Solo veo un río, un río que separa, lo que
une acaso es el retazo de un tiempo desvencijado, tiempo que se acopla a
láminas de tiempo, observadas a la distancia en un espejo retrovisor, mientras
cruzo el campo de las aspas, bajo la lumbre de una extraña mañana.
sábado, 7 de febrero de 2015
sábado, 31 de enero de 2015
Calveyra...
morir será
encender una lámpara
en la casa desconocida
encender una lámpara
en la casa desconocida
No sé si este hecho reciente pueda ser
atrevesado bajo los rasgos aparentes de la causalidad, ni como desenvolver con
apresurada pluma los vericuetos donde trazé estas breves y precarias enunciaciones,
lo cierto es que a fin de año llevé un libro de Arnaldo Calveyra para
leer/desentrañar en vacaciones, a medida que la lectura avanzaba tomé algunas
notas para luego desarrollar ideas en futuras escrituras, en todo momento sentí
que estaba frente a la poesía de un escritor en donde cabía el asombro,
desbrozando “verdades hechas de imágenes”
con un lenguaje muy particular.
Ayer me entero que al mismo tiempo en que
me dejaba ir con el abordaje de sus textos, volviendo a descubrir en su
escritura la conformación de verdaderos artefactos filosóficos, Arnado Calveyra
moría en París dejando atrás una obra inquietante, interrogativa, orgánica,
poblada de sutilezas, profundamente sustancial.
Me entristece la noticia, se trataba de un
escritor que descubría el velo donde moraba la alegría, y se sorprendía de
encontrarla apacible, en medio de cualquier encuentro, en medio de cualquier
mirada.
Dejo aquí, como al pasar, dos textos
mínimos que ocuparon mis tardes en aquellos días, muchas de ellas bajo la lluvia, cubierto por el
techo de un campanario rodeado de rosas chinas, en La Paloma, cuando
todo lo que tuve fue su reciente Poesía reunida.
Vayan las notas...
Arnaldo Calveyra utilizaba el “recurso
simbólico” del cuchicheo para cultivar la poesía, esa conversación que viene de
lejos y que podía entenderla a pesar de no poder escucharla, hay como una
música aterida en el suave “siseo”, algo que tiene fondo y que no precisa
idioma, algo que se escurre sin tiempo, en los recovos donde nada sucede, en los
muros graníticos que envuelven lo no dicho, como una música pueril que nunca
empieza, como un grano de cebada esparcido en el viento, del mismo modo el
poeta dilucida un entendimiento en torno al fondo y la forma en la poesía, lo
hace a través de largos devaneos en prosa, intentando acercarse al fuego de la
palabra, lo consigue, siempre.
.....
Creo que el problema es la forma. Es allí
hasta donde llega mi comprensión de su escritura.
El punto es incorporar lo cotidiano en el
plano de la composición, como bien lo hicieron buena parte de los poetas “de
los 90” (aquella etiqueta), la forma que es acaso el fondo, donde llegamos en
una ocasión para luego desviar el camino, las lomas entrerrianas de Arnaldo
Calveyra se circunscriben en ese entendimiento, imágenes desbrozadas a través
de la escritura, desde donde lograr templar el fuego de algunos poemas.
sábado, 24 de enero de 2015
Cabo Polonio
Casas empotradas en la arena, escolleras
invisibles que ensordecen en los altos parajes, entre dunas silentes cubiertas
de escamas, la piel tatuada del sol broncíneo, huellas de nadie, banderas
roídas por el viento, y el sol que todo lo clausura.
Las serpientes reptan hacia un médano
blanquísimo de luz, los muertos y los fantasmas arrojan sus redes al oceáno,
redes negras envueltas en caracoles y peces cantantes, la orilla interminable
entre los páramos verdes y el faro, detrás de lo absorto, inmaculado y
distante.
sábado, 17 de enero de 2015
Beatitud
Quiero entender este vaso de vino bajo las estrellas
Estas hojas de palmera, plateadas de luna.
