domingo, 3 de mayo de 2026

Mientras los trazos cruzan memorias deshabitadas

Estoy atravesando el pasillo de los silencios destejidos por el tiempo, cuando las sombras no parecían sombras y se quedaban quietas en la punta de la mesa, las manos entrelazadas, los ojos perdidos en el leve ondular de las cortinas, el sueño que nunca tuve, mientras el viento murmuraba por fuera de la ventana sin marco, sombras que alguna vez tuvieron un nombre.

El pasillo era largo y apenas iluminado por vitrales amarillos, es conveniente fijar el tiempo en el pasado, para que el presente no difumine los rostros como si no importara lo que irrumpe. Afueran están los árboles y el bullicio, de donde vengo caminando bajo una nube blanca, como si fuera un paraguas de la infancia.

Las personas que miran a las personas que se pierden en un rincón apenas iluminado, la posibilidad de una conversación, mientras espero por un cauce que se vuelva motivo, circunstancia, abstracción, una mirada que se vuelva silencio, que parezca una despedida con claroscuros que se inclinan mientras anochece, como si los claroscuros fueran parte de la conversación, la hora en la que no se sabe que hay del otro lado de la pared, en esa ida sin andares, la parte anaranjada del crepúsculo, los pájaros negros posados en las terrazas resplandecientes, las plantas que apenas se ven al final del pasillo, cuando las sombras no parecían sombras, cuando simulaban olvidarse del olvido, caminando sin un detrás, escribiendo este poema.