sábado, 7 de mayo de 2016

Lo publicado


Tal vez haga un libro, pero aún no sé mi nombre, o lo que eso signifique.

Versos y versos de escritura automática, carpetas guardadas en un baúl de madera blanca, textos que dicen algo de los bordes que frecuenté y que acaso entendí, mientras labraba en silencio una literatura complicada, hermética, incluso hoy por hoy no puedo trazar el límite de aquel desvarío poblado de imágenes veloces, y sin embargo en el medio de aquel paisaje había un fresno de pequeños soles arrancados, nunca pude sentarme en una de esas sillas, nunca había envejecido, la sola idea me parecía extraña, solo troncos oscuros que arrojaban su oro en perezosa calma.

Es complicado, el otro día salí del trabajo y me meti en el auto y tardé en arrancarlo, las amarillas hojas del otoño eran una excusa, luego me dije “que hago acá”, un minuto después encendí el motor y puse marcha atrás, y en ese acto y en esa reversa automática sin mirar por los espejos vi pasar toda una vida.

Todavía no sé que lugar ocupa el poema en todo esto.

sábado, 30 de abril de 2016

En un bar de Palermo a la noche


Yo podría escribir un poema moteado de ribetes opacos, como si envolviera en papel glasé una taza de porcelana blanca, pero me distraigo, y no son las hojas resecas que el viento lleva a la rastra, ni el mozo que tarda más de la cuenta, ni tampoco las señoras empolvadas que hablan y suponen que sos un maldito –porque parece que soy poeta–el problema es que no puedo levantar la vista, porque lo mejor que puedo hacer para evadirme es garabatear versos en servilletas arrugadas, prefiero eso a caminar entremedio de las mesas buscando un rostro conocido, como si no tuviera apuro, cuando yo se que el mundo siempre estuvo en la vereda de enfrente, y sin embargo formé una familia –“vos sí que tenes suerte” decía hace años el psicólogo del traje manchado de acuarelas, que en medio de gases lacrimógenos y en plena dictadura le arrancó los huevos a un milico– vos tenes un amparo, cuando lo lógico hubiese sido que te quedaras más solo que un perro en medio de un desierto, incomprendido hasta decir basta, pero la realidad es que puedo escribir un capítulo sobre la decadencia del oficio, y no sé hasta que punto tiene que ver la comodidad del control remoto, si somos coherentes con lo que hacemos, si todo en el fondo no es más que una farsa que dividimos en capítulos

Mientras pienso en estas cosas estuve viendo desde mi ventana de bar una reunión en el edificio de enfrente, un departamento de ventanales amplios, todos parecían pasarla bien, las bandejas de comida pasaban de mano en mano, no faltaban las sonrisas y los gestos ampulosos, al final, uno salió al balcón a fumar algo, y yo me vi en esa sombra fumando lentamente, soportando el viento de la fría avenida.

Felices los felices.

Al final yo tomaba el último café con dos terrones de azúcar mientras iba entendiendo algunos versos de Alejandro Rubio, cada tanto algunas palabras parecían resaltar sobre otras, como si resplandecieran, sin saber que método fue devanado, que lecturas fueron necesarias.

Todo lo que leí estaba escrito en perfecto castellano.

sábado, 23 de abril de 2016

Hablando de poesía con el tachero


Enfrente de Puan encontré esta “plaquette” de Alejandro Rubio (Ediciones Belleza y Felicidad, 2015) en el que me detuve en el poema que da título al pequeño poemario.

Puede ser que no se entienda
su función, uso, propósito, fin o virtud. Puede ser que cuando uno
anda por la ciudad a todo trapo,
la gente, los semáforos, las bicis, viendo
lo que vemos para parar la olla
sin poderlo creer, alineado o nervioso,
piense que es cosa de ingenuos o parásitos
porque te piden que seas veloz y craso
o te pasan por arriba. Pero mire usted
su propio caso: toda la noche maneja
con Horacio Molina, a volumen bajo,
le guste a quien le guste, así que vive
en la lírica barrial de los 40
como cualquiera que ame a Gracilazo.
Vive envuelto en música
encajado en metal, rodando por calles húmedas
y entiende de qué se trata.
Así que usted vive a su manera
en el mismo mundo
en que yo vivo a mi manera.


Luego coincidí con esta reseña, donde es posible advertir en el autor el tono crítico en clave política, dentro de un coloquialismo no excento de una lírica que lejos se encuentra de la postura autocompasiva. Alejandro Rubio es un poeta de nuestro tiempo, y tiene lecturas de la realidad que habilitan el impulso reflexivo.

Después de esto, solo queda bajarse del taxi y caminar a solas bajo la lluvia.

sábado, 16 de abril de 2016

Lo que dura la nostalgia


Después de un instante de silencio, acaso apacible, percibo el aroma de las hortensias. Se me ocurrió la idea de mirar las copas desde abajo, con el crepúsculo de los nubarrones borravinos los pétalos parecían cultivar en sus bordes un tono amarillento, como si un sol de mediodía las reflejase pálidamente desde adentro.

