viernes, 6 de julio de 2012

Hermosos perdedores

Ocurre siempre, o de tanto en tanto, suele resultar imperceptible a los ojos del mundo, un poeta que vive su vida taciturno, que escribe y guarda en un cajón lo que escribe, donde  eso que hace es un hilo precario que le permite encontrar una voz que clama en medio de lo cotidiano, su propia voz. Después, en una extraña red de vínculos y causalidades, conoce a alguien que a su vez conoce a otro que le avisa de un encuentro con hermosos perdedores de la literatura, el muchacho no tiene nada que perder, es oficinista, bebe como si se acabara el mundo y cada tanto dice un par de cosas ingeniosas, horas después intenta convencer al auditorio que no hay mejores películas que las de Jim Jarmusch, lleva unos poemas en un papel arrugado, los lee de un tirón, versos que parecen mendrugos, el hombre apenas puede sostenerse y hay quienes creen ver en ese acto una cifra del poeta desvariado arriando contra el mundo.


El anciano gastado de la última mesa levanta una ceja mientras no deja de beber su vaso, el poema es bueno piensa, pero eso no quitará que termine de vaciar lo que queda de esa botella blanca (se consuela con una anécdota, la de un violinista, considerado el más virtuoso del mundo, que ejecutó con su Stradivarius valuado en un millón de dólares la obra más compleja de la música clásica en un lugar infrecuente: el hall de entrada de la red de subterráneos más extensa y frecuentada de todo Nueva York, y al final del día solo había recibido 6 dólares en su gorra “el gran público no es receptivo a la belleza” se justificó), y a la vez él mismo formaba parte de aquel coro de indiferentes que no corría a vociferar que aquello era en verdad buena poesía, que de alguna manera todos temían el daño que como escritores estaban construyendo.

El poeta, tal vez borracho, partió sin saludar, la noche lo engulló, el alba llegaba con sus andrajos bermejos entre los vahos de las alcantarillas y las luces titilantes, en algún momento, entre claroscuros como manchas de tinta, un parroquiano notó la ausencia de la silla que siempre estuvo vacía, escribió la historia que acababa de presenciar, y la guardó en el bolsillo de su largo saco, “son los muertos que acaban de nacer” pensó, algo que valga la pena recordar por algún tiempo.

Suele ocurrir, casi siempre o de tanto en tanto, que tipos como estos terminan siendo personajes conceptuales de quienes los copiaron, y con los años, aquello que se conoce como “poemas reunidos” recogen las esquirlas de una obra mutilada, vaya a saberse con qué mirada, con que rostro difuso detrás de una hilera de botellas. 

sábado, 30 de junio de 2012

Desavenencias de un incomprendido


El poeta pensó que era un genio.

En algún momento creyó ver la arquitectura invisible de una construcción, y se extravió en los pormenores del poema, lo escrito lo engulló hacia un adentro que lo supo destinado a comprender todo esquema narrativo, la materia candente del cual estaba imbricada toda creación, porque intuyó (esto no podemos saberlo) que dichos algoritmos solo podían ser entendidos por pocas almas, y que el mundo ajeno, si no concebía apreciación alguna, estaba equivocado, limitando su juzgamiento al mínimo consuelo de percibir una suerte de musicalidad estética en el extraño poemario.

Puertas adentro, aquel niño-anciano era una leyenda, se cuidaba de no dejar marcas sobre los lugares que frecuentaba, porque asumía que algún día alguien diría “el estuvo aquí” y prefería entonces callar y proseguir, que a lo sumo se recordase la imagen de un caminante lleno de sombras, un andariego solitario, una figura siempre lejana, lidiando con el viento en el crepúsculo de su propio día. Un ausente de toda posible asociación, un balbuceo de una noche sin luna.
De ese hombre queda poco, algún que otro poema breve, alguna frase feliz, y una pretendida agudeza para opinar sobre asuntos que nunca llegaría a verbalizar en público.

Naderías…
Se trata, o se trató, al pasar de los años,
de naderías.
Pretendido barroquismo de quien no torna complejas las estructuras de su incompleto mecanismo.

A veces ocurre que las personas, llegando al ocaso de sus vidas, nunca terminan de comprender si, como dice Juan Forn en un artículo, dejaron de vivir su época para empezar a vivir en su mundo, eso algunos lo descubren tarde, otros simplemente no lo saben, o no les importa saber, si estando en alguna parte vivieron en realidad en su propio mundo, su propia caverna, su propia deidad, y entonces quedaron colgados del contexto que los demás construían acaso sin darse cuenta. Algunos fueron consecuentes con las circunstancias que sus acciones favorecieron, dejaron sin pretensiones el esbozo de una obra, nocturnos versos escritos con nerviosa caligrafía, anotaciones marginales, correcciones temblorosas, silencios recogidos de una mañana fría con un sol entibiando los cristales, la ocasional chimenea de sus días primeros y el humeante café, un cobertizo y un perchero, también una silla de mimbre.

Como se sabe, el mundo, testigo involuntario, nunca tiene la culpa. A lo sumo, el sol de aquella infancia, arrojó sus pájaros tardíos a un campo poblado de flores incompletas, cerrando un círculo sin componentes ni planos, como una esfera vacía de conceptos. 

De algún modo, aquellos poetas (agreguemos el plural), conservaron los manuscritos sin animarse a prenderlos fuego, tal vez porque esos poemas ocultaban verdades que algún día deberían desentrañar, tal vez porque las primeras palabras siempre son verdaderas, a pesar de su precariedad.

Yo una vez quemé la edición de un libro, precisamente el primero, recuerdo las circunstancias, había un balde de plástico, mi vida por entonces era un desasosiego sin parábola, había logrado escribir algo que parecía representarme, cierta idea de adolescencia frustrada y melancólica, “no quisiera que alguien lea esto dentro de algún tiempo” pensé, en realidad no recuerdo haber pensado esas palabras, como tampoco tuve necesidad de planificar que debía quedar o no de la obra, sentí que ciertos destinos debían cumplirse, y que si algún día alguien preguntase por aquella decisión, tener por argumento que es mejor recordar de ese modo aquellos poemas, dejarlos detenidos en aquel limbo, con aquellas cenizas. Después todo pasó como en una brevedad de siglos, el fuego y el humo del poema llenando la casa, una parte de la casa manchada de negro, de hollín y de soledad.

