sábado, 17 de abril de 2010

Los tiestos de la razón


Buscamos en la interioridad los mendrugos de nuestra inconciencia, para luego ofrecer bosquejos de una subjetividad carcomida por los lobos del poema. Luego, lo visto, resignifica la parca tesitura, tiestos conjurados donde se repliegan los tiestos de la razón.
Todo esto lo ofrece el poeta, en la mesa de los humanos títeres.
Ellos aplauden, hacen de cuenta que entienden, beben taciturnamente un vino fuerte, se saben fuera del engranaje y parte del tiempo, después se irán a caminar en sus cornisas, a ser otros.
El poeta calla, lo que escribe parece un viento que no nace, arrastra consigo la reiterada quejumbre, la noche donde se guarda lo musitado, la noche que a todos pertenece. Pena que habremos de habitar.

domingo, 11 de abril de 2010

El deleznable almíbar...

Aunque lo intente, este lord noble y relamido, quien levanta su pluma, vehemente, creyendo que puede escribir…No puede, pues ¿quién escribe bien cuando está aburrido?. La mente ociosa solo puede ser trivial. Este fino caballero, quien levanta débilmente su espada contra su inevitable fracaso en infructuosa estocada, es frustrado por lo que su noble cuna provee sin restricciones: perros, perros, más perros y demasiadas habitaciones. Así que la fortuna les sonríe a quienes de la tierra se han apropiado, y desaprueba las trivialidades de mano de un aficionado

                                                                                  De “Orlando” (1995)

En esta escena de la película, el poeta deja al descubierto el deleznable almíbar (en la figura de Orlando) que suele escurrirse de aquellos que “escriben”, mientras hablan en una mesa frutal de lo “excelso” de la poesía broncínea. Escuché alguna vez charlas semejantes, “poemas” en la línea de “espero que mueras mil muertes” y cosas por el estilo. Hasta que alguien –el tiempo tal vez– le arroja la escupida que debería encerrar su ego en un cajón (el que esto escribe recuerda la cinematográfica meada de Rimbaud a un poeta insulsamente romántico). Sin embargo, algunos resisten los embates, y persisten en la reiterativa aventura de la escritura significativa.

Otros se convierten en críticos literarios (feroz el ejemplo en el cuento La Luna roja, de Roberto Arlt), para sentir el placer de destrozar cada obra que llegue a su escritorio, con el fin de dinamitar todos los cerebros que osen convertirse en escritores.

Algunos simplemente no se dan cuenta…


domingo, 4 de abril de 2010

A veces...

A veces no entiendo por qué persisto, porqué dedicar un mínimo tiempo a las encrucijadas deshabitadas por la razón, porque quedarse después quieto, hasta otra inercia arrojando muérdagos hacia lo que emerge, porqué este porqué, y hasta cuándo.

No hago de este texto una melancólica abulia intentando preconizar sobre lo que se aprecia, no pretendo eso.

Pienso en la inutilidad de tanta escritura, que en los blogs a veces se encuentran mirillas desde donde observar un mundo detrás de las cosas, pero lo que sigue después es una lenta declinación de las ideas y es entendible, la producción es abrumadora, no nos podemos detener, y si algo significa algo, el tiempo se encarga de poner cal a la peligrosa significación, y la significación se olvida, se desestima casi automáticamente, y volver a intentar un darse cuenta, un valer la pena…

La bipolaridad puede aquietar lo agitado del intelecto, a la vez trauma desde su vértigo, desasocia lo hallado, desintegra desde los lentos engranajes del tiempo, donde nos tornamos poleas mecánicas construyendo movimientos ajenos, nos osificamos, somos como muñones de carne y acero, y nos habituamos a estar dormidos con los ojos abiertos. Tiempo después, estamos institucionalizados con la idea de aceptar nuestras limitaciones. Entonces la quietud, la atroz y banal quietud, y los versos que representan lo apagado de nuestra condición, como un tránsito lateral hacia un horizonte purpúreo.

