sábado, 12 de abril de 2014

El oscuro bosque de la literatura

Heredé un bosque oscuro donde rara vez voy. Pero llegará un día en que muertos y vivos cambien de sitio. Entonces, el bosque se pondrá en movimiento. Aún nos queda esperanzas. A pesar del trabajo de numerosos policías, el crimen más grave queda sin resolver. Del mismo modo, hay en algún lugar de nuestras vidas un gran amor sin resolver. Heredé un bosque oscuro, pero hoy camino por otro bosque, el claro. ¡Todo lo viviente que canta serpea se sacude y repta! Es primavera y el aire es muy intenso. Me he graduado en la universidad del olvido y tengo las manos tan vacías como la camisa que cuelga en la cuerda.

Este poema de Tomas Transtromer, titulado Madrigal, pertenece al libro “De para vivos y muertos” (publicado en 1989), puestos a ceder a la inútil tarea de interpretar poesía, me permito inducir algunas digresiones. El premio Nobel de literatura empieza su poema diciendo que heredó un bosque oscuro “donde rara vez voy”, ese bosque, intuyo, es la Literatura Sueca, y continúa “pero llegará un día en que muertos y vivos cambien de sitio, entonces, el bosque se pondrá en movimiento” muertos y vivos, los autores clásicos canonizados por la crítica y los autores “emergentes”, contemporáneos, que acaso sin representar aquella oscuridad debieran ser incluidos en otro contexto, anhelar que algún día “cambien de sitio” implica una revisión profunda de la literatura, o tal vez un tiempo que invariablemente esté por ocurrir. Decir que “el bosque se pondrá en movimiento” es asumir un modo de reparar –y realmente conocer– el pasado de una escritura, acaso un rasgo identitario de la literatura sueca mediante el trabajo con las palabras, poetas que probablemente hayan bebido de las aguas frecuentadas por los antiguos (que a su vez visitaron historias de vikingos, piedras rúnicas destinadas a la magia, primitivas sagas nórdicas, muerte y soledad), probablemente un reclamo históricamente eclipsado por los estudios literarios de los primeros “exegetas” de la materia.

Luego aparecen unos versos a modo de respuesta “a pesar del trabajo de numerosos policías, el crimen más grave queda sin resolver” los polícias en este caso vendrían a ser los críticos literarios, dejando en evidencia que, si bien existieron abordajes serios, no se pudo resolver el porqué de un tono sombrío que unívocamente determinó una suerte de  anclaje (una pesada herencia) que muchos escritores no pudieron (o no quisieron) evadir.
Así, el gran poeta sueco pareciera tener en claro la necesidad de interpelar críticamente aquella literatura, asumiendo también los propios cuestionamientos “Del mismo modo, hay en algún lugar de nuestras vidas un gran amor sin resolver

Transtromer aclara que a pesar de haber heredado el oscuro bosque de la literatura sueca elige caminar en otro bosque, el claro, el luminoso bosque del cual beben sus escrituras, maravillándose –y maravillándonos– de todas las cosas vivas que se mueven entre los “árboles”, reconociendo que se graduó en la universidad del olvido –donde le enseñaron a olvidar– dejándolo vacío, sin saber que hacer con ese pasado, con esa ausencia de revisión histórica (la desamparada imagen de una camisa que cuelga en una cuerda) para luego intentar repararlo desde su propia poesía:

Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje 
parto hacia la isla cubierta de nieve. 
Lo salvaje no tiene palabras. 
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones! 
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve. 
Lenguaje, pero no palabras.
                                                De marzo del 79

Hay allí una niebla que el poeta intenta disipar, el lenguaje representa la antigua literatura nórdica, las palabras parecieran ser hurgadas por los poetas que no intentan desnudar conceptualmente aquel pasado, basta partir hacia la “isla cubierta de nieve” para encontrar enseguida “huellas de pezuñas de corzo”. Así, con el tiempo se suman en esa hilera las camisas colgadas bajo la tibieza del sol.

Probablemente la vasija que Transtromer construye con las palabras contenga pequeños fragmentos del oscuro bosque, están allí, mezclados con el barro de una nueva forma de escritura, hasta formar un cuenco. Lo vemos beber en calma al poeta, invisible en su invisibilidad, mientras el poema ocurre. Tal vez los críticos deban romper la vasija y examinar los tiestos, es probable que recién entonces el bosque se ponga en movimiento.


sábado, 5 de abril de 2014

Las flores de los poemas

Repisas con libros de botánica y jardinería, me habitué esos días a leer sobre hortensias, josefinas, abetos plateados, pinos, Rosa de Siria, Santa Rita, lilas, glicinas, jacintos, narcisos, azucenas, dalias, lirios azules, naranjas o pardos, anémonas rosadas, margaritas, varas de oro, cardos, orquídeas, verbenas, me detenía en las campanillas violetas y amarillas, con forma de gladiolos curvados y pequeñas espinas en los tallos, campánulas blancas con tintineos macilentos (enraizados en altos jarrones vegetales, veteados con fina pedrería), o en los mosaicos cubiertos con telas de rosas y claveles, que acompañaban las imágenes junto con las enredaderas de la ventana, la lista era inmensa.

