sábado, 27 de junio de 2015

El inefable desdén


Esta es la parte en que recojo los papeles, cuando el día era la noche y la noche una tardía ceremonia, bajo esta entelequia me cuesta discernir el sentido del vértigo, en ocasiones semeja un balanceo y por momentos parecen raptos que suben en espiral, sin conciencia de lo que el tiempo mide, insertos como estamos en una jungla donde todo se ve y donde nada se aprecia.

Hace ya dos meses que elegí trabajar en dos espacios, no sé porque lo hago, pero sé que me quita mucho tiempo, sobre todo cuando busco detenerme, intentar en silencio un trabajo con las palabras, y vaya a saberse porqué, me di cuenta, luego de leer unos versos de Osvaldo Lamborghini, que hacia ese lado debería ir mi escritura –una tensión aparente que el desdeñoso gesto reduce con indiferencia– en esa prosa que avanza sin dificultades entre formas nuevas, como si todo lo pronunciase por primera vez.

Porque a estas alturas, lo único digno que me queda con la poesía, es conversar conmigo mismo.

sábado, 20 de junio de 2015

Ejercicios líricos


Ejercicios líricos.
Alguna vez escuché esa frase.
Su construcción nace de una discordancia, se eleva entre promontorios y retumba en grave caída, apenas las nubes en los papeles pintados, una idea que traza una línea hacia un vértigo habitado, un esquema donde lo posible se alcanza a dirimir, cosas dentro de una cosa.

Solo son versos...

Si el día tuvo brisas de jadines abandonados el poema discurrirá sobre alguna ventisca, se moverá una brizna en el patio soleado de la infancia, y algo plateado se hará forma sin que los demás lo perciban, acaso aromas de limones y naranjos en la tarde quieta, la tarde con murmullos de los que apenas balbucean en otro contexto.

sábado, 13 de junio de 2015

Los opuestos en el poema


Convertir las discordancias en entramados donde los opuestos se complementen, para dicha tarea se necesita una extraña conciencia crítica, una puerta al fondo del pasillo donde sea posible ver un jardín poblado de arborescencias -el viento que todo lo cruje- sin advertir las convenciones y las premisas. En esa tensión es posible asumir lo nuevo, especialmente la forma, y que esos entrecruzamientos habiliten la posibilidad de conjeturar un arraigo.
¿conjeturar o conjurar?
La idea de un arenero donde nuevas construcciones puedan ser dirimidas...

¿Puede la poesía, desde candentes periferias, avanzar bajo estructuras combinatorias?

Hacia allí discurro, en esta hora no tan severa, mientras creo dilucidar, con inusitado interés, sobre los ejercicios líricos y los ejes conceptuales de improbables teorías, y acaso siempre, las eventuales curvaturas del poema.

sábado, 6 de junio de 2015

El poema de la vasija


El poema de la vasija es arrojado desde un puente, cae literariamente en una calle empedrada, se rompe en 38 pedazos, un crítico anuncia el despropósito: la vasija esta rota.
Hay un fuego que lacera el entendimiento del barro cocido, el barro de la vasija echo poema. Hay que juntar los pedazos dice el literato, dentro de un tiempo nos reuniremos a cenar y beberemos de la vasija, el poema, para entonces, podrá verse desde adentro.

Acaso sea el tiempo que todo poema necesita para ser inútilmente comprendido”, escribe, escéptico, mientras une cada pedazo.

sábado, 30 de mayo de 2015

Canción medieval


Escuchar una música lejana, como cajita ofreciendo destellos cristálicos, de los castratos apoyados en columnas de mármol, cantando de fondo -o musitando- mientras los bardos recitan, algo parecido a la redundancia, o tal vez los pajes, entremedio de una levedad -el rictus severo, las orejas puntiagudas- quietos como estatuas, mientras los pintan con un horizonte de fondo -un horizonte medieval-, bufones con medias a cuadros, los gorros rojos, sentados en círculo -siempre detrás una niña trenzándose el pelo- la secuencia que dura lo que un suspiro, sin doncellas ni arpas bellas -el verde césped, los blancos caballos- solo la cajita de cristal y el tiempo detenido, cuando los mitos todavía no existían, cuando todas las verdades podían escucharse.

sábado, 23 de mayo de 2015

Una caja...


Una caja
Un ramillo de papeles en la caja
Yo mismo

domingo, 17 de mayo de 2015

La vida plena


Sostener la pulsión, una línea finita, hasta extenderla en un murmuro que no es, una prolongación de la agonía, la sincronía horizontal de las alternancias, el mismo tronco, la misma tesitura. Después vienen las combinaciones, códigos cifrados, como los tambores en épocas pretéritas, las campanas que ya no suenan en las iglesias.

En el medio, llegué a pensar que si me dedicase a examinar las plantas mientras corto el pasto, mi vida sería mucho más plena.

sábado, 9 de mayo de 2015

Pasajero


Ayer tomé un tren que terminó pasando por una estación conocida, la misma que recorrí durante algunos años de mi pasado, y debo decir que en un momento imaginé que iban a entrar fantasmas, y que no tendría pretextos para evitar tener que conversar. Vi al joven que subía todos los sábados al mismo andén, con su mochila cargada de carpetas, pensando que tenía tiempo para divagar, o que tal vez no entendía el sentido del tiempo, lo vi sentarse de cara al sol, pensando que la vida no tenía porque reducirse a compartimientos estancos, donde los fulgores no pudieran ser lacerados, donde las familias se desperdigaban en el silencio de un gesto cansado, el tren era el mismo pero los rostros parecían curtidos por la destemplanza.