Sigo insistiendo cuando tengo en claro que esto no se trata de insistir, “esto” es preexistente a la tarea de otorgar significado, escribimos brevemente sobre lo escueto y acontecido del devenir de la escritura, y ese instante, alumbrado con precariedades, sin explicación aparente, en que nace lo que nace, termina arrancando lo candente de nuestro inconsciente acto, para saciarnos con mendrugos y darnos cuenta que no se trata de darse cuenta, de que no hay razones para persistir, que todo esto no es más que escritura, nada más efímero y disoluto y aparente, nada que no hayamos visto antes.


viernes, 2 de abril de 2010

El atavío de las ideas


Alguien enciende una computadora nocturna, bebe un trago blanco, acaso sin saberlo buscará configurar una tesitura que tendrá partículas de una entidad subjetiva, impertérrita, absorta, callada, la suya propia…
Entonces buscará espejos bajo los cuales verse reflejado, bastarán unas pocas escrituras arrojadas a una pantalla, por algún desconocido, para saberse conjeturado en prosa ajena. Bastará incluso el encantamiento de un seudónimo para ingresar a un espacio sin contraseñas ni ventanas, con la intencionalidad de un deseo de pertenencia bajo parámetros estéticos que nunca serán esclarecidos o explicitados. Este anónimo acto hará que, momentáneamente, sea parte de algo que intentará comprender.

Esto ocurre cada vez que alguien se conecta en el espacio virtual. Ahora, si lo que esa sombra evoca es su propia poesía lo que se abren son esclusas del pensamiento que los demás intentarán desmenuzar, mutilando su propia literatura para sostener un diálogo prosaico.
En este juego de simulaciones se deja al margen el contexto, la atención se encuentra dirigida a un hilo tensado cuya altura se desconoce (alguien lo sabrá, los ocasionales visitantes nadarán en el supuesto de las ideas).

Tal vez haya cansancio, o una botella a medio terminar, hasta que la sombra parecida al títere que la sostiene se deja abatir por el sueño, olvidando anotar la dirección donde proseguir el compartido hallazgo. Los demás caen, tomados de una cuerda que los arrojará a una meseta inerte, la de sus propias computadoras esperando vanas respuestas.

Al otro día, un cuerpo sin su sangre se pondrá a cumplir una rutina, y no podrá tener el don de volar, para ver desde los techos su vida previsible, su cuadriculada conjetura.

domingo, 28 de marzo de 2010

Dilucidaciones


Capas sobre capas de pensamiento académico intentan dilucidar un poema ataviado a su contexto, algo que significó jardines y crepúsculos y bosquejos de sombra, para la misma sombra que bosquejó crepúsculos en un jardín.
Cáscaras para las corazas del intelecto…
(estas cosas las escribo a partir de hechos dispares, la pantalla no refleja las negras manchas del pensamiento en estas temblorosas hojas) sin embargo, ya lo decía Oscar Wilde, no habría obra si no fuera por el crítico destinado a descubrirla, a decodificarla, a desentrañarla, para luego ofrecer esa nimiedad a lectores ávidos de nuevas lucubraciones.
Y lo que a veces el lector hace es interpretar una interpretación.
Mejor nos sería aprender un idioma para leer sin intermediarios ¿Cómo traducir a Oliverio Girondo? Mientas tanto buceemos en nuestra propia lengua, y que las esclusas se abran, sin que perdamos con el acto nuestra capacidad de asombro.

jueves, 25 de marzo de 2010

Sobre la palabra y el significado

En el poema “ Ab ovo”, Joseph Brodsky, premio Novel 1987, escribe:

En última instancia, debería haber un idioma donde la palabra “huevo” se redujese a una O. Los que más se aproximan a eso son los italianos con su “uova”…

El poeta tal vez nos hable de experimentar con la escritura, como el amor, que según Rimbaud, había que “reinventarlo”.