Alguna vez me detuve en la pintura, descubrí la abstracción y lo abigarrado, pero también la piedra, el mármol, figuras talladas en cuencos de barro, y los murales (Ah! Pollock), nombres propios rodeados de pinceles, largas mesas manchadas, planicies verdes, óleos cargados de frutas ambarinas, las flores de los duraznos, el único girasol inclinado en el jarrón vidrioso de la habitación descascarada.

A veces hay flores en los poemas, que nada tienen que ver con las flores que habitan la opacidad de los jardines, son las palabras las que tienen flores en los poemas, palabras que cuelgan de los balcones como si fueran pétalos desprendidos por el viento del poema, las flores que no existen, el viento que apenas se murmura.

sábado, 29 de marzo de 2014

amaramara...

Un adelanto del último libro de Juan Gelman...
La imagen corresponde a su último deseo, sus cenizas arrojadas desde un puente, rodeado de una profunda naturaleza, y del amor de su familia.

Cenizas de un poeta que parecen querer abrazar el aire mientras se marcha volando...

Debajo
Crujen las cartas que nunca te escribí.
Matan al perro
en mi memoria siempre.
¿Quién le da de comer? Una
Anticipación de la mañana
Talla tu rostro en mí. Respirás
a mi lado. En los agujeros
de lo que toca vivir hay
la marea del tiempo, lleva
dolores a su basura inútil. El sudor
del pasado golpea
su páramo roto, la
vida continua, los
pensamientos con plomo debajo

amortecer
El uso del querer enfría
la salvación del rubor. Números
cuentan que parentelas duras
anuncian muerte y se pierden
en verdores de la cama caliente.
Tesoros invisibles caen
de las desgracias del amor crecido.
Brotan en la unidad de su pasión
y anuncian campos de donde vela
lo que agoniza para dar
su rosa otra que no muere.
Los bloques de la noche recorren
Lo que siempre recorren y
el mundo es errancia del mundo
en el ser como paja liviana
que el instante devora.

Baile
De la cintura bajan
Arrabales de adentro
como impaciencias del amor.
¿Qué es esa moneda
que tu bailar acuña?
En la colina del deseo
sobra el sol.
Seguridad es tu hermosura,
bella que el tiempo apagás
en laberintos de Eros donde
es triste el que no sabe.

Amarte es preciso, vivir no.

lunes, 24 de marzo de 2014

Poetas Detenidos Desaparecidos

Yo no quise salvarme sino del egoísmo.
Quise hacer con mis manos una comunidad
de vida y esperanza. Quise amar y luchar.
Ahora y por siempre.
El amor es mi descanso. La lucha, mi salvación.
La muerte no es la tumba, ni el mar.”

Del Libro ”Últimos Poemas”, Daniel Omar Favero, poeta detenido-desaparecido en 1977, cerca de cumplir sus 20 años...

Poetas Detenidos Desaparecidos, poetas que le pusieron el cuerpo a las ideas, que fijaron la memoria con sus versos, destinados como estaban a la belleza, destinos que la fatalidad arrancó.
Fueron demasiado jóvenes...

Comparto este excelente sitio donde recupera voces de poetas ausentes:
http://danielbarroso.com.ar/poetas.htm

sábado, 22 de marzo de 2014

Lo que no

Había ocurrido.
Las bombitas de agua colgadas en el patio, como tulipas blancas bajo el sol, el techo cubierto de glicinas, los marcos de la ventana recién pintados, el crepúsculo iridiscente, las gárgolas con forma de pájaros, el silencio habitado de una memoria en el estanque de agua quieta, los juguetes en el jardín...

He aquí la hora de la vejez, donde solo hay un espejo que sostengo con mis manos.

sábado, 15 de marzo de 2014

Interrupción...

El sol se posa tibio sobre los jardines cuidados. Algunos loros se desprenden de los árboles de aceitunas. Comulgan en un trino, bajo una espesura sin sombra, acaso breves circunstancias del día despoblado. El viento urde la posibilidad de un devenir, como si arrojara pájaros mientras se aleja entre zambullidas, entonces llega mi hijo diciéndome que las brujas hacen una sopa de murciélagos, y que luego le agregan en las ollas gusanos con olor a pescado, agua de sapo y lagartijas, y después algunas calabazas con azúcar de veneno y abejas que pican, lo dice convencido, y no tengo más remedio que creerle.