Años después escribí que mi primer libro estaba destinado a la música, yo era el cantante, había una pianista y una concepción barroca del alma, el tiempo me llevó a publicar un presuntuoso libro sobre el espíritu adolescente, en la portada había un niño parado en un rincón, esperando al padre, o a la madre, quien sabe…

Vaya a saberse también, si aquel poeta se creyó un genio, y no hizo otra cosa que vivir en su mundo, y dejar de vivir en su época.

Si...
tal vez así fue.

miércoles, 20 de junio de 2012

Sobre la oralidad de la poesía


Hay quienes pueden reconocer, con cierto júbilo solitario, un atisbo de belleza en un poema recitado, como si se tratara de un pequeño fulgor, un éxtasis en medio de lo cotidiano, extraña felicidad de una ceremonia tardía.

Esto suele ocurrir en presentaciones de libros, cuando el poeta recurre a la oralidad, y con tono propio logra desandar un camino en el que los oyentes simplemente se dejan llevar, ingresando juntos a una caverna, o cruzando un puente, desconociendo que vendrá después. También suele pasar en los rincones sórdidos de ciertas tertulias literarias, donde aún es frecuente el rito de los cadáveres exquisitos, allí suele haber fugaces pasillos de espejos deformes que podrían representar el almíbar derramado de un oscuro barroquismo, clamando por ser oídas sus endechas, apreciadas sus entelequias, analizadas sus aliteraciones. Pero es en los bares, en encuentro de poetas, donde uno espera en silencio la comunión de la palabra, y a veces lo que viene del otro lado hunde un puñal efímero en el lector-oyente, cuando el poema pasa de la escritura a ser re-significado en la voz del poeta, dejándolo ir, dejando que se transforme en otra cosa.

Suelo pensar en esto cada vez que escucho un poema recitado por el autor, sin tener conocimiento previo de la escritura.

En un evento literario, con vasos de vino en las mesas pintadas de verde, perdido en las volutas de humo y los gestos teatrales, todo poeta que tome un micrófono, si lo que ofrece es algo infrecuente y genuino, escuchará unos murmullos callados de aprobación, pero aún así sería inevitable desbrozar la pregunta fatídica: ¿Cómo analizar un poema oral? ¿Se puede captar el entramado de lo creado mientras alguien lee en un pequeño círculo?

Recuerdo una noche perdida en el tiempo, en un centro cultural porteño, cuando algunas mujeres, poetas ellas, teatralizaron sus textos como medusas quietas y volátiles, mientras afuera hacía frío y al terminar los parroquianos se iban para comer un locro con empanadas y cervezas.
Yo aquella vez me tomé el colectivo a casa, intenté recoger alguna frase, alguna evocación, vino a mi mente el instante en que una de las escritoras hizo una figura en el suelo mientras recitaba con su libro sostenido en una mano, parecía querer decirnos que el fuego del poema se estaba desvaneciendo, provocó aplausos mientras apurábamos el resto de una botella blanca, más tarde, mirando pasar las veloces calles nocturnas desde una fría ventanilla, no me pude acordar de aquel poema, me acordé del vestido de la mujer danzando en el suelo, me acordé de la mano que parecía oscilar mientras recitaba, eso era el poema.

Ojalá no vuelva a leer esos versos, prefiero dejarlo en aquel lugar, con aquella danza, mientras todo lo nuevo estaba por suceder.

viernes, 15 de junio de 2012

Sobre las revistas de poesía

He aquí algunas revistas de poesía argentinas, que las disfruten, a medida que vaya encontrando otras se irán agregando.

Diario de Poesía
Información literaria, entrevistas, sección de crítica literaria, ensayo sobre poesía y poetas sin límite de países, con buenas traducciones y semblanzas, cada número trae un dossier sobre un tema determinado, un clásico. Sale desde Julio de 1986, con  periodicidad cuatrimestral.

La única revista de poesía argentina, la página web ofrece atractivas estructuras: entrevistas, auto-lecturas, video poemas y performances.
En la sección de novedades se accede a varios espacios: lecturas en vivo, presentaciones de poetas (ambos con videos), y luego la sección "bibliográficos" con informaciones sobre libros recomendados y lanzamientos de nuevas publicaciones.

Bajo el lema de “poesía actual” aparece esta interesante propuesta con entrevistas, artículos, poemas y estudios críticos.

Revista de poesía que abarca la producción literaria tanto local como internacional, agregando con el tiempo otras disciplinas.

Revista ilustrada de poesía, tiene por intención publicar textos hace tiempo ausentes de las librerías, presentar poemas nuevos, circular ideas y estéticas diferentes, tarea que permite rescatar voces de la literatura universal, ofreciendo múltiples secciones al lector/visitante.

Revista que cuenta con muchos y destacados colaboradores, tiene varias secciones: temas (con interesantes ensayos), versiones, críticas y poesías.

Revista de poesía y arte, cuenta con presentación de libros, fotos y videos.

Revista de literatura, arte y poesía.

Revista de poesía surgida en los 80,en plena dictadura militar, representó un desafío a la censura y estableció un lugar de confluencia para múltiples poéticas experimentales.

Literatura y poesías, notas, artículos, críticas.

Revista de cultura y poesía, con una estética muy lograda, cuenta con interesante crítica literaria, artículos y notas.

Revista Fénix
Poesía y crítica. Interesante sitio con escrituras, poemas y traducciones.

Revista Atmósfera
Este sitio ofrece interesantes propuestas: notas, ensayos, artículos críticos, textos que atraviesan diversas disciplinas, dibujos, poemarios y una sección que se encarga de "rescatar emotivamente" revistas de poesía perdidas en el tiempo, para recomendar.

Revista NAN
Revista periodística de arte y cultura, incluye entrevistas a poetas y artistas, notas interesantes sobre bandas musicales desconocidas, con buenos enfoques críticos. Como dice en su presentación, se trata de un proyecto periodístico que buscan tres inclusiones: la de artistas, colectivos culturales e instituciones a la difusión de sus actividades; la de públicos al conocimiento y aprehensión de informaciones alternativas; y la de periodistas a la práctica profesional. Todo en la búsqueda de modos alternativos de plasmar la producción artística y cultural contemporánea, independiente, autogestiva y comunitaria.

Fijando vértigos
Revista de poesía a cargo de la poetisa Cristina Berbari, con citas de Rimbaud y Octavio Paz, ofrece acceso a poemas y poéticas.

Revista Pájaro
Según los autores, se trata de una publicación cultural de contenidos regionales y distribución gratuita, con salida bimestral. El sitio incluye acceso a programa radial propio "radio pájaro".