Llegará el día que la humanidad se comunique solo con imágenes. Un lenguaje de imágenes.

O que volvamos siglos atrás, cuando la gestualidad antecedió a la palabra, y fuera con los gestos que la gente primitivamente se comunicaba.

Esto que hacemos con la palabra, este feliz entrecruzamiento ¿es limitado?

Solo puedo divagar calladamente, porque corro el riesgo de “interpretar”, extrapolando un verso fuera de contexto.

Por eso, mejor termino mi café, y me disculpo por la intromisión…


miércoles, 24 de marzo de 2010

24 de marzo


Así que has vuelto.
Como si hubiera pasado nada.
Como si el campo de concentración, no.
Como si hace 23 años
que no escucho tu voz ni te veo.
Han vuelto el oso verde, tu
sobretodo larguísimo y yo
padre de entonces.
Hemos vuelto a tu Hijar incesante
en estos hierros que nunca terminan.
¿Ya nunca cesarán?
Ya nunca cesarás de cesar.
Vuelves y vuelves
y te tengo que explicar que estás muerto.


“Regresos” de Juan Gelman

Creo que es el mejor modo de simbolizar esta fecha.
Pienso en los arrancados, y que la palabra a veces no puede representarse.
No puede abarcar tanto mar y tanta sombra, no puede explicar nada.
Arrojar poemas al viento es un débil consuelo contra las bestias del olvido.
La memoria ahí anda, en una esquina cualquiera, reclamando.
El tiempo torna visible lo que vuelve a empezar.

viernes, 19 de marzo de 2010

El perímetro de lo creado

Todo concepto tiene un perímetro irregular, definido por la cifra de sus componentes

Gilles Deleuze

Desde su abstracción, una idea representa una unidad de conocimiento, resulta una construcción desde donde comprendemos experiencias propias de la interacción con nuestro entorno. Intuyo que interpretar el pensamiento de Deleuze genera una usina de creatividad para músicos, pintores y poetas.

El perímetro irregular del que habla el autor parecería, en apariencia, ilimitado dentro de su propia contextualización (ejes invariables vinculados por una entidad subjetiva)

“el concepto es el perímetro, la configuración, la constelación de un acontecimiento futuro”. Estimo que cuando surge el poema se advierte, en lo no pensado del pensamiento, el fulgor apagado del horizonte, algo que tal vez inconscientemente el poeta logrará completar. Pero veamos esto:

se puede decir que el plano de inmanencia es a la vez lo que tiene que ser pensado y lo que no puede ser pensado. Podría ser lo no pensado del pensamiento”.

¿de estos hierbajos no están constituidos los jardines del poema?

 Ir detrás de lo que se piensa, o tal vez más, ir detrás de la antelación de lo gestado, donde emerge lo que activa todo principio de creación, impulsos de la mácula-útero o simiente, desde donde el poema converge.

No se trata de ubicar en un margen la periferia de lo no pensado, como si nos fuera inevitable desechar imágenes o dispares simbologías, sino que esas ramificaciones invisibles implican, en sí mismas, el nodo básico desde donde emergerá el pensamiento en tanto dilucidado, consciente, verbalizado de aquello destinado a hurgar en los vórtices para devolver mendrugos propios de un absoluto, que no mitigarán la profunda desdicha del poeta ante un torrente imposible de ser perpetuado y salvaguardado.

El perímetro del concepto, donde nace y se expande la idea, tiene su centro neurálgico en el cerebro, el estado mental del creador.

Alguien podrá probar, consciente de ese estado, que el perímetro existe en nuestra propia representación, pero sin pruebas empíricas que constaten su existencia, necesitamos de su arquitectura, la probabilidad “física” de su sentido abstracto, pero todo acto de creación poética, en sí mismo, resultaría ilimitado, y tal vez el perímetro, o lo inevitable de su idea, resulte necesario para otorgar contexto a una inferencia basada en literatura.