Y entonces ya no quedan loros en el jardín, y no recuerdo a que se debía que “el viento urde la posibilidad de un devenir, como si arrojara pájaros mientras se aleja entre zambullidas” o algo así.

sábado, 8 de marzo de 2014

El único zapato...

Días calurosos filtran su ventisca entre las cañas colgadas, irrumpe el verano que viene desde el fondo de algún abrevadero, me rodean lilas inclinadas entre los canteros, el escozor de una música donde arden y callan las extraviadas posibilidades de los desiertos. Me pierdo en los pliegues de mi propia sombra, un brazo estéril en las elevadas dunas, la serpiente que se desliza, obliterando espejismos, allí junto a los zapatos llenos de arena, donde soy otro (en realidad un único zapato, vaya a saberse porqué allí, donde la nada se traza con cierto vértigo).

Es esta la disyuntiva (o tal vez la discordancia), si eso que contemplo que soy, no es más que una expresión subjetiva de una mera circunstancia confusa. Aquel que va, como si no estuviera, mientras vive su tiempo con un aire encantado y ausente, en un no-lugar poblado de soledades concurridas, acaso una abyecta disociación colectiva, un mero desencuentro.

Ahora entra un aire tibio en la ventana, cierta brisa de naranjos y limones, es el momento de la tarde en que las moscas son reemplazadas por los mosquitos, como si el sol no fuera más que un iridiscente cuenco de bronce apagándose entre los malvones, acaso un ínfimo rayo perdido en los horizontales mosaicos con sus veteados eléctricos, las cerdas relucientes del palo amarillo, la bruma visible, el patio sin barrer.

Entonces pienso en algunos poemas, y ya es hora de olvidar lo que nunca prometí.

sábado, 1 de marzo de 2014

Entrando al bosque

Algunos cardos soportan el sol del mediodía, graznan los loros y un motor horizontal teje un mecánico ruido que se pierde entre los montes. Miro hacia atrás, donde unos pájaros hicieron un cuenco con pastizales y ramas, sobre un árbol cubierto de piñas resecas. Me inquieta esa inclinación hacia la calle, ese vértigo de no darse cuenta, acaso el viento que puede filtrar su murmuro entre las cañas atadas con cuerdas y alambre. La posibilidad concreta de una lluvia.

A la tarde, al caer el sol, entré al bosque, y encontré algo.

sábado, 22 de febrero de 2014

Un punto de inflexión

En el libro "El cielo protector" de Paul Bowles, aparece en el epígrafe un texto de Kafka que me detuvo:
“A partir de determinado punto, no hay retroceso posible. A ese punto hay que llegar”

En todo proceso de escritura, llega un punto de inflexión en el que no es posible razonar lo que se está construyendo. La prosa se torna arborescente, la "trama" se intensifica bordeando las márgenes imprevistas de los recovecos semánticos, hay allí un nudo que nunca termina de desatarse, un embrollo con sus dificultades ontológicas sin resolver, pero que es preciso continuar, ver hasta donde llegan sus discordancias.

Me encuentro trabajando en un tono desde hace tiempo, hay una idea de vacilación que cada tanto me detiene, luego avanzo por fragmentos, intentando sacralizar lo ya desacralizado, recogiendo parte de un romanticismo que anhelo recuperar, acaso una exaltación a través del poema.

Desde cierta lírica, cultivada mediante precarias lecturas, busco profanar aquella instancia del lenguaje calcinado, descifrar con la escritura lo que no es posible decir con la palabra, ese infinito.

sábado, 15 de febrero de 2014

El viento mientras tanto...

Una pantalla blanca, los ojos como ascuas esmeriladas, un vano clamor por resolver, el lineamiento de un esquema sobrevolando la horizontalidad de una conjetura violácea en un plano verde, donde caben las teorías nunca labradas frente al espejo, la línea acaso recta de las probabilidades semánticas de una sentencia impar.
Dar una zambullida, imbricar los conceptuales trazos, un sol tibio que enceguece, sombras que se inclinan hacia el pasado.
No quiero corregir esta vez, escribo como si me escapara desde un trasfondo de pasillo horadado por la reiteración de gestos mecánicos, la parte de la belleza donde cuelgan los helechos y las lilas, mezcladas como en una urdimbre, el sol de entonces, reflejando el brillo de las bombitas de agua colgadas de los hilos, el patio con los canteros resquebrajados, las tejas rosadas con sus clavos oxidados, el pájaro que nunca aprendió a volar.

Suelo hurgar entre los desencantos y las dilucidaciones prosaicas, existe un puente entre ellas, como una certidumbre por devanar, simplemente el tiempo, aquella dimensión que todo obstaculiza, desplaza hacia las márgenes la perpetuación de los desbrozamientos, donde fluctúan las obligaciones de los relojes, las tareas con candados y las paredes de la rutina.

