijan entonces, decidan que lata de tomates llevar, en cuántas cuotas pagar…
Ese centro está digitado, el consumo lo está,
somos personas libres haciendo elecciones en un inmenso lugar enrejado.
Pero entonces busco los blogs de literatura, entre ellos los de poesía, y no encuentro ese paralelismo propio de la creación poética (la literatura sobre literatura), esa posibilidad de poder “ver” lo que otros creen ver. En este punto creo que hace falta darse cuenta, y darnos cuenta, que las construcciones literarias que puedan generarse habiliten a su vez, espacios reflexivos hacia otras latitudes, de las que no somos ajenos: discernir desde la literatura las problemáticas que social, cultural y políticamente nos rodean.
Imbricar nuestro propio pulso, cuando las cosas van camino a renovadas encrucijadas.
sábado, 16 de octubre de 2010
El problema del tiempo...
El problema es el acercamiento desde los
pequeños raptos de posibilidades disponibles, se podría decir entonces,
reduciendo la idea que se pretende abordar, que el problema es el tiempo. No sé
si corresponde ofrecer un espacio donde urdir un contexto poético que vanamente
intento desbrozar. Las ideas necesitan de entramados de tiempos y espacios para
permitirse la aproximación a un concepto, a su plena significación, en el cual
se pueda advertir el plano subjetivo del poeta en tanto pensamiento, en tanto
abordaje crítico y denso, subsumido en capas difusas donde nada lo aparente,
incrustado de la cotidianidad que todo homologa y adoctrina.
Frecuentar un espacio implica a la vez un compromiso, sin embargo, no recuerdo haber escrito un texto para este blog que me haya llevado más de un día de elucubraciones y disyuntivas, la gran mayoría de las aproximaciones no sobrepasaron los 10 minutos, y considerando la evaluación consciente en tanto aporte, creo que ese es realmente el problema.
Digamos que tenemos una vida, hacemos el desayuno, salimos con cierta urgencia al trabajo, nos encontramos con eventualidades que sortear y después llega un momento en que la mayoría de las cosas se apagan (recuerdo en la comedia del Dante, aquella parte del día en que las moscas dejan paso a los mosquitos), hay distracción y un control remoto que desde la televisión nos controla, recogemos los platos de la mesa, los lavamos en silencio y entonces algo ocurre, una necesidad tal vez, una brisa que en apariencia nos preocupa, como una presencia incierta, cubierta con una hilatura de sombra que se parece a una idea.
Dejamos lo que había que hacer (que ya se hizo) y vamos a la habitación con nuestra penumbra a cuestas, encendemos la computadora y entonces escribimos.
Estas cosas que no podremos explicar.
lunes, 3 de mayo de 2010
Sobre la búsqueda de poesía en los blogs
“Siempre
he tenido la impresión de que el hecho mismo de ponerme a escribir significaba
de alguna manera una tentativa de contacto, no con personas definidas, no con
lectores definidos, probablemente conmigo mismo o con una realidad ajena y
exterior con la que se busca precisamente el contacto para que llegue a ser un
poco menos ajena y exterior...
...Sobre todo porque quisiera sentirme un poco como si estuviera en la misma habitación donde usted oye ahora este disco, y cuando digo usted, usted no existe para mí, y sin embargo vaya si existe porque...usted y yo somos este encuentro desde tiempos y espacios distintos, una anulación de esos tiempos y esos espacios y eso es siempre la palabra y la poesía... digamos entonces que estamos juntos…"
Estas reflexiones las ofreció hace algún tiempo Julio Cortázar, y no varía demasiado el paralelo que podamos trazar con los blogs y las escrituras que se leen y que se habitan en tiempos y espacios diferentes. Habla de un eventual contacto, ínfimo, improbable, entre los que escriben y aquellos destinados a comprender sus símbolos, a tomarlos como propios…
No deja de inquietarme esa extraña concatenación que suelen ofrecer aquellas sombras ligadas por una significación estética de la palabra, como así tampoco las eventualidades suscitadas según los tópicos planteados.
Inmensas serpientes azules y verdes suelen nacer de estas elucubraciones.