Estos
árboles custodios en la ruta incandescente…
Estas hojas de palmera, plateadas de luna.
sábado, 27 de diciembre de 2014
Lo que une
El sentido de pertenencia que me une a
este personaje conceptual es complicado de dirimir, cuando tenso mi poema
esperando que aúlle en determinado momento, cuando camino por un campo poblado
de zarzas, cuando tomo un vino debajo de las estrellas, acaso la lira,
inútilmente compasiva, enhebra denuestos entre márgenes poblados de anotaciones,
y este acontecer sin destino cierto, imaginado, a imagen y semejanza, hirsuto y pequeño.
De estos tiestos me completo, en la hora
donde vuelan las gaviotas, en el tiempo que está por venir, para callarme, para
arrullarme entre atardeceres índigos rodeado de
glicinas, para saber que siempre seré el áureo espantajo.
A los que leen, buen año.
Paz,
amor
miércoles, 24 de diciembre de 2014
Navidad
Una vez escuché que alguien decía "y si no te veo feliz
navidad", a lo cual recibió como respuesta ¿y si me ves que?
parece una frase hecha pero está cargada de una connotación imposible de medir,
donde el tiempo agrega sus variables grises, una frase simple
que transmite muchas cosas y a la vez ninguna, y viene siendo pronunciada
desde el fondo de los tiempos.
Suelo pensar en el tiempo últimamente, buscando encontrarme en estas fechas, y lo que ocurre es una extraña algarabía que tiene como anclaje un sentido de pertenencia, donde "somos" la mesa que se comparte, aunque seamos diferentes y recorramos nuestras vidas casi sin darnos cuenta. Hay quienes viven un "silencioso desaliento" que muta en incandescente compasión hasta que el año nuevo llega y todo vuelve a su cauce normal.
Creo necesario
proseguir, ese recorrido del agua entre las piedras, ese vaso de vino que se medita, ese fuego, esa canción, ese
viento de los años...
sábado, 20 de diciembre de 2014
Epifanía
Y el día veinticuatro del mes primero estaba
yo a la orilla del gran río Hidekel.
Y alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón
vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz.
Daniel 10.4
Y yo Daniel miré, y he aquí otros dos que
estaban en pie, el uno a este lado del río, y el otro al otro lado del río.
Y dijo uno al varón vestido de lino, que
estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin de estas maravillas?
Daniel 12.5
El sol como las puertas, con dos hombres
blanquísimos, de un colegio militar en un desierto; un colegio militar que no
es más que un desierto en un lugar adentro de esta playa de la que huye el
futuro. (1984)
Allá atrás, en mi nuca, vi al blanquísimo
desierto de esta vida de mi vida; vi a mi eternidad, que debo atravesar desde
los ojos del Señor hasta los ojos del Señor. (1984)
Héctor Viel
Temperley
He aquí dos viñetas, imágenes de telas
blancas movidas por el viento, en un día de verano.
En el libro de Daniel, en los últimos
versículos, el profeta revela una visión, el relato es simple, una figura
parada en el horizonte, que apenas era posible distinguir “su cuerpo era
como de berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de
fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y el sonido de
sus palabras como el estruendo de una multitud”, el texto parece inferir la
imagen del Mésias, no nacido aún, pero que pudo presentarse ante quien podía
ver “lo que otros creen ver”.
En el libro “Hospital Británico” de Héctor
Viel Temperley, ocurre una epifanía similar,el poeta comenta que en un día
nublado, estando en una playa, cierra los ojos cuando sale el sol y ve dos
figuras blanquísimas, sintiendo al instante que tenía que escribir acerca de
esas dos personas que parecían hacer guardia en la arena.
Yo podría –y como
lector me sería lícito suponer– que esas figuras son las mismas, ese alguien
ungido por la fe, horadado en las palabras. Pueden pasar siglos y la literatura
no superará el cuadro inicial, se podrá escribir mejor lo que ya fue escrito,
variará el contexto, se sumarán lecturas, y sin embargo estarán estas imágenes
al final de las palabras, en el horizonte o en la playa, bajo un día de sol.