El viento mientras tanto calcina las palabras bajo el sol.

sábado, 8 de febrero de 2014

Preocupaciones...

No sé para donde arrojar mis verticales inquisiciones, vuelvo para el oeste. Ayer anoté unos vértigos, recogí frases sueltas, fijé distorsiones. El plano es una playa donde salgo a caminar dejando nombres en la orilla, creyéndome poeta, hundido en algún pasado inmóvil, donde apenas soy visible.

Últimamente las construcciones tienen un tono ocre en sus márgenes, como un eclipse que atraviesa un campo de margaritas. Me preocupa el centro de ese esquema, donde nacen las supuestas coordenadas prosaicas, la idea de homogeneidad dentro de un laberinto urdido por el caos, ciertas esquirlas que buscan encauzar la primer anomalía, cuando solo se trata de una irrupción, algo que ocurre, acaso la admonición de una posibilidad estética.

Hoy llovió todo el día, hubiese querido no hablar del tiempo, pero esa parte es la que no puedo resolver, después de todo nadie sabe que soy el áureo espantajo.

sábado, 1 de febrero de 2014

Verano






Ver pasar el día...

sábado, 25 de enero de 2014

Ir...

Ir hacia los páramos, donde las conjeturas pacen sus hilachas de juncos, en la orilla verde de la infancia. La luz del destello atravesando los naranjos, como un sueño líquido recogido en los bordes de las piletas. La huella en la que me detuve, entre madreselvas nunca profanadas, obliterando un jardín de hortensias y lilas, rodeado de piedras, subsumido en el poema sin concebir.

Cómo será arrojar la piedra, la única piedra de la hora quieta, cuando todo duerme, meros simulacros de una falsa calma. Me justifico vadeando el río, tomando mi camisa, mi sombrero, y mis zapatos negros, cuidando en la mañana un prado lleno de margaritas, un cielo celeste y la certidumbre de un pantano.

Me evado, este sortilegio nunca será horadado por antorchas deletéreas. Pintaré de blanco el muro de la conveniencia, se pudrirán todos los duraznos, y apenas alcanzará con regar las plantas, llegar al final del día, encender un fuego. El resplandor del cual no supe, el relato que no.

Y ahora que ha dejado de llover, puedo alumbrar lo que estoy escribiendo, porque la noche ha proferido sus aullidos, los áureos contornos de la poesía.

martes, 14 de enero de 2014

Juan Gelman 1930-2014...

si la poesía fuera un olvido del perro que te mordió la sangre/una delicia falsa/una fuga en mi mayor/un invento de lo que nunca se podrá decir? ¿Y si fuera la negación de la calle/la bosta de un caballo/el suicidio de los ojos agudos? ¿Y si fuera lo que es en cualquier parte y nunca avisa? ¿Y si fuera?

del último poema de su último libro, Hoy...

Poeta entre poetas
¿Cómo escribir que Gelman se murió?
Es cierto lo que dijo Eduardo Galeano, a veces la muerte miente, yo ya no le creo.
De algún modo el gran poeta argentino llevó el lenguaje a límites insospechados, incluso es posible encontrar a Gelman a través de una sola palabra (como "mundar" y tantos otros vocablos inventados), porque no solo las recogió calcinadas para devolverlas luminosas, sino que también las creó.

"Es horrible saber que moriré mañana / o que no moriré”.
Ahora puedo entender que quiso escribir, pero me duele saberlo después del después, leer ahora lo que no supe antes pretendiéndolo saber.

Gelman dejó al desnudo a la poesía, y luego la envolvió con palabras, hermosos atavíos. Fue demasiado lejos. Se trata de versos que desprenden viento, habitaciones donde entra el sol, un “arbolito sin hojas que da sombra”...

Acaso Juan Gelman abre una puerta ahora, mira al suelo de la memoria, pero alza los ojos.

Yo me consuelo.

Y si la poesía fuera lo que es en cualquier parte y nunca avisa? ¿Y si fuera?

jueves, 26 de diciembre de 2013

En los bosques...

Otros —los inocentes o bien linfáticos—,
no encuentran
en los bosques más que encantos lánguidos,
soplos frescos y perfumes tibios. ¡Son felices!
Otros se sienten presos —soñadores— de místicos terrores.

¡Son felices! Para mi, inquieto, y a quien un remordimiento

espantoso y vago enloquece sin descanso,
por los bosques tiemblo cual un cobarde
que temiera una emboscada o que viera muertos.

Esas grandes ramas nunca en paz, como la ola,

de los que cae un silencio negro como una sombra aún
más negra, todo ese triste y siniestro decorado
me llena de un horror trivial y profundo.

Sobre todo en las tardes de verano: el arrebol del ocaso

se funden en el gris-azul de las brumas que el tiñe
de incendio y de sangre, y el ángelus que tañe
en lejanía semeja un grito quejumbroso que se acercara
.