Imaginemos una idea que declina, el perímetro se va cerrando, pero el concepto guarda la materia, o tiene esencias de sus componentes primarios, esto no es más que una divagación provocada por una intervención criptográfica.

Después de todo, siempre habrá razones para nadar de noche en un estanque poblado de estrellas.


domingo, 14 de marzo de 2010

El amor nos va a separar...

Cuando la rutina muerde con fuerza y las ambiciones son escasas

Y el rencor tiene altos vuelos pero las emociones no crecen

Y cambiamos nuestras costumbres, tomando caminos diferentes

Entonces el amor, el amor nos separará de nuevo…”

Ian Curtis

Ya pasaron 30 años desde que Ian Curtis, figura emblemática del post-punk inglés, se suicidara dejando atrás una historia de oscuro romanticismo al frente de una de las bandas que más influenciaron la escena del rock, en aquella Manchester sin árboles, autodeclarada división de la felicidad:

Joy División.

Solía ir con un amigo a escuchar a “Homenaje a Joy División” en la Buenos Aires de fines de los 80, nunca antes peregriné tanto por una banda de rock, porque lo que hacían Ernesto Castro (cantante) y compañía, era algo más que respetar una versión original. Vaya a saberse los destinos de cada uno…

Lo cierto es que me acerqué como pocas veces a la poética de un músico de Rock, tendríamos que ir a Jim Morrison para establecer un paralelo, pero la dolorosa introspección de Ian Curtis inquietó oscuramente aquellos tempranos días.

Siempre fui de considerar que algunas letras de canciones representan poemas mutilados, en cambio en las escrituras de Ian Curtis se advierte un doliente contexto que no prescinde del entramado necesario para corresponder a la métrica musical.

 El amor nos va a separar” decía Ian Curtis en Love will tear us apart, acaso un himno de su generación, días después el hombre bebía whisky mientras una cuerda se hilaba a sí misma.

Yo habité, como tantos, la mansedumbre y la melancolía de un tiempo que se agotaba, es probable que la música de Joy Division (y tal vez deba decir, de las versiones de Homenaje a Joy División) hayan evidenciado ese fin de la inocencia, eso que simplemente se nos estaba escurriendo como arena entre los dedos, era como si nos estuvieran diciendo “este sueño terminará pronto, y después de esto no habrá nada”.

Ian Curtis escribió “yo existo en la mejor forma que puedo, el pasado es ahora parte de mi futuro, el presente se me ha ido de las manos”.

Tardamos un tiempo en volvernos a ver con aquel amigo de siempre, Homenaje no volvió a tocar en vivo, los bares dejaron de ser frecuentados pero la música perduró, como un escrito en la piedra.

Después de todo, la existencia ¿Qué importancia tiene?.


lunes, 8 de marzo de 2010

Crear dentro de una estructura


He tratado de entender que la noción de libertad no depende de los límites conscientes de una estructura. Que podemos estar dentro de ella y perfectamente sentirnos libres. Para quienes tienen las suelas de viento, corroborar tal clarividencia quizás resulte problemático. Pensemos en los que caminan sin mirar atrás, simplemente por querer dejar un pasado en algún recóndito quieto del alma, o en aquellos que siempre ven un mar cuando solo hay edificios con artritis en las paredes y canillas rotas que arrojan agua con escrúpulos.
Cada uno de ellos tiene, en su sistema de pensamiento, un candado en la conciencia. Algunos fingen no saberlo.

Incluirnos en un sistema, sea tal vez la más perturbadora de nuestras acciones, es un modo de indagar en los vericuetos, para aproximarnos a un conocimiento interior, aquel que un alma azorada debe soslayar para poder ver.