Proyecto VOX: arte + literatura
Sitio Web que ofrece acceso a variadas alternativas. La sección revista incluye poemarios, artículos críticos, reportajes, reflexiones, ilustraciones y serigrafías. El material es abundante y la estética muy cuidada. 

Los asesinos tímidos 
Revista de crítica y opinión literaria. Impecable presentación, incluye entrevistas, reseñas, recomendaciones. Ha sido premiada por el Fondo Nacional de las Artes como mejor revista vía Internet.

Revista ciento cincuento monos
Revista de literatura, arte y crítica.

Revista no retornable
Incluye traducciones hechas por poetas de poemas en lengua extranjera al castellano.

Revistas que no tienen sitio web:

Los rollos del mal muerto
”una revista incómoda”, su director, el poeta Daniel Música, falleció en 2009, la revista tenía una publicación semestral, desde el año 2002. Cada número se compone de 8 páginas o rollos de 32 x 90 cm.

Barataria
Revista de Poesía, de edición semestral, se edita desde 1993.

Música rara
Revista de poesía y aledaños.


Nota: muchas de estas publicaciones, como así también la imagen de esta entrada, aparecen reseñadas en el blog Las Insulas extrañas. Quien suscribe solo actualizó algunas informaciones y agregó otras.

viernes, 8 de junio de 2012

El nombre (segunda parte)

La vez pasada, un amigo me escribió con motivo de esta columna, tenía que ver con el nombre, aquello que con su firma rubrica el creador algo más que su obra, por alguna razón el asunto sigue dando vueltas, no se porqué el nombre de algún modo vulnera lo que uno es, tal vez porque se puede asociar con determinadas circunstancias del artista en algún momento de su vida, en que ya deja de ser el escritor, el músico, el pintor, para pasar a ser algo así como una entidad pública, un adjetivo o representación simbólica de algo que lo excede.
Yo sigo usando un pasamontañas cada vez que abro este blog, llegué a creer que de algún modo esa elección permite cierta libertad para crear, pero a la vez uno, la persona que uno es y que construye desde su lugar en el mundo, no termina de salir nunca al ruedo, es una sombra y quizás una idea, asociada a un conjunto de supuestos y de sospechas, de algún modo el nombre es la firma simbólica de aquello que construimos subjetivamente, permite asociar conceptos, relacionar estéticas con razonamientos y vaya a saberse que otra cosa, en algún momento creemos (y seguramente así sea) que lo único que tenemos y no pueden quitarnos, es el nombre, donde perpetuamos un todo que apenas es nada, incluso me ha pasado a veces, con los poetas que leo, intentar recrear la mirada del escritor en el momento en que escribió su poema, y a veces pienso que detrás del pasaje de una obra solo hay un hombre común, del que poco se sabe, porque vive su vida horizontal, y porque decide ser invisible, y eso tal vez sea un don. Ese escritor probablemente apenas comprenda lo que hace, y quizás tenga por única ilusión terminar el día de un modo apacible.

Hacemos asociaciones del nombre, y parecería que en el mismo momento ese nombre pierde toda sustancia, pasa a representar algo exiguo, desasociando la obra que lo acompaña, y hasta sea posible que la obra misma termine consustanciada con otro significado producto de haber poblado al nombre de arquetipos comunes y símbolos ligeros.

Esto va más allá de mi entendimiento.

sábado, 2 de junio de 2012

Debería estar leyendo...


Debería estar leyendo, pero ocupo un tiempo pensando de que materia está imbricada toda creación, si aquello en lo cual discurro tiene algún tipo de correlato con lo que pienso de la literatura, si el tono corresponde con la forma, con la narrativa cotidiana soslayada en perpetuos palimpsestos, socavando ulteriores construcciones que parecieran dirimir un estado de plenitud, ejecutando músicas extrañas, convocando viejos fantasmas, buscando la palabra o la quintaesencia de los sentidos, explorando desde la quietud y cierta perplejidad, cierto trato solemne con lo creado.

A veces creo que mutilar escrituras es inevitable, en el medio de todo ese vértigo corrijo, anulo voces, silencios, bloques de escrituras automáticas, luego bosquejo alguna fuga, a veces hacia atrás, a veces proyectando lo no ocurrido, como esas memorias que se construyen alterando los tiempos verbales, es entonces que pienso que todo blog es un espacio de encuentro, donde los libros referidos puedan alcanzar una utilidad social, una estética correspondida, articulada con múltiples espacios arborescentes.

A veces pienso en mi poesía, y no logro entender del todo si lo creado se corresponde con el plano que mi subconsciente instauró desde un principio, aquello que hago sin demasiado esperar, que tal vez represente una arquitectura, el divisar de un pequeño destello, encontrando un atisbo, o tal vez una anomalía, con la cual reparar el complejo ejercicio, habitando una idea, un fulgor, o algo que simplemente ocurre, y creo que es entonces la mejor parte del asunto, el vaso de vino en la mano mientras miro un pedazo de cielo nocturno, al fondo de mi casa, donde por razones cosmológicas que apenas entiendo, siempre aparece,  en alguna parte del patio, la luna de mi infancia.

lunes, 28 de mayo de 2012

"La poesía es una manera de vivir"


Bajo este lema se presentará Rodolfo Alonso en la Ciudad de Rosario el próximo viernes 15 de junio (19,30 hs, en el Teatro El Círculo, calle Laprida 1223), ofreciendo un recorrido sobre su reconocida experiencia como poeta, traductor y ensayista. Concluirá con una lectura de sus poemas.
La Asociación Cultural El Círculo, en el año de su centenario, continúa con el ciclo “POESÍA EN EL CÍRCULO” en la Sala Vila Ortiz, la presentación estará a cargo de Humberto Lobosco, coordina Héctor Berenguer, entrada libre y gratuita.

Por otra parte la editorial Ciudad Gótica, de Rosario, tiene en prensa una nueva antología de Rodolfo Alonso, bajo el sugestivo título de “Poesía inmediata”.

Para más datos ingresar al blog de este indeleble poeta, de paso transcribo unas elocuentes palabras del gran poeta brasileño Lêdo Ivo, que dimensionan la necesaria obra de Rodolfo Alonso, quien como se sabe ha formado parte de la Revista “Poesía Buenos Aires”, y que publicó más de 30 libros, incluyendo la traducción de grandes poetas como Pavese, Ungaretti, Éluard, Marguerite Duras, Montale, Drummond de Andrade, Prévert, Dino Campana, Artaud, Apollinaire, Pasolini, Baudelaire, Murilo Mendes, Bandeira, Rosalía de Castro, Valéry, Olavo Bilac, Mallarmé, André Breton, Lêdo Ivo y Schehadé entre otros.