El viento se alza caliente y pesado, un estremecimiento pasa

y vuelve a pasar, cada vez más fuerte, por la espesura
cada vez más sombría de los altos robles, obsesionante,
y se desparrama, lo mismo que un miasma, en el espacio.

Viene la noche. El búho vuela. Es el momento

en el que se piensa en los cuentos de los abuelos ingenuos...
Bajo una espesura, allá lejos, unas fuentes vivas
hacen un ruido de asesinos apostados, concertándose
.

En los bosques, Paul Verlaine

Copiado del libro “Verlaine: antología poética. Barcelona: Ediciones 29 [Libros Río Nuevo]”


Quiero terminar el año con un poema. Porque a veces basta leer un único poema, como este del recordado poeta francés, para darse cuenta de los místicos terrores que infunden las cosas vivas. Podemos trasladar el poema a cualquier vicisitud, a cualquier circunstancia, y encontrar consuelo.

Paul Verlaine lo representó en un bosque, Verlaine, el vidente Verlaine, el parnasiano en su hora álgida, el gran poeta de las romanzas sin palabras, el maldito, el místico Verlaine.

Leer el poema da cuenta de la división –trazada con pulso invisible– entre aquellos que son poetas y los que no lo son, entre quienes advierten y entre quienes no pueden advertir, entre quienes ven sombras y entre quienes ven árboles, entre quienes se ahogan, y entre quienes huelen perfumes, entre quienes se pierden y entre quienes se dispersan, entre quienes descubren encantos lánguidos y entre quienes se atemorizan...

Los unos y los otros, un poema para dividirlos, un poema para atravesarlos, un poema para darse cuenta.

Gracias ustedes, los que siempre acompañan con lecturas, fuente viva de toda arborescencia, que pasen un feliz año, vayan a los bosques y dejen que la vida los viva...

Yo me voy al mar a seguir divagando, a encontrar en el mar este poema.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Epistemología

La paloma que va a ser devorada por la serpiente ¿es un error del sistema?
¿un error original?
Si así no fuera ¿Cómo entender el arrepentimiento o la justificación?
¿Se completan en sí mismas esas variables?
¿Se necesitan?

Lo creado, a instancias de un creador ¿la idea de Dios? – no puede fraguar más que complicidades furtivas.
Desentrañar con premura los mecanismos del devenir, el inabarcado universo.
Ser cómplice de reglas arborescentes que adscriben su propia noción de la verdad, acaso contraria a la voluntad de las primeras coordenadas.

Justificar a la serpiente, porque el error se ha multiplicado, porque la verdad no existe, completando lo revisado según la discordia.

Tal vez, porque no es posible saberlo, lo inevitable sea la prudencia.
Y ya no queda vino en mi vaso.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Algo...

Nada se compara
Nada se compara a ti...
la dulce voz de Sinead O’Connor

(mientras pienso en mi mujer)

En algo que no era, una idea, un rapto de energía, me descerrajó, para atravesar extraviado un plano inclinado de violetas...comulgué en éxtasis (como Viel, el epifánico Viel), fui cegado por el sol, apartando la posibilidad de una sentencia. Había espigas doradas bajo el crepúsculo, y mi camino no era el prometido.

Ahora vivo una vida, entonces renegaba por abrir resignadamente la puerta de la rutina, adornada con flores muertas, un jardín que no era mío, y la compasión...
Me tomaba un tiempo para beber café, hacer un fuego a medianoche, mirar las hojas de un fresno llegar al suelo. Simulaciones. Un modo sutil de no pensar en aquello que se imita.
Dejé a un lado las frases inconclusas nunca pronunciadas, las conversaciones previsibles, la conveniencia de un uniforme. Y desde que estas cerca pude ver lo que no he sido.

Un campo seco, de crujiente amarillo, con espinas rosadas, como cuando veía el mundo desde concepciones barroquistas, y lo conjeturaba con distorsiones, con una alambrada que probablemente haya cavado en mis sueños, sembrando límites, curtido por el desamparo.

Entonces no logro entender si la idea es un simulacro, tardíamente devanada, que ofrece frutas amargas, la posibilidad de cultivar una huerta ¿Cuántos de nosotros, oh desangelados poetas, hemos podido?
Intentaré una vez más la construcción, pero solo me importará que estés cerca, porque me empiezo a dar cuenta que nada mas importa.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Aquello...

Mientras escribo algo que intento...

Transformar un texto en otra cosa, creo dedicarme a esa tarea, el asunto consiste en fijar algo que está ocurriendo, luego de un tiempo sucede algo más, acaso un trabajo de construcción con las palabras, imbuir de sentido un correlato de certezas dispares, extender los atravesamientos hacia un páramo donde poder resguardar la frágil estructura. Colmar de significado el texto, mediante un ejercicio de registro arborescente, abrevar, urdir, atravesar, imbricar, deformar, distorsionar, recoger, unir, desbrozar...

