sábado, 24 de septiembre de 2011

Lo que no se sabe

En 1948, en Salta,
fuimos de noche a cazar vizcachas y ranas,
y la conversación se apagó con el fuego del asado,
abrumados como estábamos por el cielo negro
y estrellado.
Nerviosamente encendíamos y apagábamos las linternas
hasta quedarnos sin pilas.
Tampoco puedo explicarme por qué sueño con pilas de linternas,
con pilas para radios a transistores.
Ni por qué sueño con lamparitas de luz,
delicadamente guardadas en sus cajas respectivas.
Ni por qué me sorprendo mirando el filamento roto
de una lamparita quemada...

De “La gran Salina”, Ricardo Zelarayán

El asunto es simple, estaba divagando en algo parecido a una rutina, hasta que me encontré con un poema que hace tiempo había entrevisto, esta vez lo leí, y me detuve.
El poema es extenso pero eso no importa, trasciende la idea del tiempo en el relato, como si los hechos fueran contados en un jardín intemporal, bajo un árbol de manzanas, preguntando porqué no podemos explicarnos todo, y que sin-sentido sería poder explicarnos todo. Y “todo” lo que es esto, sucede en la Gran Salina, habla de algo que está ahí, de algo que no se sabe, y que forma parte de la vida del poeta. Mudo asombro de las cosas, inevitable perplejidad de aquello que es en tanto circunstancia, mientras pasa o se detiene, porque la vida misma pasa o se detiene, porque la Gran Salina está ahí y a la vez no está, porque abruma no saber que hace ahí, o tal vez se sabe y eso solo apesadumbra, y no se puede hacer nada con eso, ni siquiera duele.

Lo que intuyo que puede ocurrir con la lectura del poema es descubrir que lo que dicen sus versos, en algún punto, en algún momento o circunstancia, nos sucedió. No importa dilucidar qué.
Otra cosa que sentí con este poema, es darme cuenta de la enorme influencia que proyectó Zelarayán en la poesía argentina “de los 90”, se encuentra allí, indeleble, en cada verso, en cada palabra, a la vuelta de cada esquina.

Porque en realidad, tal como lo dice el poeta, no se sabe nada, de lo que es mientras somos,
junto a lo que ya se sabe
Y no se sabe.

Aquí, el poema.