Después el monstruo deja de crecer, y con sus
mendrugos hacen poemas los poetas.
Esos ladrones de fuego...
Dejo aquí un poema del gran Julio, especial para traductores...
" Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias."
domingo, 4 de abril de 2010
A veces...
A veces no entiendo por qué persisto, porqué
dedicar un mínimo tiempo a las encrucijadas deshabitadas por la razón, porque
quedarse después quieto, hasta otra inercia arrojando muérdagos hacia lo que
emerge, porqué este porqué, y hasta cuándo.
No hago de este texto una melancólica abulia
intentando preconizar sobre lo que se aprecia, no pretendo eso.
Pienso en la inutilidad de tanta escritura, que en los blogs a veces se encuentran mirillas desde donde observar un mundo detrás de las cosas, pero lo que sigue después es una lenta declinación de las ideas y es entendible, la producción es abrumadora, no nos podemos detener, y si algo significa algo, el tiempo se encarga de poner cal a la peligrosa significación, y la significación se olvida, se desestima casi automáticamente, y volver a intentar un darse cuenta, un valer la pena…
La bipolaridad puede aquietar lo agitado del intelecto, a la vez trauma desde su vértigo, desasocia lo hallado, desintegra desde los lentos engranajes del tiempo, donde nos tornamos poleas mecánicas construyendo movimientos ajenos, nos osificamos, somos como muñones de carne y acero, y nos habituamos a estar dormidos con los ojos abiertos. Tiempo después, estamos institucionalizados con la idea de aceptar nuestras limitaciones. Entonces la quietud, la atroz y banal quietud, y los versos que representan lo apagado de nuestra condición, como un tránsito lateral hacia un horizonte purpúreo.
Sigo insistiendo cuando tengo en claro que esto no se trata de insistir, “esto” es preexistente a la tarea de otorgar significado, escribimos brevemente sobre lo escueto y acontecido del devenir de la escritura, y ese instante, alumbrado con precariedades, sin explicación aparente, en que nace lo que nace, termina arrancando lo candente de nuestro inconsciente acto, para saciarnos con mendrugos y darnos cuenta que no se trata de darse cuenta, de que no hay razones para persistir, que todo esto no es más que escritura, nada más efímero y disoluto y aparente, nada que no hayamos visto antes.
viernes, 2 de abril de 2010
El atavío de las ideas
Entonces buscará espejos bajo los cuales verse reflejado, bastarán unas pocas escrituras arrojadas a una pantalla, por algún desconocido, para saberse conjeturado en prosa ajena. Bastará incluso el encantamiento de un seudónimo para ingresar a un espacio sin contraseñas ni ventanas, con la intencionalidad de un deseo de pertenencia bajo parámetros estéticos que nunca serán esclarecidos o explicitados. Este anónimo acto hará que, momentáneamente, sea parte de algo que intentará comprender.
Esto ocurre cada vez que alguien se conecta en el espacio virtual. Ahora, si lo que esa sombra evoca es su propia poesía lo que se abren son esclusas del pensamiento que los demás intentarán desmenuzar, mutilando su propia literatura para sostener un diálogo prosaico.
En este juego de simulaciones se deja al margen el contexto, la atención se encuentra dirigida a un hilo tensado cuya altura se desconoce (alguien lo sabrá, los ocasionales visitantes nadarán en el supuesto de las ideas).
Tal vez haya cansancio, o una botella a medio terminar, hasta que la sombra parecida al títere que la sostiene se deja abatir por el sueño, olvidando anotar la dirección donde proseguir el compartido hallazgo. Los demás caen, tomados de una cuerda que los arrojará a una meseta inerte, la de sus propias computadoras esperando vanas respuestas.
Al otro día, un cuerpo sin su sangre se pondrá a cumplir una rutina, y no podrá tener el don de volar, para ver desde los techos su vida previsible, su cuadriculada conjetura.
miércoles, 27 de enero de 2010
Sobre lo que se frecuenta
Creo, en todo momento, que resulta esencial
contener nuestro desasosiego, no como una esclusa desmedida y arbitraria, sino
para modelar los contornos de una opacidad, subjetividad que cabe en una copa
áurea, nuestra propia e inabarcable inmediatez.
Es preciso aunar lo aullado…
En estos últimos tiempos percibo planos de una fragmentación que acabará por incomunicarnos, si seguimos esta cultura de habitar certezas en nuestras propias interioridades, sin abrirnos a las verdades de los otros. Hablo de una apertura y de una propuesta, de generar profundidades concéntricas en contextos disruptivos, acaso un modo de fugar en espiral, un desarraigo movido por inquietud, por tarea oscura, esos sentidos primarán.
Por lo pronto, pareciera que toda conjetura es tejida en plural, los vientos arremolinan las doctrinas.
martes, 6 de octubre de 2009
Añoranzas
Cuántas veces el poema debía concluir al final
de la hoja mecanografiada.
Horas y horas golpeando las teclas en la cinta
carbónica, corriendo la hoja hacia arriba y hacia la izquierda, escribiendo
hasta rellenar el silencio, dando forma a lo que tenía forma, alguna que otra
lobreguez, algún que otro trago en la noche sin luna.
El blog recrea un poco aquella atmósfera, atisbos nocturnos donde discurre lo impensado, en cierto modo las computadoras han venido a reemplazar aquellas viejas máquinas de escribir, aquellas resmas de papel A4.
Ahora no tengo más que la luz de la pantalla, una certidumbre de saber que alguien está despierto, que mañana será otro día.
Leo esto, de Juan Gelman, antes de irme a dormir…
Amarte es esto:
Una
palabra que está por decir
Un
arbolito sin hojas
Que da
sombra
miércoles, 9 de septiembre de 2009
La exposición pública del poeta
En muchos países suelen darse encuentros de variada clase, en algunos casos se realizan semblanzas de reconocidos poetas, como murales tallados en piedra, en otros se producen inquietantes performances donde el teatro cruza límites con los poemas. He visto mucho de eso, en compañía de verdaderos ladrones de fuego (recuerdo ahora, lejanamente, una semblanza realizada en San Telmo sobre parte de la obra de Walt Withman, a sus actores no se les ocurrió mejor idea que prohibir fumar en la sala, el genial escritor se hubiera levantado furioso de la silla).
Ahora se asiste a la exposición mediática de los escritores, a veces en lugares públicos, un bar, una galería de arte, por lo general muestran cómo componen sus versos, y la “metodología” de trabajo que emplean, otros experimentan sobre el poema, como un cuadro de Pollock, extendiendo los párrafos hasta conectarlos con algún sentido, nunca falta la música, o lo que eso signifique.
En ocasiones, cuando me encuentro con un sitio literario diseñado por un arquitecto virtual, me suelo preguntar qué hay detrás, si todo no se trata de un producto convenientemente diseñado, una actuación o un guion de cine con excesivo maquillaje. Hasta que encuentro la palabra detrás del producto, entonces lo demás pierde sentido, es posible adivinar donde terminarán los versos, bajo que apofenia se construyen esas imágenes.
Queda el escritor inmiscuido en su soledad, escribiendo por las noches y cada tanto, intercambiando impresiones con lectores ocasionales, mientras en penumbras su obra lentamente avanza.
viernes, 24 de julio de 2009
El carácter catártico de los blogs
José Saramago dice que el blog es un espacio
de reflexión, me parece acertado concebir este modo de expresión, que ha ganado
preponderancia entre los usuarios que pululan en el profuso espacio virtual,
probablemente se trate de una apropiación que no cederá terreno por mucho
tiempo. Estimo que los poetas le han dado un carácter catártico al asunto, un
modo de profundizar el frecuente desasosiego, probablemente una manera “visible”
de trabajar con las palabras.
La cuestión pasa por la bitácora de laboratorio que suelen exponer algunos escritores, volcando allí manuscritos y borradores que de otro modo no saldrían del arcón de los recuerdos. Oliverio Girondo decía que no había mayor crítico literario que el cajón de nuestro escritorio ¿qué no diría ahora de los blogs?.
Este espacio de comunión transita su atardecer apacible, lo conforman extraños que, a fuerza de arrojar subjetividades, brindan solitario consuelo a seres que buscan tender un puente con sus palabras, no estar tan solos en este mundo.
