En este ir hacia adentro, cuando apenas escucho detrás de la enramada, los aleteos de las sombras que alguna vez recogí, como tiestos de una remembranza que el tiempo transformó en desasosiego.
Aquí es ahora, la hora yerta del diablo verde, saliendo y entrando en un sueño mientras mi brazo izquierdo tiembla luego de posar un balde lleno de agua en el patio de la infancia.
Me quedan los pequeños silencios de jardines que no quiero abandonar, y pienso como será ese día cuando ya no pueda regar las plantas, si esa historia, al igual que otras, se perderá para siempre en el recuerdo de algún olvido.

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