Entendí que todo en ellas es armonía y expectación, como si estuvieran esperando declinar ante la noche calma, las casas cuyas tranqueras están llenas de mariposas que parecen volar.

sábado, 9 de abril de 2016

El único sostén


Jarcias del único sostén, entremedio de un pronunciamiento, donde disociar lo aparente.
Ahora las casas de verano se pueblan de josefinas en las hileras verdes de musgo –los niños que trepan su infancia– hay pasillos enteros donde las palabras tienen cielos grises que las cubren. Recuerdo flotar en las aguas pardas, nadar al lado de un bote anaranjado, tiempo que me has de callar.

Me desprendo de los tallos, a lo lejos, una mujer teje en silencio un poco de memoria. 

sábado, 2 de abril de 2016

Irse de sí mismo


Irse de sí mismo, sin saber que se sabe, huyendo hacia la alquimia de un verbo del cual desconocemos el predicado, una palabra cuyo referente dependa del contexto lingüístico, como los pronombres, revisar todo eso que parece decirse y que sin embargo se olvida.

Huir sin hallar un bosquejo donde encontrarse, hasta que te das cuenta que nadie puede huir de sí mismo, allí donde uno va, hay espejos que nos deforman la mirada, y silencios que resuenan en el viento que las casas despiden, los espacios que habitamos y que como esclavos recorrimos en aparente libertad, el futuro siempre delante, la sonrisa ingenua.

domingo, 27 de marzo de 2016

Algún día


La primera vez que vi el mar fue en una playa de Mar de Ajó, era niño, y desde entonces esa imagen me acompaña.

Cada vez que llego a la orilla siempre me encuentro repitiendo la misma frase:
Algún día”...

Luego me vuelvo y la vida continua.

Así las cosas, este espacio ya no se parece a un blog de poesía, sino más bien tiene todas las correspondencias de un diario personal, y los diarios permanecen, a pesar del fuego. 

sábado, 19 de marzo de 2016

El vuelo del colibrí


Nunca se sabe si el colibrí esta contento o guarda un pesar mientras permanece suspendido en el aire, dicen los mitos que son mensajeros de espíritus que traen buenos augurios, según la cosmovisión Kichwa, el picaflor es considerado crianza de viento, de las ramas cubiertas de enredaderas cuelgan sus nidos, en el que sus crías recibirán de su propio pico el néctar de las flores.

Anduvo uno por mi casa, protegido con la enredadera que ya llega hasta el suelo, tuvo dos crías que se quedaban quietas largos períodos de tiempo, hace poco ambas volaron, pude reconocer el canto de una de ellas deteniéndose en el cable del poste telefónico.

Dicen que siempre vuelven.
Vaya a saberse donde andarán ahora

sábado, 12 de marzo de 2016

Un tenue campo de manzanilla...


del poema "Cabellos al viento"
Elder Silva

Hermosa,
como un campo de nomeolvides,
has pasado el mediodía para el almacén.
Anoche me decías que para ser feliz
hay que cruzar un puente.
Hay que ir más allá del Arapey Grande,
a la hora en que se van los pájaros
sin mirar nunca para atrás,
porque los huesos de los parientes
pueden pedirte que regreses.

Has pasado para el almacén
con el cabello suelto.
Levanté los ojos del libro de Macedonio
y he leído en tus sandalias mi futuro
y he caminado contigo
(a orillas de tu boca)
por un silencioso campo de nomeolvides.


En su libro "La frontera será como un ténue campo de manzanilla", publicado en la colorida Eloísa Cartonera, el poeta uruguayo Elder Silva pareciera escribir a esa hora de la tarde en que la vigilia del presente se filtra por entremedio de las cortinas junto a los tibios rayos del sol, en algún punto detiene en un manojo de versos la quietud de un instante donde en apariencia nada sucede, mientras la realidad es algo que apenas acompaña al poeta en su leve divagar.

Un poeta que interrumpe la lectura mientras saluda a un conductor, que contempla la ropa que alguien dejó para secarse en el alambre del patio, leer a Elder Silva es como mirar a cierta distancia a Benedetti escribiendo versos en una libreta, rodeado de las palomas de una plaza.

Todo en el es contemplación, en sus manos siempre hay un libro de poesía, y de tanto en tanto escribe frases como esta, pintando un atardecer:

"mientras pasaba un hombre muy viejo / en una bicicleta amarillenta"...

Un poeta de los pájaros, que escribe sobre lo que está por suceder, sin alterar a su alrededor la vida cotidiana, tiene el don de ser invisible, es esa clase de escritores que bien podrían tomar un café en un bar concurrido y dedicarse a leer un libro sin ser molestado, a lo sumo detendrá su lectura y dejará que la vida lo viva.

sábado, 5 de marzo de 2016

El estallido autobiográfico


El estallido autobiográfico...
Detrás mio cae un caracol en un vergel, el único sonido del atardecer.

Unas rosas chinas (rojas) se aplastan contra el techo, el poeta que mira a través de los diamantes, y con esos signos –barras inclinadas– representa la comedia de una mirada tridimensional.
¿caireles?
 –rescato al abominable Miller antes de reventar o la última ola escandinava de León Bloy
(cuando la escritura se convierte en un globo de cristal que el mero acto de escribir estalla en mil pedazos contra el suelo).

