jueves, 11 de julio de 2013

Las casas...


“vaya con la casa, que despide viento
Luis Alberto Spinetta


Los sordos
Viviana Abnur

La casa que compré me dijeron
fue la casa de los sordos
donde la madre murió enferma en una pieza

cuando ella se marchó todos se fueron
dejando la casa intacta

me recibió la ropa de la muerta en el ropero
sus fotos enmarcadas en la pared
las cremas de belleza vencidas
en el botiquín del baño

voy a vaciar esta casa
voy a abrir los cajones hurgar detrás
la casa de los sordos
será mi casa

las piedras de Gretel siempre dieron
con un bolsillo agujereado.

Salvando las distancias, y los contextos, encontré cierta reminiscencias de este poema de Viviana Abnur con un poema que había leído de Tomas Tranströmer, el mismo se titula “la casa azul”. No tratan el mismo tema, pero algo, un hilo tal vez, une la extraña necesidad de ocupar un lugar, de proseguir en un sitio, la casa de los otros que es también la casa nuestra. En el poema, Tranströmer sospecha que  hay una vida que es como barco gemelo a la vida que invariablemente vivimos.
Intuyo que la casa azul puede ser la casa de los sordos, en todo caso, limito la intervención a un bosquejo liviano y a un ligero entendimiento de lo leído.
Como sea, un buen pretexto para incluir al gran poeta sueco en esta divagación.

La casa azul
Es una noche de sol radiante. Estoy en el denso bosque y miro hacia mi casa con sus paredes de azul brumoso. Como si hubiese muerto recientemente y mirase la casa desde un nuevo ángulo.
Lleva allí más de ochenta veranos. Su madera ha sido barnizada cuatro veces con alegría y tres con tristeza. Cuando alguno de los que han vivido allí muere, se vuelve a pintar. El muerto pinta, sin pincel, desde adentro.
Del otro lado, es campo abierto. Antes un jardín que ahora se ha vuelto salvaje. Inmóviles resacas de mala hierba, pagodas de mala hierba, texto arrollador, los upanishad de mala hierba, una flota vikinga de mala hierba, cabezas de dragón, lanzas, ¡un imperio de mala hierba!.
Sobre el jardín salvaje revolotea la sombra de un bumerán que es arrojado una y otra vez. Esto tiene que ver con uno que vivió en la casa mucho antes que yo. Casi un niño. De Él sale un impulso, un pensamiento, una voluntad: “crea...dibuja...”. Para tener tiempo de escapar de su destino.
La casa se parece a un dibujo infantil. Una infantilidad provisoria que surgió porque alguien, demasiado pronto, renunció a la misión de ser niño.
¡Abre la puerta, entra! Aquí dentro hay inquietud en el techo y paz en las paredes. Sobre la cama cuelga un cuadro de aficionado que representa un barco con diecisiete velas, espumeantes crestas de olas y un viento que el marco dorado no puede contener.
Es siempre tan temprano aquí dentro, es antes de la encrucijada, antes de las elecciones irrenunciables ¡Gracias por esta vida!. No obstante, carezco de alternativa. Todos los bocetos quieren llegar a ser reales.
Un motor en el agua, muy lejos, dilata el horizonte de la noche de verano. Alegría y tristeza se hinchan en la lupa del rocío. Nosotros, en realidad, no lo sabemos, pero lo sospechamos: hay una vida que es como barco gemelo a la nuestra, que sigue una ruta totalmente distinta. Mientras el sol arde tras las islas.

                                                                           De "el cielo a medio hacer", Tomas Tranströmer


A modo de epílogo tardío, acerco una epifanía de Héctor Viel Temperley, el poeta que comulgaba en el mar, aquel que dijo en sus versos “Pienso un poco en mi casa. No, nunca tuve casa. / Pienso un poco en mis hijos. / Mis hijos son mi casa / como estas estrellas son la casa / de mis ojos...”
(Plaza Batallón 40 – 1971)

Casas
A lo mejor las casas
son el reino
de Dios sobre la tierra
para algunos;
A lo mejor algunos
son el reino
de Dios sobre las casas,
como tiendas.