"estar en el sino de las altas estructuras, donde se articulan los pretextos", luego aparece algo que se musita "una nueva oportunidad que tarda años en nacer", para después mirar hacia lo alto y dejarse habitar por el realismo "los loros enjaulados que arrancan las aceitunas de los árboles", pronto una convergencia, tal vez una relación: "la jaula que no es, y sin embargo profana los límites", los límites de un jardín cubierto de musgo, que apenas puedo comprender, mientras cruzo sin prisa el patio de la infancia.

Entonces llega el viento...

sábado, 30 de noviembre de 2013

La hermética construcción

Voy a proponer, puerilmente, un ejercicio de escritura un tanto hermética. Tiene relación con la creación literaria, sustancialmente poética, se trata de una esquirla, el mero impacto de una idea transformándose en otra cosa, dice lo siguiente:

A sabiendas, por intrépidos momentos cultivamos el discreto encanto de lo sesgado, acaso desarticulaciones que imaginariamente –se disculpará el modo del adverbio– permiten la sutil construcción de un artefacto.

Se trata, es probable, de inacabadas desavenencias evidentemente irregulares, urdidas en mesetas cuya frondosa arborescencia nos impide conjeturar los límites incandescentes del esquema explorado, desavenencias nunca profanadas por la secreta intención de la melodía.

Así, se extienden los ramajes, se multiplican las distorsiones (sí, Lamborghini) y creemos ver, en el epílogo no pronunciado de nuestra sinrazón, un sentido que de forma a lo naturalmente informe, aquello “arrojado” –horadar con fuego el fuego de nuestras crispaciones deletéreas– pronto acusamos unos puntos suspensivos, mientras volvemos atrás para corregir lo no pautado.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Cuando se sabe que no se sabe...

Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras,
                                            pero no lenguaje,
Parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras  

De marzo del 79
Tomas Tranströmer

1° parte:
Acaso me convertí en un mero compilador de rechazos y nimiedades, ofrecí una obra  fragmentaria, me aproximé a jardines abandonados queriendo encontrar en los helechos y madreselvas un tono que revelara cierto desdén por las estructuras y la prosodia. Una biografía escueta, la promesa de un artefacto hecho de palabras y nunca de afectos ni perceptos, nada riguroso, apenas un diario con anotaciones, la fijación de suposiciones desarticuladas, probablemente un mal entendido.

Este fárrago de vanas constelaciones apenas me sostiene, en ellos pretendo ver, bajo mínimas lecturas, un modo sutil de cultivar una seráfica construcción. Tomar nota de mis conversaciones, cuidar la sintaxis, saber que no sé (en definitiva), que eso es todo lo que pueda decirse. Una diminuta y oscura nulidad, y sin embargo los textos “en esquema de relatos”...

2° parte:
Digitar ecuaciones sobre la superficie de las cosas. Trazar un basamento. Me pregunto si acaso los símbolos solo se advierten fijando los sentidos en un punto abstracto, aquello que determina ciertos patrones de entendimiento. Analizar desde las esquirlas el impacto directo de una idea ¿De cuantas capas se compondrá lo que entendemos como realidad?
No pretendo citar sobre encriptaciones o mensajes subliminales, en toda pirámide hay una raíz que luego se desconoce, quedan ladrillos donde antes hubo tubérculos, digamos que la comprensión de las cosas, la única comprensión visible, es ir hacia lo alto.

3° parte:
Ahora escucho de fondo el ruido de una máquina de cortar pasto, intento filtrar ese sonido en esta escritura, como un sesgo, que atraviese un espacio de construcción, finalmente irrumpe un estado de afonía, una atmósfera blancusca, como una bóveda envolvente, nada que infiera un pequeño rapto de palabras filosas, palabras que cortan pasto, conjeturas...

Sin embargo trazo la línea que divide ambos planos, me quedo observando el artefacto de palabras, agrego variaciones, vuelvo a empezar, vinculo un bloque de amontonamientos con algunas nubes grises (una fuga que no es, versos horizontales sin estructura, un hiato como un puente roto, broquelando figuras), luego arrojo una serie de versos que nada dicen del comienzo... y es entonces que empiezo a saber, inclinando el rostro, que no sé cómo pude erigir este sistema de laberintos. Yo ¿qué es el yo? – estoy atrapado en mi propia construcción, de la cual cuestiono toda intervención (esto es lo que viene después, sentarse a conversar sobre lo que se ha hecho, sin que nada de lo explicado desarticule lo articulado).