Luego, en el subte, una sombra negra me llamó la atención, era un hombre con los ojos como ascuas, en un estado de infierno absoluto, subió con sus harapos repartiendo papeles de diarios recortados, el papel era como un mensaje sin palabras, había que darle algo a cambio, y me pareció terrible la bolsa que llevaba en su mano, con restos de fideos que alguien arrojó, y que la sombra llevaba envuelta y aplastada, fideos fríos manchados de tuco que seguramente formarían parte de su cena, me costó entender si esa sombra era visible, o si todo fue algo que nunca ocurrió.

Luego lo de siempre, personas que detrás de una cuerda de colores intentan convencer que la vida no es tan dura, a veces lo logran, pero nadie les cree.

Así empecé una semana de doble trabajo, extrañando a mi hijo y pensando en mi mujer.

domingo, 3 de mayo de 2015

Interpretando interpretaciones


El poema circunscrito a una verdad, hollado por escarpadas cuestas, las mismas que en círculos concéntricos dirimieron la longitud de una teología, un plano transitado entre la hierba tibia, bajo los puentes cubiertos de flores blancas. Tensar una disociación, es a veces lo que discurre en el poema no nacido, abrazar lo clarividente cuando apenas hay palabras entre los cántaros vacíos, el paso firme, la hora quieta, lo desbrozado que irrumpe entre la vigilia del horadado crepúsculo, porque siempre será necesario salvar la belleza, profanando los vericuetos de lo ocurrido, la luna llena en el patio de la infancia, una fruta de hierro para servir en la mesa, y acaso dirimir lo que no puede ser nombrado.

Voy hacia los páramos, he guardado con palabras esta memoria cubierta de arena, el poema sepultado con hojas de palmera, la leche que bebemos en los campos amarillos, los versos concatenados donde nacen los improperios que acaso justifican la hora yerta, hacia allí avanzo, adherido de escamas, en nombre de algo que no conozco, lo previo a lo que se urde, soslayar el tiempo fatuo donde los desbrozamientos reverberan ideas delante de los versos, es allí el problema de la creación, interpretar interpretaciones, cuando aún el verso quema en la memoria de una sentencia, avanzando hacia la nada, porque solo queda ver, aquello por lo que fuimos condenados.

Es este mi rostro, son estas las aguas cristalinas que ahora bajan como piedras entre los escombros de la poesía, es esta la sentencia, cuando la verdad se aparta del sentido ataviada con el vestido de la discordia y el gesto adusto, porque acaso supimos que solo queda entender lo que tuvimos necesidad de profanar, en el medio de un día claro, cuando todo estaba por hacerse.

sábado, 25 de abril de 2015

La construcción


La construcción es, cuando menos, arbórea.
A veces una entidad es anulada, conservando su existencialidad, porque acaso insustancialmente lo perpetuado será desbrozado en algún entendimiento.
Se cumplen ciertos desasosiegos con sus estructuras y su ontología a cuestas, y si acaso se contemplase la incomprensión de algún concepto, la sola desventura propiciaría otros artefactos a desollar, nuevos laberintos de un plano que va mutando en otra cosa, conforme pasa el tiempo con sus variables y su arquitectura impar.

Hacia esos vericuetos trasunto mis equívocos pretendiendo algo que me excede.

sábado, 18 de abril de 2015

Dentro del poema


Usted cree demasiado en la poesía, le espera una vida difícil. Yo también creo, pero desde la resignación. El misterio de la poesía nos saca de la influencia de la carne y nos permite esperar la noche divina. Soy un poeta que ya no busca las palabras, sino el verbo...

De Jacobo José Fijman

Alguna vez vi algo que no escribí. Tuve conciencia de la consecuencia si aquello salía a la superficie, y me aparté.

Con el tiempo, me arrepentí de no haber sido, me bastó saberlo. Guardé mi vida como un rollo de papel, cumplí con una tarea, cuidé mi jardín.

Probablemente Figman lo supo, pero el cruzó el umbral, tuvo a su corazón en una mano, le cayeron algunas gotas de sangre que no le importaron, y se perdió dentro de sí mismo.  Aún hoy se recuerdan sus versos, a pesar de haber pagado un precio, a medio camino entre la iluminación candente y el brutal desasosiego de su mundo vulnerable, en ese lenguaje ajeno que semejaba una liturgia.

He aquí una de sus clarividencias.

Mi creencia de que la poesía es la posibilidad del hombre para vencer el miedo a la locura y a la muerte surgió tras la lectura de Los cantos de Maldoror, (del conde de Lautréamont). Diría más, un secreto que he mantenido hasta hoy. Yo, a pesar de todo, quiero al conde de Lautréamont. El me conoce. Como juez he tenido que verlo. Tenía ojos celestes de gato. Alto, varios metros. La piel azul y las manos huesudas. No hizo en su corta vida con su obra otra cosa que mostrar su desesperada necesidad de amar. Exaltaba el mal porque no soportaba la hipocresía del bien. Me pidió que no lo olvidara, que intercediera por él ante Dios, que es mi amigo. Hace un tiempo nos encontramos en otra región. El estaba como despojándose del sueño, con agua y con algas, pero no con peces. Los peces se habían ido. Se mantenía muy quieto, acostado en el mar. Yo caminaba sobre las aguas y lo llamé: “Lautréamont, Lautréamont”, le dije, “soy Fijman”.

miércoles, 15 de abril de 2015

Galeano


Va cayendo la tarde en Montevideo, toda Uruguay no habla de otra cosa, o más bien, no calla otra cosa, que la muerte del más latinoamericano de sus escritores. Eduardo Galeano se ha ido, vaya a saberse donde, detrás nuestro la orfandad parece un fuego. Alguna vez dijo que somos historias y es cierto, esa rara costumbre humana nació desde el fondo de los tiempos, y el tuvo la particularidad de nacer a cada instante, en el recuerdo de quienes se sintieron amparados con sus relatos. Verbalizó al Che como un “nacedor”, y tal vez esas palabras puedan aplicarse a su figura:

¿Por qué será que el Che tiene esta peligrosa costumbre de seguir naciendo? Cuanto más lo manipulan, cuanto más lo traicionan, más nace. Él es el más nacedor de todos.
¿No será porque el Che decía lo que pensaba, y hacía lo que decía? ¿No será que por eso sigue siendo tan extraordinario, en un mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran, y cuando se encuentran no se saludan, porque no se reconocen?