–de allí lo fragmentario, como avispas herrumbrosas en una tarde de verano– “amparado” en la idea que todo es poesía cuando solo somos sombras escuchando murmullos en un pasillo.
(esa costumbre de encerrarse en un cuarto con títeres, buscando secretos o junturas mal hechas), la luz del sol que se filtra en las gotas de rocío de la única ventana –la claridad de una sola casa– lo apacible que recubre la opacidad de un escritor, el poema que finalmente estalla –porque he decidido recogerlo, una a una, sus volutas de vidrio– la soledad que todo se traga.

sábado, 27 de febrero de 2016

Asimetría


Decía Alejandro Dolina que la belleza es una regularidad o la falta deliberada de ella. Es siempre simetría. La repetición en el tiempo, la repetición en el espacio, la igualdad de las distancias, "todo eso genera una reacción en el espíritu humano que generalmente responde a la idea que tenemos de belleza".

"Tal era así que los griegos habían sido más rigurosos en esto, ya que la medían con exactitud, y encontraban números como el número áureo, que les servía para ver en qué momento de un segmento había que cortarlo, o en qué lugar de la cara tenían que estar los ojos, o cuándo en una obra tenía que estar el momento más decisivo", en este punto recuerdo un pensamiento de Gilles Deleuze, a propósito del arte que detiene o fija su sentido en la mente del lector “el arte conserva, y es lo único en el mundo que se conserva”.

El tema es que, como dice el locutor de La venganza será terrible, a veces se obtiene belleza vulnerando esa regularidad. Pero aun vulnerada, la regularidad está. La belleza es regularidad, es simetría, pero la asimetría es una idea sin la cual no podríamos tener una idea de belleza. La simetría hace al artefacto conceptual, pero no es posible concebirlo sin aceptar la asimetría de la cual está imbricada su naturaleza, es lo que deviene el caos en el aparente cosmos, la idea de que es necesario un orden, y digo aparente, porque todo lo simétrico así lo parece, genera una sensación de perfección de la cual no es posible "ver" su invisible materia. La simetría es conceptual, pero deviene de lo asimétrico, de algún modo podriamos simbolizar esta disyuntiva  bajo el efecto visual de las salpicaduras de pintura (Jackson Pollock sería un buen ejemplo, su arte es la simetría de lo asimétrico, conforma un esquema semántico donde lo caótico es visible al entendimiento humano).

Mismo en la música es posible advertirlo, cuando ciertas estructuras permiten romper reglas pero desenvolviendo sus ecuaciones dentro del parámetro que esa propia libertad permite, allí todo es asimétrico, sin embargo la estructura conforma al oído una simetría, ese cosmos aparente, una masa de sonidos que el creador controla.

Nunca se sabe en qué momento el artista es consciente de los signos que van poblando su plano, eso que Dolina entiende por regularidad, cuando simplemente estamos detenidos ante la belleza, y nos inclinamos a sus variables tal vez sin comprender. 

sábado, 20 de febrero de 2016

Sobre mi poesía


"Es tarde ya en esta página y no tengo tiempo de comprobar que me equivoco

Luis Chitarroni reconstruye en una silueta el contexto de una disputa intelectual entre escritores, ese tipo de odio que hace que algunas personas se separen precisamente por aquello que los une, así, un tal Victor Eiralis (anagrama de Salieri que nunca advertí como lector) le llegó a endilgar la siguiente sentencia: "yo vivo acorralado en el fracaso, pero a usted le va peor: vive acorralado en el error"

Cuando las pocas veces que me encuentro en la situación de decir porqué hago poesía, solo puedo balbucear que suelo ver - o al menos lo pretendo- algún signo emparentado con la otredad, mi propia tabla de ahogado a la cual me aferro con desesperación, es entonces que siento que mi poesía es un fondo de malezas en el cual creo ver algún atisbo de belleza, pero cuando hago pasar a las personas a esos melancólicos pasillos, solo expresan estar confundidos en un lugar abandonado, diciéndome sin palabras que lo que ven, son aparentes mendrugos, artefactos descuidados en recintos descascarados.

Seguramente tienen razón, y no hago otra cosa que aferrarme a lo que creo, el fracaso lo tengo asegurado, pero...¿el error? 
¿cuantos poetas, enfrentando la indiferencia ajena, padecieron idénticos desalientos?

Creo en algo que no sé que es...
solo entiendo que me abruma pensar si alcanzará el tiempo para darse cuenta.


para darme cuenta.

sábado, 13 de febrero de 2016

Las plaquetas de Schehade...


Dadle la raíz del laurel
Y no flores de un día que hacen la ceniza

Poeta de la nieve y el reloj de arena
Cuando lo que es blanco es honor de la muerte.

Georges Schehade

En algún punto, estoy construyendo plaquetas literarias, o eso pretendo, en los años 70 las consideraron adelantos de libros, hoy podemos entender el concepto como una singular mezcla de libro de arte, fanzine y texto.
Lo que hacía Schehade eran verdaderas "plaquettes" artesanales, hasta entiendo que su modo de escritura cuadraba con el sentido estético de la publicación.