Culmina Viel Temperley:
El verano en que resucitemos tendrá un
molino cerca con un chorro blanquísimo sepultado en la vena. (1969)
Etiquetas:
Divagaciones,
Héctor Viel Temperley
domingo, 14 de diciembre de 2014
La tarde de verano
Suele ocurrir después del mediodía, no lo
puedo resolver con palabras, el sol parece blanco, pesa sobre los techos de las
casas, todo lo enmudece, un padecimiento breve y lento, tibieza de la parte
alta de los muebles, un auto agobiado que se escucha de lejos, ni siquiera
pájaros, apenas algunas cigarras y búhos, un sopor que se instala invisible,
una queja que no se nombra, conversaciones imperceptibles en un teléfono.
La gente que duerme después de almorzar,
la gente que se resguarda del calor, que no indaga en esa caminata lenta que es
todo sol que abrasa, ese estar debajo de un ópalo, escuchar que algo se acerca,
algo que parece latir, ¿cuántos grifos invisibles cruzando la calle? La forma
de un quejido imposible de medir.
Algo pequeño, en el interior de las cosas,
se gesta inadvertido. El bosque se pone en movimiento. Los espantajos caminan
con sus grilletes en los tobillos, como parias en vastas procesiones,
aparentando pertenencia.
Mientras tanto, a todo le encuentro
sentido: puertas derruidas, jardines descuidados, veredas rotas, ventanas sin
pintar, largos y misteriosos pasillos, campanarios, rejas oxidadas, canteros
sin flores, buzones sin correspondencias...
Probablemente ese sea el problema.
sábado, 6 de diciembre de 2014
Proseguir
A propósito de una oportunidad perdida, me
permito atravesar diferentes planos de la realidad, entonces pienso que es
momento de callarse, apartarse con las ideas, dejar que las cosas se calmen un
poco. Perdí hace unos días una interesante oportunidad laboral, esto motivó una
serie de cuestionamientos cuya certidumbre es imposible devanar, me vi como un
descreído parado al costado del camino, contemplando la marcha de las lentas procesiones,
aquellos que buscan una posibilidad mirando hacia delante como fantasmas,
creyendo que el camino allanado no son huellas de otros, que todo es
descubierto por primera vez…
Hay algo que impulsa a las personas a
creer que los cambios son posibles, y accionan en consecuencia, no sé explicar
ese valer la pena , no sé resolver que motiva a los seres humanos a proseguir,
pensando que siempre hay un destino detrás de cada acto.
sábado, 29 de noviembre de 2014
Hacia adentro
Sacar al otro, al yo sin sombra, la ventana
siempre cerrada de la infancia, con los goznes verduzcos de musgo y no de la
pintura amarillo pálido que alguna vez fue, pintar sobre la madera, acaso el
más noble de los oficios, escribir hasta que los sentidos se entremezclen en
algo inapropiado, y aquí en la vida, remando en una barca rojiza, con una
camisa a cuadros en blanco y negro.
El cielo del estío se empantana en los
bordes de las orillas barrosas, la existencia tiene el tono oscuro del agua
imposible de medir ni de prever, un centro de energía que se atomiza, el ruido
de las paladas en los remos que chirrían, el envío hacia atrás y ese no ver
donde se ocultan las palomas, ese ir hacia la nada o hacía uno mismo, hacia
adentro.
Dejar al otro en el crepúsculo, una línea
bermeja cruzando el charco, el aleteo de las mariposas en la arena, algún
ulular entre los árboles, ningún fuego al anochecer.
Ahora la luna es lo más parecido a la
infancia, surca un camino tembloroso entre el silencio y el asombro, se abre
camino dejando una estela que permanecerá yerta, las estrellas que siguen sin
aparecer y en las orillas un fantasma nos despide hasta el otro día.
viernes, 21 de noviembre de 2014
La indeterminada materia
Ando recorriendo distancias contemplando
soledades en blanco y negro, me veo envuelto en disyuntivas que me alejan de
las inútiles construcciones, se trata de un mecanismo, intuyo que no es el modo
en como se comienza una divagación, todas las cosas pierden su nombre cuando
las tomamos, y el amanecer es algo próximo a ocurrir.