La noche va cayendo en Montevideo, y en buena parte del mundo no se habla de otra cosa, o más bien, no se calla otra cosa, que la muerte del más latinoamericano de sus escritores.

Vayan todos los que puedan, que el tiempo marcha volando, y entre todos, en silencio, junten palabras para nombrarlo.

sábado, 11 de abril de 2015

Vaivén


Cencerros amarillos que apenas arrullan el vaivén del crepúsculo, me inquieta esa lenta despedida.
En las calles trinan algunos pájaros, la herrumbre lejana, con sus persianas ocres del invierno invisible.

domingo, 5 de abril de 2015

Apenas


Un encanto de campanas violetas y flores amarillas, la brisa que subleva las horas luminosas y tardías, el crepitar de un fuego ajeno, erguidos y lánguidos capullos que pierden su nombre apenas los nombran, en el día claro y perpetuo.

Apenas soy yo.

Esta sombra bajo el campanario de tejas como hojas de palmera, que el viento no desprende a pesar de los recuerdos.

sábado, 28 de marzo de 2015

Lo que muere con su tiempo


Acabo de subir al altillo con la idea de tirar cosas a la calle: textos académicos desactualizados, una computadora vieja con su disco rígido intacto, negativos de fotos familiares, fotocopias de fotocopias, una lámpara de pie, un ventilador chico, y vaya a saberse cuánto más.
En un momento vi una caja y la abrí, estaba llena de cuadernos con manuscritos, copias de poemas, servilletas anotadas, mamotretos, artefactos, escrituras...tiene que ver con mi adolescencia febril de autómata obsecuente, cuando considerarse poeta no era más que un secreto que apenas podía musitarse, tengo recuerdos permanentes de esa época, me bastaban pocas cosas, pero no hacía nada por el futuro, me dejaba vivir en una especie de inercia creativa, no entendía nada de política ni de economía, las cosas simplemente pasaban y a lo sumo, de vez en cuando, el agua caída en la alcantarilla simbolizaba mi quebrantable impavidez y mi aparente desasosiego, porque nunca se sabía que estaba pensando, porque siempre estaba en otro lado, porque de algún modo escuchaba voces y todo lo que sentía que valía la pena era conversar conmigo mismo, escribir textos verticales, mirar la noche callarse.

Yo nunca se nada, y probablemente sea un modo de entender estas líneas, porque el hombre va declinando allí donde el joven recogió sin prisa un puñado de promesas, y nunca pensó que el mañana llegaría con una mentira envuelta en un paquete lacrado.

La mentira de mi propia construcción.
Porque acabo de darme cuenta que lo realizado muere con su tiempo.

jueves, 26 de marzo de 2015

Pregunta


Alguna vez, el filósofo Dario Sztajnszrajber contestó lo siguiente sobre si tuviera la posibilidad de encontrarlo a Dios en su camino:

"Si Dios existiera le daría un tiro en medio de la frente"

En tren de imaginar que pasaría si a Dios lo tuviera delante mío, creo que solo le haría una pregunta:

¿por qué?

sábado, 21 de marzo de 2015

Robar el fuego del poema


Se que puedo borrar todo esto, empezaría por la desazón del vaso frío, con el amarillo tembloroso del hielo en el alcohol, la mesa redonda donde hay algo que ocurre o parecer ocurrir, este simulacro de encontrarse en medio de un páramo para dirimir razones del poema no nacido, y acaso se trata de rizomas obsecuentes y múltiples, que tienen alguna relación con las arborescencias sostenidas débilmente en planos imprecisos ¿pueden ser imprecisos los planos? He allí la estructura dinámica que no semeja una estructura, simplemente es un sesgo que avanza a una velocidad inconducente, donde difícilmente se pueda enhebrar una sentencia. El vaso va terminando y la noche es lo que otras veces fue, un irse en círculos hacia los páramos luminosos y las botellas ardientes y las risas estentóreas, el camino arbolado lejos de las luces que chirrían, pensando en la espera de alguien o en la mirada eléctrica de una desconocida, eso que sucede cuando los años recién comienzan y la noche nos pertenece, en ese rapto se van mis horas acaso nostálgicas, pero vuelvo al cuarto de verano con el vaso de ginebra en la mano, el ruido de un auto lejano y el televisor encendido, la vida plena que elegí vivir, sin embargo el rumor del tintineo me detiene en antiguos sopores, y todavía en la vida!

Robar el fuego del poema y ya, avanzar disruptivamente –inapropiada palabra– donde poder contemplar mesetas ¡quien las comprendiera! Y luego mirar el camino allanado, una lámpara de estación debajo de la cabeza, el sol que se oscurece en la última línea rojiza de campo, melancólico intervalo donde nada sucede.

Es la entresala de los subterfugios vanos –aparatosa construcción- ulular de los buhos invisibles y el vino derramado, sostenidos por la piedad, solo un bosque detrás, y este devenir, tan precario, anunciando destellos bajo la luna inmensa.

sábado, 14 de marzo de 2015

Ovillos de poemas


Un declive de sol en el páramo del atardecer.