Por Rodolfo Alonso se sabe que el poeta francés-libanés (un francés cuya obra deja al descubierto su origen libanés) fue promovido por Paul Valéry, Saint-John Perse, Jules Superville y Paul Eluárd, con quien coincidió en la estética surrealista. Sus versos breves, que no parecieran interrumpidos en su proceso, brillan con particular inocencia. También su discreción.

Pocas veces una lectura de poemas me ha dejado pensando si detrás de las palabras se ocultaba un mundo que no comprendía.
Espero descubrirlo algún día...

En la montaña
Donde hablan los rebaños con el frío
Como Dios lo hizo
Donde en su origen está el sol
Hay graneros repletos de dulzura
Para el hombre que avanza en su paz
Sueño en ese país donde la angustia
Es un poco de aire
Donde caen los sueños en el pozo
Sueño y aquí estoy
Contra erguidas violetas y esta dama
Cuya rodilla lejos es infinita pena.

Los poemas, Georges Schehadé. Selección, Traducción y Prólogo de Rodolfo Alonso. Hilos editora, 2012.

sábado, 6 de febrero de 2016

Mientras leo a Osvaldo Lamborghini (Parte III)


Como decía el poeta, toda época tiene su álbum fotográfico ¿cuál será el nuestro?
Enumerar, el arte de enumerar, es también un estallido.
Yo creo que a Osvaldo Lamborghini no lo leo para entenderlo, lo leo para escribir.
Pasar de un confinamiento a otro, la materia pura, el encierro del poema –he aquí una representación– un cuchillo untando manteca, una cesta con peces, un pan amarillo –el amarillo del pan– (las hortensias bajo el sol de verano).

La conciencia del presente, este darse cuenta que las palabras encadenan ausencias (todos en la ruta, el sol anaranjado) los últimos pájaros dorados por el crepúsculo, ver la línea que todo lo oscurece, el exacto momento del mosquitero cerrándose por dentro.

sábado, 30 de enero de 2016

Mientras leo a Osvaldo Lamborghini (parte II)


Un paréntesis es eso, un signo seco (uno solo) sin ninguna finalidad salvo la aparente –el aparente diagrama en el que las primeras palabras (las oclusas) hilvanan artefactos– que solo buscarán llenar el vacío de un espacio vacío.
Es el oro brillando en el huevo pulido de una ostra
Es la argamasa cuyo faro es la inocencia
Las piedritas en los pies fríos de la bahía despoblada.

sábado, 23 de enero de 2016

Mientras leo a Osvaldo Lamborghini (escrituras de escrituras)


Suplir
Esa era la única palabra del poema, porque no podía entender las entelequias, el tono –siempre el tono– o la voz propia (nadie me puede decir como es, todos sin embargo perciben la ausencia) en los recodos, en los correlatos, crecen hortensias como un amparo –largos pasillos donde la infancia corretea hacia la puerta, nunca hacia la calle– dejo correr el agua de la canilla de la infancia, siempre el sol lleno, los tobillos cubiertos de algas. De toda esa estructura, apenas puedo nombrar lo que parece posarse.
Largos años deslizados en un vertedero la espuma separada, las cerdas de las escobas como junturas entre los barrotes y las alcantarillas– (ese comprender que se supone, ese verso esquivo, finalmente esta llaga)

No sé donde termina el día.

La única palabra del poema que estalló en el poema, ralado, acaso vertical, y solo quedan vidrios donde se reflejan las palabras en el sol, como una rueca, o un dentelleo.
Versos que no construyen sistemas, trazos que untan aparejos, para finalmente resquebrajar la cal de las paredes. Este pasillo perfecto, en ocres duraznos, con flores rosadas y campanas amarillas, detiene el tiempo de los jardines poblados de conchillas, los años que apenas caben en un escurridero.

La sombra visible que cerró la tranquera mientras el viento abandonaba la casa. 

martes, 29 de diciembre de 2015

Cavilando sobre aullidos


Omar Khayyam consideró a la vida como un bien no elegido, que solo debe ser devuelto con indiferencia, así a veces presiento mi relación con el poema, es algo que no logro dirimir, que no sé hacia donde me lleva.

Todo tiene que ver con la comprensión de la poesía, cuyo entendimiento se aleja mientras intento avanzar entre malezas.

Supuse una despedida, pero algo me turba,
En el medio, un jardín prolijo, una vida conflictivamente apacible, y estos balbuceos...