En el medio de la creación se extiende una
materia indeterminada, cobra formas extrañas que escapan al discernimiento del
poeta, este las deberá comprender, palpar, imbricar, desbrozando mendrugos,
socavando inconsistencias.
sábado, 15 de noviembre de 2014
El problema de las ecuaciones
Es
allí que los límites se profanan para que la confusión –siempre subjetiva– se
instale en los prolegómenos de algún tubérculo conceptual, que mañana será
raíz, tallo, hoja y fruto de ideas nacidas para anestesiar entendimientos.
Así, de este modo, se perpetúa el error original.
sábado, 8 de noviembre de 2014
Lo que el amor les hace a los poetas
Vaya la lucidez de este poema, cuya lira pertenece a Ezequiel Zaidenwerg, recordemos este nombre...
una luctuosa ruina a los poetas que el amor captura,
sin importar su orientación o identidad
poética. El amor lleva al total desastre
de la uniformidad a los poetas gay,
a los poetas pansexuales y bisiestos,
y a las poetas y poetrices feministas, fementidas o veraces;
a los obsesionados con el género
y a los degenerados por igual, y a los perversos polimorfos:
y hasta los fetichistas de los pies
del verso capitulan a las plantas del amor,
que no distingue ideología,
programa ni poética. A los vates de la torre de marfil
los precipita del penthouse ebúrneo
directo a planta baja. A los apóstoles
del Zeitgeist, que proclaman sin empacho que la lírica está muerta,
les permite insistir en el error
y en sus prolijas parrafadas. Les produce una hemorragia palatal
a los que comban parcos aforismos diagonales,
a los herméticos de lata, a los que envasan
sus versos al vacío, a los falsarios del silencio,
y a los que fraguan haikus castellanos
al itálico modo. A los puristas de la voz les corta en seco
su dulce lamentar, y a los maniáticos del ritmo
les quiebra las falanges, y estropea
el íntimo metrónomo que llevan junto al corazón
para marcar el paso de sus versos. Les compone el sensorio
a los videntes y malditos y demás
rebeldes e insurrectos sin razón ni causa
poética, y les cura el desarreglo razonado
de todos los sentidos. Desaloja de su noche oscura
a los que piden luz para el poema
en las cavernas del sentido, y los devuelve sin escalas
a la trasnoche de la carne literal. Lo que el amor
les hace a los poetas, con paciencia y mansedumbre,
mientras las mariposas lentamente les ulceran el estómago
y el páncreas poco a poco deja de funcionar,
es harto inconveniente. A los que buscan con ahínco
y precisión de cirujano la palabra justa les arruina
el pulso, y en lugar de dar la vida, la aniquilan en su afán.
Y a los que con ardor y devoción persiguen
un absoluto en el poema, como un grial
todo de luz, tirante, diáfana y febril,
les nubla las certezas, y el deseo mismo
de saciar su ansiedad. Lo que el amor
les hace a los poetas, inadvertidamente,
mientras cosen y cantan y se atoran de perdices, es agudo, terminal
y fulminante. Es un torrente arrollador
de prosa, que espolea y multiplica, en progresión exponencial,
a los zopencos y palurdos de la poesía:
a los que cortan sin razón sus versos diminutos;
a los jinetes compulsivos;
a los diseñadores tipográficos del verso;
a los que quiebran la sintaxis sin saber
torcerla; a los que escarban en el éter a la busca de inauditos neologismos inaudibles;
a los modernos sin pretexto; a los que creen descubrir
la pólvora en sus versos balbucientes;
a los contestatarios automáticos y a los porno-poetas;
a los que sueltan grandes nombres por la densa
fronda de sus poemas, como Hänsel y Gretel esparcían
migas; a los que impostan en su voz
vacante los mohines de una infancia lobotomizada;
a los poetas bellos y felices, caprichosos;
a las tribus urbanas y los groupies de la poesía pubescente;
a los poetas pop y los rockstars del verso;
a los videopoetas y performers;
a los ovni-poetas, voladores o rastreros, identificados;
a los objetivistas sin objeto
ni vista; a los que exigen que el poema
se vista de mendigo; a los filósofos poetas;
y a los cultores convencidos
de la "prosa poética". El amor,
que mueve el sol y a los demás poetas,
los lleva hasta el postrero paroxismo: los convierte
en tierra, en humo, en sombra, en polvo, etcétera:
en polvo enamorado.
