sábado, 11 de abril de 2026

El sol de la infancia


La hora de la siesta, esa nada aparente.

Antes, cuando los niños eran niños, un resplandor amarillo llenaba de luz a las paredes, hasta aplacarlas de tanto brillo, como un cuerpo inerme que espera recuperarse bajo el sol, en las calles de la infancia apenas pasaban autos y hasta podía escucharse el paso de las personas dejando huellas violetas en la vereda. Había abejas y mariposas, muchas mariposas. Algo que se perdía en el túnel del tiempo, junto con el último aleteo anaranjado.

Y es que nunca hubo un túnel bajo ese cielo, estábamos despiertos, trepando al gigantesco árbol de moras cuando caía el atardecer.


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