En el horizonte del poema, un espantapájaros baja los brazos y empieza a caminar, perdiéndose entre los maizales.
Esa imagen no altera el plano amarillo del poema, pero su sentido genera algo nuevo. Se corresponde con lo no visible y con algún manto que cubrimos con palabras, que en cierto modo amparan la idea que tenemos sobre la belleza.
Hay miel en las colmenas y vuela el polen sobre la hierba.
El tiempo pasa demasiado pronto, entonces vuelvo a los primeros versos y cierro la tranquera que no quise nombrar.
Para que el espantapájaros pueda llegar al otro lado del poema.


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