Acaso Dios es casa,
acaso es tienda:
Tienda nomás, no casa.
no hay hacia Dios caminos
ni es casa con terrazas
para mirar desde allá arriba
casas.

Acaso el hombre quiere
volar nomás en medio
de la tienda de Dios,
tomado de la pobre
camisa azul de Dios,
con los ojos cerrados.

Acaso son las llagas
del hombre las que quieren
un Dios así, que deje
pasar la lluvia y vuele
alegre hacia su casa.

Acaso Dios es casa.

Nota: la imagen, tomada en el mítico Cabo Polonio, pertenece al grupo Perota Chingo                                                                                  

sábado, 6 de julio de 2013

Puntuación


Mientras discurre el arrebato, el poeta fija un vértigo de sus candentes revelaciones, el tiempo es indefinido, no hay un trabajo de corrección lo que se vomita no se "puntúa"– luego pasa un tiempo, el contexto varía, las lecturas aumentan, y las estrofas cobran otra forma.
Tengo al respecto una idea precaria del sentido de la puntuación, el poema parte de una linealidad que pretende una fuga invisible, las reglas gramaticales pautan los bloques de palabras, es preciso delimitar la construcción, otorgar un ritmo y una estructura, como cuando el poema es recitado con las ventanas cerradas, aquí es interesante acercar un oído complaciente. En la oralidad, el silencio ocupa un espacio, la palabra es resignificada, adquiere otro tono, otra musicalidad, probablemente acentuada por las puntuaciones que el orador torna visiblemente audibles, como si interpretara los signos lingüísticos de artefactos que no poseen escritura (al respecto hay un ejemplo simbólico: las molas multicolores kuneñas, cuyos telares comunican información prescindiendo de soportes escritos). Con la puntuación, las estrofas pierden ambigüedad, pareciera que cada fragmento cierra una unidad, que el plano vertical de los versos escritos se desplazan horizontalmente en la lectura, que hay un trabajo de significado luego del arrebato.

Al final, solo hay un punto.

sábado, 29 de junio de 2013

Nadar en el poema...


Y hacia otro hombre apuntan los prismáticos.

De la escuela de náutica que resistí– y del plátano

Que no sé más cual es,            que está en el puerto
                                Con otros cien,

                                                               Que un día fue ciruelo

O grito de novicia de piletas vacías
                                Rotas por el allá
                                                               Después zureo

De torcaza escondida en los portones
                                Calientes de un estadio en el suburbio.

Mientras ellas traían la pobreza,
                                La señal del aborto, los cabellos,
                                Las manchas de salitre y,
                                                                              En las albas,

Óseo en mi rostro y largo como un tendón de Aquiles
                                De muchacha o de pueblo
                                Que camina o que duerme,

Ese olor a infinito enverjado, pujante
                                Junto al Crucificado
                                               Que ocupaba,

                                                                              Incorrupto,

La mitad de la balsa, del cerebro,
                                De las islas del techo
                                                               Y del desagüe

–Que se arrastraba angosto, a cielo abierto,

                                igual que un regimiento entre violetas,

Con hilos de agua vieja, grandes hojas
                                De palmeras, tapitas de cerveza,

                                campanillas silvestres, mucho tiempo
                                sin Teresa, que amé a los doce años–,

                                y la mitad

                                del mar
                                por
                                donde,

                                me decía,

dentro de poco el sol sería un gallo
                                               en un carro blindado,
                                                                                              y la cabeza

                                sobre plata
                                –enseguida–

                                del Bautista.