Dijo el gran poeta brasileño Lêdo Ivo: “La evaluación del largo trayecto recorrido por Rodolfo Alonso en medio siglo conduce al lector a establecer la abolición del escenario histórico y cronológico, para que el trabajo poético de uno de los mayores poetas argentinos (y latinoamericanos) de nuestro tiempo pueda dejarse ver en toda su nitidez y en todo su misterio. En su condición de traductor o mejor, de Príncipe de los Traductores, que promovió la travesía lingüística de tantos nombres contundentes o eméritos participa, como co-autor o co-creador, de un proceso en que el trasplante de poemas extranjeros a su lengua corresponde a una verdadera recreación. Él les confiere una nueva respiración; un nuevo secreto. Les transfiere esa respiración viva y alentadora que sustenta sus propios versos.”

sábado, 26 de mayo de 2012

Versos gallegos...



            Qué mujer o niña
                         pasó...?
                             Pasó con unos ojos de algas que querían
                                            desprenderse de la profundidad
                       para flotar sobre la noche, sobre las vías de la noche?
    
                                             Y de dónde esos ojos?
Venían, ciertamente, de las “veigas” que los vieron 
                                                    mojar sombras de “paxariños”, 
                                                                              allá 
                                 y abrirles otras “follas” al rocío, 
                                                                           allá, 
                                                 entre pestañas de “herbiñas”? 
     
Pasó a través de la noche y bajó, ay, de la noche... 
      
                                   Sobre las vías del sueño, 
                                                           unas algas...

Dejó, pues, ella, los ojos, sobre las vías del sueño? 
     
                                                            Y qué hará, ella, por ahí,  
                                                                         qué hará,  
sin esas niñas, propiamente, de verdín, que le daban el agua,  
                                                                          y daban agua?  
      
O vendrá al sueño, vendrá, antes de que se sequen, ellas,  
                                                            sin el agua, ahora, de ella?  
      
                                                                      Niña o mujer...  
                                                                                 niña
  
que atravesó la noche y le abandonó para su viático  
                                                      unas algas de sueño   
                                           por las que teme, ya, el sueño...  
       
                                   Vendrá, ella, vendrá, antes de que las queme  
                                                            el mismo sueño?  
       
                                                                           Vendrá?  
    
Pasó a través de la noche...
Juan L. Ortíz

Como se ve, este poema, publicado originalmente en el libro “La orilla que se abisma” (1970), incluye unos versos en la misma lengua gallega en la cual, según refiere Rodolfo Alonso, cantaron hace siglos los indelebles trovadores galaico-portugueses.
Esta interrogación que Juan L. Ortiz hace en el poema despertó la curiosidad emotiva del autor de “el arte de callar”, quien precisamente tuvo una infancia bilingüe por ser descendiente de gallegos, y no deja de resultar llamativo que un poeta argentino utilice en un poema términos lingüísticos que se conservan desde la literatura española medieval.

Hace un tiempo, en el blog Diario crítico, Diego Bentivegna reflexionó sobre un hecho relativo, haciendo una defensa de la lengua de Galicia a través de sus trovadores y juglares, resaltando que fue precisamente “el gallego, durante el medioevo, la lengua de los trovadores, como el provenzal en el Sur de Francia o el siciliano de la corte de Federico II. Muchos de los poemas más hermosos de la literatura de la península ibérica fueron escritos en gallego, y en gallego están escritas las famosas cantigas de Alfonso el Sabio. Algunos de esos poemas fueron reunidos por F. L. Bernárdez en los años 40 en antologías publicadas por Losada, en un momento en que esos libros llegaban a todo el mundo de habla hispana…”
Incluso Bentivegna sugiere que “Sin los ejercicios líricos emprendidos en algún momento en gallego […] la idea misma de una literatura lusófona sería difícilmente pensable. Pessoa, por ejemplo. Así como Dante no puede pensarse sin la máquina lírica de las cortes meridionales, o Petrarca o Villon sin los provenzales…”

Vaya a saberse porqué ciertos pensadores pontifican un canon que excluye estas evidencias.

miércoles, 23 de mayo de 2012

La sandía y la poesía


He aquí una humana fruta, y dos poetas que se atrevieron a nombrarla, cada uno a su modo, tanto Cesar Mermet como Pablo Neruda la atravesaron con el filo de sus versos, profanando toda desnudez.
El poeta chileno ya se había hecho una pequeña interrogación en su libro de las preguntas:
¿De qué ríe la sandía cuando la están asesinando?, pero luego fue un poco más lejos y le dedicó una oda.

Personalmente me gustó más la versión de Mermet, explorando con todos los sentidos los pormenores de una fruta que pareció extasiarlo, mientras cortaba con el cuchillo “el cerrado universo en dos mitades”.
Se trata de un poema extenso, y pareciera que estuviera lleno de sol cuando lo escribió.

En ambos poetas se intuye una coincidencia: el acto de comer la sandía como profanándola. Mermet escribe “A la orilla del río, toda la boca sangra pálida, sumergida en las barcas de la sandía como en la intimidad de una mujer ligera”, mientras que Neruda declama “Oh pura, en tu abundancia se deshacen rubíes y uno quisiera morderte hundiendo en ti la cara, el pelo, el alma!...

Que lo disfruten.

La sandía, de Cesar Mermet

Flota en el río
a la hora ancha en que el agua
se abandona a su fuerza elástica, plácida,
y sus músculos líquidos ondean a compás perezoso,
ablandando la luz, balanceando la apaciguada luz,
atleta ardiente abandonado de espaldas
en la extensión verde y parda del rumor del río.

Flota, huevo de tigre de agua dulce, verde viril moteado.
Salta a unas manos muy amantes, cae a blanca acogida,
en peso profundísimo, liviano y denso y pleno,
cae a las manos atardecidas.

Ahora el cuchillo hinca y rasga su sonido
que su cuerpo virgen absorbe con serena aceptación;
una breve pirámide es primicia, sale, ilumina el aire tardío.

La hoja de acero sangra un transparente rojo pálido
y con pureza, decisión y designio y equidad,
corta el cerrado universo en dos mitades.