Crear dentro de estructuras sea tal vez nuestro desanimado designio.
Asaltar un espacio que nos pertenece, agregarle rayas y promontorios, figuras y ecuaciones. Configurarle una cosmogonía. Escuchar colores. Pintar sonidos. Escribir imágenes.
Cuando alcancemos la verdad no habrá nada del otro lado.
No habrá materia. No habrá espacio. No habrá tiempo. Solo el poema creado.
Crear nos hará libres. Condenadamente libres.

viernes, 5 de marzo de 2010

Los verdaderos poetas son de repente...


"los verdaderos poetas son de repente, nacen y desnacen en 4 líneas y nada de obras completas..."
de Gonzalo Rojas, 80 veces nadie.

Me parecieron reveladores estos versos, algo cercanos a la prosa de Walt Whitman, difundidos en el blog de Diego Bentivegna. Da una aproximación de los oscuros versos que a lo largo de la
historia pudieron construir algunos videntes, como volcanes donde irrumpe lo impostergable, condenados a ver sin mediaciones, sin filtros desmedidos, sin análisis previo. Solo lo que surge, solo lo que nace. En el momento que surge, en el instante que nace, cuando ocurre lo que ocurre.

y lo bien que dice al final de su texto: "lo irreparable es el hastío"...

jueves, 4 de marzo de 2010

El zapatero meditativo

Una tarde, en su casa de Santos Lugares, escuchamos con Ernesto Sábato un leve golpeteo detrás de una de las viejas paredes, justó allí donde descansan sus pinturas, recuerdo que el maestro le prestó mucha atención a ese hecho banal, y después caviló, como para sus adentros ¿ves? Me dijo, ese ruido lo debe hacer un zapatero, debe haber uno detrás de esta pared, en la casa contigua… mientras hablaba el sonido se perdía impreciso.

Los zapateros ejercen un oficio en el que es preciso meditar mientras se trabaja-me dijo-, presta atención cada vez que veas uno, no es como otro oficio en el cual no es necesario reflexionar sobre lo que se hace, ellos sin embargo parecen abstraídos mientras toman el pequeño martillo y el punzón, es un oficio muy noble que requiere soledad y que no haya interferencias del mundo exterior, ellos simplemente meditan mientras arreglan sus zapatos…

Esta conversación ocurrió a principios de 2002, desde entonces mucha agua pasó debajo del puente ¿somos el agua o somos el puente?

Dicen que el maestro ya no lee ni pinta, que está un poco ciego (justamente él) y que disfruta que le lean.

En aquel momento llegué a escuchar que el zapatero era de Italia o Alemania, y que Don Ernesto no podía recordarlo, vaya a saberse en qué cuaderno habrá guardado lo que escribió.

Quiero resguardar esto, las cosas pasan, las circunstancias se olvidan, después un viento nos desvía la mirada, prosigue lo que se añora, tal vez de eso se trate.

Al irme, recordé la foto de una mujer, en una columna de su cuarto de estudio, cerca de la puerta, porque tenía la mirada de Alejandra, y probablemente lo era.

Vaya a saberse…


domingo, 28 de febrero de 2010

Sobre la poesía y la conciencia del lenguaje


“La belleza es el grado de lo terrible que todavía podemos tolerar”Rainer María Rilke
En un artículo, María Negroni, poeta y ensayista, dice lo siguiente:
“En la poesía hay una contra comunicación, porque es el lugar en donde la conciencia del lenguaje es más alta y donde lo que no sabemos es más importante que lo que sabemos”La conciencia del lenguaje…
Intuyo que muchos poetas no tuvieron en cuenta hacia dónde los llevaba el poema, y que probablemente esa incertidumbre no los haya preocupado más que la temblorosa posibilidad de no poder seguir “viendo”, con lo cual el poema finalizaba estéticamente en ese tránsito hacia lo desconocido.
Hay en esa conciencia un lugar calcinado desde donde se vislumbra lo que en ocasiones no se comprende, para eso llegarán los críticos –aquellos horribles trabajadores- que harán un puente desde complejos promontorios para hacer menos salvaje la vida del poeta.
La autora asevera que “La poesía tiene que ver con las imágenes, pero también tiene que ver con las ideas y, sobre todo, con el lenguaje en su materialidad más absoluta. A veces es como si la lengua -no el poeta- hubiera vuelto a la infancia. Aparecen palabras que nos colocan en estado de asombro. No lo entiendo, no sé que me quiere decir, pero algo me pasa con esto. Hay que poder tolerarlo”.