La Gran Salina
La locomotora ilumina la sal inmensa,
los bloques de sal de los costados,
los yuyos mezclados con sal que crecen entre las vías.
Yo vacilo....
y callo....
porque estoy pensando en los trenes de carga
que pasan de noche por la Gran Salina.
La palabra misterio hay que aplastarla
como se aplasta una pulga,
entre los dos pulgares.
La palabra misterio ya no explica nada.
(El misterio es nada y la nada no se explica por sí misma.)
Habría que reemplazar la palabra misterio
(al menos por hoy, al menos por este "poema" )
por lo que yo siento cuando pienso en los trenes de carga
que pasan de noche por la Gran Salina.
La pera trepida en el plato.
La miel se desespera en el frasco cerrado,
para desesperación de las moscas que le acechan posadas al vidrio.
Pero yo no me explico
y hasta ahora nadie ha podido explicarme
por qué me sorprendo pensando
en la Gran Salina.
El hombre de chaleco del salón comedor
se ha quitado los anteojos.
Los anteojos trepidan sobre el mantel de la mesa tendida.
Todo trepida,
todo se estremece,
en el tren que pasa a mediodía por la Gran Salina.
Yo me he sorprendido mirando
la sombra del avión que pasa por la Gran Salina.
Pero eso no explica nada.
Es como una gota que se evapora enseguida.
Hay que distraerse, dicen.
Hay que distraerse mirando y recordando
para tapar el sueño
de la Gran Salina.
Un piano colgado como una araña del hilo
se ha detenido entre los pisos doce y trece...
Un camión pasa cargado de ventiladores de pie
que mueven alegremente sus hélices.
En 1948, en Salta,
fuimos de noche a cazar vizcachas y ranas,
y la conversación se apagó con el fuego del asado,
abrumados como estábamos por el cielo negro
y estrellado.
Nerviosamente encendíamos y apagábamos las linternas
hasta quedarnos sin pilas.
Tampoco puedo explicarme por qué sueño con pilas de linternas,
con pilas para radios a transistores.
Ni por qué sueño con lamparitas de luz,
delicadamente guardadas en sus cajas respectivas.
Ni por qué me sorprendo mirando el filamento roto
de una lamparita quemada.
Nunca he visto...
nunca he podido imaginarme
la lluvia cayendo sobre la Gran Salina.
Yo no tengo objetivos pero me gusta objetivar.
Desde chico intenté cortar una gota de agua en dos
(con una tijera).
Aún hoy intento,
apartando las cosas de la mesa
o ahuyentando amigos,
imitar, imaginarme, la lluvia sobre la Gran Salina.
Tomo una plancha caliente y le salpico gotas de agua.
Pero aunque pueda imaginarme todo,
nunca podré imaginarme
el olor a salina mojada.
Anoche llegué a mi casa a las tres de la mañana.
En la oscuridad, tropecé con un mueble...
y allí nomás me quedé pensando
en lo que no quería pensar...
en lo que creía bien olvidado!
Pero en realidad me estaba escapando
del sueño estremecedor de la Gran Salina.
Y ahora me interrogo a mí mismo
como si estuviera preso y declarara:
"La Gran Salina o Salina Grande
está situada al norte de Córdoba,
cerca (o dentro, no recuerdo)
del límite con Santiago del Estero."
Estoy mirando el mapa...
pero esto no explica nada.
La caja de fósforos queda vacía
a las cuatro de la mañana
y yo me palpo a mí mismo, desesperado,
con el cigarrillo en la boca...
Habría que inventar el fuego, pensarían algunos.
Yo en cambio pienso en los reflejos del tren
que pasa de noche junto al río Salado.
No puedo dormir cuando viajando de noche
sé que tengo a mi derecha
el río Salado.
Paro aún así sigo escapando del gran misterio...
del misterio de la sal inagotable de la Gran Salina.
Recuerdo cuando arrojábamos impunemente naranjas chupadas
al espejo ciejo y enceguecedor de la Gran Salina.
A la siesta, cuando la resolana enceguece más que el sol.
Esperábamos llegar a Tucumán a las siete
y a las dos de la tarde tuvimos que cambiar una rueda
junto a la Gran Salina.
Un diario volaba por el aire...
el sol calcinaba las arrugadas noticias del mundo
del diario que caía sobre la Gran Salina.
Y vi pasar varios trenes
y hasta un jet...
Los pasajeros de los Caravelle
o de los Bac One-Eleven,
no saben que esa mancha azulada,
que a lo mejor están viendo en este mismo momento,
desde ocho mil metros de altura,
esa mancha azulada que permanece durante escasos minutos,
es la Gran Salina,
la Salina Grande.
Pero el jet anda muy alto.
La Gran Salina no conoce su sombra que pasa.
Los pasajeros del jet duermen...
se sienten muy seguros.
En el jet no hay paracaídas.
Los jets no caen. Explotan.
Hace unos años,
un avión que no era un jet volaba, creo, sobre Santa Fe.
De pronto se abrió una puerta
y una camarera tuvo que obedecer calladita
a las sagradas leyes de la física,
y demostrar su inequívoco apego a la ley de la gravedad.
Una ley dura como las piedras metidas en la boca de Demóstenes
que, según dicen, hablaba mucho.
Aquí hay que hacer un minuto de silencio.
Primero, por la dócil camarera sin cama del avión.
Después, por las palabras muertas,
muertas por no decir nada...
misterio, por ejemplo,
que sirve para no explicar lo inexplicable,
lo que yo siento cuando pienso en la Gran Salina,
lo que traté de no pensar un día que caminaba por la Gran Salina
tratando de distraerme y de no pensar dónde estaba,
escuchando una canción de Leo Dan
que pasaba LV12 Radio Aconquija
y el Concierto en sol de Ravel por la filial de Radio Nacional.
¿Qué pensaría Ravel, el finado,
si caminara como yo en ese momento
por la Gran Salina.
Ravel, púdico sentimental,
te imagino tocando el piano que hoy vi colgado
entre el piso 12 y el piso 13.
Sí, pobre Ravel de 1932
con un tumor en la cabeza que ya no lo dejaba componer.
Ravel tocando solo,
de noche (pero eso sí, absolutamente solo)
los "Valses nobles y sentimentales" en medio de la Gran Salina.
Estoy seguro que se hubiera interrumpido
al escuchar el silbato lejano de la locomotora,
para ver el haz de luz a la distancia
y la penumbra sobre la Gran Salina.
Días pasados fui al Hospital.
Hace años yo andaba por allí,
despreocupado y con mi guardapolvo blanco.
Pero ahora, de simple paciente,
sentí el ruidito angustioso
!Trank!
de la máquina de sacar radiografías.
!Y que pase otro! gritó el enfermero.
Pero el otro no podrá explicarme
por qué tengo sed,
por qué voy detrás del agua cautiva de la botella
y de la sal capturada en el salero,
yo, tan luego yo,
capturado en el sueño de la Gran Salina.
Un amigo, alto funcionario estatal,
me ofreció su pase libre para viajar por todo el país.
Total, me dijo, es un pase innominado,
cualquiera lo puede usar...
si se lo presto.
El pase sin nombre me deslumbró
como la marca de la cubierta que leí y releí
cuando cambiábamos la rueda junto a la Gran Salina.
Pero después pensé en Tucumán
(mi segunda provincia)
y en las vértebras azules del Aconquija
horadando las nubes blancas.
Ahora me entero que mi amigo,
el del pase sin nombre,
se separó de la mujer.
Aquí me callo...
Pero el silencio me hace pensar ahora
en lo que no quise pensar cuando miré el pase sin nombre que me ofrecían,
en lo que dejé de pensar hace un momento...
cuando vi pasar el ascensor con una mujer silenciosa
que no me quiso llevar.
Olvidemos el ascensor perdido
y pensemos de nuevo, de frente, en la sal
(cloruro de sodio)
y en el misterio...
Pero como nada es misterio
hagamos una traducción de apuro:
miss Terio
o miss Tedio
o chica rodeada de teros asustados
o algo por el estilo.
Pero no hay distracción que valga.
El ayudante de cocina del vagón comedor
se rasca la cabeza de tanto en tanto
pero sigue pelando papas sin distraerse
en el tren que se acerca a la Gran Salina.
Y el ascensor perdido con la mujer silenciosa
sigue recorriendo kilómetros entre la planta baja
y el piso quince.
El sastre de enfrente que ya comió
se asoma a tomar aire con el metro colgado en el cuello.
Yo pienso en comer, como se ve...
Son exactamente las 14 horas, 8 minutos, 30 segundos.
Y también, no sé por qué,
pienso en el acorazado de bolsillo Graf Spee
que en los comienzos de la última guerra
se suicidó antes que su capitán
frente a Punta del Este.
El Graf Spee yace a treinta metros de profundidad.
Ya nadie se acuerda de él.
Ni siquiera los hombres-rana
que bajaron a explorar sus entrañas.
Pero hasta los hombre-rana
salen a comer a mediodía.
Y a veces, para comer,
sólo se quitan las antiparras y los tubos de oxígeno.
Todavía hay gente que se asombra viendo comer a esos hombres...
con patas de rana.
Los hombres-rana reclaman al mozo la sal que se olvidó!
Dale!... Dale!
Hoy almuerzo con amigos
(si es que no se fueron).
Miraré de costado la sal y pediré pimienta en vez,
porque tengo miedo de quedarme callado,
ya se sabe por qué.
No quiero quedarme callado
ni distraerme,
ya se sabe por qué.
En realidad no se sabe nada
del sueño de la pilas,
de la lluvia sobre la sal,
de la chica del ascensor,
del sastre asomado con el metro colgado
o del tren que pasa de noche indiferente
junto a lo que ya se sabe
y no se sabe.