                                                               De “Crawl”, Héctor Viel Temperley

En una entrevista realizada por Sergio Bizzio (Revista Vuelta Sudamericana, No 12, Julio de 1987, Buenos Aires), Héctor Viel Temperley deja testimonio del proceso de escritura del libro Crawl, representando en el trabajo con las palabras el acto de nadar. Hay una imagen de la infancia que el poeta recrea, en donde cae al agua experimentando una noción de paz, sin extrañar el afuera del mundo “lo único que sentía era el éxtasis de ver una pared color tierra cruzada por el sol: era un manto anaranjado que yo tenía ante los ojos. Y era feliz…”
El poeta se encuentra con su poesía al no saber cómo hacerla.  Busca “romper el poema”. Intenta explicar cómo se nada, pero descubre que para escribir el libro tiene que aprender a rezar, al poco tiempo experimenta una relación distinta con la oración y con el aliento. En ese contexto aparece en escena la figura de Jesucristo, en el libro apenas lo nombra, sin embargo parecería ser parte del plano que el poeta frecuentó durante el proceso de escritura.

Hago el ejercicio de imaginar la mirada conceptual del poeta con respecto a “Crawl”. Parado arriba de una silla –como quien pretende "ver"– mientras desplegaba el poema en el suelo para que los versos representen la imagen de un cuerpo nadando. La brazada a través de la estrofa, un movimiento hecho de palabras.
El acto de corregir el diagrama del poema para representar la forma de la figura, llegando incluso a considerar la ausencia de puntuación en determinados versos, ilustrando con cada brazada una respiración. 

Sumergirse en el agua, hundirse en el poema, corregir la estrofa para extender la brazada...

Exceptuando el sentido de los caligramas, donde se forman objetos con palabras, la construcción de Viel Temperley en Crawl es inaudita; elabora un movimiento con las estrofas, pauta los tiempos de la respiración e incluye en el plano el componente místico,  amalgamando la idea del cuerpo en el agua, como si el poeta nadara dentro de sí mismo, hacia su propio nacimiento, encontrando equilibro espiritual en la oración y el rezo.

Nadar en el poema.
Roto por el allá...

Siempre se dijo que su obra era como un estallido cuyas esquirlas ocultaban un mundo detrás de cada verso. De aquellos fragmentos seguimos abrevando conjeturas. Un sentido de irresolución impregna los mendrugos que mordemos circunspectos.

El poeta termina de comulgar, se hunde en la pileta del poema, al poco tiempo los anillos de agua dejan de moverse, parecen círculos de plata que se aquietan,  y entonces me retrepo en los horizontales poemas, hundido en la lectura de quien anheló beber su propia alma, y ya es tiempo de pedir una tregua.

sábado, 22 de junio de 2013

Tener un destino...




Tener un destino...
Aún es un relato que se debe completar.
Cuando el tiempo despida un poco de viento en la casa de los huertos.

Todo lo nuevo volverá a comenzar.

jueves, 20 de junio de 2013

El breve poema...


Que sea pura desmesura compactada.
Armada la cabeza a ras del piso.
Macizo, la piel gruesa, un poco cosa:
una forma monstruosa de belleza.
Mucho, inquietante, gris blindado.
Potente, amontonado hacia delante.
Monte indolente. Así: rinoceronte.

Así,  de Alejandro Crotto

Un poema breve, pertenece al segundo libro de Alejandro Crotto, Chesterton, el autor utiliza apenas siete versos para ilustrar con delicadeza la descripción de un animal excesivo, que tiene tanto de mitológico como de zoológico. Al final lo nombra, y es el recurso más sencillo para significar la belleza de una bestia maciza, monstruosa, inquietante...

Hace unos años, Diana Bellesi (quien deseaba para sus propios poemas simpleza y hondura), opinaba de la emoción particular que le produjo la lectura del primer libro de Alejandro Crotto, Abejas. Allí exclamaba con justa razón lo siguiente:
Su erudición y su memoria me parecieron inconmensurables. También su candidez. Si ésta prima sobre aquéllas, salvando el corazón y la cabeza, Alejandro Crotto será un gran poeta.

Coincido plenamente, no solo por la variedad de recursos estilísticos y líricos del que se vale Alejandro para imitar los actos de la naturaleza, sino también por los estudios literarios a los que se abocó siendo muy joven, incluyendo el ejercicio de la traducción.