Cuando se trata de escribir y nada más ¡lejanos tiempos! Mientras los lectores nadan en las variables que nunca se estudiaron. Tan solo se trata de un puñado de aproximaciones estéticas –palabras, pero no lenguaje– y nada por cultivar en la espesura, como cuando nos encontramos con mesetas áridas, plausibles de ser profanadas mientras vamos hacia el horizonte –Lenguaje, pero no palabras

sábado, 16 de noviembre de 2013

Atravesamientos


Detrás de todo esto hay una cortina color ceniza, un televisor que creo estar mirando, la posibilidad de un discernimiento. Me quedo pensando en el hecho de “poder ver” lo que encierra una escritura, se necesita algo más que comprensión lectora y capacidad de esbozar una crítica objetiva (tuve por intención escribir “subjetiva”, bien sabemos que no es lo mismo) y así separar las malezas, desmalezando literatura, planos filosóficos, escuetas construcciones.
Hallar una hendidura, donde poder desbrozar la apariencia de un desasosiego, aquí donde la subjetividad ofrece hilaturas anudando conceptos invisibles ¡bien las hemos visto! destruyendo adjetivos que permitan trazar un relato sin algoritmos, un modo de fijar la realidad, un lugar con murmullos –“porque todo el mundo escucha voces” – esos segundos antes del alba, sabiendo que no estamos del todo solos en este mundo, es entonces que escribo sobre el amor sin mencionarlo, porque todo me ocupa, porque todo me lastima.

Ah! el jardín resplandeciente, las amapolas que se sostienen en la nostalgia, el último trago que nunca bebí, y estos resquebrajos, estos límites que no puedo, estas celdas que no, meras disquisiciones morales, un viento sin nombre, la posibilidad de una esperanza.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Educación...

Hay un video donde es posible escuchar a George Carlin, gran pensador estadounidense de la contracultura, disertando efusivamente sobre la educación, han pasado varios años desde esa presentación, pero su discurso no pierde vigencia ni actualidad, hoy mismo su lectura de la realidad resulta altamente representativa para buena parte del mundo. En este caso menciona que ante la dificultad en el aprendizaje por parte del alumnado, los directores y maestros proponían precisamente bajar la dificultad, cuando la problemática pasaba por la falta de contenidos que habiliten el discernimiento crítico entre los alumnos. Bajar la dificultad implica disminuir la práctica lectora, implica nivelar hacia abajo para llegar a compartir un plano levemente inferior, implica empobrecer el coeficiente intelectual de un país.

Educación...he aquí la palabra.

Es de suponer que al poder político no le interesa una población que pueda pensar críticamente, y que por lo general ocupan su tiempo en hacerles entender, a cada uno de ellos, que forman parte de un círculo cuyos múltiples espacios integrados habilitan la idea de que para pertenecer no hace falta preocuparse, que todos en definitiva tienen el control, que todos son personas libres haciendo libres elecciones.
Es la imagen del control remoto de la televisión, el que lo posee cree que elige los canales que está mirando, pero al tomar decisiones no puede darse cuenta que las está pulsando dentro de un inmenso lugar enrejado...un plano que apenas comprende, que lo que en realidad tiene (tenemos) son dueños que le indican, en forma invisible, que es lo que puede ver, que es lo que puede comprar, que es en lo que puede creer. Titiriteros que montan la inmensa y cotidiana obra, subsumida bajo el enorme control de los medios de la información, que todo lo anestesian, que todo lo imponen.

Existen alternativas claro, algunas pululan clandestinamente en las redes sociales, en quienes difunden meros contenidos independientes cuyas articulaciones muestran otro tipo de realidad, pero he aquí que el poder establecido necesitan trabajadores obedientes, una idea de obediencia basada en la manipulacion de hacer creer que las personas piensan por sí mismas al evaluar o procesar las diferentes informaciones que bajan de los medios de comunicación, un círculo para lo cual se necesitan arquitectos que han logrado diseñar la idea de una felicidad aparente, donde no sea posible advertir la grieta, donde el secreto objetivo es anestesiar conciencias, dispersar voluntades, distraer mentes, mientras el verdadero problema prosigue su curso. Como diría Carlin: "nadie parece darse cuenta, a nadie parece importarle

La inclinada mesa de la desigualdad social...

Vaya preguntarse porque las personas comunes, que cumplen con su humilde jornada, terminan eligiendo políticamente a quienes desde la política burdamente los excluyen, y la respuesta podría encontrarse en la ausencia de compromiso para cambiar la realidad, porque involucrarse implica dejar de lado el control remoto, porque no involucrarse forma parte del extraño mecanismo. A los digitadores de poder les conviene la sutil idea del movimiento inerte, algo que en algún momento activó la simulación de movimiento, para después hacer creer, a los que menos tienen, que la rueda efectivamente gira para tranquilidad de las minorías, y lo que se mueve es el convencimiento de estar formando parte de una construcción que a todos otorgue beneficios, esto finalmente nunca llega, y la vida continúa con algún desencanto, una queja amarga murmurada por lo bajo, saber que mañana hay que volver a levantarse temprano, imaginar un mundo bajo otro sistema más benévolo, acaso una nueva esperanza.