....................................................


Hace años creía
que "después del almuerzo es otra cosa"...
es decir que las cosas son otras
después del almuerzo.
Este poema (llamémoslo así),
partido en dos por el almuerzo
y reanudado después, me contradice.
No comí postre.
!Siento la boca salada!
Pero no voy a insistir.
El domingo pasado,
en casa de un amigo poeta,
conocí a un chileno novelista e izquierdista
que se fue a Pekín y que, posiblemente,
no vuelva a ver en mi vida.
Tímidamente, entre cinco porteños y un chileno izquierdista,
metí una frase de Lautréamont
que como buen franchute es uruguayo
y si es uruguayo es entrerriano.
Una frase (salada) para terminar (o interrumpir) este poema:
"Toda el agua del mar no bastaría para lavar una
mancha de sangre intelectual"

sábado, 17 de septiembre de 2011

Sobre la evidencia como hecho poético


"Hay ambigüedades que forman parte del lenguaje porque también forman, me animaría a creer, parte indisoluble de nuestra condición humana. Y de esa ambigüedad, para mi gusto prácticamente orgánica, raigal, constitutiva, que bien puede considerarse de algún modo una carencia, hace la poesía no obstante su cantera. De esa incapacidad del lenguaje humano para decirlo todo claramente, que tanto inquietó en nuestra época a un Ludwig Wittgenstein («Si el signo y lo designado no fueran idénticos en lo tocante a su pleno contenido lógico, entonces debería haber algo todavía más fundamental que la lógica»), la poesía intenta extraer justamente su capacidad para decirlo todo".
Rodolfo Alonso

Me parece interesante este acercamiento del autor, incluyendo la cita que permite entender la idea que entre el signo y lo designado hay una imposibilidad, una escasez, una hendidura, entonces debería ir algo que va más allá de la lógica, y eso sería la poesía. Con lo que se podría reducir que la poesía trata de cubrir la carencia del lenguaje con aquello que “ve”, con el hecho concreto de la evidencia en tanto poema, en tanto relámpago fijado en un conjunto de palabras.
Ante la perplejidad de lo creado, el poeta desbroza lo aparente, allí ocurre algo, luego, con el tiempo, la idea adquiere un plano, de algún modo, finaliza en sí mismo. Detrás del acto quedan vestigios de una imbricación, un devenir encontrando significado, si tal cosa es posible.

Podría divagar un poco más, ir hacia los recursos o licencias que el poeta se permite, mientras se deja llevar por lo que ocurre, para descubrir su propia meseta, su propia isla, su propio desierto. Esto puede darse en tiempos diferentes, en ocasiones retomando ciertos versos que fueron corregidos o incluso en aquellas escrituras automáticas que poco advierten de las reglas que sin embargo están implícitas en el poema, como cuando escribimos en verso alejandrino sin saberlo o descubrimos azorados que en todo este tiempo no hicimos otra cosa que hablar en prosa. En este caso me quiero acercar a quienes utilizan el recurso de la enumeración en el poema, palabras consecuentes que reiteradas en su conjunto, refuerzan el sentido del verso, su necesaria prolongación. Todo esto, que puede ser riesgoso, tiene su sentido.
Se describe sobre una realidad aparente, luego, como si fuera un hemistiquio, la irrupción de un elemento fantástico, surrealista o ilusorio, modifica el sentido lineal del poema, hay palabras que tal vez no tengan etimología para acompañar ese tono, pero que en su musicalidad encierran cierta belleza que se corresponde con la idea del poema, su invisible plano interior.
La utilización de ese recurso parece agotar en sí mismo la presunta idea de que el poeta no encuentra modo de finalizar una suerte de recorrido sin aparente rumbo, y sin embargo esa reiteración (no de palabras sino de sentido) refuerza el tono del que viaja hacia otro horizonte con el riesgo probablemente asumido de abandonar aquella ida por mera elección.

Como aquellas películas con finales abiertos donde solo quedan rostros que presagian lo no ocurrido, y sin embargo se trata, en ambos casos, de invisibles puntos suspensivos.

Y un poema que se lee hasta que se descubre que ya no quedan palabras.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Un blog de poesía...