Dejemos por el momento, es tiempo de desear un feliz año, y que los lobos aúllen.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Las vocales de Rimbaud


Soneto de las vocales, de Iluminaciones

" A negra, E blanca, Y roja, U verde, O azul: vocales, 
algún día diré vuestro origen secreto;  A, negro corsé velludo de moscas relucientes 
que se agitan en torno de fetideces crueles, 
golfos de sombra; E, candor de nieblas y de tiendas, 
lanzas de glaciar fiero, reyes blancos, escalofríos de umbelas; 
I, púrpura, sangre, esputo, reír de labios bellos 
en cóleras terribles o embriagueces sensuales; 
U, ciclos, vibraciones divinas de los mares verduscos, 
paz de campo sembrado de animales, paz de arrugas 
que la alquimia imprimió en las frentes profundas; 
O supremo clarín de estridencias extrañas, 
silencio atravesado de Angeles y de Mundos; 
O, la Omega, el reflejo violeta de sus Ojos! "

Arthur Rimbaud

Hace unos días, ingresando en la página Web de Sociedad Lunar, me encontré con un libro de Belén Gache, publicado en 2006, entre las imágenes, hubo una que me llamó la atención, un procesador de texto con las vocales coloreadas tal como las contempló Rimbaud en vida (entre las teorías figura la posible sinestesia del genial escritor), si fuera cierto, si es así como el poeta francés veía su escritura, “ver” este texto es algo parecido a un consuelo.

¿Cuándo iremos a adorar –los primeros– la Navidad sobre la tierra?

Leer las palabras según las leía Rimbaud, feliz modo de mendigar sobre la alquimia del verbo.

sábado, 19 de diciembre de 2015

El decálogo de la soledad


El decálogo de la soledad
La televisión que no
Un par de medias en el rincón
El cable del velador que no funciona hace un mes
La puerta que cierra mal pero no importa
Acostumbrarse a cerrar la puerta haciendo presión con la llave
Pensar que algún día debería cambiar la cerradura.
Siempre migas de pan sobre la mesa ratona
Una hilera de hormigas
Pasar la escoba antes de que oscurezca

Un plato con atún

Sé porque rememoro esto
Se porque supe que alguna vez no tuve llaves ni compromisos
Pero estaba concurrido, acompañado
Y no me importaba.

Ahora pienso que debería apreciar el día
Tengo mil motivos
Pero el pasado es como un lastre.
Entonces llega el día en que te dicen que mires hacia adentro
A eso lo llaman psicoanálisis
Alguien que pregunta algo, alguien que no sabe pero desea escarbar un corazón
Las palabras que no alcanzan porque la mesa es inmensa.
Encontrar el motivo, la infancia, los padres, algún complejo
Hacer el trabajo de ir hacia atrás y recordar porque pasaron las cosas que pasaron
Y yo se que soy bueno pero eso no alcanza.

Decido tomar un martillo para romper cada uno de esos espejos
Que al final del día
Solo quede una imagen.

sábado, 12 de diciembre de 2015

El extraño recorrido de una idea


Surge por necesidad, se expande bajo nodos que la multiplican, genera arborescencia, adquiere sustancia, pronto sus variables se prueban, mutan del plano abstracto al plano de las concatenaciones, obtiene un contexto, territorializa un perímetro, asume un carácter filosófico y construye identidad, aquellos que la disciernen no tardan en callar, abandonan el sentido de la idea, buscan guarecerse de alguna lluvia. Al poco tiempo la idea se transforma en otra cosa, el hilo conductor se disipa, y con el las intenciones, pierde historicidad, se torna absolutamente subjetiva, se la interpreta con interpretaciones desconociendo la fuente primaria, arroja briznas de ideas menores que pueblan otros planos, como fragmentos de un cometa en el medio de una constelación, luego disminuye la memoria, se deja de murmurar, muere con su tiempo, y en algún cenáculo se la nostalgia, hasta que otra idea nace, y el círculo, siempre invisible, se vuelve a completar.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Loro, campesino, obrero...



En esta vida, que no es ajena, el loro se repliega en el verde del campo amarillo, lo cercan las  alambradas y los desvaríos, sus alas baten en bajada un retroceso, que lo posa en un cerco rodeado de juncos, parece asumir esa vida de vuelo tibio y rasante, el graznido de los otros fantasmas que lo cruzan, anhelando morir entre los maizales...

En otra circunstancia esa misma sombra toma un trago mientras el rayo de sol naranja, percutido en los cristales, le devuelve un brillo en el rostro, el oro oculto en lo frondoso de su barba, que la opacidad del sol deja en evidencia. Entonces bebe en calma, un cuenco de agua fresca, ataviado con la estepa del hollado sembradío, esas largas telas manchadas de barro, que arrastran los cardos en la espesura, sabiendo que nunca llegará al horizonte, porque “ahí no hay nada”, salvo metafísica, vencido entre los silbos que recogen sin nostalgia la última hilera de verduras.

Ahora se seca el sudor de su frente oscura, pensando en el puente que tensa la sombra de sus manos, un micro levanta polvo al pasar, en un alto de las tareas, que es cuando los obreros miran el crepúsculo creyendo entender, sintiendo los callos que se endurecen en silencio, apenas una ventisca de nenúfares en flor, o un manojo de cañas retorcidas por el sol y la sequía, acaso un pantano de aguas negras al costado de la ruta, un perro que cruza el puente recién construido, el acto que lo inaugura, el silencio que tal vez sea asombro, aquel estar sin poder saberlo.