...............................Y si resulta todavía que entre ellos
se aman amorosos los poetas pares,
felices en su amor solar sin escansión,
como si fueran en verdad el uno para el otro
un agujero negro de opiniones nebulosas,
tácitas palmaditas en la espalda y comentarios tibios al pasar,
enanos, enfriándose, se absorben entre sí
y desaparecen.
domingo, 2 de noviembre de 2014
La lluvia rauda
Oleadas de esquemas sobrevuelan el movimiento inerme de las cosas, apenas puedo ir hacia los claustros cubiertos de lluvia –la lluvia rauda,
horadando el tiempo donde toda fe es profanada- para evitar un falso dilema en
el blando desfile, donde las ecuaciones intentan vanamente ilustrar lo
semántico y lo ígneo.
Allí cruzo las aguas de la desidia impar, aplico la severidad
de un entendimiento, en tanto mi vida se vadea en una barca con los remos
cruzados, creyendo saber las profundidades y las corrientes, mientras destellan
las aguas en el infinito clamor de los arroyos bajo el sol.
No puedo concebir la calma en este desasosiego, así las cosas, las promesas de siempre cuelgan como glicinas sobre una pérgola invisible.
Nada indica que deje de llover...
No puedo concebir la calma en este desasosiego, así las cosas, las promesas de siempre cuelgan como glicinas sobre una pérgola invisible.
Nada indica que deje de llover...
sábado, 1 de noviembre de 2014
Poemas de Leandro Llull
Hace poco participé de un concurso de poesía organizado por
el Fondo Nacional de las Artes, vaya a saberse porque uno conserva ilusiones,
los poemas fueron leídos por Diana Bellesi, Laura Wittner y Fabian Casas, nada
menos, siempre pensé lo bueno que sería recibir una mención, para luego tratar de hilvanar desde una
periferia el resignado trance de quienes no ocuparán un lugar en la memoria, los hermosos perdedores de la
literatura, aquellos que escriben sin publicar, condenados a seguir siendo, subsumidos bajo los mendrugos del más absoluto de los anonimatos, la invisible entidad de los que callan.
Esto viene a cuento con los descubrimientos literarios que
cada tanto ocurren, mismo Borges alguna vez expresó, con motivo del enésimo
Nobel negado, que alguna vez le hubiera gustado ser descubierto, es un sentimiento invariable, que atraviesa el
anhelo de muchos escritores. El concurso lo ganó un interesante poeta, Leandro Llull, rosarino, nacido en 1983, quien alguna vez dijo: "Creo que
escribo por una incomodidad. Pero la incomodidad más grande está en la lengua,
por esa relación de prohibición y permiso para decir cosas. Leer y escribir es
algo cotidiando y tiene que ver con un deseo", un tipo que escribe
como si narrara lo detenido del tiempo, donde todo aquello que lo rodea cobra
sentido, donde parece haber al final de las palabras una tensión sin resolver,
como sea, bienvenidos sean los concursos cuando se hacen visibles los buenos
poetas.
A modo de posdata, Leandro Llull participó en el libro La
lengua en soledad, incluido en la obra colectiva Prueba de soledad
en el paisaje (Mansalva, 2011), aquel interesante proyecto denominado
Estación Pringles, diseñado en base a una idea de Juan L. Ortiz, basado en una
experiencia de creación poética en contrastación con la llanura pampeana, donde
cuatro jóvenes poetas convivieron durante cuatro semanas en el Espacio Quiñihual,
situado en un paraje rural a 550 km. de Buenos Aires. Entre esos 4 estaba
Leandro Llull, junto con el poeta mexicano Inti García Santamaría, el chileno
Christian Aedo y la argentina Valeria Meiller, aquí, tres poemas de aquel
libro:
EN EL CONFÍN un azul sin nubes
y tu pecho estremece
en pozo tan hondo.