¿Qué es un blog de poesía?
¿Qué representa?
Hay poetas que escriben en estos espacios para “despuntar el vicio”, en ocasiones comparten textos que jamás incluirán en sus libros, ejercen el derecho a la opinión en tanto ciudadanos, realizando atravesamientos en planos políticos, sociales y culturales, ofreciendo respuestas desde el contexto de la literatura. Los hay quienes aprovechan las cualidades de este tipo de plataforma para difundir pensamientos, publicaciones, documentos audiovisuales que los tuvieron como eje de interés en un determinado acontecimiento. Escriben, opinan, ensayan aparatos críticos y forman una especie de catálogo literario que solo será consumido en forma virtual, con contenidos digitales que vaya a saberse si alguna vez terminan en soportes impresos.
De tanto en tanto asocian una construcción citando artículos de otras bitácoras, de tanto en tanto se dejan ver, tienen un rostro, y comulgan entre acólitos sus desventuras cotidianas.
Otros prefieren arrojar sus versos, escritos desde nocturnas computadoras en lugares sin identidad, simulando una ficción, una pertenencia hacia algo que va más allá de toda comprensión.
Es extraño el consuelo que supone escribir para alguien que del “otro lado” semeja la invisible actitud de un visitante. La distancia deja de medirse, y sorprende que un lector se tome un tiempo para tratar de entender estas falsas verdades. 

Alguien que escribe versos, alguien que los lee. Alguien que de algún modo comprende que el todo está en la parte y la parte está en el todo.

No deja de parecerme una misteriosa construcción.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Lo que está dentro del sistema


Sabemos que es un sistema binario, qué representa, qué traduce. Trasladar a otros campos su ilimitado alcance prefigura posibilidades inauditas. Sin embargo pienso lo que significaría intentar analizar una ecuación que representa el entramado o arquitectura de un sistema, al cual no podemos acceder por nuestros sentidos. Necesitamos artefactos que nos permitan simbolizar esquemas, dilucidar sus componentes, trazar límites. Detrás de lo desconocido hay ecuaciones que permiten diagramar componentes de una realidad, como las imágenes del pensamiento que instalan un plano al intentar crear un concepto. Se puede decir que existe una interrelación de la que nada sabemos, que habilita o facilita la construcción de nodos que a su vez permitirán encriptaciones (eventuales posicionamientos), bajo la idea de una fórmula.
 
Así nacen sistemas, poblados de algoritmos, que instalan respuestas artificiales, simulando representar la realidad. Así nacen pensamientos, articulados indefinidamente, que arrojan verdades como relámpagos, semejando dígitos de un sistema no nacido. Detrás vienen las adscripciones, las estructuras, los contextos, todo aquello que hoy vemos del mundo que creamos.

Hay quienes viven mimetizados en esos laberintos, auscultando toda percepción.
¿Será así lo creado en el poema cuando ocurre?

lunes, 29 de agosto de 2011

Lo que ocurre en el mundo real


Cuando estuve en el Río Limay, sentado en una piedra a orillas de las aguas, vi “algo”. Como si tuviera su propio esquema, su propia álgebra. Un mundo que excedía la capacidad de los sentidos. Como si una obra se gestara intermitentemente, imbricándose a sí misma. Hilándose a sí misma.

Quizás haya que detenerse en ese momento, en que la aparente calma oculta un entramado sinuoso y dinámico, mientras el previsible mundo prosigue en su divagar cotidiano. El mundo de las piedras y los murmullos, los atardeceres que congregan soledades. 

Debajo del agua las corrientes se atraviesan en múltiples direcciones, buscan completarse, agregando curvaturas a profundos planos. Fuera de eso, pienso en las relaciones artificiales que promueven las redes sociales, que rol jugarían en esas aguas, si acaso lo permanente o lo constante.

Se acepta una ficción, donde somos “otros”, a veces una simple imagen, un problema del cual tenemos una fotografía. Aceptamos esas reglas y fingimos pertenencia. Nos apagamos y encendemos. Los sentidos se multiplican, trazamos inacabadas simetrías, comulgamos adscripciones sin tiempo, sin espacio, sin identidad.
 
Desangelados y vacíos por el mundo de las computadoras, escribiendo versos para resguardar un sentido de posteridad, nadando en océanos virtuales, con el utópico deseo de alcanzar una orilla.

Un laberinto, a veces creo que se trata de un laberinto, y de tanto en tanto encontramos algo.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Homenaje

Antes, ser incluídos en un dibujo animado significaba todo un reconocimiento, quien llegaba a ser caracterizado de ese modo en un capítulo habilitaba al homenajeado a ser considerado una celebridad, alguien que trasciende su tiempo, una suerte de ícono o símbolo cultural. Hoy esa percepción puede suceder con google. Aquí está el homenaje a Jorge Luis Borges, a 112 años de su nacimiento. Se trata de una pieza web (un "doodle", logo especial que el buscador coloca en su página de portada), compartida en todos los dominios del mundo, que nos recuerda la obra del gran escritor.

Que no hubiera dicho Borges sobre Internet, laberinto si los hay. Probablemente nos recordaría aquella anécdota en que un periodista lo llamo desesperado porque se había borrado la entrevista en su grabador, a lo cual Jorge Luis contestó, con elegante ironía "que se embrome, nunca supe de alguien a quien lo haya traicionado una cuchara"...

domingo, 21 de agosto de 2011

Un año sin Fogwill

Ya un año de la ida de Fogwill, el tiempo es extraño con ciertas ausencias, pareciera más cercano aquel cimbronazo, tal vez por ese mismo efecto, en donde algo que aturde anestesia los sentidos y no permite tener una noción del contexto temporal.
Como sea, mucha gente se acordó del evento, y lo referenciaron a su manera, extrañándolo, significándolo, valorándolo, despidiéndolo...

y entonces se acumula algo que no sabemos que es, y aquí estamos, riéndonos de la tristeza.