Se trata de un poeta que escribe poesías, una emoción particular que genera la tranquila lectura de sus versos, como un vaivén donde las palabras se balancean, revelando lo que parece diminuto, acaso un titilar incandescente, algo que se aleja entre la espesura.

Como decía Bellesi, es fácil decir de un libro de poemas que es bueno y hermoso; es difícil explicar por qué. Ojalá estas líneas inviten a leerlo sin preguntarse nada, en la eucaristía del lector con el poema...

domingo, 16 de junio de 2013

QR


Se dice que un código QR es un sistema que almacena información en una matriz de puntos, se caracteriza por tener tres cuadrados en las esquinas que permiten detectar la posición del código de barras al lector, esto es posible acercando la cámara del teléfono celular, captar la imagen y una vez reconocido el código, obtener a cambio algún tipo de información, fotografía, URL, dato, mensaje...
Por lo tanto, al escanear la imagen con la cámara del teléfono, el usuario no tiene que tipear una dirección Web u otro dato, ya que la carga de esa información la hace el teléfono al decodificar el código QR.

Recientemente me interesó una variable de este sistema aplicada a la literatura. La editorial Milena Caserola editó una novela de Sagrado Sebakis titulada Gordo, una trilogía de novelas breves que registra la vida de una persona con más de 150 kilos de peso. En la contratapa del libro trae un código QR que permite desde el celular acceder a un link donde es posible descargar gratuitamente la novela en pdf. Por ende el lector tiene dos opciones: comprar el libro o capturar el código QR de la contratapa y bajarlo desde la web.
Es una prueba piloto por parte de la editorial, el eventual impacto de la propuesta les permitirá analizar el proyecto en futuras publicaciones.

Se plantea la disyuntiva para quienes anhelan vivir de la escritura.
De mi parte defiendo la libre descarga de contenidos, pero a la vez entiendo que debe haber algún tipo de beneficio económico para el autor de la obra. En ambas partes asiste la razón, he allí la complejidad del asunto, potenciada por el alcance de los recursos electrónicos.
Tal vez sea una cuestión cultural, pero nací con el objeto libro y disfruto el tacto de las hojas mientras leo, el editor de Milena Caserola, Matías Reck, lo ejemplifica de un modo risueño:

—¿Y de qué vive el autor si todo es gratis, y de qué vive la editorial, la distribuidora, la librería? — ¡Qué sé yo! Con lo complicado que está todo mirá si me voy a poner a pensar en eso. Leé el libro y después contame.

Todo un signo de estos tiempos.

sábado, 15 de junio de 2013

...

Siempre me costó entender lo irracional del fútbol, como puede la gente entristecerse por un equipo, y a la vez intentaba resolver porque estas cosas resultan el epicentro de algo que nos excede. Intuyo una respuesta; probablemente se trate de una de las elecciones más puras y genuinas que pueda hacer un chico cuando es chico: hacerse hincha de un equipo. Es una decisión rodeada de pureza, de alegría, de sentido de pertenencia a algo, vaya a saberse...

Hoy esa melancolía tiene nombre, el del equipo con el cual me sentí representado: Independiente de Avellaneda...
Pensé que esos balones que se patean siendo niños nunca tocan el suelo. Mejor así.

Luego abrí una botella de vino, bebí un par de copas y me fui a dormir pensando en otra cosa.

sábado, 8 de junio de 2013

Pantoum...


En algún páramo del siglo XIX Victor Hugo descubrió para Occidente una forma de verso malaya denominada pantoum, que consistía en una serie de cuartetos en los que el segundo y cuarto verso de cada estrofa eran reproducidos exactamente en el primer y tercer verso de la siguiente. Según Jamie James (uno de los tantos biógrafos de Rimbaud), aquel estricto molde resultaba apropiado para los poetas altamente formales de la escuela parnasiana (nacida como antítesis del Romanticismo y cuyos poetas se abrevaron en las orillas del exotismo).