Es el verano,
el verano se hace visible,
en el póstumo instante del sol la sandía se revela, abierta
en dos, cargadas barcas de delicia liviana.

Aquí está el corazón del calor
contrarrestando el peso acumulado del sol en las barrancas,
el malhumor, la agresión sumada, el rencoroso
calor de la seca greda craquelada,
el vaho de las orillas, el espíritu del fuego avieso y ciego,
y el oprobio, el bochorno,
la espesura vaporosa y confusa traspasando la tierra,
cancelado, abolido por la escarcha graciosa de la sandía.

Se ve que es fiesta,
sacralidad alegre,
exaltación del rojo construido en rumor frágil,
cuando se entrega como dicha y gratitud
y prodigio fluido y traslúcido
que no exige reflexión al paladar, festiva fruta casi frívola.

Moteada, sembrada de encargos deslizados, no cargosos,
la sandía es dispendiosa de semillas,
juega, derrama, munificencia pueril y silabeo excedido y salivada siembra,
soplada por las comisuras del que oficia y muerde pero no mastica,
porque ese fruto gigante es sortilegio,
se deshace en entrega conjugada, jugosa, generosa, desapareciendo
en agua roja y en frescura rápida, dulce, como el destello del verano
absolviendo a la lengua.

El corazón es fervoroso,
el corazón de la sandía es más prieto y constituido en otro rojo adulto
entre tanta niñez iluminada y cristalitos que licúan y desaparecen,
el corazón es la hostia púrpura y pagana y cruje más oscuramente
y la boca diferencia el mensaje consagrado.

A la orilla del río, toda la boca sangra pálida,
sumergida en las barcas de la sandía como en la intimidad de una mujer ligera.

Y ahora las dos naves griegas, despojadas,
navegan épicas, danzando majestuosamente;
y alucinados ojos, alumbrados desde la dicha infantil de la boca,
miran la noche comer mansa en la mano de los boteros,
despojándose de su estofa caliente, asomando sus estrellas refrescantes.

La sandía es sencillez,
sortilegio sencillo y natural
para vivir de una manera espaciosa y serena y confiada,
para hombres que fueron suficientemente niños y arcaicos,
como para gozarla.
La sandía es un encargo, una señal jugosa, un recuerdo del paraíso
para que volviendo de nadar,
o de remar en canoas con húmedo olor a mujer,
el hombre asuma su premio y su dicha.

Los que están percutiéndola ahora mismo, escuchándola junto al oído,
no están por alimentarse ni solamente por beber.
Los que percuten con sonrisa reflexiva adivinando con los ojos en el río,
los que levantan las flotantes ballenas fluviales
y bañándose el hombro percuten en su noche prometida,
remontan diapasón, se entonan, se serenan como comulgantes;
la puñalada abrirá pronto el dulce y frío incendio nupcial
de su plétora aérea y de su muda epifanía,
en consonancia deliciosa con las estrellas que caen al río.

Oda a la sandía, de Pablo Neruda

El árbol del verano
intenso,
invulnerable,
es todo cielo azul,
sol amarillo,
cansancio a goterones,
es una espada
sobre los caminos,
un zapato quemado
en las ciudades:
la claridad, el mundo
nos agobian,
nos pegan en los ojos
con polvareda,
con súbitos golpes de oro,
nos acosan
los pies
eon espinitas,
con piedras calurosas,
y la boca
sufre
más que todos los dedos:
tienen sed
la garganta,
la dentadura,
los labios y la lengua:
queremos
beber las cataratas,
la noche azul,
el polo,
y entonces
cruza el cielo
el más fresco de todos
los planetas,
la redonda, suprema
y celestial sandía.
Es la fruta del árbol de la sed.
Es la ballena verde del verano.

El universo seco
de pronto
tachonado
por este firmamento de frescura
deja caer
la fruta
rebosante:
se abren sus hemisferios
mostrando una bandera
verde, blanca, escarlata
que se disuelve
en cascada, en azúcar,
¡en delicia!

¡Cofre de agua, plácida
reina
de la frutería,
bodega
de la profundidad, luna
terrestre!
¡Oh pura,
en tu abundancia
se deshacen rubíes
y uno
quisiera
morderte
hundiendo
en ti
la cara,
el pelo,
el alma!
Te divisamos
en la sed
como
mina o montaña
de espléndido alimento,
pero te conviertes
entre la dentadura y el deseo
en sólo
fresca luz
que se deslie,
en manantial
que nos tocó
cantando.
Y así
no pesas,
sólo
pasas
y tu gran corazón de brasa fría
se convirtió en el agua
de una gota.

sábado, 19 de mayo de 2012

Lunfardo y poesía


Se recomienda la lectura de este texto de RodolfoAlonso sobre el lunfardo en la poesía, permite un feliz acercamiento a un tema que puede ser analizado desde un contexto social y cultural de los argentinos, vinculando el tango y la vida de los conventillos de principios de siglo XX, el mundo de los inmigrantes y la literatura marginal, pequeños retazos de un dialecto nacido en prisión y condenado con el tiempo a ser una expresión de minorías.

Según Ernesto Sábato, el tango nació de un irremediable desconsuelo, sus canciones enmarcarían las tristes despedidas de las familias en los puertos, sabiendo íntimamente que muchos de ellos nunca volverían a verse, fue precisamente el bandoneón el instrumento que acuñó con sonidos indelebles el sentir del desarraigo y la partida de aquellos barcos. Un artefacto que desde su nacimiento acompañó el folclore de los pueblos germánicos, empleado posteriormente por los servicios luteranos para exaltar la fe en las congregaciones religiosas. Se podría decir que este instrumento tendría sentido tanto para una boda como para un funeral.
Cuenta la leyenda (o el mito) que un marinero alemán tuvo que haberlo traído en algún barco, vaya a saberse que provocó, que cuerda interna hizo vibrar, en el entorno de quienes escucharon por primera vez esos extraños sonidos, lo cierto es que en estas tierras encontró su sentido, su destino, su paradigma…
Para Enrique Santos Discépolo, acaso su máximo creador, el tango era un pensamiento triste que se baila…”, y el lunfardo, tal vez un modo de nombrar lo que se piensa…

Probablemente sea cierto cuando Rodolfo Alonso dice que “Se acude a la negación o la nostalgia, para elaborar la frustración”. Al final del texto, el autor se pregunta lo siguiente:
¿Podrán (pudieron) las Academias, sean las que sean, mantener viva a alguna lengua que murió? Trasladaría la pregunta a todos aquellos esfuerzos por mantener vitales algunas de las innumerables lenguas indígenas que se perdieron en el decurso de los tiempos, el listado es enorme, solo en Argentina lenguas y dialectos aborígenes como las de kunza, cacán, allentiac, millcayac, abipón, mbya, charrúa, chaná, selk'nam, haush, menek'enk, gununa kune, teush y yagán ya no se hablan, ni se comparten, ni se estudian…pera esa es otra historia.