Tres vidas
Un cuerpo.
El viento de la memoria que arremolina nuestra única certeza.

domingo, 29 de noviembre de 2015

El lento discurrir


Luna llena en el patio de casa, la línea del cable telefónico atraviesa las pequeñas nubes que pronto comienzo a olvidar, es la parte de la noche en que me recuesto a pensar lo que quisiera hacer al otro día, o al día siguiente, un whisky en una mano y un habano en la otra, y la tierra que gira alrededor de una circunstancia.

Pronto la línea atraviesa la luna incandescente, la infancia plateada desde cuyas huellas desandé los innumerables atavíos, el perpetuo discernir de lo que nunca exclamaré (y he aquí me deuda sin pagar, preguntándome quien es el que me interpela en esta soledad de laguna quieta, este discurrir sin sombra).

Así las cosas, miro la luna entre las volutas de humo, el único poste la transforma lentamente en un eclipse, desde donde observo solo hay claridad, y ganas de empezar algo nuevo.

Y antes que me olvide, comparto una faceta poco conocida del gran Alberto Laiseca, la poesía...

El crecimiento de las grandes aguas

Por ti me he vuelto extravagante
como un diablo extranjero.
Miro tus ojos y veo florestas oscuras con algo de amarillo.
Senos infantiles pero de inmensos vértices;
pies diminutos y perfectos.
Entre tus piernas una pequeña Diosa China desnuda.
Cuán clamoroso el brote de bambú,
el marfil rosado,
con que la deidad se corona
como atributo divino.
Me fascina tu pelo negro
sobre la convulsión marrón de los tapices.
Pero Grandes Oídos captan el roce de los dedos
antes de que éstos lleguen a tocar la piel.
Te miro en público y mi corrección se altera.
Sé demasiado bien que múltiples ojos lo registran,
mientras las verdes aguas de la vergüenza
amenazan tragarnos.
No comprendo por qué,
a causa de mi condición femenina,
y de tu Origen Celestial,
sería mal visto si dijese
que eres encantadora.


Poema escrito por una cortesana desconocida del palacio de Nancia a la Reina.
 

sábado, 21 de noviembre de 2015

Cada celda un poema


Buscar lo diametral, palabras que en el texto inclinen el eje de todas las balanzas, un vértigo que se tensa dentro del plano invisible. 
Retumbo que apenas es posible discernir.

Hacer un poema con celdas, cada celda un poema
que haya comunicación entre cada poema, que se puedan relacionar bajo un perímetro semántico, los poemas de arriba y los de abajo, los poemas siguientes, la misma medida, el mismo fondo, tejer relaciones hexagonales entre los textos, escribir en papel,  juntar las celdas de los versos, el núcleo de las concatenaciones

Que lo pautado en la periferia tenga sentido de periferia.

domingo, 15 de noviembre de 2015

El infinito aprendizaje


“Pensé entonces, con frecuencia, que si me hubieran hecho vivir en un tronco de árbol seco, sin más ocupación que mirar la flor del cielo sobre mi cabeza, me habría habituado poco a poco”

Albert Camus, El extranjero

¿Cuándo fue la última vez que aprendiste algo?
La pregunta no adscribe a una concepción canónica del tiempo, en algún punto su autoría me pertenece, porque en circunstancias propias de la opacidad tuvieron el destino de una parábola, recuerdo haberla pronunciado mientras la vida era reflejada en el espejo retrovisor de un recuerdo que se alejaba, esta vez me hice la pregunta mientras contemplaba la ventana de un micro que atravesó el lejano atardecer de un campo poblado de zarzas.

¿Cuándo fue la última vez que aprendiste algo?
-ayer leí sobre el Haka, los diferentes tipos de ceremonias que contemplan diversos significados tribales...
-Eso solo fue una noticia que leíste, no indagaste en el relato, no revisaste ninguna fuente
-la pregunta se reitera

¿Cuándo fue la última vez que aprendiste algo?
-Hace unos 6 meses, tal vez un año, leí diez capítulos de un libro sobre la creación de conceptos filosóficos
-el de Deleuze-Guattari...
-nadie te lo explicó, solo interpretaste lo que creíste entender
-no respondiste la pregunta

¿Cuándo fue...?
- no lo recuerdo

Ahora sí podes seguir mirando la ventana...

sábado, 7 de noviembre de 2015

La brisa que perdura


Sin saber si el tiempo se pierde en esta hojarasca que recojo, mientras los murmuros se aquietan ante el viento de la memoria, el silencio de una sombra que se posó en el barranco de su infancia, cuya brisa aún perdura entre azahares y magnolias, y nunca supimos como continuar, porque nada nos dijeron, si acaso eran ciertos los destinos que se dibujan en un papel...

sábado, 31 de octubre de 2015

El invisible mundo


Muchas veces busco entender el porqué de la línea ínfima que se pierde en un ovillo escabroso, rotas las puntas de todos los lápices, semejando el laberinto que nunca descubrí, el porque del poema que no pude terminar.

Pero sé que mientras haya en aquel fondo un árbol de flores violetas todo tendrá sentido.