Busco entre mis cosas algún bosquejo de los que han mutado en ovillo, pretendiendo una hilatura que atavía la visibilidad de un sesgo desde la concordancia de un esquema conceptual. Poemas como quebrantos urdidos en tiempos breves, es bajo ese aparejo donde me asomo, la ventana que cruje, los techos de paja desprendidos y los espinos de la periferia.
El viento del este trae briznas de un verano que se aleja, allí donde nace el día y se oscurecen las casuarinas en el borde quejumbroso del jardín (un plano inclinado en tono violeta, bordeado de colgajos rosados).

Me elevo por entre las grietas de las cornisas, el agua que nunca entró en la casa de la infancia, las tejas puestas una encima de otras, con un clavo atravesando la madera y la quietud absorta de la tarde incandescente, el musgo descuidado de los años, porque allí no llegan las escobas que huesudas manos empuñan desde abajo, ni hace falta que el decorado del tiempo las encuentre pálidas y anaranjadas. Mientras tanto el sonido de un reloj arboreció la singuralidad de lo callado.

Somos como las sombras que se trepan a los tejados, en un momento en el que el sol se parece a una serpiente que repta sobre si misma, hasta ataviar los pormenores de toda penumbra.

sábado, 7 de marzo de 2015

Un ejercicio de idoneidad


Un ejercicio de idoneidad, atravesando lo que se urde bajo riesgo de no admitir la construcción de un simulacro. Haber entendido los intervalos donde ocurre lo recurrente a la hora de circunscribir un anatema, aboliendo la preexistencia de una sentencia literaria.
Toscos lienzos manchados de pintura, el cuadro borroso donde apenas comprendemos la sintaxis, allí donde es cuestionado el sentido de los márgenes poblados de anotaciones, que otros adelantaron en regias estructuras, que apenas pudimos reciclar. Saber que el destello lumínico en la ventana es parte de la ficción que sobrepasa los marcos de las creaciones afiebradas, y como se ve, no somos más que sombras pretendiendo hilvanar la envoltura de una idea.

Vaya el respeto a los que desbrozan las madreselvas bosquejando en el intento una luz demasiado clara, para así tornar conceptuales toda disquisición y toda simetría.

De este modo, las figuras retóricas se amalgaman en densas concepciones cuyos raptos habilitan discernimientos ontológicos urdidos en espiral, acaso el momento en que nace el poema crítico, cuando todo lo que anhelamos es el trazo urgente en la inmensa hoja blanca.

sábado, 28 de febrero de 2015

Cuestionamientos


Me encuentro ante una vorágine de sensaciones, donde proyectos, divagaciones y textos varios se atraviesan, existe en medio de ese viento una línea serena y horizontal como laguna tiesa en una tarde de verano, es un recodo cubierto de arbustos, donde me encuentro a la vez que me vuelvo inaccesible: breves escrituras en un blog de poesía.

Y lo que no puedo resolver es si pretendo ser invisible o visible en medio de esta cuestión, porque hay un nombre detrás, y una historia acaso común, sin embargo el seudónimo de este personaje conceptual me ha permitido cierta libertad a la hora de escribir, donde no tuve necesidad de poner un freno de mano cuando intenté volcar por escrito mis impresiones, es entonces cuando aparecen los cuestionamientos.

Alguna vez comenté que suelo realizar construcciones para luego cuestionar la construcción, permanentemente esa actitud me ha puesto en la situación de alguien que avanza y retrocede, ya sea por la necesidad de ampliar conceptos como por las dudas existenciales en torno a la imbricación de los mismos, así pasan los años, y parece mentira pero este blog cumplirá 6 primaveras en unos meses, un tiempo donde las pequeñas escrituras significaron una silenciosa compañía que mi reservado carácter tornaron borrosamente apacibles.

Y lo que me inquieta es el alcance de estos arrebatos. Hay un bosque ávido de ser interpretado, acaso deba sincerarme y dar por cierto que las palabras no alcanzaron a discernir un plano donde el poema simplemente ocurría, es sobre el dominio de conocimiento sobre lo que pretendo discernir, reconociendo en el acto mis limitados esfuerzos por comprender algo que se parece a la verdad y a la belleza, y que apenas puedo nombrar sin dejar de sentir que todo me abruma y me calla: la poesía

Continuar con el mamotreto o apagar todas las luces de este cuarto vacío, es esa la cuestión.

sábado, 21 de febrero de 2015

Donde también soy


Luego de estar un instante conectado a una escena pletórica –la mesa tendida, la luminosa empatía, donde también soy- me encuentro ensimismado en pequeñas celdas rectangulares, donde simplemente surgen destellos de imágenes concurridas del poema no nacido, se trata de un cuadro sin marco, arrojo pinturas, una pradera poblada de margaritas, un puente donde abrevar el reflejo perplejo –la vertical melancolía- horadando un tiempo que ya no es y una canción que nadie recuerda.

¿Dónde callarán esos trazos inconclusos, esa opereta sin bufones?
¿Dónde los versos aparentes en el aparente simulacro?

