Una niebla en el estero donde se juntan las sombras de los juncos, el verso abandonado, la conjetura luminosa del plano nunca habitado, el pasto recién cortado al costado de la autopista.
sábado, 21 de septiembre de 2024
sábado, 14 de septiembre de 2024
Algo
un segundo sin su aire desprovisto de silencio, donde me arrodillo para ver el agua quieta, en un charco sin infancia
hay algo en ese discurrir de la vida apenas murmurada, como si el atardecer fuera una sincronía sin contexto, como si alguien estuviera hablándome, y yo...
puedo nombrar al pájaro que ahora no es visible en este jardín deshabitado, bajo un atardecer cubierto de niebla, acaso olvidado y sin memoria
ese tiempo que se escurre, y no es arena
ese propósito de la oruga, segundos antes de nacer.
viernes, 6 de septiembre de 2024
La enfermedad mental
Hay poetas que trabajan horas en largos versos.
Yo los escribo rápido para olvidarlos.
Llevado por la mala costumbre y la pena
a ver matices de loro en un colibrí que saltaba
de petunia en petunia, experiencia por otra parte
ciega a mi vida ficticia, grabé en una corteza:
la belleza es lejana y la estación está cerca.
Partamos, oh compañeros de viaje,
hacia el barullo de la gran ciudad.
Del poema “Confesión”
Alguna vez, en una terraza donde se juntan poetas, le pedí a Alejandro Rubio que me firmara su libro "La enfermedad mental", fue hace unos años, y es algo que conservo con renovado aprecio.
antes o después de eso, lo escuché hablar a unos metros de distancia con una chica, diciéndole lo bueno que sería acceder a un cargo en una editorial o centro de documentación, para poder vivir de la escritura, no tengo claro haber comprendido si esa realidad tenía que ver con esa condición de "maldito" con que a veces algunos críticos simplifican un puñado de ideas, donde el plano de los conceptos cruzan puentes hacia una digresión o una redundancia.
ahora desde una bicicleta veo un amanecer anaranjado, los edificios parecen estallar de luces pálidas, todo indica que será un hermoso día de primavera
pienso siempre en ese libro, y en ese poeta
el tiempo arrebata algo, y ya no está Alejandro Rubio para que lo explique.
viernes, 30 de agosto de 2024
Acontecer
El desánimo que cuelga de la rama de la única hoja perlada, en el rocío del amanecer, a través del campo cubierto de escarcha, para darme cuenta, detenido a centímetros de la alambrada, en esta curva de la vida, que lo único que puedo ofrecer es el olvido.
Podría repetir exactamente la misma frase, pero con otro final: "que lo único que puedo ofrecer es no olvidar".
y bien sabemos que son dos cosas distintas.
viernes, 23 de agosto de 2024
A veces no es un poema
En ocasiones no es un poema lo que ocurre, una improbable etiqueta haría mención a la "no-literatura", así como otros entienden la no-música y encuentran un extraño apego a la curiosidad de los sonidos, que todo eso ensamblado produce un interrogante que podemos denominar música, tal vez canción, porque tiene un plano, porque sus bordes son efímeros y difusos, porque hay escalas, coloraturas, calidoscopios, acaso tesituras.
y pienso que podría ser Pollock el día que decida poner un lienzo en el piso, y tomar pinceles y tazas y pinturas negras...
en ese juego fractal y luminoso a veces suceden cosas
estoy creyendo que lo puedo llegar a explicar alguna vez, estoy queriendo que ese día nunca ocurra.
sábado, 17 de agosto de 2024
Ir
Ir sobre las huellas de las palabras que parecen cubrirme, la mirada de una hormiga, muy quieta, en el jardín de los atardeceres glaucos.
huir del temor de la sed, ahora que parece que va a llover, y es esa la única certidumbre, más allá del poema sin terminar.
sábado, 10 de agosto de 2024
Con el silencio de un silencio
Abrazar las orillas de los puentes con el silencio de un silencio, ver cuánto duran los nubarrones en el barro, en el momento que una línea de color naranja tensa el crepúsculo como si hubiera un detrás.
en aquel cielo se juntaron los crespones borravinos bajo el tibio resplandor de una osamenta, extendida en sus pliegos celestes, para alcanzar una hilera de cisnes negros cuyas delicadas ramas de bronce titilan en el pardo horizonte.
no pude medir esas huellas de arena, hundidas por el peso de su nostalgia, apenas un escarabajo de oro modificaba la quietud del atardecer, el médano blanquísimo, las mismas preguntas sin resolver.