PD: nobleza obliga, la foto la saqué de acá.

jueves, 18 de agosto de 2011

Sobre el trazo de nuevas curvaturas en la Poesía Argentina

Como planteó alguna vez Deleuze, “un pensador puede modificar decisivamente lo que significa pensar, trazar una imagen nueva del pensamiento, instaurar un plano de inmanencia nuevo, pero, en vez de crear conceptos nuevos que lo ocupen, lo puebla con otras instancias, con otras entidades, poéticas, novelescas, o incluso pictóricas o musicales”.

El asunto es trasladar al escenario de la poesía a quienes hayan instaurado, al modo de Spinoza según Deleuze, un nuevo plano desde el cual trazar evidencias con poetas posteriores. Probablemente Ricardo Zelarayán haya marcado un rumbo del cual bebieron parte de los llamados “poetas de los 90’”. Tal vez con Héctor Viel Temperley se abra otra curva que, para algunos críticos, pueda bifurcarse estéticamente con parte de la obra de Néstor Perlongher. Imposible no mencionar a Joaquín Gianuzzi en ese derrotero, cuya luz iluminó buena parte del camino que reconocidos poetas tomaron como una apacible encrucijada.
Mismo Juan L. Ortiz señaló un rumbo, que para algunos escritores ha estado ligado al simbolismo fundacional en nuestro país, y que aún hoy reclama una revisión y un profundo estudio. También es posible percibir nuevas curvaturas en los registros de poetas como Rodolfo Alonso o Juan Gelman.

El tema ya había sido debatido fragmentariamente bajo la idea de continuidad o ruptura en la Poesía Argentina. Al contemplar la meseta actual del escenario literario, tal vez podamos agregar alguna suposición, de cara al futuro, con la poesía de Pedro Mairal, Fabián Casas o Martín Gambarotta. Hay decenas de poetas que pueden entrar en este supuesto escenario, del cual jóvenes escritores decidan trazar un nuevo plano (pienso por ejemplo en Alejandro Crotto), o poblar de diferentes componentes lo ya instaurado. Se verá.

Hoy por hoy suele percibirse, en muchos blogs de poesía, la idea de “evasión” del pensamiento filosófico, quienes escriben suelen opinar sobre temas adyacentes y a la vez esquivos de la literatura, se reflexiona poco sobre el hecho del acto creativo, persisten escrituras “de laboratorio” cuyo desafío será incluir ese tipo de registro en los circuitos de publicación impresa, “adaptando” los contenidos publicados en las bitácoras al formato libro.

Tal vez se trate de trazar planos en el caos, si es que es allí donde habita la certidumbre de que un libro, una obra o un puñado de versos marcaron un detrás y un debajo en la historia de la poesía, cuando "historia" es una palabra un tanto abrumadora, y apenas podemos avizorar los nuevos derroteros y las eventuales adscripciones.

sábado, 13 de agosto de 2011

Los poetas que no


Conozco decenas de poetas que se pueden sentir representados en este texto de Juan Forn, vaya a saberse que fue de sus vidas. Algunos publicaron un único libro, y se dedicaron meses a recorrer librerías dejándolos a cuenta, otros recitaron versos en sótanos y bares, otros hicieron representaciones de sus obras, otros vendieron poemas en los subtes, otros tomaron un micrófono abierto o leyeron en programas de radio parte de sus obras, parte de sus vidas. Otros se contentaron con ser migajas de un cadáver exquisito. Otros estuvieron un día en la Feria del Libro, firmaron algunos ejemplares, y se volvieron a casa.
Otros llegaron más lejos, y hoy escriben artículos en revistas, tienen sus propias editoriales, salen en televisión…

Algunos fueron invencibles en su orgullo, alcanzaron a ver las plumas del pavo real segundos después de perderse en la espesura, bebieron ginebra, recitaron poemas en voz alta, fijaron vértigos, comprendieron la injuria de Rimbaud, cuando sentó a la belleza en sus rodillas encontrándola amarga, pudieron escribir los versos más inconcebibles, pudieron decodificar el sistema binario de la locura, algunos crearon desde lo candente y lo caótico, defenestraron todo lo que “no era poesía”, volvieron por las calles nocturnas, abriendo de par en par las esclusas del entendimiento. O lo que se supone entender el mundo desde un libro de poemas.

Fueron vulnerables, pero no les importó, pudieron ser videntes, y eso hubiera sido todo lo necesario, todo lo imprescindible y profano que pudiera atesorarse, el velo que debieron descorrer para hallarse en un puñado de versos.
Alguna vez, como sentenció César Aira en una entrevista, “quisimos ser Rimbaud y no pudimos”, pero aún así, y más allá de impares circunstancias, extasiados poetas pudieron escribir versos realmente buenos, pudieron deshilar cierto dramatismo, cierta melancólica deidad, azotando la palabra, aullando como lobos, acercándose de tanto en tanto lo suficiente como para no ser considerados unos salvajes.

De algún modo, este texto de Juan Forn avivó la llama de aquellos días, retrotrayéndome a la adolescencia, al mágico día en que por fin había escrito la cantidad suficiente de poemas como para justificar la publicación de un libro, también recordé las recientes palabras de Gelman “A los 30 tuve miedo: ‘Nunca vas a ser poeta’, me dije. Desgraciadamente me equivoqué.”

