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martes, 20 de julio de 2010

Más de un año ya...

Que cosa extraña, ya pasó más de un año de estar escribiendo con intermitencias en este blog, me lleva a pensar como cuesta percibir el paso del tiempo, ciertos aniversarios inquietan, los bollitos de papel se acumulan hasta formar barrancos de conjeturas, los relojes parecen despojarse del sentido práctico y mecánico de medir añoranzas, donde adquieren un tono solemne al dar la última vuelta del día. En esto se cuelan escrituras, divagaciones, aproximaciones, lejanías, probablemente un encuentro con la palabra.

Pero resulta que suele llover de vez en cuando, y no puedo evitar acordarme de un capítulo de Rayuela, sobre un paraguas que Oliveira no se animó a arrojar al vacío, porque vi en ese acto y en ese enmudecimiento un signo de estas tribulaciones.

He aquí el texto:

Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra. Justamente un paraguas, Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo tiramos porque lo habías encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo usaste muchísimo, sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses, siempre torpe y distraída y pensando en pájaros pinto o en un dibujito que hacían dos moscas en el techo del coche, y aquella tarde cayó un chaparrón y vos quisiste abrir orgullosa tu paraguas cuando entrábamos en el parque, y en tu mano se armó una catástrofe de relámpagos y nubes negras, jirones de tela destrozada cayendo entre destellos de varillas desencajadas, y nos reíamos como locos mientras nos empapábamos, pensando que un paraguas encontrado en una plaza debía morir dignamente en un parque, no podía entrar en el ciclo innoble del tacho de basura o del cordón de la vereda; entonces yo lo arrollé lo mejor posible, lo llevamos hasta lo alto del parque, cerca del puentecito sobre el ferrocarril, y desde allá lo tiré con todas mis fuerzas al fondo de la barranca de césped mojado mientras vos proferías un grito donde vagamente creí reconocer una imprecación de walkiria. Y en el fondo del barranco se hundió como un barco que sucumbe al agua verde, al agua verde y procelosa, a la mer qui est plus félonesse en été qu'en hiver, a la ola pérfida, Maga, según enumeraciones que detallamos largo rato, enamorados de Joinville y del parque, abrazados y semejantes a árboles mojados o a actores de cine de alguna pésima película húngara. Y quedó entre el pasto, mínimo y negro, como un insecto pisoteado. Y no se movió, ninguno de sus resortes se estiraba como antes. Terminado. Se acabó. Oh Maga, y no estábamos contentos…


lunes, 3 de mayo de 2010

Sobre la búsqueda de poesía en los blogs

“Siempre he tenido la impresión de que el hecho mismo de ponerme a escribir significaba de alguna manera una tentativa de contacto, no con personas definidas, no con lectores definidos, probablemente conmigo mismo o con una realidad ajena y exterior con la que se busca precisamente el contacto para que llegue a ser un poco menos ajena y exterior...

...Sobre todo porque quisiera sentirme un poco como si estuviera en la misma habitación donde usted oye ahora este disco, y cuando digo usted, usted no existe para mí, y sin embargo vaya si existe porque...usted y yo somos este encuentro desde tiempos y espacios distintos, una anulación de esos tiempos y esos espacios y eso es siempre la palabra y la poesía... digamos entonces que estamos juntos…"

Estas reflexiones las ofreció hace algún tiempo Julio Cortázar, y no varía demasiado el paralelo que podamos trazar con los blogs y las escrituras que se leen y que se habitan en tiempos y espacios diferentes. Habla de un eventual contacto, ínfimo, improbable, entre los que escriben y aquellos destinados a comprender sus símbolos, a tomarlos como propios…

No deja de inquietarme esa extraña concatenación que suelen ofrecer aquellas sombras ligadas por una significación estética de la palabra, como así tampoco las eventualidades suscitadas según los tópicos planteados.

Inmensas serpientes azules y verdes suelen nacer de estas elucubraciones.

Después el monstruo deja de crecer, y con sus mendrugos hacen poemas los poetas.

Esos ladrones de fuego...

Dejo aquí un poema del gran Julio, especial para traductores...

" Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias."


domingo, 11 de octubre de 2009

Los que recaen


…“Un hombre puede usar de carnada para pescar un gusano que ha comido de un rey, y comer el pescado que se comió al gusano.

¿Qué queréis decir con esto?

Nada, solo demostraros cómo un rey puede seguir su camino por las tripas de un mendigo…”

Hamlet, William Shakespeare

En “me caigo y me levanto”, Julio Cortázar simbolizaba la costumbre que tenemos por recaer constantemente, y arrojaba el desarrollo de una teoría:

Hay quien ha sostenido que la rehabilitación

sólo es posible alterándose

pero olvidó que toda recaída es una desalteracion

una vuelta al barro de la culpa

perfecto!

somos lo más que somos porque nos alteramos

salimos del barro en busca de la felicidad

y la conciencia y los pies limpios

un recayente es entonces un desalterante

de donde se sigue que

nadie se rehabilita sin alterarse

pretender la rehabilitación alterándose es una triste redundancia

nuestra condición es la recaída y la desalteracion

y a mi me parece que un recayente debería rehabilitarse de otra manera

que por lo demás ignoro…

En un intento por trasladar semánticamente este entendimiento lúdico al plano de la lectura, he registrado ciertas recaídas en mi adolescencia con algunos textos de Shakespeare.

Me llama la atención, que en buena parte de la obra del genial dramaturgo inglés, la figura de la mujer no tiene por destino un buen lugar, la reina Gertrudis ilustra de buen modo el ejemplo, una figura desafortunada en su juicio y sus actos, que en el único momento en que decide obrar por sí misma, es para negarse a no beber la pócima envenenada que el rey tramó para Hamlet, su hijo bienamado y temido, es el único momento de la obra que la reina no hace caso a su marido, y termina muriendo por ello, sin alcanzar a comprender, desencadenando la tragedia.

Decía Oscar Wilde que había dos clases de personas, las que son encantadoras, y las que no. Traslado a la escritura esta aseveración, y abriendo al azar una página cualquiera, me deleito en el encanto de sus versos inmortales, prescindiendo de lugares calcinados, e imbuido del artificio y la bella arquitectura.

¡Así se rompe un corazón! Buenas noches, dulce príncipe, y que un coro de ángeles arrulle tu descanso.