viernes, 2 de agosto de 2024
La curvatura de los dulces campos
En tu pelo se deslizan las evanescentes plegarias de los colores atardecidos, parecen tender una manta en alguna línea temblorosa, la calma de una fogata lejana, sin saber quien estará cortando una ensalada con el mismo cuchillo que un fantasma clava en la tierra su espera sin rumbo.
el mundo suele terminar en esa parábola y en ese alguien que no es, el resplandor de un silencio que el fuego tranforma en una iridiscente conjetura, la curvatura de los dulces campos, plegado en amarillos designios, sobre una línea de algodoneros desprendidos de su tiempo.
viernes, 26 de julio de 2024
El tiempo que se pierde
Últimamente suelo dedicar un tiempo a todo aquello que por diversos motivos no llego a comprender, ese acto termina siendo una circunstancia que en algún punto modifica tu vida, atravesando un plano para generar algún tipo de artefacto
al final, nunca sé si el resultado explica lo que inicialmente fue concebido bajo el esquema de la indagación
termino creando un componente totalmente disruptivo, de una idea que distorsiona la ilusión del agua quieta en el estanque del poema.
sábado, 20 de julio de 2024
Perfect days
las sombras ¿se oscurecen cuando se superponen?
-no estoy seguro...
hay tantas cosas que aún no sé
así se acaba la vida...
a veces, en una película, no importa que tengamos presente como se desarrolla una trama, en ocasiones, escenas aisladas ofrecen una brizna de entendimiento, resuena en algún lugar ese silencio y perdura en alguna circunstancia esa conducta.
"tiene que oscurecerse para que tenga sentido", dice el personaje principal de esta última película de Wim Wenders, interpelado ante la pregunta de la oscuridad entre las sombras que se superponen, que un desconocido formula mientras miran como serpentean las temblorosas luces en el río, sin embargo parece que nada cambia después de esa idea, percepción que no es producto de una mirada en perspectiva, sino algo más complejo de admitir en aquello que se observa mientras el tiempo parece seguir su curso, acaso una revelación en medio de un paisaje que nada revela.
Perfect days es una película para detenerse en algo que parece sencillo pero que habita otro plano, con otro tipo de meditación, con otra certidumbre. Hay un hilo que une a Hirayama, el protagonista, con el conductor de autobús de Paterson, aquella película de Jim Jarsmuch que permite la idea de una aceptación con lo que les toca a los personajes en el tránsito diario de la existencia, ambos aceptan lo que reciben mientras la literatura repara el acontecer de la rutina, uno escribiendo poesías, el otro leyendo narrativa y apelando a la música en formato analógico para matizar su jornada de trabajo, pero los silencios son demasiado profundos como para admitir que el problema es solucionado, y tal vez por ese motivo, cumplir con una rutinaria tarea sea un modo de evitar, acaso con mansedumbre, la necesidad de indagar sobre la vulnerabilidad de la felicidad humana.
Antes que Hirayama empiece su día, alguien barre las calles mientras amanece, ese sonido de la escoba indica el permanente ciclo de las actividades rutinarias, que equilibran en forma invisible el normal desenvolvimiento de una sociedad. Se trata de hacer bien un trabajo, por simple que sea o insignificante que pueda parecer.
Al final, el hombre que se redime limpiando baños públicos en un exclusivo barrio de Tokio, no encuentra las respuestas a todas las preguntas, incluso evadirlas es una forma de continuar, y dejarse sorprender por ese entendimiento de que un mundo viejo habilita todos los días la esperanza de un mundo nuevo, que ahora es ahora, que la próxima vez es la próxima vez, porque lo que le sucede a Hirayama en ese final abierto, es aceptar nuestra finitud mientras una hebra de gratitud cae sin peso en un día perfecto.
Hirayama ríe y llora, lo que no puede remediarse queda atrás cuando uno decide seguir avanzando, hasta el otro día, hasta el otro día, y el día siguiente.
sábado, 13 de julio de 2024
En esa parte del poema
“horizontes pardos que se alejan”
alguna vez tuve por práctica abordar los manuscritos de la adolescencia como si fuera algo nuevo, haciendo un trabajo sobre el pasado, y que en ese trance la concepción de temporalidad tuviera otro entendimiento. El ejercicio era como una marea que terminaba en una parábola sin demasiadas pretensiones.
hace años que vengo acumulando tesituras no habitadas en relatos interrumpidos, creyendo que esos versos vienen de algún lugar y que se marchan sin alterar ninguna comprensión de lo transitado.
me suelo quedar en esa parte del poema, el pasillo lleno de plantas mientras el sol cubre con su tibieza la compasiva quietud de un naranjo.
horizontes pardos que se alejan...
sábado, 6 de julio de 2024
Salir de la isla
Olvido olvidar, en el instante trenzado de un horizonte que cubre el surco de un murmuro, un umbral de picos rojos de gaviotas que dejan su sombra al lado de un temblor, donde no hay más charco que una memoria desvaída.