Muchos poblaron de mendrugos las razones del universo, escribieron autobiográficos anhelos, presuponiendo que el inaudito sueño era posible: vivir de la escritura, vivir de la poesía.

Y como dice el artículo de Forn, “no les quedó más remedio que ser otra cosa, y al final no fueron ni serán en la memoria colectiva más que esa pobre otra cosa, es decir nada”.
Pongo en cuestionamiento esa “nada”, porque en definitiva dejaron “algo” que los completó, si es que todo no fue más que una brizna donde representaron a sus dioses y demonios, con la esperanza de que esos versos, leídos en algún lugar y en algún momento, simbolizaran un contexto, una idea, una empatía.

De alguna manera quise brindar un pequeño y sincero homenaje a todos aquellos que no tuvieron más remedio que ser ellos mismos, cuando en realidad fueron “otros”, tratando de portar una antorcha, porque no podían hacer otra cosa, porque tuvo sentido hacerlo.

viernes, 5 de agosto de 2011

El destino del poema


Cuando los versos de un poema son citados por otro autor, cuando su obra se menciona en algún prólogo, o forma parte de una compilación o ensayo, o su apellido aparece en las dedicatorias de otros colegas, resulta un buen modo de medir, como parámetro, la incidencia de un autor determinado en un contexto particular, ya sea editorial o periodístico.

En tal sentido, el mundo científico ofrece un circuito del cual excede toda apropiación fuera de dicha disciplina. En el caso de las publicaciones científicas existen índices de citas que miden el impacto de un trabajo según cuántas veces a sido mencionado dicho artículo por otros autores. Esta acción retro-alimenta todo un sistema que busca posicionar un determinado centro de atención en el campo de la ciencia, en algunos casos vinculado a intereses que se encuentran ajenos a la calidad de lo publicado.

Siguiendo la lógica, se puede hacer una ecuación simple: las revistas buscan difundir artículos de mayor relevancia, cuando un investigador necesita saber que impacto ha tenido el tema que investiga, recurre a estos índices. Con el tiempo se tornan arborescentes, luego declinan. Dicho circuito se sustenta en el lema “publicar o perecer”.

Estas disquisiciones no son frecuentes en el campo de la literatura, si bien existen índices de citas para las diversas disciplinas que componen el conocimiento humano, por lo general no resultan materiales de consulta para quienes pretenden, como lectores, acercarse por ejemplo a un libro de poesía.

Hubo un caso emblemático que tuvo por protagonistas a lectores ocasionales. No recuerdo en que diario lo leí, o en que revista, pero bien vale rememorar la anécdota. Resultó que luego de organizar un concurso de poesía, uno de los organizadores recibió el encargo de cumplir con una parte del reglamento, que consistía precisamente en la destrucción de las obras no premiadas. Pero este señor, vaya saberse si por lástima, o empatía, decidió depositar esas carpetas, llenas de fotocopias de poemas, en un container que estaba sobre la vereda. Acto seguido se quedó espiando la reacción de las personas que por allí pasaban. Los gestos de sorpresa, y de satisfacción de quienes tuvieron la extraña suerte de pasar delante de un contenedor atestado de poesía, merecería tal vez un capítulo aparte. En un momento se habían juntado varias personas, revolviendo carpetas, leyendo poemas, haciendo pilas con fragmentos de obras que simplemente habían encontrado a sus lectores. El asunto es que al final del día el container quedó lleno de escombros y vacío de aquellos librillos que ilusionados poetas habían enviado para un concurso. Difícilmente se pueda corroborar idénticos comportamientos con trabajos científicos. Porque esto no se trata de libros liberados o de ferias ocasionales, se trata de una azarosa epifanía provocando felices simetrías.

Para quienes no tuvieron esa suerte, las búsquedas en librerías, bibliotecas, ferias o tertulias, suelen ofrecer espacios para el sutil encanto de la serendipia. No deja de ser un modo de hallazgo, un apacible extravío, siguiendo los lineamientos propios de la causalidad, aquello que no conoce de tiempos y atavíos, y para lo cual no hay lógica posible, en especial si de poesía se trata.

O como gustaba escribir Borges: “Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica. “La rosa es sin porqué”, dijo Angelus Silesius; siglos después, Whistler declararía “El arte sucede”. Ojalá seas el lector que este libro aguardaba”.

jueves, 28 de julio de 2011

Versos de un poema


Del monte en la ladera,
por mi mano plantado, tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.


Del poema "Vida retirada", Fray Luis de León

Si el poeta hubiera escrito “en la ladera del monte” (que parecería lo más apropiado al simple entendimiento del verso), el resultado sería algo prosaico, sin sonido, lineal. Para la segunda estrofa cabe el mismo criterio, se puede invertir el orden, y sin dejar de decir lo mismo, el verso perdería fuerza.
En cambio escrito de aquel modo se percibe una musicalidad, la figura se realza sin cambiar el orden, la construcción es coloquial, se advierten resonancias y hasta silencios que no dejan de ser posibilidades que nacen del mismo texto.
A veces basta con separar las frases, para acentuar la intención, provocando la debida quietud.
Es probable que un buen ejercicio consista en leer en voz alta, una lectura que se detenga en cada palabra, derramando miel con cada verso, hasta entender de qué se trata.

sábado, 23 de julio de 2011

La luz de julio...