Uno de sus más entusiastas practicantes, el parnasiano Leconte de Lisle fundador junto a Théophile Gautier del particular movimiento literario– permite entender el modo de construcción de dicho estilo, en este caso ofreciendo un estereotipo del malayo salvaje, celoso y sediento de sangre, en un poema sin título perteneciente a sus Poémes tragiques.

¡Oh, ojos sin brillo! ¡Pálidos labios!
Tengo en el alma una amarga tristeza.
El viento hincha la vela llena.
La espuma platea a los lejos el mar.

Tengo en el alma una amarga tristeza:
¡He aquí, su hermosa testa muerta!
La espuma platea a los lejos el mar,
El rápido prao me lleva.

¡He aquí, su hermosa testa muerta!
Con mi kris yo la corté.
El rápido prao me lleva,
Saltando como una gacela.

Con mi kris yo la corté.
Sangra en el mástil que la mece,
Saltando como una gacela.
El prao se sumerge o tambalea.

Sangra en el mástil que la mece.
Me persigue su último estertor.
El prao se sumerge o tambalea.
Rocía la noche el pálido mar.

Me persigue su último estertor.
¿Es de verdad a ti a quien maté?
El pálido mar rocía la noche
El relámpago hiende el negro nubarrón.

¿Es de verdad a ti a quien maté?
Fue el destino, ¡yo te amaba!
El relámpago hiende el negro nubarrón.

Fue el destino, ¡yo te amaba!
¡Poder morir, y así olvidar!
El abismo se abre para siempre.
¡Oh, ojos sin brillo! ¡Pálidos labios!


Se sabe, el kris es un arma blanca malaya, y el prao es un barco tradicional de dicha cultura.
La mayoría de los poetas franceses que compusieron pantoums conocían poco de la lengua malaya, en algunos casos el acercamiento hacia la cultura comprende, además de la adoptación del estilo, la inclusión de algunas palabras en el poema.

Analizando escuetamente la construcción, se advierten leves variaciones en la reiteración de los versos, sobretodo las puntuaciones al duplicar las frases, y en algunos casos tomando como recurso el orden invertido del verso: Rocía la noche el pálido mar / El pálido mar rocía la noche.

Se trata de meros acercamientos literarios, motivados por la fascinación de algunos escritores hacia esa forma de limbo y cautivación que significó Oriente.

sábado, 1 de junio de 2013

Sobre la conciencia


¿Qué es la conciencia?
Busco la etimología en el diccionario latino-español de Valbuena y encuentro lo siguiente:
la opinión de muchos, noticia, conocimiento de alguna cosa, luz, juicio, testimonio de la razón sobre lo que pasa dentro de nosotros. Conocimiento, participación, complicidad de una acción. Memoria, reflexión, escrúpulo, remordimiento. Complacerse con la satisfacción, el testimonio de su conciencia, con el conocimiento de que ha cumplido y satisfecho su obligación...

La palabra conciencia viene del latín conscientia, que significa estar consciente del bien y el mal. Esta palabra está formada del prefijo con (convergencia, reunión) y scientia (ciencia) de sciere (saber). Se dice que en latín existía el adjetivo conscius (partícipe de un conocimiento, que comparte con otro el conocimiento de algo) y que sobre este adjetivo se construye el sustantivo conscientia, en principio conocimiento compartido para posteriormente pasar a significar autoconocimiento global de un ser humano, de su existencia y de su pensamiento, de sus actos y de la relación de sus actos con la moral.
Lo interesante es el desarrollo del concepto cuando, a partir de conscius y de conscientia, el poeta Horacio (segunda mitad del siglo I. a.C.), en sus Épodos, emplea por primera vez un verbo conscire con el valor de "tener algo sobre la conciencia", a partir de allí la palabra conscientia pasa a adquirir el valor de "remordimiento", que antes no tenía.

Siempre consideré que ser consciente de algo es asumir la aceptación de normativas morales ¿pero de dónde vienen naturalmente impuestas esas normativas? ¿porqué la idea de remordimiento, como de algo que se va cultivando y extendiéndose dentro de uno, casi como una culpa, una encrucijada espiritual? ¿de dónde viene la aceptación “natural”? ¿de la conciencia del bien en tanto construcción? ¿de la conciencia del mal en tanto juicio moral?