Las pequeñas cosas de mi mundo invisible.

sábado, 24 de octubre de 2015

Donde todo es guardado


Vi el núcleo, el centro blanco, donde están guardadas todas las cosas...

Así empezaba el relato que traspasó un segundo mi rutina, un poco de luz en el espejo de la hoja plateada, el plano que oblitera la antesala del poema, mientras el devenir se aleja entre una hilera de lapachos en flor

soy yo” me dije, “soy yo”, el espantajo...

Las carreteras tornan pálidas todas las conjeturas, siento el temor de la sed, tratando de entender para que sirven los relojes, todo aquello que se mide, que cumple una función.

No sé cual es mi acto, la cortina roja y polvorienta oculta los rostros sostenidos por estacas, “hay una razón” me digo, avanzo unos pasos en el pasillo luminoso, lo primero que miro es la madera del suelo, los bloques de madera lisa, una voz sorda abre el círculo invisible, un cuerpo avanza y no soy yo, hice de ese espacio el sentido de mi existencia, la voz que pronuncié era un chillido...

Pupilas tiesas en la primera fila, la vista se pierde en una peluca rosada con un ojo gigante, el excesivo maquillaje de una anciana, la pollera que coció con bordados violetas, la vida que se iba en algún lado, y añorar después de todo, estos cuadros oníricos de películas que nadie recuerda, estas cosas que juntan tiempo.

lunes, 19 de octubre de 2015

Lo que no puedo alcanzar


Últimamente inicio ciertos textos con verbos en infinitivo, luego de este “recurso”  el hilo se extiende entre meandros sinuosos buscando bordear los páramos del poema, en todo este tiempo consigo vadear un puñado de conjeturas mientras el ejercicio de la palabra me deja estancado junto a una orilla, no hay momento en que no ocurra, estoy en un bote que parece visible, el leve discurrir del agua golpea en los remos, pienso en el devenir, iluminado bajo la débil claridad del sol entre los pastizales aplastados del camino, consigo ver hacia que lado se pierde el umbral, porque la poesía sigue su curso entre los ríos ocultos, porque una vez más no puedo alcanzarla.

sábado, 17 de octubre de 2015

Leyendo a Borges...


Me interesó este planteo de Martín Kohan en torno a los "mecanismos de intervención de los escritores tanto en la esfera pública como en la manera de construir narrativas que sobredimensionan la primera persona", tal vez porque he visto en algunos casos esa disyuntiva de venerar lo que en el fondo no se lee o se dejó de leer hace tiempo, y el ejemplo concreto recae en Borges, del cual valoraría nuevas relecturas tal vez imposibles de hallar en contextos donde las personas frecuentemente exhiben lo que viven y lo que son, o como diría Kohan "el que escribe y lo que se escribe son una y la misma cosa”.

Que el público idolatre a los escritores desde otro lugar (abordándolos por ejemplo en festivales de literatura como el reciente MALBA) no garantiza ciertamente la inmediata lectura de sus textos, volviendo al ejemplo de Borges “La admiración venerativa de su figura superaba con creces la disposición concreta a leer sus libros”, recordó Kohan, “Venerarlo y no leerlo, o venerarlo para eximirse de leerlo, llegó a ser un implícito literario.”

Acaso tengamos que recordarnos lo que subrayó el autor de Ciencias Morales, que la verdad del escritor “no está en otra parte que en su escritura”, cuya práctica nos permita abordar la pregunta que se hizo Josefina Ludmer en uno de sus tantos textos sobre crítica literaria (de donde incluso Kohan fue alumno):

¿Como salir de Borges?

sábado, 10 de octubre de 2015

Apuntes sobre trazos


Hago trazos, junturas de oleos negros que desplazo en una superficie blanca, fijo un lápiz apretando la punta hasta formar un cráter de carbón, me quedo observando el margen de la hoja, donde llega el vértigo mudo de un chirrido, inclino lo sopesado en un páramo de tonos grises, una brizna de claridades en un arroyo cuya infancia ha fenecido, pienso que se trata de pájaros...

Nada sale del plano, pequeña caja de cartón pintada con manchas de acuarelas, nada discurre porque así lo he decidido, lo labrado tiene contornos desfigurados por las teorías que invariablemente surgen, al final del pasillo alguien discute sobre el canon literario, parece una clase donde se venera lo que no se frecuenta, como un círculo dentro de un círculo, lejos del núcleo, interpretando interpretaciones.

En el papel manchado de pintura, el trazo termina en un signo. Tiene la forma cóncava de una interrogación. Tan incierta como profusa.


Nadie lo ve.

domingo, 4 de octubre de 2015

La teoría de la oscuridad


Ponerse un pasamontañas a la hora de crear un espacio artístico, permite en cierto modo la posibilidad de elaborar contenidos sin necesidad de tener que utilizar un freno de mano, esto puede darse con los poetas que desean exponer en laboratorios literarios lo que piensan de la literatura, si tal cosa ocurre desde la intención de ocultar la identidad no es algo que esté bien o mal, es una elección, donde se prioriza la construcción de artefactos en un contexto determinado.