Creo poder afirmar que solamente un poeta puede darse cuenta de algo como esto.
Cuando lo que hay es un mundo detrás de las cosas.

jueves, 21 de julio de 2011

Calma perezosa


Ver caer las hojas del jardín, una a una, hasta tocar el suelo, sentir el sonido de lo que cae, mientras la tarde va declinando en tonos ocres y pasteles, una instancia que se advierte con el detenimiento, una captación de lo bucólico, la inaudible afonía de las cosas.

Darme cuenta, con el acto, del paso del tiempo, porque todo esto necesariamente se debe transformar en algo, para que los ciclos se cumplan en los tiempos debidos, para que lo que duerme vuelva a renacer.

Las hojas caen, es un hecho, lo nuevo empieza otra vez.
Vaya a saberse porque pensé en aquello plausible de ser creado, mientras esta nimiedad ocurre, sin que haya testimonio ni asombro, solo perplejidad y silencio.

Una a una, las hojas en blanco caen al suelo. Lo no escrito. Lo no auscultado.
Nunca me olvidaré de este atardecer.

sábado, 16 de julio de 2011

Lo inaudito de lo creado


Tal vez no se pueda plantear la pregunta ¿Qué es la filosofía? hasta tarde, cuando llegan la vejez y la hora de hablar concretamente. De hecho, la bibliografía es muy escasa. Se trata de una pregunta que nos planteamos con moderada inquietud, a medianoche, cuando ya no queda nada por preguntar. Antes la planteábamos, no dejábamos de plantearla, pero de un modo demasiado indirecto u oblicuo, demasiado artificial, demasiado abstracto, y, más que absorbidos por ella, la exponíamos, la dominábamos sobrevolándola. No estábamos suficientemente sobrios. Teníamos demasiadas ganas de ponernos a filosofar y, salvo como ejercicio de estilo, no nos planteábamos qué era la filosofía; no habíamos alcanzado ese grado de no estilo en el que por fin se puede decir: ¿pero qué era eso, lo que he estado haciendo durante toda mi vida? A veces ocurre que la vejez otorga, no una juventud eterna, sino una libertad soberana, una necesidad pura en la que se goza de un momento de gracia entre la vida y la muerte, y en el que todas las piezas de la máquina encajan para enviar un mensaje hacia el futuro que atraviesa las épocas...

Gilles Deleuze y Felix Guattari. ¿Qué es la filosofía?

Cada tanto me recuerdo estas palabras, prólogo de un libro que motivó, más que ningún otro, un disparador constante hacia las articulaciones del pensamiento con respecto a los extraños procesos de creación literaria. Leer a Deleuze significó comprender, de modo arborescente, lo inaudito del poema, el misterio de lo creado. Esto viene a cuento por un intercambio de mensajes con un viejo amigo, arquitecto y filósofo, sobre lo que significa “crear” en la poesía. Me comenta que el concepto del verbo roza el misterio, crear no es fabricar. Se fabrica a partir de una materia prima, pero se crea a partir de la nada, y la nada es misterio. La nada NO ES. Pero desde allí el creador, sea cual sea su arte, genera algo que SI ES: un poema, una partitura, una pintura.

Retrotraerse al concepto desde el punto de vista histórico y/o teológico nos habilitaría para mencionar la Biblia, donde la “creación” no es ni más ni menos que la “obra de Dios”, todo cuanto nos rodea. Cuando se dice que el poeta crea, se está en cierto modo re-significando esa tarea primaria, tan antigua como indeleble, reducida tal vez a los parámetros artísticos, pero que encierran una complejidad tal, que las palabras son meros ornamentos para intentar desbrozar su misterioso significado. La nada NO ES, esto es muy cierto. Así que, cuando el poeta crea, la nada es como un velo que se descorre, y se "descubre", o se "ve", lo que antes era apariencia de no ser. Después, eso que ve, el poeta lo arroja, deja de pertenecerle, pero su quintaesencia la ha cifrado subjetivamente, luego la ha palpado, finalmente la construye. Como el pavo real segundos después de perderse en la espesura.

Entonces aquí aparecería Rimbaud repitiendo aquella famosa carta del vidente, recordándonos que más allá de lo que pase después, luego de haber alcanzado lo desconocido y, aunque enloquecido, acabara por perder la inteligencia de sus visiones, el poeta no dejaría de haber visto el relámpago, y lo demás que reviente en lo inaudito e innombrable, vendrán otros horribles trabajadores a posarse en el horizonte de lo creado.

Si todo era la NADA, y el poeta pudo ver lo imbricado en esa nada, tiestos o componente de un plano mayor ¿Qué puede significar a la luz de lo acontecido? Que tal vez haya que detenerse en lo aparente, detenerse en lo que ocurre, como un simple objeto que sin embargo tendrá un mundo detrás: grietas, silencios, ciclos de tiempo, oscuridad, raíz, murmullos…
El poeta intentará con la palabra habitar esa entidad, si tal cosa es posible.
Tan inexplicable como la metamorfosis de la oruga en mariposa, un tránsito desplegado desde lo inaudito, escondiendo un misterio que va más allá de toda lógica, y que sin embargo, como la poesía, también ocurre.

Encontrar consuelo en un abrevadero, asombro que ha de callarse, un silencio que por alguna razón, desde hace siglos, necesitamos profanar, irremediablemente, con la palabra escrita.