Los ojos enrojecen, el cansancio todo lo clausura.
Así me inclino, cuando todo lo que quiero es dormir.

sábado, 14 de febrero de 2015

Acaso yo


ahora que vuelvo con la escritura automática y sin mayúsculas, reverbero anotaciones en un puente donde cuelgan las rosas pálidas del estío, esa hilera que es a la vez una celebración, y estoy algo titubeante como para justificar un rodeo en el pasillo del poema. Se abren puertas entibiadas por el sol, a causa del viento de verano, que irrumpe entre hojarascas arrastrando el polvo de los campos, así devano la ilusión de una sentencia literaria, me cubro con un paraguas a rayas blancas y negras en medio del inmutado día, y los que pasan a mi lado, bronceados por expresiones que los rayos percuten en los cristales, suponen que sé algo que ellos no, y no es la lluvia pronosticada sino los entuertos del poema, en esta ventana de enredaderas donde el pasado queda reducido a una estrofa, acaso condensar un plano con suposiciones, que las construcciones tengan una fuente mínima, donde pájaros breves puedan abrevar la sed y el temor de la sed (ese verso perdido en los anaqueles y que cada tanto robamos con devoción sin saber bien qué supone tal entelequia), que la hilación o vertebración de su consecuencia ¿hilación o vertebración? presuponga estructuras donde conjeturar nimias razones, debo tener cuidado, apenas pronuncio esto apartando una rama de palmera en la oscuridad de una tarde macilenta, porque soy yo el que aparta la rama y el que mira el fondo del jardín, soy yo me digo, y en el descubrimiento avanzo hacia mi propia desenvoltura.

sábado, 7 de febrero de 2015

Un río


Solo veo un río, un río que separa, lo que une acaso es el retazo de un tiempo desvencijado, tiempo que se acopla a láminas de tiempo, observadas a la distancia en un espejo retrovisor, mientras cruzo el campo de las aspas, bajo la lumbre de una extraña mañana.

La ruta de los resplandores incandescentes, donde contemplo cosas que jamás recordaré.

sábado, 31 de enero de 2015

Calveyra...


morir será
encender una lámpara
en la casa desconocida


No sé si este hecho reciente pueda ser atrevesado bajo los rasgos aparentes de la causalidad, ni como desenvolver con apresurada pluma los vericuetos donde trazé estas breves y precarias enunciaciones, lo cierto es que a fin de año llevé un libro de Arnaldo Calveyra para leer/desentrañar en vacaciones, a medida que la lectura avanzaba tomé algunas notas para luego desarrollar ideas en futuras escrituras, en todo momento sentí que estaba frente a la poesía de un escritor en donde cabía el asombro, desbrozando “verdades hechas de imágenes” con un lenguaje muy particular.

Ayer me entero que al mismo tiempo en que me dejaba ir con el abordaje de sus textos, volviendo a descubrir en su escritura la conformación de verdaderos artefactos filosóficos, Arnado Calveyra moría en París dejando atrás una obra inquietante, interrogativa, orgánica, poblada de sutilezas, profundamente sustancial.

Me entristece la noticia, se trataba de un escritor que descubría el velo donde moraba la alegría, y se sorprendía de encontrarla apacible, en medio de cualquier encuentro, en medio de cualquier mirada.

Dejo aquí, como al pasar, dos textos mínimos que ocuparon mis tardes en aquellos días, muchas de ellas bajo la lluvia, cubierto por el techo de un campanario rodeado de rosas chinas, en La Paloma, cuando todo lo que tuve fue su reciente Poesía reunida.

Vayan las notas...

Arnaldo Calveyra utilizaba el “recurso simbólico” del cuchicheo para cultivar la poesía, esa conversación que viene de lejos y que podía entenderla a pesar de no poder escucharla, hay como una música aterida en el suave “siseo”, algo que tiene fondo y que no precisa idioma, algo que se escurre sin tiempo, en los recovos donde nada sucede, en los muros graníticos que envuelven lo no dicho, como una música pueril que nunca empieza, como un grano de cebada esparcido en el viento, del mismo modo el poeta dilucida un entendimiento en torno al fondo y la forma en la poesía, lo hace a través de largos devaneos en prosa, intentando acercarse al fuego de la palabra, lo consigue, siempre.

.....

Creo que el problema es la forma. Es allí hasta donde llega mi comprensión de su escritura.
El punto es incorporar lo cotidiano en el plano de la composición, como bien lo hicieron buena parte de los poetas “de los 90” (aquella etiqueta), la forma que es acaso el fondo, donde llegamos en una ocasión para luego desviar el camino, las lomas entrerrianas de Arnaldo Calveyra se circunscriben en ese entendimiento, imágenes desbrozadas a través de la escritura, desde donde lograr templar el fuego de algunos poemas.

Yo puedo rasgar aquel fondo para poder discernir la forma, después de todo ¿Qué es la forma? Acaso una estructura constante, que une o traslada la luminosa arborescencia del poema, la invisible figura, el trabajo permanente, la forma no son las palabras, sino la partitura, atravesada por signos que la pueblan completándola, cada tanto alguna palabra, algún nombre propio, destella un pequeño espacio de la partitura, un color conocido, un tono que se corresponde, pero no es eso lo que más importa, es el bloque permanente, puesto en movimiento, como el bosque de Tomas Transtromer, es hacia allí donde debo avanzar, es aquel entendimiento el que me abruma, toda hora preciada en que el poema me encuentra aullando sin sonido, la luna blanquísima y la amarilla intemperie de la infancia.

sábado, 24 de enero de 2015

Cabo Polonio


Casas empotradas en la arena, escolleras invisibles que ensordecen en los altos parajes, entre dunas silentes cubiertas de escamas, la piel tatuada del sol broncíneo, huellas de nadie, banderas roídas por el viento, y el sol que todo lo clausura.

Las serpientes reptan hacia un médano blanquísimo de luz, los muertos y los fantasmas arrojan sus redes al oceáno, redes negras envueltas en caracoles y peces cantantes, la orilla interminable entre los páramos verdes y el faro, detrás de lo absorto, inmaculado y distante.