Es entonces cuando pienso en este personaje conceptual (al igual que los Residents, "enmascarado") que a veces dice lo que su autor no está seguro de admitir o argumentar, y que ya parece tener entidad propia, no en el sentido de la relación que un titiritero pueda tener con su títere, sino en la probable construcción de sentido que solo parece concebirse bajo la anónima adscripción de un recinto pasajero.

Sea tal vez un extraño signo en medio de tantos espejos luminosos, donde busco mostrar otro modo de hacer las cosas, como ya hace años que viene sucediendo, en el que un poeta elige escribir desde el anonimato, ilustrando lo que dice con los dibujos de su hijo.

sábado, 26 de septiembre de 2015

El hipnótico ritual de los Residentes


Viernes a la noche, camino por la vereda con un gorro verde, me quedo a la espera de un amigo, dentro de unos minutos estaremos viendo a los Residents en Niceto, me quedo pensando en esta banda que descubrí tarde, el mito de sus identidades ocultas, las más de cuatro décadas de trayectoria privilegiando los contenidos artísticos por encima de los nombres y las historias personales, la "teoría de la oscuridad", a la que adhiero, y el enorme impacto visual de sus presentaciones.

Finalmente entran al escenario los 3 músicos enmascarados y uno no sabe si en el fondo tenemos conciencia del extraño ritual que vamos a presenciar, bastan unas breves distorsiones para ingresar en una especie de túnel, donde se representa bufonescamente el prolegómeno de una obra hipnótica, desplazando sonidos e imágenes en diferentes planos oscuramente frecuentados.

En algún momento recuerdo esa sentencia de que el arte solo es puro si es anónimo, una serie de conceptos extraños en estos tiempos donde las exposiciones artísticas en redes sociales y programas televisivos conllevan un implícito musical para las bandas que surgen, la necesidad de trascender sin importar lo que se expresa, el factor creativo acompañado del juego de espejos en el que ciertos artistas gustan contemplarse.

Los Residents escapan de todo eso, y salen indemnes. Al final, cuando se van, me quedo cavilando si nos dimos cuenta.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Albores


Entre medio de los albores en el que pacen débiles junturas, atavío la única suerte que me desbroza.
Todo es una osamenta gris donde nada discurre...
He fabulado en los cimientos de mi vida plena -cuadernos llenos de asombros ingenuos- pulsando las cuerdas del devenir, aquello que transmuta en madejas sutiles que se imbrican, a medida que se avanza hacia un bosquejo plateado como el sol, las orillas claras donde se detienen los ausentes.

Me acostumbré a la idea de que todo envejece mientras estamos haciendo planes.

Así las cosas, estoy esperando que las palabras se parezcan a un estanque de agua quieta, que me pueda reflejar en los márgenes de mi propia disolución, y que al final del día recuerde bien el porqué de mi silencio.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Los poemas de Juana Bignozzi


Tanta vida para la literatura...

Alguna vez, por una consulta que hice a su correo electrónico con motivo de un proyecto literario, Juana Bignozzi me respondió a las pocas horas lo siguiente:

"Tampoco me gusta convertir todo el pasado en mito y hay experiencias y poetas que mueren con su tiempo..."

Ahora que se fue -¿cual será el cielo de los poetas?- no dejo de pensar si alguna vez aquello que soy morirá con su tiempo, y no es algo que pueda responderme, ni que tampoco alcance a dilucidar.

¿Que quedará? ¿un blog? ¿escrituras? ¿poemas?...

Juana Bignozzi es ahora un consuelo para muchos lectores que encontrarán en sus versos un modo de comprender su poesía, su inquebrantable lucidez.

Quedan los poemas, y eso es todo lo que podemos y no podemos tener.

sábado, 5 de septiembre de 2015

De lo vertical a lo horizontal


Buscar reconstruir aparejos entre pedazos de silencios, cuando todo lo que tengo es un tiempo que se deshace mientras hago de cuenta que tomo decisiones. La posibilidad de un texto horizontal, elaborado luego de bosquejar poemas verticales donde la luminosidad quedaba entrecortada (allí donde asoma una variable mutilada por el propio esquema del verso), y en ese problema sin resolver encontraba en los márgenes un entendimiento que completaba el campo semántico del artefacto literario, acaso una contradictoria manera de otorgar sentido a la escritura.

En aquel bosquejo de anotaciones, cuando todo lo que pretendía era una construcción, tomaba como recurso habitar momentáneamente un espacio cuyo silencio estaba cubierto de violetas, un territorio imaginario donde poder desechar partes del poema, es entonces que con ciertos textos optaba por hundirme en esa figura abstracta, entendiendo que por esa grieta podía redimir mi sentido arborescente, desmalezando el predicado de múltiples adjetivos para poder justicar la verticalidad del poema.

Y tal vez allí estaba el error, o lo que se supone debía ser apartado, mientras los versos se desbrozaban, deshilándose, en hebras desprendidas bajo un viento que nunca existió.

Lo inalcanzable del poema.

El mecanismo de las palabras que nada tienen que ver con lo que representan, un aire pesado de libros viejos que pronto atomiza el único techo que opaca mi rutina.