sábado, 1 de agosto de 2026

Variaciones sobre el atribulado alcance de la poesía. Parte 3

Uno cree que cambia el rumbo del viento, cubierto de los fulgores anaranjados que a veces quedan descriptos en el poema, que todo lo otro, de un amarillo incólume, resultan tiestos de un fondo sin telón atravesado por las gaviotas, en un atardecer flamígero, donde apenas caben las parábolas que parecen pontificar los atavíos de una metáfora. 

Uno cree que deja huellas en el camino, mientras se arremolinan en el poema las paradojas irresueltas que una ventisca horada en ese detrás de la palabra apenas concebida, porque siempre hay algo que antecede al viento entre los pliegos de una hora temprana, porque siempre se escuchan voces por fuera del poema, porque la noche gira dentro de una bóveda cubierta de estrellas titilantes, mientras una línea de fuga serpentea a través de las escrituras automáticas, “los vellones de oro de la dispersión”, colgados al costado de un muro cercado por la hiedra, y agrego entonces la palabra "colgajo" para que la similitud haga las paces con el desaliento.  

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