Todo lo que queda, de aquí en más, es un largo camino de sal, cubierto de arena.

sábado, 17 de enero de 2015

Beatitud



Quiero entender este vaso de vino bajo las estrellas
Estas hojas de palmera, plateadas de luna.
Estos árboles custodios en la ruta incandescente…

sábado, 27 de diciembre de 2014

Lo que une


El sentido de pertenencia que me une a este personaje conceptual es complicado de dirimir, cuando tenso mi poema esperando que aúlle en determinado momento, cuando camino por un campo poblado de zarzas, cuando tomo un vino debajo de las estrellas, acaso la lira, inútilmente compasiva, enhebra denuestos entre márgenes poblados de anotaciones, y este acontecer sin destino cierto, imaginado, a imagen y semejanza, hirsuto y pequeño.   

De estos tiestos me completo, en la hora donde vuelan las gaviotas, en el tiempo que está por venir, para callarme, para arrullarme entre atardeceres índigos rodeado de glicinas, para saber que siempre seré el áureo espantajo.

A los que leen, buen año.

Paz,
amor

y empatía.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Navidad


Una vez escuché que alguien decía "y si no te veo feliz navidad", a lo cual recibió como respuesta ¿y si me ves que? parece una frase hecha pero está cargada de una connotación imposible de medir, donde el tiempo agrega sus variables grises, una frase simple que transmite muchas cosas y a la vez ninguna, y viene siendo pronunciada desde el fondo de los tiempos.

Suelo pensar en el tiempo últimamente, buscando encontrarme en estas fechas, y lo que ocurre es una extraña algarabía que tiene como anclaje un sentido de pertenencia, donde "somos" la mesa que se comparte, aunque seamos diferentes y recorramos nuestras vidas casi sin darnos cuenta. Hay quienes viven un "silencioso desaliento" que muta en incandescente compasión hasta que el año nuevo llega y todo vuelve a su cauce normal.

Creo necesario proseguir, ese recorrido del agua entre las piedras, ese vaso de vino que se medita, ese fuego, esa canción, ese viento de los años...

Después de todo, es solo otra noche luminosa en el mundo.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Epifanía


Y el día veinticuatro del mes primero estaba yo a la orilla del gran río Hidekel.
Y alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz.

Daniel 10.4

Y yo Daniel miré, y he aquí otros dos que estaban en pie, el uno a este lado del río, y el otro al otro lado del río.
Y dijo uno al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin de estas maravillas?

Daniel 12.5

El sol como las puertas, con dos hombres blanquísimos, de un colegio militar en un desierto; un colegio militar que no es más que un desierto en un lugar adentro de esta playa de la que huye el futuro. (1984)

Allá atrás, en mi nuca, vi al blanquísimo desierto de esta vida de mi vida; vi a mi eternidad, que debo atravesar desde los ojos del Señor hasta los ojos del Señor. (1984)

Héctor Viel Temperley

He aquí dos viñetas, imágenes de telas blancas movidas por el viento, en un día de verano.
En el libro de Daniel, en los últimos versículos, el profeta revela una visión, el relato es simple, una figura parada en el horizonte, que apenas era posible distinguir “su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud”, el texto parece inferir la imagen del Mésias, no nacido aún, pero que pudo presentarse ante quien podía ver “lo que otros creen ver”.

En el libro “Hospital Británico” de Héctor Viel Temperley, ocurre una epifanía similar,el poeta comenta que en un día nublado, estando en una playa, cierra los ojos cuando sale el sol y ve dos figuras blanquísimas, sintiendo al instante que tenía que escribir acerca de esas dos personas que parecían hacer guardia en la arena.

Yo podría y como lector me sería lícito suponer– que esas figuras son las mismas, ese alguien ungido por la fe, horadado en las palabras. Pueden pasar siglos y la literatura no superará el cuadro inicial, se podrá escribir mejor lo que ya fue escrito, variará el contexto, se sumarán lecturas, y sin embargo estarán estas imágenes al final de las palabras, en el horizonte o en la playa, bajo un día de sol.

Culmina Viel Temperley:
El verano en que resucitemos tendrá un molino cerca con un chorro blanquísimo sepultado en la vena. (1969)

Hasta ese día...

domingo, 14 de diciembre de 2014

La tarde de verano


Suele ocurrir después del mediodía, no lo puedo resolver con palabras, el sol parece blanco, pesa sobre los techos de las casas, todo lo enmudece, un padecimiento breve y lento, tibieza de la parte alta de los muebles, un auto agobiado que se escucha de lejos, ni siquiera pájaros, apenas algunas cigarras y búhos, un sopor que se instala invisible, una queja que no se nombra, conversaciones imperceptibles en un teléfono.

La gente que duerme después de almorzar, la gente que se resguarda del calor, que no indaga en esa caminata lenta que es todo sol que abrasa, ese estar debajo de un ópalo, escuchar que algo se acerca, algo que parece latir, ¿cuántos grifos invisibles cruzando la calle? La forma de un quejido imposible de medir.

Algo pequeño, en el interior de las cosas, se gesta inadvertido. El bosque se pone en movimiento. Los espantajos caminan con sus grilletes en los tobillos, como parias en vastas procesiones, aparentando pertenencia.

Mientras tanto, a todo le encuentro sentido: puertas derruidas, jardines descuidados, veredas rotas, ventanas sin pintar, largos y misteriosos pasillos, campanarios, rejas oxidadas, canteros sin flores, buzones sin correspondencias...


Probablemente ese sea el problema.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Proseguir


A propósito de una oportunidad perdida, me permito atravesar diferentes planos de la realidad, entonces pienso que es momento de callarse, apartarse con las ideas, dejar que las cosas se calmen un poco. Perdí hace unos días una interesante oportunidad laboral, esto motivó una serie de cuestionamientos cuya certidumbre es imposible devanar, me vi como un descreído parado al costado del camino, contemplando la marcha de las lentas procesiones, aquellos que buscan una posibilidad mirando hacia delante como fantasmas, creyendo que el camino allanado no son huellas de otros, que todo es descubierto por primera vez…

Hay algo que impulsa a las personas a creer que los cambios son posibles, y accionan en consecuencia, no sé explicar ese valer la pena , no sé resolver que motiva a los seres humanos a proseguir, pensando que siempre hay un destino detrás de cada acto.