He aquí la vida, pasión y trance del lunfardo, de Rodolfo Alonso.

Los compadritos de Borges nunca hablaron lunfardo. Por eso, quizás, o pese a eso, se volvieron universalmente prototípicos, convertidos en "la secta del cuchillo y del coraje", pero piadosamente mudos, lo que es otra forma de ocultar su origen. El lunfardo argentino -o más bien porteño-, como tantos, nació en prisión: dialecto de la gente del hampa para ocultarse del atento oído de la policía. Esa prosapia lo hace nuestra picaresca, y aunque suele adoptar tintes sombríos, relumbra a veces con sutil humor.

Aquella intención se confirma en otras variantes, como el "vesre" o el "jeringoso", que convivieron y se integran, desde la gran corriente viva del lunfardo, con nuestra habla popular. A diferencia de la gauchesca, que compitió con ella por la representación nacional, y que no fue fruto de nuestros paisanos sino de gente letrada, el origen de la poesía en lunfardo es directamente de sus protagonistas.

Como le ocurrió al tango, otra expresión afín, hay un momento en que lo "lunfa" convive con la gauchesca, y aun en la misma persona, como esos célebres payadores criollos que, para cantar en ciudad, cambiaban de lenguaje pero no de instrumento.

Toda lengua es legítima, hasta por su uso. Y puede aspirar a esa "gloria de la lengua" que, cuando el latín reinaba, Dante supo ver en el "vulgar ilustre", la lengua cotidiana llevada a su esplendor. Para nuestro lunfardo, eso comienza a concretarse con algunos textos. Me refiero al indeleble Batiendo el justo, de Felipe Fernández (Yacaré) o, en ese libro consular que fue La crencha engrasada, de Carlos de la Púa -otro seudónimo del Malevo Muñoz, escribano de La Plata-, un poema tan logrado y tocante como Hermano chorro. Me refiero asimismo, ya en nuestro tango, al donaire de Celedonio Flores (también con libro: Chapaleando barro) y al genio de Cadícamo y Discépolo, de Manzi y Expósito. ¿Dónde, sino en el tango, íbamos a tener dos Homeros, un Cátulo y un Virgilio? Como suele ocurrir, los inicios cambian su sentido, y así Gandolfi Herrero y Álvaro Yunque modifican el primitivo enfoque carcelario para darle voz a los humildes, sí, pero trabajadores e, incluso, combativos.

Algo pasó en Argentina, allá entre el 40 y el 50. Algo se quebró, y sería largo hurgar las razones. Digamos que el tango -y con él lo lunfardo- desaparece prácticamente de la memoria y la escena nacional, tocándole desde entonces, a quien pretendía representarlo todo, sentirse expresión de minorías. Herido de muerte por el rock, como el gran jazz, fue a naufragar ineludiblemente en la vocinglera sociedad del espectáculo.

Se acude a la negación o la nostalgia, para elaborar la frustración. En arte, ambos momentos podrían ser productivos. Así vimos florecer nuevos cultores del lunfardo. Algunos, poetas ya formados, como el inefable Daniel Giribaldi, autor de los milagrosos Sonetos mugres, o Nydia Cuniberti, cuidadosa artesana. Sin olvidar al digno Héctor Negro o el probado talento de Eladia Blázquez. Con ellos podría cerrar estos atisbos. De no ser por esa rara irrupción de una Academia Porteña del Lunfardo, que sin duda hubiera sido llamativa para los pioneros del origen. Y que nos lleva a otra cuestión. ¿Podrán (pudieron) las Academias, sean las que sean, mantener viva a alguna lengua que murió?

sábado, 12 de mayo de 2012

A propósito de los poetas místicos


Leña húmeda de los crepúsculos eternos
El dolor es un agua que no se pierde,
Pero nosotros nos hemos perdido
Como un gran tonel
De contratiempos sordos, fijos, duros...

Jacobo Fijman

Se suelen minimizar ciertas obras en las cuales su creador pasó por algún tipo de proceso traumático, habiendo padecido probablemente un estado de éxtasis místico, derivando en una prolongada internación, o alcanzando un grado de locura tal, que la obra se “despegó” de su persona, centrada disociadamente en su cerebro, aislado de toda lógica o razón, y entonces ocurre que la obra, la extraña y desvariada obra, se considera de otra manera, el acercamiento es como un campo minado por preconceptos, en ocasiones extendiendo un paralelo entre un estilo literario y la actividad neuronal registrada en el hemisferio izquierdo del cerebro, hay muchos casos con sus variables a cuestas, algunos reconocidos por su talento (Jacobo Figman, que anduvo por el Borda, Héctor Viel Temperley, operado de la cabeza), otros perdidos en la vorágine de los infrecuentados laberintos, porque lo cierto es que más allá de todo desvarío, en algún momento los autores deben escribir todo eso que les pasa por la mente, y esto no significa que toda escritura nacida de dicho limbo asegure un tránsito feliz hacia la buena literatura. La cuestión es entender cuando, un hecho místico que “atraviesa la carne” del escritor, va vertebrando los pormenores de una creación, logrando representar un plano, encontrando un tono, ya sea desde contextos religiosos o a través del consumo de drogas o alcohol, que devienen en experiencias que traspasan los sentidos hasta trastocarlos, naciendo con el intento un conjunto de poemas que de alguna forma dan cuenta de la locura, la describen, la comprenden tal vez sin entender, o la entienden tal vez sin comprender.