Probablemente haya otro tipo de “intolerancia”, la que ocurre con la distribución que las editoriales y librerías les asignan a los libros de poesía, aunque tal vez haya cierta correspondencia entre los jardines artificiales donde nace lo que asombra, y los polvorientos rincones donde se esconde la belleza.
“siempre se trata del mismo hilo” escribió alguna vez Benedetti en un poema.
Quien sabe para cuántos tipos de ovillos estén destinados estos versos.

jueves, 25 de febrero de 2010

Aquellos fulgores del Simbolismo


"Por qué cantáis la rosa, oh poetas / hacedla florecer en el poema...".
Vicente Huidobro

Es probable que el simbolismo francés del siglo XIX haya ofrecido las uvas más dulces en contra del anquilosamiento mezquino de buena parte del romanticismo, ya Baudelaire ofrecía jardines artificiales bajo la forma de sonidos, colores, perfumes y sensaciones, tal como aparecen en un soneto. Ya Rimbaud testimoniaría en su célebre carta del vidente la fatuidad de la vieja forma, adoptada casi por inercia por los intelectuales de la época: "todos han hecho su rolla, escrito su rolla"

"hacer florecer la rosa", o como diría Ruben Darío "hacer rosas artificiales que huelan a primavera: he ahí el misterio", desde algún intersticio del simbolismo, arrancaría las gasas a lo preestablecido y convencional, dejaría sin ornamento la linealidad y la estructura, nacerían otras "reglas" y otros modos de "ver".

Lo demás es un viaje tumultuoso en múltiples y azoradas direcciones.

martes, 23 de febrero de 2010

Lo dado...

La historia prosigue bajo el pliego de una disonancia, el iridiscente canto no encuentra su puente, el cuerpo proyecta su sombra y es lo único que se aleja.

Hace poco leí un interesante artículo en torno a la escritura de Alejandra Pizarnik y su imposibilidad de escribir una novela. Probablemente se trate de una especie de martirio para ciertos escritores, la necesidad de incursionar en diversos géneros literarios y no poder hacerlo, la búsqueda de otro tono que permita alcanzar, junto con el éxtasis, una suerte de verdad y de consuelo, acaso recoger verduras luego de haber cultivado viñedos.

Con la escritura de Jorge Luis Borges tengo una desvergonzada conjetura, yo creo que supo -tuvo que saber-, que con los poemas publicados en su juventud (sus primeros libros de poesía) no había logrado el impacto que tal vez esperaba, tanto en la crítica como en el ámbito intelectual de su época, y probablemente, merced a esta percepción, haya evaluado, tal vez con cierta tristeza, dirigir sus esfuerzos hacia otras orillas, como finalmente ocurrió con sus cuentos y su narrativa.

Fabián Casas ubica en el esquivo terreno amoroso la irrupción del mejor Borges, luego de haber asistido a una velada de la mano de Norah Lange, quien finalmente se retiró de la fiesta, pero esta vez de la mano de Oliverio Girondo, enemigo estético del autor del Aleph. Casas conjetura que a partir de esta infeliz decepción nace el mejor Borges conocido. Otros citan el famoso corte con el batiente de una ventana, que lo tuvo con una septicemia al borde de la muerte, y en donde su madre diría luego que “algo cambió en su cerebro desde entonces” situando el comienzo de sus cuentos fantásticos.

Sin embargo, hay una anécdota de Borges con un taxista quien, con lágrimas en los ojos, se negó a cobrarle el viaje, Borges advirtió esto con su acompañante y comentó lo siguiente: “que raro que la gente tenga estos sentimientos hacia mí, será porque soy viejo, ciego y poeta”.

De algún modo, “Los conjurados” cierra el círculo tal como Borges lo hubiera querido, despidiéndose como un poeta. Luego la historia prosiguió.

Para Pizarnik, la poesía era lo dado, solía decir que no era ella quien la escribía, y, según lo explica Tamara Kamenszain [Revista Ñ, 20/2/2010 página 19] “el sufrimiento no consistía tanto en no poder hacerla sino en no poder sacársela de encima. Ella quería liberarse, con la prosa, de ese lastre retórico que la poesía suele acarrear”.

Vayan las razones en medio de lo calcinado.


sábado, 20 de febrero de 2010

Sinestesia y Divagaciones

“…y mientras tanto los amigos exhumaron el cadáver y lograron –no era fácil porque las manos estaban rígidas y cruzadas-, pero lograron salvar el manuscrito. Y el manuscrito tenía manchas blancas de la putrefacción del cuerpo, de la muerte, y ese manuscrito se publicó y determinó la gloria de Rossetti…”

Leía este texto (una desgrabación de una clase de literatura inglesa sobre el poeta inglés Dante Gabriel Rossetti, en los tiempos que Jorge Luis Borges era docente en la UBA, publicado en un libro bajo el título "Borges profesor") cuando de pronto empecé a sentir un fuerte olor a flores muertas, a velatorio, o como si estuviera pasando entremedio de un cementerio, pero la realidad es que estaba arriba de un colectivo en medio de una ruta, y el olor de las flores persistió…

Vaya a saberse que puede entenderse por este efecto de la lectura, en ocasiones, el acto tal vez natural de la abstracción permite una percepción “contextual” de los sentidos, algo que arroja vida propia al texto leído, algo circunstancial.

Tiene poco y algo que ver, pero pensé en quienes “padecen” sinestesia, aquella alteración de los sentidos que permite, a ciertas personas, ver colores allí donde hay palabras, o sentir que ciertas voces tienen olores, según algunas estadísticas se dan estos extraños casos en 1 de cada 1000 personas.

Se dice que Arthur Rimbaud fue uno de los que tuvo sinestesia (evidente en el tratamiento del poema de las vocales, algo que mucha crítica escrita se encargó de resaltar).

Hay quienes sienten esperanzas ante los sinestésicos, porque creen que solo ellos pueden ver lo que nosotros aceptamos ver.

No sé porque siento que un hilo apenas perceptible une estos relatos.


miércoles, 17 de febrero de 2010

Las inciertas razones

Las cosas pasan, el tiempo pasa, y en todo esto es necesario no perder el interés por seguir aprendiendo. Cuando el conocimiento no se ejerce es como un engranaje que deja de activar sistemas de pensamiento, fosiliza el acto de la razón y torna previsibles las ideas, se desencantan, se desarticulan y pierden altura sin haberse pronunciado.

¿Dónde exponer aquello que nos inquieta?

Tal vez, lo que se guarda en el éter sea el destino natural de toda desaprensión, está allí, como en una periferia de las cosas, y desde una especie de usina irrumpe en relatos, fragmentos de ideas, obsecuencias nocturnas y divagaciones, y cómo todo aquello pareciera tener el holograma de un ropaje pretérito, una certeza con su ontología a cuestas, una orfandad que a su vez permita formar una capa que se comprenda, un atisbo de entendimiento, un sistema con su estructura volátil, un modo de articular lo que se piensa...

o desarticularlo, si lo que se pretende es reinventar lo calcinado.