Aquello estuvo en mi conciencia” para finalmente, enfrentando la encrucijada, sentir una reparación del hecho, “mi conciencia no me dejaba ir” para inevitablemente detenerse y volver sobre nuestros pasos, enmendando aquello que debíamos corregir, para cumplir con nuestra aceptación de las cosas, para saber íntimamente que no desbalanceamos la justa ecuación, que fuimos “ecuánimes”. En el fondo ¿no se trata de trazar la única línea que la historia humana nos permite? ¿es la conciencia la que digita ese trazo? Entonces ¿qué es la conciencia? ¿el sabernos partícipes de un sistema al cual adscribimos desde el uso de la razón? ¿velar por ese sistema, por esa pertenencia, cumpliendo con nuestra parte, para que a su vez todos cumplan las normativas? ¿trazar una línea que no tiene otra función que limitar el libre albedrío?

¿Porque vuelve alguien a un lugar sabiendo que va ser ejecutado?
¿Qué representa el concepto de redención en todo esto?
¿una simple liberación u obligación del ser moral?

Al final, el sujeto se redime, liberando la indeclinable culpa, la que no requiere juez, la que a partir de ese momento dejará de azotarlo moralmente.

Antes de todo eso era un esclavo espiritual, de algún modo lo seguirá siendo, pero algo nuevo, desconocido, nace junto con la conciencia cuando la misma es reparada, un orden natural se reestablece, y solo queda tiempo para tratar de entender el porqué de ese horizonte.

Nota: el dibujo pertenece a Marcos Vilchez.

sábado, 25 de mayo de 2013

Cartas sobre la poesía


                                                               27 de junio de 1884
Mi querido Señor d´Orfer

Es un puñetazo, en cuanto se tiene a la vista, un instante,
¡deslumbrado! vuestro mandato brusco.
     “Defina la Poesía”
     Balbuceo, magullado:
     La Poesía es la expresión, por el lenguaje humano llevado a su ritmo esencial, del sentido misterioso de los aspectos de la existencia: ella dota así de autenticidad a nuestra permanencia y constituye la única tarea espiritual”.
     Hasta la vista; pero acepte mis excusas.

Stéphane Mallarmé



Esta carta del poeta simbolista francés, traducida por Rodolfo Alonso, fue dirigida a Léo d´Orfer (seudónimo de Marius Pouget) quien iba a fundar en 1886 La Vogue cuyo tercer número publicaría esta definición de la poesía.

Definir la poesía, tarea abrumadora si las hay.

Fuente: Cartas sobre la poesía: Stéphane Mallarmé. Selección, traducción, prólogo y notas de Rodolfo Alonso. Caracas: Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Fundación Editorial el perro y la rana, 2008.

sábado, 18 de mayo de 2013

La literatura argentina es el mal...



Hace un tiempo terminé de leer este pequeño ensayo “literato y compadrón” de Alejandro Rubio, habría que desandar por los tópicos frecuentados por el poeta, me quedo en uno en particular.
Parte de la base de que la literatura argentina solo puede ser auténticamente mala, malvada, canalla, si tiene una relación esencial con la impostura.
Trazo un vínculo con esta otra idea:
Las falsificaciones pueden llegar a ser tan buenas que cuando nos encontramos con el artículo original nos decepcionamos de él. Es lo que pasó con Saer y la escuela de la mirada francesa: Robbe-Grillet, tardíamente leído, parecía un imitador del hombre de Serodino. Es el triunfo final del estafador: el simulacro en el lugar de la idea.