Recuerdo un amigo de la infancia, en un aula de la primaria se hizo llamar “el Rey David”, físicamente se parece a Rimbaud, pero al Rimbaud de los desiertos africanos, el de la cara desahuciada y los pómulos hundidos, aquel Rimbaud de los pelos encanecidos y la mirada ausente, entrábamos juntos al jardín de infantes, callados, con el guardapolvos planchado, con el tiempo el bíblico personaje se apartó del mundo y creó su propio universo, y probablemente se asombró de lo que veía, y algo en su cerebro dejó de estar, y es hoy que su casa parece tomada (a veces la cierra con una tranca de madera, ni cerradura tiene), una vez entré a lo que era su hogar luego de 20 años de no hacerlo, cuando éramos chicos íbamos con linternas al jardín a ver los insectos y los sapos, le gustaba la botánica, incluso tomaba notas de lo que veía, pero después de tanto tiempo el jardín estaba abandonado, me mostró un armario viejo donde guardaba unos hongos que parecían humanos, algunos se extendían como una enredadera desde una percha de madera hasta casi tocar el suelo, y luego una especie de miel que el mismo elaboraba, y que guardaba en un pote gigante, todo eso eran los nutrientes que consumía, los muebles corridos de lugar y la casa apagada daban toda la sensación de un outsider desconectado sin ningún tipo de comprensión por el paso del tiempo, todavía recuerdo lo abandonado de su cocina, donde solo encendía las hornallas para no pasar frío, aquella tarde terminamos en la terraza fumando en silencio, yo había comprado vino que fue a parar a un botellón de plástico, en ese momento pensé que nunca había subido a esa terraza, desde ahí avizoraba los postes telefónicos y los pájaros que pasaban raudos entre la copa de los árboles, todo se veía distinto, pero me acuerdo que un buen día el Rey David apareció con una libreta con anotaciones ilegibles, nunca conocí escritura tan indescifrable, sin embargo me bastó para darme cuenta que había algo intrincado ahí, esquirlas de poemas, escrituras automáticas, visiones, delirios, pesadillas. Yo creo que es un genio, algún día cuando alguien rescate esa libreta (si es que no la pierde o la tira por error a la basura) y se pueda leer con ayuda de algún experto en jeroglíficos esos poemas, probablemente podamos ofrecer un nuevo ejemplo de misticismo y locura en la literatura, pero por ahora, David es una especie de fantasma visible que sin saberlo va construyendo su propio mito, y esos trazos imposibles que parecen letras, lo dejan desnudo frente a la realidad, y está desnudo ante ella, y a la vez no lo está.

Decía Jacobo Fijman en unos versos:

¡Los fuegos fatuos!
¡Quebrantaré la vida por mi vida
por el imposible contacto de la eternidad!

Pasos furtivos
En el hueco de mi ser;
Yo soy el prometido, el anunciado.

Revolotear de músicas celestes...

Bibliografía consultada: Fijman, poeta entre dos vidas / Juan Jacobo Bajarlía. Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 1992.

sábado, 5 de mayo de 2012

En este mismo momento

En este mismo momento, mientras escribo en el blog, un taxi recorre las nocturnas calles de New York, tiene los vidrios empañados, el chofer parece dormido.

En estos momentos, una hilandera en Calcuta va tejiendo, mientras el sol se filtra efímero entre las cestas de tomates y los charcos de agua negruzca.

En este mismo momento, en Barcelona, unos chinos empiezan a coser en silencio, en un rincón se siente olor a café.

En Medellín, a estas horas, un linyera canta incomprensiblemente un tango.

Bailan niñas en una favela de Río, la madre de una de ellas no sabe que cocinará hoy, mira el plato de hojalata que un perro acaba de lamer.

En este mismo momento, un anciano panameño conduce un micro lleno de turistas por el barrio donde nació Mano de Piedra, los turistas miran el barrio con temor, el chofer piensa que su vida no es tan simple como parece.

El mozo del bar la Margarita sirve en este mismo momento un mojito de esos que bebió Hemingway, pasa un auto viejo cuyo resplandor ilumina el rostro del Che.

En este momento, en Chad, bajo el puente del río Bragoto, un niño descalzo lleva en sus hombros una tinaja con agua.

Un elefante se pudre en el delta del okavango, las moscas revolotean sobre los invisibles colmillos, el silencio parece amarillo.

En este mismo momento, las puertas del museo de Reykiavik, en Islandia, se cierran una vez más, hasta el otro día. Afuera la blancura es insoportable.

Bajo el alero de una pagoda de un monasterio budista en Myanmar, en este momento un niño birmano recibe monedas europeas bajo un sol impiadoso.

En la Catedral de San Basilio, plena Rusia, un anciano enfoca el lente hacia las cúpulas, mientras una paloma blanca lo distrae. Alrededor hay turistas sin nombre ni pasado.

En este mismo momento, a dos cuadras de la Biblioteca de Irak, un hombre sin alas recoge de una bolsa pedazos de papel de un libro mutilado.

En este mismo momento, en el medio de toda China, un anciano circunspecto mira detenido las flores de un ciruelo. Parece escudriñar el tiempo, en todo el cielo no hay un solo pájaro.

Rodeado de las altas estepas del desierto de Gobi, un hombre de cara angulosa prepara un te de menta. Por su aspecto, parece que guardó un prolongado silencio. Enciende lentamente un fuego.

En este momento, en la Coruña, un niño arroja una piedra a un silo sin maíz.

En este mismo momento, algunos hombres se sumergen en las cálidas aguas de Playa Blanca, buscan corales para vender, las palmeras parecen tocar la arena, el sol todo lo entibia.

En este mismo momento, mientras escribo en el blog, lleno mi vaso de vino con cuidado, a lo lejos se escuchan ladridos, y un auto sin ruedas acaba de pasar.