Hay la espesura que le habla al alma
y el sol más lejos del día.
A las cosas,
. . . . . . . . . . ¿para qué mirar?
¿A qué abrir
abismos?
¿Por qué no
. . . . . . . . . . los ojos del cuis
cuando en dos patas se para
y hacia el cielo mira?
- - -
¿PUEDE EL GRITO DE LA TIJERETA
solitario cruzar el cielo
y tejer esta camisa en llamas
que arde en el pecho sin motivo?
Es tu corazón al acecho, los oídos de la liebre
que el paisaje te ha prestado,
la cacería del alma que lee
donde nunca nadie ha podido.
- - -
PENSAR QUE UN DÍA TODO ESTO ESTUVO EN OTRO LADO.
Entre dos manos
una alianza tramó el exterminio.
"Gran-Macá" le decían al hombre que defendió la
tierra.
Murió enrollado como un tatú
por aguantar el palo.
Hubo un tiempo en que se acariciaban los pastos
como el primer pelo en la cabeza de un niño.
Pensarlo ahora.
sábado, 25 de octubre de 2014
El problema del poema
El problema del poema.
Alguna vez concebí tal improperio
Instalar prerrogativas por disquisiciones prosaicas –aquellas rígidas estructuras–palabras eliminadas por
razones musicales o estéticas, acaso el horadar de lo mancillado,
Origen que antecede toda concepción.
Hurgar en los vericuetos –“técnica” que
consistía en fugar hacia una ruptura–
Tensar el poema, que es como decir “profanar los esquemas orgánicos de las disyuntivas”
He allí la ecuación, de la que solo se sale por un método de
hilación semántica.
Así, alguna vez advertí la invertebrada dicotomía, de un plano
apenas frecuentado.
Versos no alcanzados por la vana comprensión ¡ah! los
promontorios...
Todo era visible en el poema.
El cielo se podía hacer con algodones pegados sobre un fondo de
cartón celeste, la idea de horizonte no representaba ningún imponderable; no
poseía alambrados ni cercas mal pintadas.
Lo efímero del poema duró lo que un puente tarda en anudarse, una
caída de sol inclinando las violetas, me perdí en ese valle mientras las
respuestas estaban en otro lado.
Me acosté en la hierba, anclado en un bote apenas alcanzado por
las nubes.
Volví a cuestionarme la construcción.
El
problema del poema.
domingo, 19 de octubre de 2014
Proverbio
Cada tanto suelo caminar después del almuerzo, siguiendo el
perímetro de un alambrado que separa lo "rural" de lo
"urbano", nunca mejor planteada la división, de este lado un
complejo industrial, del otro el infinito campo, el pretexto es una excusa para
ver algunos árboles y dispersar los pensamientos. Ayer me detuvo la quietud de
un jornalero que parecía estar cavilando en el momento de planificar la
cosecha, estaba parado delante de una hilera de acelgas, pero algo en el
–hubiera sido pintado por Edvard Munch en su época– motivaba una angustia imposible de dimensionar, fue entonces que
imaginé el contexto, situándome en esa realidad y en ese tiempo, porque la
soledad de ese hombre era insospechable.
Tratemos de trasladarnos a esa disyuntiva, encorvados bajo el
sol en medio de un sendero seco, separando la maleza de las verduras, para de
pronto sentir que la felicidad puede no ser posible en ese contexto, los
kilómetros de silencio que separan a esa supuesta entidad de un semejante es
motivo suficiente para concebir la angustia de la otredad, el no tener a quien
recurrir bajo el anhelo de una respuesta, el perpetuo hacer desde un
plano invisible que el mundo siempre desconocerá, hasta que le sea
dado visitar lo ausente y lo callado. Creo que hay una verdad que soporta
cualquier eventual refutación, que nos hace miembros de la raza humana, fue
pronunciada por el personaje que encarnó a Christopher McCandless en la
película "Into the wild":
La felicidad solo es real cuando se comparte.