Me quedo pensando en la necesidad de arrojar botellas que tuvieron algunos poetas, esperando a que las estrellas pueblen las oscuras aguas, aquello que escribieron en una hora calcinada, la penumbra que habitaron en la opacidad.
domingo, 5 de julio de 2009
Los que arrojan sus puñales nocturnos
Están entre nosotros, adoptan una identidad,
un seudónimo que algo dice de su contexto subjetivo, y ladran, vociferan,
incendian soledades atacando desde el verbo hasta el entrecomillado más
austero. Frecuentan foros, habitan celdas virtuales de colores y sonidos, en
ocasiones lanzan consignas que bien podrían engalanar las propuestas literarias
de algún amarillento periódico. Cuchillos que trazan círculos, voces que se
levantan del tedio, la soledad o el desasosiego, construyen subjetividades
desde lugares próximos, donde todo puede estar embadurnado, tergiversado o
abigarrado, cada cual según la óptica en la cual se formó, cada quién según su
dogma, su sistema de pensamiento.
Me he llegado a preguntar si algún fantasma ha recogido esos mendrugos...
Algún día, la música mala de un texto escarlata
tendrá acordes de un día frecuentado, lo descubriremos como quien tamiza
ecuaciones buscando algoritmos que resuelvan un problema, encontrando el
cántaro donde corre el agua de las páginas escuetas.
Probablemente, aquella arquitectura fraguada en hora nocturna e iniciada por múltiples voces, proseguirá su andamiaje en el sereno análisis de algún lector, lejos de farolas incandescentes y frases mutiladas.
Y no podremos decir que algo tuvimos que ver con esos aullidos.
viernes, 19 de junio de 2009
Los que labran anonimatos
Lleno mi vaso de vino…
Los que labran anonimatos, en una hora yerta, sucumben por las noches buscando fantasmas en los armarios. Es este el prolegómeno vacío de un tiempo que se ha ido.
Construyo naderías, al final de un patio
cubierto de glicinas, mientras la manivela de una caja mágica arroja maíz en un
canasto de mimbre.
Es muy precario lo que habito, apenas lo recuerdo.
La vida siempre prosigue, pierdo buena parte de mi tiempo decodificando símbolos pétreos, que suponen alegorías para entender la realidad.
Las volutas de humo y las estrofas peligrosas (de esas que ya no subsisten), simulan al final del pasillo un gesto muy teatral, cualquier cosa mujer, cualquier cosa menos esta mansedumbre con la que vamos al matadero…
Debo reconocer que me sorprende cuando alguien se detiene en un texto, y acaso sin saberlo construye un vínculo, realmente hay veces que no tengo idea hacia dónde van las construcciones que intento enarbolar, casi como un mendigo, en medio de la noche quieta.
Alguna vez me dijeron que es mejor sorprenderse que desilusionarse, desde entonces no he hecho más que buscar encrucijadas.
Y mi vaso ya está vacío.
domingo, 24 de mayo de 2009
Sistema
Una noche tuve la necesidad de conectar una
computadora, beber lentamente una ginebra y entrar a un cuarto que tenía las
paredes llenas de luces azules, una celda virtual multiplicada hasta el
infinito. Me supe rodeado de conjeturas, sin ningún tipo de limitación
existencialista, sin parámetros ni contextos.
Como sea, no recuerdo después, por la extraña combinación de códigos binarios y subjetividades arrancadas, cuántas sombras afilaron sus cuchillos aquella noche, pero sí pude entender que, en aquel sitio, los rostros detrás de las computadoras eran almas concurridas por la soledad, hombres y mujeres que al otro día los esperaba una vida común, millones de personas sin darse cuenta de nada…
Aquella noche había ingresado en un sistema, no supe entender las ecuaciones que mi propia mente hilaba sin razón alguna, pero en algún punto creí encontrar el modo de articular el enigma de la creación literaria, el verdadero significado de la palabra “detrás”, desvarío y lógica que puede dañar la ingenuidad de un corazón hirsuto, a una hora crepuscular, desde el más nocturno de los desarraigos.
Meras disyuntivas, hilvanadas sin sentido en
cestos de mimbre.