Paralelamente, existen enigmas, y no sabemos quien controla todos los sistemas. Esa ignorancia tiene un candado en alguna parte, no sabemos quien o quienes lo diseñaron, pero si sabemos que nosotros no tenemos la llave.

sábado, 2 de noviembre de 2013

La despedida de Lou...

No se ustedes, pero para mi, descubrir los discos de la Velvet Underground a una edad tardía significó una amplitud del escenario del rock, nuevas formas de comunicar una expresión estética, absolutamente artística, donde confluía la psicodelia, el teatro, las expresiones pictóricas ensambladas a las canciones, los contenidos audiovisuales, y esa voz de Lou Reed, esa locura creativa, acaso salvaje, más tarde resignificada, finalmente aplaudida.
De esas aguas bebieron muchas luminarias del rock, recuerdo un video del tema "heroine" en vivo, en un teatro, los músicos en trance, desgarrando la canción, llevando a la audiencia a un territorio privado, atravesando malezas de lo que acaso creemos comprender.
Un músico en definitiva, un creador.
Leer este texto de su mujer, la igualmente soberbia artista Laurie Anderson, da un poco de ánimo, se trata de un hermoso modo de partir. Fue publicado en el periódico East Hampton Star de Springs, localidad en las afueras de Nueva York. Lo tituló “despedida”...

A nuestros vecinos:
¡Qué hermoso otoño! Todo es resplandeciente y dorado, y hay una luz increíble y suave. El agua nos rodea.
Lou y yo pasamos mucho tiempo en este lugar en los últimos años y, aunque somos gente de ciudad, éste es nuestro hogar espiritual.
La semana pasada le prometí que lo iba a sacar del hospital y que vendríamos a casa, en Springs. Y así lo hicimos.
Lou era maestro de tai chi y pasó sus últimos días aquí, feliz, deslumbrado por la hermosura y la fuerza y la suavidad de la naturaleza. Murió en la mañana del domingo, mirando los árboles, haciendo la famosa forma 21 del tai chi, sólo sus manos de músico moviéndose en el aire.
Lou fue un príncipe y un guerrero; sé que, al escuchar sus canciones sobre el dolor y la belleza en el mundo, muchas personas se sentirán plenas de esa increíble alegría que sintió por la vida. Que esa belleza nos llegue, y nos atraviese siempre.
Laurie Anderson
Su amante esposa y amiga eterna.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Democracia...

Un día como hoy, 30 años de democracia, no nos olvidemos nunca de esto...

Los caminos del duelo eluden el deber cumplido
tienen audacias para sobrevivir/países/escondrijos
de estar. La imposibilidad de borrar huellas ancla
en el real con péndulos indetenibles/su semejanza
con la muerte es un escándalo...

                                            de Hoy, Juan Gelman

sábado, 26 de octubre de 2013

Cosas veredes...

Hace poco, hurgando en ciertos recovecos virtuales, encontré en un texto la expresión popular “cosas veredes” atribuida históricamente al Quijote. Sin embargo, al igual que lo sucedido con el inmortal “ladran Sancho, señal que cabalgamos”, la frase no figura citada en el libro de Cervantes, si no que fue anónimamente acuñada en el Cantar del Mío Cid. Basta revisar el libro que recoge la historia del juglar Rodrigo Díaz de Vivar, para encontrar en un párrafo estas palabras dirigidas al rey Alfonso VI: Muchos males han venido por los reyes que se ausentan... y el monarca que contesta: Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras.
“cosas tenedes” llegó a deformarse linguisticamente con el paso del tiempo, pasando a entenderse como “cosas veredes”, que no es otra cosa que un estado de perplejidad ante un hecho circunstancial en el cual transitan los personajes.
Esto viene a cuento por una vieja sentencia inmaculadamente agotada por académicos y lingüistas: la gente cada vez lee menos. Por tal motivo se debe agradecer, sentidamente, a los cartógrafos que nos orientan con sus ejercicios narrativos.  Aquellos que leyeron con autoridad, y se tomaron el trabajo de quitar las malezas para que otros puedan hallar algún entendimiento de la Literatura Universal.
Habría que leer el Quijote entonces, y evitarnos citar lo que el escritor no ha fulgurado con su pluma.

Porque leyendo se evitan los intermediarios de la construcción de sentido, leyendo se amplían los esquemas y las estructuras mentales, leyendo se obtiene en forma lícita otro tipo de entendimiento, leyendo podremos decir que esas palabras nunca las dijo el Quijote, y acaso con verdadero sentido, poder ofrecer una opción encantadora para el incrédulo: que vaya a la biblioteca, porque allí estará la respuesta, una verdad que históricamente consistió en no olvidar.