Parece algo simple de comprender, podríamos ver las
antiguas pinturas ruprestes que nuestros antepasados fijaron en las cuevas, y
por allí entenderíamos que lo creado tiene por destino ser compartido. Pensé en
el silencio –ese silencio rodeado de pájaros– y entendí que no alcanzaría para
hallar consuelo frente a una duda existencial, ataviada de aparente
sosiego espiritual. Acaso una idea por dirimir, desangelada y mínima, como una
hebra en medio de una ventisca, de ese hombre balbuceando hubiéramos, que
mirará en derredor escarbando hendiduras, resignado y taciturno, y si piensa en
algo sabrá que no podrá decirlo, y si resuelve algo nadie estará cerca para
darse cuenta.
Probablemente, al final de nuestros días (y hoy es un día
especial) nos acompañe una palabra, como proverbio entre los toscos
lienzos del camino vencido, mientras recogemos la magra cosecha del día
abundante, es entonces que descubro algo, mientras dejo que la vida me viva:
sábado, 11 de octubre de 2014
Desovillar la estructura
Es curioso, con respecto a la crítica literaria, como a veces el
carácter reflexivo de los críticos, que pretenden deconstruir la obra que
analizan, otorgan al poeta elementos estructurales a ser desovillados desde
sus propias escrituras, es lo que me ha ocurrido al leer algunas
argumentaciones en torno a la designación del nuevo Premio Nobel de Literatura, el
novelista francés Patrick Modiano. Se puede leer en el siguiente texto:
El desgarro primigenio del abandono y la ausencia. Alguien busca a
alguien o intenta recuperar sus huellas. Los detalles regresan a la memoria
desordenados, como la luz incierta de sus orígenes donde todo se derrumba y
vacila. El mismo libro escrito como fragmentos de un work in progress desde
diferentes ángulos, bajo el imperativo de las líneas de fuga y las brechas del
tiempo; variaciones de “baja intensidad” de conflictos latentes que se camuflan
en el ropaje de una cotidianidad a veces demasiado monótona. Una voz
inconfundible por su tono cauteloso, metamorfoseada narrador tras narrador, que
quiere reponer a las personas con las que se cruzó alguna vez en el camino y
que luego se extravían como un expediente policial...
La crítica de esta "prosa hipnótica" instala imágenes
desde concepciones oníricas ubicadas en planos apenas iluminados, podemos tomar
una frase y tensar las palabras, para que la "idea" se torne
estructura, mientras el poema discurre hacia su propio laberinto, nadie podría
siquiera suponer el origen de las "líneas de fuga", si lo
metamorfoseado es urdido en base a las variables correspondidas, si lo que se
extravía es el tono del contexto...
sábado, 4 de octubre de 2014
Agujero
¿que hay dentro del agujero?
¿la no materia?
¿como es que desde la más profunda disgregación
pueda albergarse tanta luz y tanto silencio?
así avanzamos a veces en espiral
cuando el poema no es más que un improperio.
Después de leer un artículo sobre un agujero negro...
¿la no materia?
¿como es que desde la más profunda disgregación
pueda albergarse tanta luz y tanto silencio?
así avanzamos a veces en espiral
cuando el poema no es más que un improperio.
Después de leer un artículo sobre un agujero negro...
viernes, 3 de octubre de 2014
El espantajo
Anduve por Mar de Ajó, pensando en esto que hago, ya pasaron 5 años y 5 meses desde que este personaje conceptual, que de algún modo me representa, ofrece divagaciones como quien comparte un vino con extraños, debajo de las estrellas.
Todavía no entiendo porqué lo hago.
Sé (o creo saber) que solo se trata de palabras, pero al irme de la orilla había dejado huellas detrás, mis propios pasos hundidos en la arena.
Es allí donde toda ontología pierde su entidad.
Todavía no entiendo porqué lo hago.
Sé (o creo saber) que solo se trata de palabras, pero al irme de la orilla había dejado huellas detrás, mis propios pasos hundidos en la arena.
Es allí donde toda ontología pierde su entidad.
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