Solo sé que por alguna razón tengo que seguir caminando.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Hacia adentro


Sacar al otro, al yo sin sombra, la ventana siempre cerrada de la infancia, con los goznes verduzcos de musgo y no de la pintura amarillo pálido que alguna vez fue, pintar sobre la madera, acaso el más noble de los oficios, escribir hasta que los sentidos se entremezclen en algo inapropiado, y aquí en la vida, remando en una barca rojiza, con una camisa a cuadros en blanco y negro.

El cielo del estío se empantana en los bordes de las orillas barrosas, la existencia tiene el tono oscuro del agua imposible de medir ni de prever, un centro de energía que se atomiza, el ruido de las paladas en los remos que chirrían, el envío hacia atrás y ese no ver donde se ocultan las palomas, ese ir hacia la nada o hacía uno mismo, hacia adentro.

Dejar al otro en el crepúsculo, una línea bermeja cruzando el charco, el aleteo de las mariposas en la arena, algún ulular entre los árboles, ningún fuego al anochecer.

Ahora la luna es lo más parecido a la infancia, surca un camino tembloroso entre el silencio y el asombro, se abre camino dejando una estela que permanecerá yerta, las estrellas que siguen sin aparecer y en las orillas un fantasma nos despide hasta el otro día.

viernes, 21 de noviembre de 2014

La indeterminada materia


Ando recorriendo distancias contemplando soledades en blanco y negro, me veo envuelto en disyuntivas que me alejan de las inútiles construcciones, se trata de un mecanismo, intuyo que no es el modo en como se comienza una divagación, todas las cosas pierden su nombre cuando las tomamos, y el amanecer es algo próximo a ocurrir.

En el medio de la creación se extiende una materia indeterminada, cobra formas extrañas que escapan al discernimiento del poeta, este las deberá comprender, palpar, imbricar, desbrozando mendrugos, socavando inconsistencias.

Honestamente no sé que sentido cumple mi intervención criptográfica, este divagar en torno a las ideas, como atavíos que dejan estelas incumplidas en su propósito, porque tal vez no hay propósito, y todo sea un irse permanente, la sombra que camina delante, en la ruta solitaria, aparentando entendimiento.

sábado, 15 de noviembre de 2014

El problema de las ecuaciones



Es allí que los límites se profanan para que la confusión –siempre subjetiva– se instale en los prolegómenos de algún tubérculo conceptual, que mañana será raíz, tallo, hoja y fruto de ideas nacidas para anestesiar entendimientos.

Así, de este modo, se perpetúa el error original.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Lo que el amor les hace a los poetas


Vaya la lucidez de este poema, cuya lira pertenece a Ezequiel Zaidenwerg, recordemos este nombre...

no es trágico: es atroz. Les sobreviene
una luctuosa ruina a los poetas que el amor captura,
sin importar su orientación o identidad
poética. El amor lleva al total desastre
de la uniformidad a los poetas gay,
a los poetas pansexuales y bisiestos,
y a las poetas y poetrices feministas, fementidas o veraces;
a los obsesionados con el género
y a los degenerados por igual, y a los perversos polimorfos:
y hasta los fetichistas de los pies
del verso capitulan a las plantas del amor,
que no distingue ideología,
programa ni poética. A los vates de la torre de marfil
los precipita del penthouse ebúrneo
directo a planta baja. A los apóstoles
del Zeitgeist, que proclaman sin empacho que la lírica está muerta,
les permite insistir en el error
y en sus prolijas parrafadas. Les produce una hemorragia palatal
a los que comban parcos aforismos diagonales,
a los herméticos de lata, a los que envasan
sus versos al vacío, a los falsarios del silencio,
y a los que fraguan haikus castellanos
al itálico modo. A los puristas de la voz les corta en seco
su dulce lamentar, y a los maniáticos del ritmo
les quiebra las falanges, y estropea
el íntimo metrónomo que llevan junto al corazón
para marcar el paso de sus versos. Les compone el sensorio
a los videntes y malditos y demás
rebeldes e insurrectos sin razón ni causa
poética, y les cura el desarreglo razonado
de todos los sentidos. Desaloja de su noche oscura
a los que piden luz para el poema
en las cavernas del sentido, y los devuelve sin escalas
a la trasnoche de la carne literal. Lo que el amor
les hace a los poetas, con paciencia y mansedumbre,
mientras las mariposas lentamente les ulceran el estómago
y el páncreas poco a poco deja de funcionar,
es harto inconveniente. A los que buscan con ahínco
y precisión de cirujano la palabra justa les arruina
el pulso, y en lugar de dar la vida, la aniquilan en su afán.
Y a los que con ardor y devoción persiguen
un absoluto en el poema, como un grial
todo de luz, tirante, diáfana y febril,
les nubla las certezas, y el deseo mismo
de saciar su ansiedad. Lo que el amor
les hace a los poetas, inadvertidamente,
mientras cosen y cantan y se atoran de perdices, es agudo, terminal
y fulminante. Es un torrente arrollador
de prosa, que espolea y multiplica, en progresión exponencial,
a los zopencos y palurdos de la poesía:
a los que cortan sin razón sus versos diminutos;
a los jinetes compulsivos;
a los diseñadores tipográficos del verso;
a los que quiebran la sintaxis sin saber
torcerla; a los que escarban en el éter a la busca de inauditos neologismos inaudibles;
a los modernos sin pretexto; a los que creen descubrir
la pólvora en sus versos balbucientes;
a los contestatarios automáticos y a los porno-poetas;
a los que sueltan grandes nombres por la densa
fronda de sus poemas, como Hänsel y Gretel esparcían
migas; a los que impostan en su voz
vacante los mohines de una infancia lobotomizada;
a los poetas bellos y felices, caprichosos;
a las tribus urbanas y los groupies de la poesía pubescente;
a los poetas pop y los rockstars del verso;
a los videopoetas y performers;
a los ovni-poetas, voladores o rastreros, identificados;
a los objetivistas sin objeto
ni vista; a los que exigen que el poema
se vista de mendigo; a los filósofos poetas;
y a los cultores convencidos
de la "prosa poética". El amor,
que mueve el sol y a los demás poetas,
los lleva hasta el postrero paroxismo: los convierte
en tierra, en humo, en sombra, en polvo, etcétera:
en polvo enamorado.
...............................Y si resulta todavía que entre ellos
se aman amorosos los poetas pares,
felices en su amor solar sin escansión,
como si fueran en verdad el uno para el otro
un agujero negro de opiniones nebulosas,
tácitas palmaditas en la espalda y comentarios tibios al pasar,
enanos, enfriándose, se absorben entre sí
y desaparecen.