Todo este análisis desemboca previamente en Roberto Arlt, dice del autor de “el juguete rabioso”:

Arlt es la piedra de toque para entender nuestro tema. Un tipo que escribía mal, con errores de ortografía, de gramática, de composición, es nuestro mejor novelista. Lógicamente, quería ser inventor: transmutar una imagen mental en un artefacto fungible. Pero fracasó y murió, y en lugar de sus inventos quedó su literatura: las imágenes mentales se transformaron en moneda falsa. De cualquier manera, la moneda falsa compra bienes materiales, auténticos inventos. Es enloquecedor y los autores argentinos están locos con la locura de Arlt. Todos los novelistas nacionales después de él sacan fotocopias de sus billetes truchos e intentan comprar el Nobel. La literatura argentina es falsificación, impostura, en definitiva, estafa...”

Se puede objetar lo que mismo el autor reconoce al final del ensayo, que solo ha tomado unos pocos ejemplos concretos de escritor argentino (interesante la mirada sobre Sarmiento y Borges) y que ni aún estos han sido estudiados a fondo, si bien invita al lector a consultar las obras y a verificarlas en la biblioteca, considera que es improcedente descalificar la crítica por no abordar un plano más amplio, y como muestra ofrece un contundente mapa simbólico de lo que para Alejandro Rubio es mala literatura:

Naturalmente, existen jóvenes serios, grillos de papel, escarabajos de oro, ornitorrincos (como se sabrá, son los nombres de las distinas revistas literarias que dirigió Abelardo Castillo), Ernesto Sábato, cortazarianos, posconcretistas, varias clases de neorrománticos. Y mujeres, muchas mujeres. Pero un escritor argentino del Bien no contradice la verdad de la literatura argentina del Mal: es sólo un mal escritor de la literatura universal.

Estoy tratando de articular todo esto, en algún punto me recuerda aquella carta del vidente que escribió  Rimbaud en su adolescencia “los poetas son ladrones de fuego”, el sentido del ensayo no es precisamente ese, pero me inquieta saber que lo que pienso me ubica literalmente en un fangal donde descubro mis propias limitaciones, regodeándome en un entendimiento fatuo de la literatura que históricamente frecuenté, o tal vez no sea para tanto y entonces me permita disentir estas aseveraciones, como Fabian Casas cuando alega que el autor de la Garchofa esmeralda sostiene con este ensayo un discurso contradictorio, ofreciendo un gesto conservador y purista.

No creo que se trate de polemizar con ligereza, el asunto requiere variados estudios, y como tal, los abordaré en otro momento.

Fuente: La garchofa esmeralda / Alejandro Rubio. Buenos Aires: Mansalva, 2010.

sábado, 11 de mayo de 2013

El corazón robado de Rimbaud


...mi triste corazón babea por la popa.
Mi corazón lleno de tabaco caporal:
Le tiran dentro chorros de sopa.
Mi triste corazón babea por la popa:
Bajo las pullas de la tropa
Que lanza una risa general,
Mi triste corazón babea por la popa,
¡mi corazón lleno de tabaco caporal!...

Arthur Rimbaud escribió este poema a los 17 años, para Jaime James, autor del ensayo “Rimbaud en Java: el viaje perdido”, se trata de una obra maestra temprana, ciertamamente a muchos lectores se les puede obviar el trasfondo del poema de no ser por las investigaciones del ensayista, vayamos a una segunda lectura luego de entender esto: el original francés utiliza algunas palabras inusuales, por ejemplo en el segundo verso, Mon coeur couvert de caporal , se traduce caporal como tabaco caporal, pero si se busca en el diccionario se encontrará que la palabra significa cabo, Rimbaud la utiliza haciendo entender el tabaco que se les daba a los cabos en el ejército. En el contexto de chorros de sopa, también puede significar saliva llena de tabaco, escupida sobre el poeta por los marineros que lo mastican.
Para Jaime James la segunda estrofa puede dejarse directamente sin traducir:

Ithyphalliques et pioupiesques,
Leurs insultes l’iont dépravé!
Au gouvernail on voit des fresques
Ithyphalliques et pioupiesques.
O flots abracadabrantesques.
Prenez mon coeur, qui’il soit sauvé!
Ithyphalliques et pioupiesques,
Leurs insultes l’iont dépravé!

