viernes, 27 de febrero de 2026

La vasija de barro del poema

En esa antesala de lo que se va creando a través del poema, sucede algo que el pensamiento no logra apresar, lo sostuve en algún tiempo, creer que en lo no pensado del pensamiento se producían ciertas irregularidades que habilitaban la creación de textos como si fueran el resultado de esquirlas incrustadas en algún pasado por resolver, con sus propias líneas de ruptura disparadas en sincronía hacia múltiples direcciones. Lo curioso es que, en ese plano flamígero, el no entendimiento de algún modo propicia inmanencias hacia recovecos endógenos donde las palabras envuelven los pensamientos fractales, estableciendo junturas semánticas de algo que sucede mientras es desbrozada la maleza. Entonces me cuestiono esta ambigüedad: si lo creado nace de aquello que me ha interesado a pesar de no entenderlo, el sustento de ese poema podría ser el barro de una vasija en cuyo interior se entrecruzan las ideas, pero el temor -mientras las sombras van poblando ese cielo a medio hacer- es que la vasija, en esa lectura del artefacto, no represente la arborescencia que pueda subyacer de un plano teórico, ni habilite, por su mecanismo creativo interno, la posibilidad de teorizar sobre los destellos de una problemática.

El poema ya es solo conjetura, mientras el poeta se aparta, pronto se aproxima la filosofía, entonces se admite que ya no hay texto, no hay obra, no hay autor, solo manchas negras en un lienzo atiborrado de nubes. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario