miércoles, 17 de noviembre de 2010
Dispersión
lunes, 8 de noviembre de 2010
El cuerpo del poema
“Yo era la fuente de la discordancia, la
dueña de la disonancia, la niña del áspero contrapunto. Yo me abría y me
cerraba en un ritmo animal muy puro…”
Alejandra Pizarnik
Pocas poetisas han hurgado tan profundo en el devenir del poema, buscando tal vez con horror un espacio incólume entre los versos, que permitiera el consuelo de una significación, abrevándose en los pantanos de las continuas desavenencias, mientras las lilas son arrancadas de los horizontes, allí donde la soledad debería tener alas.
Es el cuerpo del poema lo que Alejandra
recorrió, extasiada y consciente de lo imposible, extraviándose en aquellos
jardines.
Es probable que haya visto lo que estaba
debajo, y supo -lo tuvo que saber- que de allí no se vuelve:
Me atengo al poema. El poema me lleva a los confines, lejos de las casas de los vivos ¿y por dónde andaré cuando me vaya y no vuelva?
No muchos escritores comulgan con la idea de
extravío en el poema, perdiendo los sentidos por intentar representar (aclárese
que no hablo de apresar) un vértigo fijado en el inconsciente, que fluctúa o tal
vez que trasunta, entre las desarticulaciones cotidianas y la tensión por
querer significar lo que se desteje.
Alejandra ha ido más allá de lo tolerable, pagando un precio muy alto por acercarnos teorías sobre aquello que había ocurrido, que hubo de sobrevolar mientras cruzaba hacia otros planos, intentando escrituras automáticas que calmaran la herida fundamental, la que siempre intuyó y conocía.
El tiempo destejió una hilatura que la poeta ovilló desde los confines. Muchos hilvanaron conjeturas con esos mendrugos, se adentraron como lobos en desiertos desconocidos, y sin temerle al mito se perdieron entre sus flores muertas, y volvieron a empezar.
Lo cierto es que ya había un hilo, y Pizarnik
lo conocía. Lo había tensado con su propio desasosiego.
Pero mejor que estas lucubraciones es encontrarla en algunos versos, como estos que siguen, ahora que la noche parece acurrucarse en su apacible desdén.
Y nadie me comprende. Yo sé que la vida, que el amor, deben cambiar. Esto que dice mi máscara sobre el animal que soy, alude penosamente a una alianza entre las palabras y las sombras. De donde se deriva un estado de terror que niega el orden de los humanos…
Alejandra, siempre Alejandra…
sábado, 6 de noviembre de 2010
Aquello de traducir poemas...
En ocasión de elevar una defensa de la poesía,
Rodolfo Alonso planteó esta interesante revelación:
Cuanto más fácilmente traducible a otra lengua distinta resulta el poema ¿no estará demostrando palmariamente con ello una mayor carencia en relación con su propia lengua?
Téngase por concepto el pensamiento de Dante Alighieri
cuando expresa que la poesía es la gloria del lenguaje, tal idea supone concebir
que es en el poema donde se complejiza el artificio de la palabra, la máxima
expresión de lo que se pretende expresar, tanto hacia adentro como debajo. No
solo el delicado entramado sino también la sombra detrás de lo que se articula,
lo gutural de lo emitido, la representación conceptual de los pensamientos
verbalizados o escritos.
El poeta de la Comedia lo supo, Rodolfo Alonso lo traslada al controvertido tema de las traducciones literarias, en especial la poesía, tarea abrumadora e inconcebible si las hay.
viernes, 29 de octubre de 2010
Tensión de lo que ocurre
Bebo un vino.
Intento discurrir sobre cuestiones metafísicas
tratando de oscilar entre el sentido y la expresión, esa tensión que se da
cuando las ideas resultan atisbos a punto de ser entrelazados, ovillados,
conceptualizados.
Surgen cuestiones de fondo: imágenes del
pensamiento arrojadas por la palabra. Creación de lo que surge mientras la belleza
permanece distante en su cercanía. Hilatura de contrarios encarnando
evanescentemente la concreción de lo caótico.
De allí al poema, buscando en el lenguaje los
entramados pendulares que conforman su arquitectura, su sentido abstracto del
cual fecunda toda raíz, toda inmanencia entreverada de construcciones dispares.
¿Queda escindido el pensamiento en el acto
creativo? ¿Hay articulación de construcciones analíticas mientras se crea con
la palabra?
Tal vez pueda inferirse que esas contemplaciones vienen después que el poeta se ha posado en el horizonte de lo candente. Pero me urge el tiempo presente en el acto de escribir poesía, aquello que se escurre de la comprensión mientras somos otros hilvanando lo que nos perturba.
Ocurre de tanto en tanto, ese pájaro azul que nunca estuvo.
Condenados a escribir sobre la maleza que lo
oculta.
sábado, 23 de octubre de 2010
Estructuras sin estructura
Lo más seguro en esta vida es lo que nunca
se conoce.
Dylan Thomas
Alguna vez Jim Jarmusch (brillante cineasta), dijo lo siguiente acerca del bee-bop:
“en el jazz, como en el bebop, los músicos
agarraban un standard y lo transformaban. Hacían largos solos improvisados,
pero de todos modos se mantenían dentro de una estructura. De hecho, era
precisamente la estructura lo que les permitía esa libertad”. Por ende, a
Jarmusch le interesaba esa dialéctica, esa mezcla de orden y libertad con que
desarrollaba sus películas.
Desde ese punto de vista, el cineasta sostenía que el hip-hop (presente en películas como Ghost Dog), estaba cerca del bebop. “La diferencia residía en que los raperos directamente samplean los standards. El bebop no samplea, cita”. Por lo tanto, Ghost Dog seguía ese camino, el de citar elementos de una cultura determinada y reacondicionarlos libremente en lugar de samplearlos.
Para quienes no vieron la película, Ghost Dog (encarnado evanescentemente por Forrest Whitaker), trata de un marginal solitario que sigue los códigos de la cultura Samurai, conviviendo en el mundo de los mafiosos ítaloneoyorquinos y el universo del rap. Resulta interesante el valor que la película le otorga a los libros, el perro fantasma los presta, pero a cambio pide un comentario, una devolución…
Me quedo en la idea de estructura, pero trasladada al acto de escritura, la idea ilimitada de un poema en prosa (o en verso) que, si bien permite el extravío del poeta, se percibe como un plano diagramado mentalmente por su creador, que invariablemente le concederá recorrer un sendero sin necesidad de utilizar esquemas abruptos que establezcan escisiones en el poema.
Aventuro declamar que la escisión no existe cuando se establece inconscientemente una estructura. En todo caso habilitaríamos con ligereza la idea de una estructura sin estructuras, delimitando ciertos límites abstractos, ovillos que al deshilarse conforman una unidad, un esbozo de la idea preconcebida mentalmente.
Es como internarse en un desierto, no hay fin preconcebido, no hay modo de terminar el poema, todo es un largo y desarreglado desvarío, con la posibilidad de que la belleza sea tomada en forma original.
Acaso el vórtice de nuestra propia conjetura.
Nota: el artículo sobre Jim Jarmusch se analizó luego de leer una entrevista en la revista Inrockuptibles [año 4, Nº 43, abril 2000]
martes, 19 de octubre de 2010
Frecuentando lo que ha de ocurrir
¿Por qué algunas palabras están destinadas al poema en tanto captación de lo candente?
¿Por qué es preciso ver?
Preguntas nocturnas que pretenden descorrer un velo, el hilo del ovillo cuya raigambre simboliza toda reminiscencia.
Creo que el poema precisa del entramado poético para alcanzar un halo conceptual que represente su materia, y que la palabra, el arte del lenguaje en sí mismo, le otorga un sentido de atisbo que se descubre, de meta tal vez, de fin en tanto representación insoslayable: devanar los estertores del yo, fraguando fulgores como mesetas, hasta conformar un plano abstracto, caótico, fluctuante…
Avizorar estos lineamientos de la razón evidencia la inutilidad del discernimiento objetivo, que intenta con sus estructuras contener el concepto desde márgenes académicos o intelectuales.
Ahora que los años pasan de otro modo, frecuento ideas desde un enfoque crítico sobre aquello que simplemente deviene en tanto palabra, para experimentar ante lo creado el mismo pavor que antecede a la escritura, ese acto ineluctable que da buena cuenta de nuestra finitud, desvarío y sobrecogimiento.
sábado, 16 de octubre de 2010
El problema del tiempo...
El problema es el acercamiento desde los
pequeños raptos de posibilidades disponibles, se podría decir entonces,
reduciendo la idea que se pretende abordar, que el problema es el tiempo. No sé
si corresponde ofrecer un espacio donde urdir un contexto poético que vanamente
intento desbrozar. Las ideas necesitan de entramados de tiempos y espacios para
permitirse la aproximación a un concepto, a su plena significación, en el cual
se pueda advertir el plano subjetivo del poeta en tanto pensamiento, en tanto
abordaje crítico y denso, subsumido en capas difusas donde nada lo aparente,
incrustado de la cotidianidad que todo homologa y adoctrina.
Frecuentar un espacio implica a la vez un compromiso, sin embargo, no recuerdo haber escrito un texto para este blog que me haya llevado más de un día de elucubraciones y disyuntivas, la gran mayoría de las aproximaciones no sobrepasaron los 10 minutos, y considerando la evaluación consciente en tanto aporte, creo que ese es realmente el problema.
Digamos que tenemos una vida, hacemos el desayuno, salimos con cierta urgencia al trabajo, nos encontramos con eventualidades que sortear y después llega un momento en que la mayoría de las cosas se apagan (recuerdo en la comedia del Dante, aquella parte del día en que las moscas dejan paso a los mosquitos), hay distracción y un control remoto que desde la televisión nos controla, recogemos los platos de la mesa, los lavamos en silencio y entonces algo ocurre, una necesidad tal vez, una brisa que en apariencia nos preocupa, como una presencia incierta, cubierta con una hilatura de sombra que se parece a una idea.
Dejamos lo que había que hacer (que ya se hizo) y vamos a la habitación con nuestra penumbra a cuestas, encendemos la computadora y entonces escribimos.
Estas cosas que no podremos explicar.
martes, 12 de octubre de 2010
El significado de la palabra

sábado, 9 de octubre de 2010
La resonancia de la palabra
Decir algo más de lo que el hecho es en sí
mismo.
Significarlo desde la abstracción. Ovillarlo
desde la evidencia lineal, allí donde se sobrevuela el contexto del poema.
Alcanzar las antípodas de los surcos antiguamente trazados. Volver sobre lo que
se ha visto. Desmenuzar lo escandido, lo conjeturado, lo revelado.
Recrear la captura de los vértigos y los fulgores.
Beber nuevamente de los viñedos. Perder nuevamente los sentidos…
Nunca será el mismo poema. Seguramente causará desasosiego, tener que ser al otro día, la consecuencia de una hilatura, que apenas ovilla lo que somos en este instante.
Encontrar la palabra, de la que somos hacedores y atavíos.
La doliente y necesaria palabra.
sábado, 2 de octubre de 2010
Lo transversal del poema
Me resguardo en la palabra.
Acabo de guarecerme de la noche después de
todo un día ser otro. Igual esas reminiscencias hablan de mí, me dejan a una
distancia comprensible de la felicidad, orilla peculiar si las hay.
Establezco una línea discursiva desde una
interrupción irregular, como un promontorio donde ejecuto la palabra, ansiando
representar un derrotero llano.
En poesía esto sería algo así como intentar
una fluctuación en una determinada curvatura sin dejar de lado la horizontalidad
de la prosa.
Puede no resultar, después de todo, no deja de
ser un recurso técnico.
Creo también que se trata de escrituras escindidas desde diferentes planos, en algún punto interrelacionadas, ya que convergen entre lo desarreglado y lo establecido conceptualmente. En sí mismo atañe, dentro de su significación, una transversalidad y un punto de encuentro, aun cuando sus versos establezcan una fuga hacia una nada perpetua.
El poema nunca concluye, y sin embargo su crepúsculo ya está escrito.
Entonces llega la noche para resguardarnos de
la palabra, y nos cubrimos sin consuelo, bajo el paraguas de la otredad.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
El plano candente
No percibo un antes y un después, sino más bien la superposición de un devenir, donde habitan silencios observados desde un sobrevuelo. En filosofía se diría una coexistencia de planos. Pienso en la intemporalidad del relámpago fijado en un soporte. Algunas disquisiciones vanas, círculos dentro del círculo.
Las antiguas capas se abren paso entre la espesura de lo que irrumpe. Se establecen similitudes propias de quienes abordaron lo inasible. Los sistemas de pensamiento alcanzan cimas o mesetas donde soslayar la mácula áurea, fuente donde se abrevan algunos poetas, sin que el inconsciente acto suponga una sucesión en este entramado de la palabra, cuya idea se concatena.
La correspondencia que se establece entre lo inmolado y lo aparente es transversal a toda luminosa arquitectura que genera en su osamenta fulgores dispares. De estas aguas algunos beben y otros danzan.
Lejos, en el horizonte de lo que apenas se comprende, se diagraman los resplandecientes vórtices, en el plano candente.
domingo, 26 de septiembre de 2010
Detrás...

Se hace una representación, que guarda en un
"detrás" el presentimiento desarticulado de una idea, con sus briznas
o esquirlas o volutas, acaso una leve brisa o bosquejo conceptual, después se
traslada el tiempo, y desde un plano impreciso se enhebran pequeños nubarrones
de lo pensado, se busca emparentar la belleza bajo la abstracción de un
diagrama mental, y entonces irrumpe lo creado, lo que todo justifica, lo que basta
para significar la osamenta del jardín, árboles que arden en la espesura.
Después, el poema es viento que la posteridad transforma en horizonte, donde se posan los lectores intentando descifrar lo aparente. Me quedo pensando en ese entremedio, cuando algunos optan por arrojar flores muertas mientras que otros prefieren una fuga prosaica, enlazando el texto desde un adagio melancólico hasta culminar en un espiral en verso libre, impregnados de conceptos barrocos donde se bifurcan secretas y ubérrimas complejidades.
Resultan válidos los caminos que inconscientemente se invalidan, dependen del contexto subjetivo del poeta, de su mera percepción, y de los subterfugios eventuales donde se entrecruzan los diferentes planos que lo asolan, sacralizando o canonizando la idea, la piedra angular de toda poesía.
Y ahora es mejor callarse...
martes, 21 de septiembre de 2010
Las inefables palabras
Caigo en los recónditos desde donde intento
hurgar lo inexpresable. Optar por la forma o el fondo representa transitar un
puente enhebrado de revelaciones y fugas lumínicas y pétreas (desisto de
utilizar “luminosidad” o “inspiración” como modos de representar lo que acontece).
La palabra está detrás de la intención secreta, de los jardines donde lo
ubérrimo habilita escenarios difusos dentro de la conciencia (o tal vez deba
proclamar la alteración de los sentidos para evitar diagramas endebles). Donde
los volcanes arrojan lo que apenas se comprende, intersticios o embelecos
propios de un Heráclito, un plano abstracto de necesarias disparidades.
Así, vuelvo sobre las orillas musgosas a
intentar meditar lo profanado, sintiendo la inutilidad del gesto, transitando
la hora de los caminos llanos y la esperanza intacta.
Hasta que vuelva a ocurrir, y estemos juntos a la distancia, en este sitio.
sábado, 11 de septiembre de 2010
La reparación fundamental
Se ha dicho que el poeta es el gran
terapeuta. En ese sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar
y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la
desgarradura. Porque todos estamos heridos…
Alejandra Pizarnik
Ocurre.
Simplemente ocurre.
En esta palabra se encierran los complejos
mecanismos que trasuntan el poema en tanto creación, verdad revelada,
convergencia de contrarios.
Es como un malestar, y a la vez no se trata de
eso, está allí, incólume, enmudecido, tiene lobos adentro, arroja nubes,
constelaciones, vanas ideas.
El poeta escribe con prisa, la palabra creada
intenta apresar lo que ocurre (valerse de la palabra para representar una
abstracción, vaya tarea), lo concatenado prefigura el cosmos, la inmanencia que
es a la vez arquitectura de diagramas mentales, de pensamientos arrancados que
no pueden tolerar lo creado, lo que se va creando, la cola verde y negra de la
serpiente, el ojo severo, el cuenco de plata, aquello que se ve y que se
transcribe, los sentidos que pueden ser palpados, a la vez que el corazón deja
su atavío, la dulce frase que corona lo amalgamado del poema, lo que deja de
ser para tornarse fulgor, llama eterna, soledad…
Es como despojarse de algo, y a la vez no se trata de eso, no causa dicha, la palabra se desprende haciendo un trato con la belleza, quedan detrás los rasgos de un esquema improbable, una configuración con sus ecuaciones intentando dilucidar lo aparente, algo que apenas cabe en el entendimiento, que apenas puede representarse mediante prosaicas lamentaciones, porque en el fondo se trata de una reparación, algo que duele por lo candente, por lo que conlleva significar lo profundo de un vórtice, y que necesita ser arrojado de la conciencia, que necesita ser salvaguardado en algún recóndito del subconsciente, para desde allí congraciar la palabra con su contexto áureo.
Es como un jardín descuidado, que guarda en sí mismo un extraño concepto de belleza, y a la vez no se trata de eso, porque debajo del jardín hay un alma, y detrás de esa idea estamos nosotros, desnudos, temblorosos, perturbados, intentando revelar el interior de la piedra, allí donde atisban clamores nuestra naturaleza de poetas, portando un fuego a lo profundo de la cueva.
Como cuando Rimbaud escribió, maldita y desconsoladamente: estoy desnudo y no lo estoy…
domingo, 5 de septiembre de 2010
La experiencia candente
Fogwill, en ocasiones desprolijo y urbano como
Roberto Arlt, llegó a pensar sobre la problemática del escritor, preguntándose
como fabricar nuevos mundos imaginarios y experimentar en ellos, cómo inventar
emociones nuevas y dominar las viejas, cómo cambiar las emociones, las ideas y
el lenguaje sin perder la necesaria legibilidad.
No se trataba solamente del devenir de la escritura, sino también del desbrozamiento de lo que se encuentra detrás, su sentido oculto y complejo. Agitar ideas que incluyan nombres propios, acercarse desde la periferia de la lectura, para ejercer un sistema de pensamiento crítico que fue ampliamente reconocido por sus contemporáneos.
Pocos escritores suelen hurgar en esos recovecos. Se trata de actos desinteresados, y por cierto necesarios, porque suelen allanar senderos que otros terminarán recorriendo desde la espesura de la palabra.
Igualmente, creo que la experiencia candente no clarifica el camino, pero uno a veces fija algún vértigo, arroja algo de viento y se calla. Con el tiempo algunas de esas ideas se trasforman en movimientos, y otras en bollitos de papel.
Por cierto, que mi mesa está llena de esos nubarrones.
jueves, 26 de agosto de 2010
Sobre algunas erráticas percepciones
Creo que cuando se habla de poetas
“condenados” se vincula el adjetivo a una connotación perceptiva que diagrama
sus ribetes desde orillas poco transitadas por el oficio de la escritura.
Resulta un ejercicio ligero reducir a esa palabra un “estado” pretendidamente
espurio del escritor en tanto salvaje, en tanto maldito. Buenos poetas han
merecido el elogio sin que se haya bastardeado el concepto. Para algunos, la
idea queda asociada al romántico miserable que clava sus puñales literarios
desde una periferia, buscando describir cuán “profundo” ha descendido su alma,
imbuida del pantano donde mendiga una suerte impropia, un devenir. Hay allí la
constante descripción de una cáscara, una imagen del pensamiento buscando
adscribir lápidas y moradas desgastadas entre glicinas, alguna que otra mirada
perdida, alguna que otra ensoñación.
En verdad prefiero la paradoja de la abstracción, donde discurre lo que no se añora.
sábado, 21 de agosto de 2010
Una sombra y una idea
Hace unos días encontré unas cajas llenas de
poemas, se me ocurrió en primera instancia un ejercicio catártico: desmenuzar
esos manuscritos, trabajarlos en el blog, cultivar todos los matices del silencio,
no sé si estoy preparado para eso.
Discurro entre las diferencias que pueden suscitarse entre la originalidad y la autenticidad. Prefiero embestir los textos y librarlos al azar, a un viento sin nombre, después de todo, los poemas dejan de pertenecernos apenas los arrojamos a los lobos, y yo apenas soy una sombra y una idea.
El problema es como desbrozo la otredad, cuando no hay un detrás.
Suelo bifurcar lo añorado, elevo dicotomías, y todo por ver embebidas mis encrucijadas, mis literarios entuertos.
Anochece, soy un guardián en la azotea, la noche es ahora la más encantadora de los jardines, y mi nostalgia debería tener alas.
viernes, 13 de agosto de 2010
Sobre la antelación de lo creado
Si tuviéramos que analizar corrientes de
pensamiento en torno al acto de creación literaria, tendríamos por terreno
enormes bifurcaciones con pocos elementos en común. Haciendo escuetas lecturas
del caso podríamos enhebrar algunas cercanías. Pero sería evidente la ausencia
de puentes donde soslayar la materia, el perímetro, la substancia, el complejo
enramado.
Por un lado, hay quienes estiman que la creación literaria se debe a una contemplación de la naturaleza, entendiéndose por naturaleza todo aquello que figura estático y simula un devenir, algo que es habitual y que es preciso apartarse para poder percibir un mundo detrás de las cosas. Paralelamente el espíritu debe estar sosegado, en estado apacible y perceptivo a todo lo que ocurra, por insignificante que parezca. Parecería una receta. Probablemente (quienes recuerden el film “La sociedad de los poetas muertos” tal vez concuerden) aquellos que aprueban la escala de Pritchard para clasificar un poema adscriban a estas ideas.
Creo que necesariamente hay algo más candente, algo que resulta complicado definir.
Siguiendo la disyuntiva, una segunda corriente de pensamiento sostiene que el poeta debería ser considerado un vidente, alguien que ve lo que otros creen ver, idea que se encuentra asociada, tal vez involuntariamente, al descenso de la profundidad del alma, que debemos conocer si pretendemos luego ilustrar sus pormenores a través del artificio de la palabra. Esto ocurre simplemente, no hay premeditación ni proposición, tampoco suposición. No hay elementos afectivos o perceptivos en el "contexto" que se pretende "trazar". Surge lo que debe surgir y en todo caso el poeta hará un trato con la belleza. Si en Filosofía la creación de un concepto incluye una serie de componentes que a su vez deberán estar, en cierta manera, imbuidos en un plano de inmanencia, concentrados en una estructura que igualmente habilita la noción de infinito, podemos decir entonces que, en poesía, o en el poema, ese plano de inmanencia contempla una "fase" anterior que es preexistente al acto de pensamiento, preexistente al propio plano donde se gesta lo concebido volcánicamente. Si el plano de inmanencia es lo no pensado del pensamiento, en el poema necesariamente existe una antelación a esa gestación en trance, probablemente more allí lo revelado, inherente a la verdad y a la belleza (igualmente suponer esto conlleva desbrozar la palabra esquema por esquema, ya que si tuviéramos que ejemplificar perceptivamente el asunto podríamos mencionar el desarreglo de los sentidos como modo de hilar una divagación). Pero ciertamente resultaría imposible corroborar con variables ese estado del alma, imposible discernir con el artificio aquello que el vidente apenas puede apresar. Dilucidarlo sería abrumador.
Frente a estas apreciaciones, quienes representan la primera corriente de pensamiento, experimentan la belleza como idealización o exaltación de lo visible (hacen de la poesía una estatua, un jardín de flores enlutadas, un acto que adscribe a ilustrar lo excelso y lo broncíneo).
Los últimos en cambio logran ilustrar, con su arte, la fealdad de la belleza.
El acto de escritura que supone entremezclar
lo aparente, la pintura compasiva que se pinta con desgarro.
martes, 10 de agosto de 2010
Lo que aparta
Enajenado desde lo desfasado, hurgando en
recónditos donde evitar resquebrajarme, así van las cosas, si tuviera que
apresarlo en un pensamiento escogería el de Rimbaud a propósito de su relación
con la poesía: “ya no me ocupo de eso”, y si desde cierta periferia hay
algo de eso, lo cierto es que las obligaciones laborales absorben hasta
anestesiar los sentidos, y después quedan luces diáfanas en el retorno a casa,
vemos algo que en el cotidiano camino resultaba indiferente, y muy
probablemente el mundo que habite detrás de esas cosas no importen, pero dan
prueba del cansancio con que descubrimos otra mirada, luego de haber estado
haciendo aquello que solíamos criticar a los demás.
Siempre tuve conciencia del hombre-engranaje accionando poleas de la gran máquina, lo relativo-causal tornándose masa, único rostro, reloj de fábrica.
Los planos que se bifurcan, las secuencias sin componentes, los conceptos vacíos…
Siempre creí que lo inevitable alimenta con su
urgencia esa especie de máscara sin rasgos en que termina convirtiéndose todo,
y se anulan las imprevisiones, el juego de los contrarios, lo subjetivo y lo
transversal.
Al final quedan las nimiedades, alguna que otra brisa, los bollitos de papel…
Como estos esbozos.
Probablemente haya que practicar aquello de la prepotencia del trabajo, como solía cultivar Roberto Arlt.
miércoles, 4 de agosto de 2010
"La poesía simplemente me ocurre"
De tanto en tanto suelen ser necesarios estos barquitos de papel. Resulta interesante acercarse a este escritor, desovilla lo que parece enredado, y ayuda a nacer lo que parece callado.
Para mayor consuelo, leer sus "poemas pendientes", de reciente aparición.