domingo, 2 de noviembre de 2014

La lluvia rauda


Oleadas de esquemas sobrevuelan el movimiento inerme de las cosas, apenas puedo ir hacia los claustros cubiertos de lluvia –la lluvia rauda, horadando el tiempo donde toda fe es profanada- para evitar un falso dilema en el blando desfile, donde las ecuaciones intentan vanamente ilustrar lo semántico y lo ígneo.

Allí cruzo las aguas de la desidia impar, aplico la severidad de un entendimiento, en tanto mi vida se vadea en una barca con los remos cruzados, creyendo saber las profundidades y las corrientes, mientras destellan las aguas en el infinito clamor de los arroyos bajo el sol. 

No puedo concebir la calma en este desasosiego, así las cosas, las promesas de siempre cuelgan como glicinas sobre una pérgola invisible.


Nada indica que deje de llover...

sábado, 1 de noviembre de 2014

Poemas de Leandro Llull


Hace poco participé de un concurso de poesía organizado por el Fondo Nacional de las Artes, vaya a saberse porque uno conserva ilusiones, los poemas fueron leídos por Diana Bellesi, Laura Wittner y Fabian Casas, nada menos, siempre pensé lo bueno que sería recibir una mención, para luego tratar de hilvanar desde una periferia el resignado trance de quienes no ocuparán un lugar en la memoria, los hermosos perdedores de la literatura, aquellos que escriben sin publicar, condenados a seguir siendo, subsumidos bajo los mendrugos del más absoluto de los anonimatos, la invisible entidad de los que callan.

Esto viene a cuento con los descubrimientos literarios que cada tanto ocurren, mismo Borges alguna vez expresó, con motivo del enésimo Nobel negado, que alguna vez le hubiera gustado  ser descubierto, es un sentimiento invariable, que atraviesa el anhelo de muchos escritores. El concurso lo ganó un interesante poeta, Leandro Llull, rosarino, nacido en 1983, quien alguna vez dijo: "Creo que escribo por una incomodidad. Pero la incomodidad más grande está en la lengua, por esa relación de prohibición y permiso para decir cosas. Leer y escribir es algo cotidiando y tiene que ver con un deseo", un tipo que escribe como si narrara lo detenido del tiempo, donde todo aquello que lo rodea cobra sentido, donde parece haber al final de las palabras una tensión sin resolver, como sea, bienvenidos sean los concursos cuando se hacen visibles los buenos poetas.

A modo de posdata, Leandro Llull participó en el libro La lengua en soledad, incluido en la obra colectiva Prueba de soledad en el paisaje (Mansalva, 2011), aquel interesante proyecto denominado Estación Pringles, diseñado en base a una idea de Juan L. Ortiz, basado en una experiencia de creación poética en contrastación con la llanura pampeana, donde cuatro jóvenes poetas convivieron durante cuatro semanas en el Espacio Quiñihual, situado en un paraje rural a 550 km. de Buenos Aires. Entre esos 4 estaba Leandro Llull, junto con el poeta mexicano Inti García Santamaría, el chileno Christian Aedo y la argentina Valeria Meiller, aquí, tres poemas de aquel libro:


EN EL CONFÍN un azul sin nubes
y tu pecho estremece
en pozo tan hondo.

Hay la espesura que le habla al alma
y el sol más lejos del día.

A las cosas,
. . . . . . . . . . ¿para qué mirar?

¿A qué abrir
abismos?

¿Por qué no
. . . . . . . . . . los ojos del cuis
cuando en dos patas se para
y hacia el cielo mira?

- - -

¿PUEDE EL GRITO DE LA TIJERETA
solitario cruzar el cielo
y tejer esta camisa en llamas
que arde en el pecho sin motivo?

Es tu corazón al acecho, los oídos de la liebre
que el paisaje te ha prestado,
la cacería del alma que lee
donde nunca nadie ha podido.

- - -

PENSAR QUE UN DÍA TODO ESTO ESTUVO EN OTRO LADO.
Entre dos manos
una alianza tramó el exterminio.

"Gran-Macá" le decían al hombre que defendió la tierra.
Murió enrollado como un tatú
por aguantar el palo.

Hubo un tiempo en que se acariciaban los pastos
como el primer pelo en la cabeza de un niño.

Pensarlo ahora.

Hacerse la imagen.