Según lo reseña el autor, Ithyphalliques figura en el diccionario; describe unas efigies de falos erectos que se usaban en las bacanales de la antigua Grecia, palabra que resulta apropiada para las crueles mofas de los marineros que atormentan al poeta, sin embargo no figura abracadabrantesques ni tampoco  pioupiesques. Un piopiou es un soldado muy joven, otra palabra militar. Así las mofas de los soldados, priápicas y marciales, han pervertido el corazón del poeta. Del mismo modo, el poeta se dirige a las olas del mar, como abracadabras, pidiéndoles que tomen su corazón y lo purifiquen, pero el último verso de la estrofa sugiere que el corazón del poeta nunca volverá a ser puro:

Cuando hayan terminado de mascar sus bolos
¿qué vamos a hacer, oh, corazón robado?
Habrá refranes báquicos.
Cuando hayan terminado de mascar sus bolos,
Tendré sobresaltos estomáquicos
Si se tragan mi triste corazón;
Cuando hayan terminado de mascar sus bolos,
¿qué vamos a hacer, oh, corazón robado?

El poema termina en el medio de la escena. El corazón del poeta, cubierto de tabaco y montones de sopa, pervertido por insultos obscenos, aguarda los hipos báquicos que comenzarán cuando los marineros terminen de mascar su tabaco.

Lo que viene ahora endurece el sentido del poema. Rimbaud escribió el poema luego de ir a pie desde Charleville a París en 1871, para la época de la Comuna. Deambuló por las violentas calles sin un centavo. Según Izambard (amigo de Rimbaud), el poeta fue llevado por soldados a las barracas de la Rue de Babylone donde (se supone) fue violado. Esta leyenda explica no solo las alusiones militares y sexuales del poema, sino también la sensación de afrenta, de bofetada espiritual y humana.
Cuando le envió el poema a Izambard advirtió que el texto “no significa nada”.

Ante la posible realidad de los hechos, el poema queda al desnudo, sin resolución, dejándonos una sensación de orfandad, es el corazón robado del poeta, el que ya no es posible reparar. Debo decir que la lectura posterior no me fue indiferente, volví atrás en el poema y ya no fue lo mismo leer el comienzo:

...mi triste corazón babea por la popa.
Mi corazón lleno de tabaco caporal:
Le tiran dentro chorros de sopa.

Mi triste corazón babea por la popa...

Fuente: Rimbaud en Java: el viaje perdido / Jaime James. Buenos Aires: La Bestia Equilátera, 2013.

sábado, 4 de mayo de 2013

Desatar el nudo del poema


¿Que es un páramo?
El problema no es lo que yo creo que es, el problema es lo que yo creo que representa dentro del poema que pretendo revelar, como encaja ahí la idea de páramo luego de haber cultivado un arrebato, que abstracciones provoca, que vaho desprende, que bruma, como desarticulo lo que contiene esa palabra, como lo inserto en lo que pretendo decir, como juega en ese contexto la idea de páramo mientras el poema es descubierto y dilucidado, si acaso es posible dicha conjetura mediante un análisis prosaico, otorgar semántica al texto que ocurre, asignarle una estructura.

Por alguna razón, la idea de páramo puede limitarse a un mero recurso del poeta basado en la musicalidad o en el sentido estético del poema.  En tal caso no hay páramo en toda esta naturaleza, solo hay palabras, simulacro, imitación.

Puesto en la perspectiva de explicar lo que parece que comprendo me alejo de los esquemas enciclopédicos para descubrir la palabra detrás de la palabra, el sentido de lo que la palabra significa. La cifra de la irresolución. 
Frecuentemente entendemos por páramo una superficie de terreno llano, de altitud elevada con suelos rocosos y pobre en vegetación, se podría agregar el viento, es una representación que tiene viento. Según la etimología en latín el concepto solitudo, inis se asocia con la soledad, un lugar desierto, yermo, retirado, una idea de abandono y desamparo.

En la poética de Aristóteles se puede leer que el acto de desatar el nudo en el poema –para así lograr un desenlace– es una de las mayores artes del poeta.

Desatar el nudo del poema...
a eso me dedico.