domingo, 29 de abril de 2012

Platón y la escritura

Pues bien, oí decir que vivió en Egipto en los alrededores de Naucratis uno de los antiguos dioses del país, aquél a quien le está consagrado el pájaro que llaman Ibis. Su nombre es Theuth y fue el primero en descubrir no sólo el número y el cálculo, sino la geometría y la astronomía, el juego de damas y los dados, y también las letras. Reinaba entonces en todo Egipto Thamus, que vivía en esa gran ciudad del alto país a la que llaman los griegos la Tebas egipcia, así como a Thamus le llaman Ammón. Theuth fue a verle y, mostrándole sus artes, le dijo que debían ser entregadas al resto de los egipcios. Preguntóle entonces Thamus cuáles eran las ventajas que tenía cada una y, según se las iba exponiendo aquél, reprochaba o alababa lo que en la exposición le parecía que estaba mal o bien. Muchas fueron las observaciones que en uno y en otro sentido, según se cuenta, hizo Thamus a propósito de cada arte, y sería muy largo el referirlas. Pero una vez que hubo llegado a la escritura, dijo Theuth: “Este conocimiento, oh rey, hará más sabios a los egipcios y aumentará su memoria”. Y aquél replicó: “Oh, Theuth, excelso inventor de artes, unos son capaces de dar el ser a los inventos del arte, y otros de discernir en qué medida son ventajosos o perjudiciales para quienes van a hacer uso de ellos. Y ahora tú, como padre que eres de las letras, dijiste por cariño a ellas el efecto contrario al que producen. Pues este invento dará origen en las almas de quienes lo aprendan al olvido, por descuido del cultivo de la memoria, ya que los hombres, por culpa de su confianza en la escritura, serán traídos al recuerdo desde fuera, por unos caracteres ajenos a ellos, no desde dentro, por su propio esfuerzo. Así que, no es un remedio para la memoria, sino para suscitar el recuerdo lo que es tu invento. Apariencia de sabiduría y no sabiduría verdadera procuras a tus discípulos. Pues habiendo oído hablar de muchas cosas sin instrucción, darán la impresión de conocer muchas cosas, a pesar de ser en su mayoría unos perfectos ignorantes, y serán fastidiosos de tratar, al haberse convertido, en vez de en sabios, en hombres con presunción de serlo.

Mediante un antiguo mito egipcio, referido en su diálogo Fedro 274c-275a, (que trata sustancialmente sobre el arte de componer discursos) Platón (ca. 428-347 a. C.), en boca de Sócrates, rechaza el invento de la escritura con el convencimiento de que lo transmitido oralmente es beneficioso para el ejercicio de la memoria, mientras que el conocimiento trascripto en caracteres gráficos presagiaba una pérdida definitiva de esta virtud.

Una virtud que desestimamos de las culturas indígenas, cuyos chamanes aún conservan en la memoria antiguas prácticas, conocimientos medicinales, mitos y leyendas, sin necesidad de resguardar el saber en algún tipo de soporte.

Pero bien, Platón, al recoger el mito, no rechaza el valor de la escritura sino más bien advierte de que esta herramienta, si no se plantea al servicio del conocimiento, no sirve para nada.
Podríamos extender a nuestros días estas disyuntivas del filósofo, mucha gente posee destrezas en el campo de las innovaciones tecnológicas, pero no suelen saber como aplicar ese conocimiento, para qué, la cuestión técnica no va acompañada de un carácter filosófico que debería existir en toda disciplina, generalmente no nos detenemos a pensar esto, no forma parte del devenir existencialista de nuestro tiempo, saber hacia donde nos llevarán estas cosas.

Platón temió en aquel hombre la lenta irrupción de la presuntuosidad en el saber, y de algún modo se encargó de demostrarlo en algunos de sus diálogos.
Sin embargo, de no haber sido por la escritura, probablemente Sócrates no hubiera existido para la raza humana más que para sus congéneres.
Sócrates, quien como Jesús, nunca se le conoció escritura alguna de su pensamiento (cuanto daríamos por saber que escribió el nazareno en la tierra, antes de borrarlo con su propia mano), construyó un modo de entender la filosofía desde la comunicación oral de sus ideas.

Un amigo considera que “hoy por hoy, plantear una oposición entre escritura y oralidad, seria establecer un falso dilema”.

Yo creo que los blogs de poesía deberían recuperar la voz del poema, en boca de los poetas,  eso que estuvo antes, en discos, en encuentros literarios, en programas de radio, recitando, improvisando, actuando...

Eso que estuvo siempre.

viernes, 27 de abril de 2012

Sobre escrituras y bitácoras


Me suele interesar, al frecuentar blogs de escritores, cuando el autor se abre camino a través de los estudios y ensayos sobre literatura, me importa todo, las críticas de libros, las semblanzas, las teorías literarias, las elucubraciones, las entrevistas.
Algo de todo eso hay en el blog de Florencia Abbate (narradora, poeta, ensayista), particularmente disfruté mucho los artículos sobre Rimbaud y Baudelaire.

Probablemente el blog permita, como formato o tal vez como idea, vertebrar diferentes esquemas narrativos desde una transversal usina creadora, sin perder coherencia y sentido al hacerlo. Un espacio donde los manuscritos encuentran una suerte de laboratorio donde poder exponer sin culpa la fragmentada obra. Nada de eso tiene porqué llegar al libro, después de todo es un punto de encuentro, donde las escrituras atraviesan diversos procesos creativos, y consecuentes puntos de fuga, arrojados a una esfera pública, siempre selvática, siempre candente, allí donde ocasionales lectores fluctúan en medio de lo que encuentran.

sábado, 21 de abril de 2012

El nombre

 
Este texto de Pedro Mairal removió algunas inquietudes que espero desbrozar con el intento. Por un lado siempre tuve la tentación de darme a conocer, construir un nombre y poblarlo de cifras, de contenido simbólico, de sentido ético. Sé que tarde o temprano eso algún día ocurrirá, no es algo que me preocupe.
Pero por alguna razón preferí el pasamontañas, ser un perfecto anónimo, quizás para que los lectores se acercaran por la simple escritura, y no por el nombre. Provocar interés en el bosquejo de ideas, reflexiones, pensamientos, y no por la información de saber quien soy, que libros escribí, que círculos frecuenté.

Así las cosas, corro el riesgo de quedar atado a una sombra. Me inquieta saber que quienes se acercan lo hacen por el nombre, y no por lo que el autor esté intentando construir en un espacio determinado. Les preguntaría a los escritores como lograron sobrellevar ese condicionamiento. Porque de alguna manera el nombre condiciona lo que viene detrás, se adscribe o se refuta lo que tiene cuerpo, esencia, sentido de pertenencia. Es verdad que la obra no existe por sí misma, primero está el autor, y me pregunto si, a base de participaciones, un autor sin obra no hace igualmente un nombre. Seguir lo que dice alguien que apenas sabemos quien es, defender su seudónimo en un debate, sumarle voces al coro infernal de sus proyecciones fulgurantes.

Si al final del texto no se firmara el nombre, le cabría al lector suponer la autoría, en un ejercicio incierto donde se cifra el contenido estético de una forma de pensamiento, y si los tiestos de esa idea provocan advenimientos futuros en espacios casuales, se tendría que examinar hasta donde un concepto se construye con cimientos anónimos que otros recogieron, dejando vacante la idea de aseverar quien ha proferido los vectores de dicho diagrama.

Pero como se ve, ese es otro problema, y ahora vuelvo a mi invisible discordia.