Y entre ese ausentarse y esa hilera de barcos encallados, hay una isla verde cobijada por ríos de plata.
sábado, 29 de junio de 2024
Lo que es permeado en la hora del sosiego
En este devenir, en donde parece que el no-hacer permea las conceptualizaciones urdidas en contextos invisibles, el día se inclina sin preocuparme del todo, porque estoy en el borde de algo que puede ser una orilla, un murmuro o una débil exclamación disfrazada de conjetura.
porque acaso el atardecer -este, el del poema- se asemeja a una curvatura donde termina todo aquello que uno cree abandonar.
entonces parece que entiendo el devaneo del problema que aparenta no tener un origen, y sin embargo, siempre hay un antes en esa lógica, tan irremediable como sagrada.
es la calle de siempre, que transito a la misma hora, bajo una luz blanquísima, cerca del prado que alguna vez soñé.
viernes, 21 de junio de 2024
Lo que aún queda por cruzar
una calle de otoño, las gotas de cristal suspendidas en el cable de teléfono, una puerta manchada de sal, el camino blanco atravesado con huellas de barro, el mar ceniciento, el viento que mueve la ventana, el conjuro de un amparo sin edad, acaso las ramas...
el charco por cruzar, hasta la casa ajena, donde alguien enciende una lámpara.
sábado, 15 de junio de 2024
Mientras trenzo un cesto con espigas doradas
Parece que hago cestos con espigas doradas, de esos que semejan ser canastos del universo, donde se juntan verdades sin rostros, vacío de los nenúfares que atraviesan las redes bajo la cósmica bóveda de la infancia, sin poder nombrar un médano, sin saber callar tu nombre.
A estas horas, siempre hay una ventana que se cierra, y puedo ver entonces, libre de mi sombra, la tibieza de un mueble con sus repisas llenas de platos, y un pez de cerámica sobre el umbral de la puerta.
viernes, 7 de junio de 2024
Este crescendo de oleajes
este
crescendo de oleajes de papel que se arrullan en la infancia, un color que
aparece cuando cierro los ojos, y una niebla que lo cubre cuando despierto.
una línea que no
corresponde, el párrafo entero de una oración que apenas sostiene la candidez
de un adjetivo, un globo rojo que se suelta en el horizonte, un niño quieto en
el crepúsculo.
no sé dónde me
lleva este puente de vejeces moradas en el que sitúo un breve atardecer, las
casuarinas que cuelgan de un tejado olvidado, las ciruelas rodeadas de canteros
amarillos.
abrir una puerta blanca, con
sábanas secándose al sol, un viento que todo lo envuelve, cortar por primera
vez una manzana.
sábado, 1 de junio de 2024
Por dentro del poema
sábado, 25 de mayo de 2024
Acaso el desánimo
De algún modo, me alejo en la liviandad de la palabra, que ahora trepa hasta los jardines de una casa rodeada de casuarinas, mientras mis razones parecen campos de girasoles dando la espalda al sol.
sábado, 18 de mayo de 2024
La sombra de al lado
Al doblar la curva, la sombra del auto fue más lenta que el crepúsculo, ahora dorado con nubes violáceas y azulinas, pienso que mi sombra debería ser como esa sombra, que se pone en eje luego de la curva, y no ir siempre delante o detrás, sino al lado, debajo del plano anaranjado donde el sol oblitera su único plano, hacer de cuenta que me doy cuenta, que el día siempre termina en otra pregunta.
sábado, 11 de mayo de 2024
El telón rojo del cielo verde
Los vientos dispersan los colores de las auroras, una sombra busca su amparo bajo la lluvia, apenas atardece mientras trato de enmendar el silencio no trazado, las parrillas oxidadas de antiguos veranos, y las heladeras que ya no funcionan.
detrás, hay rejas pálidas que parecen anudadas, y avispas negras que han vuelto a sus oscuros agujeros adheridos a los techos, como una mancha vertical de la que nada se desprende, cubierta de ramas moradas.
en el fin del mundo, las luces titilan hasta callar, mientras se encienden fuegos en las calles heladas, y uno hasta podría imaginar la lata de arvejas que una mujer vuelca en una ensaladera con tomates cortados al medio, en la ventana luminosa que observo desde lejos, apenas atada en los bordes con una cortina de tela blanca, o acaso algo que se parece a eso.
en la mesa alguien abre una botella de vino, mientras se van
pasando los platos sin conversaciones aparentes, ni reflejos temblorosos de un
televisor, sin mirar en ningún momento, el telón rojo del cielo verde.