Decisiones que tomamos en silencio, basadas en elecciones que aceptamos en silencio.

y algo que descubrí con el tiempo:

Ya no enfrento lo que me asola, simplemente discierno el lugar que frecuento, con mis esquivas limitaciones, creer en una verdad será para mí, el más insustituible de los anhelos, y en todo caso siempre seré apenas un hombre que se cree destinado a ver, cuando todo lo que tengo son un manojo de inciertas razones arrojadas al vacío.

lunes, 15 de febrero de 2010

Piedritas de mar...

Una vez, fui a la orilla del mar y recogí una piedrita, parecía tener, en su materia, rasgos propios de complejas bifurcaciones que terminaron incrustadas en un tiempo sin edad.

La tengo ahora en mano, la examino con cierto cuidado, en la base se perciben sedimentos fosilizados con algunos tubérculos, parecen arrancados de alguna memoria, en la superficie perviven caracolas y conchas marinas, una de ellas semeja un cuenco de plata, como si allí estuviera representado el vaivén de las olas y el paso de los años. Todo indica que coexiste por acumulación y por un perpetuo movimiento.

Parece, a lo lejos y esbozado como un bosque en medio de una penumbra, una simple teoría literaria.

sábado, 6 de febrero de 2010

Sobre el razonamiento de la propia escritura


Coleridge sostenía que el poeta no debería hacer ningún razonamiento sobre su obra, ni mucho menos esbozar una teoría que intente explicar lo que entraña la creación de ese poema. Si prestamos atención que estas ideas fueron esbozadas en el siglo XIX probablemente nos resulten extraños los constantes escenarios que se elevaron en torno al acto de escribir poesía, desde dramatizaciones con acompañamiento de música hasta cubículos donde los poetas escriben mientras ocasionales visitantes los “espían” a través de ventanales.
Los blogs han alimentado esta necesidad de plantear espacios objetivos que intentan, en ocasiones vanamente, tornar transparente la opacidad de un trance. Creo que lo que se termina generando es una ensayística imbricación de esbozos secundarios que terminan justificando el surgimiento de nuevos géneros literarios, algo que en la multiplicación dispar de la red puede causar un anquilosamiento de la literatura o tal vez una usina en constante expansión, en especial para la poesía filosófica.
Que un escritor acepte reportearse a sí mismo es parte de la literatura anquilosada de la que hablo. Probablemente, por mero divertimento, a ciertos escritores les baste la idea de congraciarse utilizando ocasionales espejos, y de ese modo generar un acercamiento subjetivo a una obra distante de tales ejercicios.
En todo caso, la verdadera literatura, estará ausente.

lunes, 1 de febrero de 2010

El esplendor foráneo del poema

Algunos poetas deciden buscar en sus textos, lo que William Wordsworth denominó “un esplendor foráneo”, una intervención, deliberada, de un elemento ajeno al tema principal (por ejemplo cuando ciertas imágenes relativas a la naturaleza se incluyen en aspectos sentimentales del poeta) como si en el relato no fuera posible obviar el contexto espacio-temporal en el cual se encuentra imbuido el poema.

Según Jorge Luis Borges, la poesía en la que Wordsworth solía incurrir llevaba consigo una teoría psicológica que era preciso analizar en el momento de creación de la escritura. El poeta inglés decía que el poema nacía de la emoción recordada en la tranquilidad, un revivir de esa emoción pasado cierto tiempo, pero esta vez, según lo analiza Borges, el poeta es también un espectador de su yo pretérito, y es allí donde se genera el momento propicio para la escritura de esa poesía.

Hay quienes adornan los contornos subjetivos del poema cuando lo creado no es más que un horizonte llano para el poeta, algo que según su óptica analítica, precisa de un sentido estético, con el riesgo de sobrecargar con empleo de metáforas la idea de belleza que se busca alcanzar.

Tal vez se trate de persuadir al lector para tornar agradable la lectura, tal vez el oficio requiera estos concomitantes embelecos fraguados en reposo.

Quien sabe…