Así el poeta utiliza la palabra, luego de haber visto.
Entonces nace, lo que ocurre...

sábado, 9 de julio de 2011

Aquello no leído, aquello abandonado


A lo largo de la historia existieron autores cuyos libros han provocado inevitables renuncias por parte de abrumados lectores. En ocasiones sus textos han sido sobrevolados con intermitencias por parte de generaciones amedrentadas por la crítica escrita. Probablemente ciertos mitos de la literatura se correspondan con aquello que no ha sido leído con detenimiento.
Libros como el Mahabharata, epopeya mitológica de la India, considerada la obra más grande escrita en sánscrito (contiene buena parte del saber religioso de la India distribuido en 18 libros, llamados "parvan", escritos probablemente desde el siglo IV a.C. Al siglo IV d.C.), o el Ramayana (Gesta de Rama, obra de 24.000 versos en siete cantos), célebre epopeya que figura como la composición literaria más espléndida de la literatura hindú, atribuida al poeta Valmiki Prachetasa (de quien se conjetura un argumento similar al de Homero, que muy probablemente varias personas intervinieron en su redacción), libro que refiere la encarnizada lucha de Ramachandra (encarnación de Vishnu) contra los Asuras (símbolo equivalente al titán o demonio en la literatura hindú) y su soberano Ravana. De modo que la epopeya recrea el mito de la guerra entre dioses y demonios.

Es interesante advertir, en la lectura babilónica de Gilgamesh (poema épico salvaguardado en tablillas de arcilla con escritura cuneiforme), cómo ciertos pasajes fueron tomados como registros históricos que representaron curiosas coincidencias con otras obras, acaso la más significativa sea el diluvio que aparece en la Biblia, recreando con otras circunstancias un hecho que ya aparecía registrado en el poema de Gilgamesh.
De Homero se sostiene que tuvo la virtud de darle un tono a los innumerables relatos que la abrumadora memoria de los rapsodas conservó, a través de la oralidad, en el antiguo mundo griego. Tanto la Ilíada (15.000 versos distribuidos en 24 cantos), como la Odisea (aproximadamente 10.000 versos en igual cantidad de cantos), recrean el pretérito mundo de Occidente, desde la cólera de Aquiles hasta el regreso de Odiseo. Pero el que se considera como el poema épico más extenso del mundo es el que corresponde a los llamados Cuentos tibetanos de Gesar (120 tomos que contienen más de un millón de versos y más de 20 millones de caracteres), estos cuentos, mitos y leyendas, luego de mil años de ser difundido oralmente por juglares del Tibet, alcanzaron su punto de fijeza a principios del siglo XII, logrando perpetuar en el tiempo la vida del Rey Gesar, un semidiós que simbolizó, con sus enseñanzas y virtudes, los temores y esperanzas de su época.

De la Biblia ya se sabe, "libro de los libros" o "libro sagrado", resulta una obra significativa para los creyentes judíos y católicos. Según el cánon, el Antiguo Testamento se compone de 39 libros para los protestantes, entre 46 y 49 libros para la iglesia católica (según se interprete la inclusión de algunos capítulos), y hasta 53 para las diferentes iglesias cristianas ortodoxas.
En cambio el Nuevo Testamento habilita la piedra fundacional del Cristianismo (habría que considerar los numerosos evangelios apócrifos que dan buena cuenta de versiones distintas de las publicadas, como los atribuidos a Judas, probables textos de Daniel no incluidos en el Antiguo Testamento, o evangelios como el de María Magdalena, no considerados en el Concilio de Trento).
Para Borges, se trata simplemente de la mayor obra de la Literatura fantástica en la historia de la humanidad.

Otra obra extensa ha sido el Ulises de Joyce, sin embargo existe en Argentina un libro que supera en 30.000 palabras a esta obra, se llama "Los Sorias", y la escribió un tal Alfredo Laiseca. Cuenta la leyenda que esta novela, que se mantuvo inédita durante veinte años, fue leída con devoción por Ricardo Piglia, César Aira y Rodolfo Fogwill, quienes se encargaron de sembrar el mito, con el boca a boca entre sus amigos y colegas, logrando que la primera edición de 350 ejemplares quedara prácticamente agotada en pocos días. Se trata de una novela desopilante, que según el autor se puede conceptuar como "un realismo delirante", la edición 2004 tiene 1323 páginas, Piglia llegó a considerarla como la "mejor novela que se ha escrito en la Argentina desde Los siete locos". Destinada a convertirse en un clásico y a merecer el título de "civilización Laiseca".

No he leído estos libros (exceptuando la Ilíada), sobrevolé algunos, probablemente porque los tiempos internos nunca fueron correlativos con semejante demanda, situación que requiere compenetrarnos con sus signos, con su arbitraria arquitectura, cuando todo lo que hay por delante son palabras, y un misterio por desandar.

sábado, 2 de julio de 2011

Sobre la poesía oral y la escritura


El arte oral ha significado, a lo largo de la historia, un modo de perpetuar narraciones épicas que incluían manifestaciones artísticas, antiguas cosmovisiones, hazañas militares de los antepasados, valores de los propios pueblos y leyendas de héroes míticos muertos en históricos combates. Son innumerables las tradiciones populares que han vivido oralmente en la memoria de sus pobladores, en especial los recogidos en la Edad Media a través de la poesía heroica. En distintas latitudes, el uso de la memoria constituía el único modo de fortalecer la identidad de un pueblo, se registran ejemplos de poemas tradicionales en Rusia, sobre todo los localizados en las remotas regiones del lago Anega y del mar Blanco, de Ucrania, de Bulgaria, de Yugoslavia (tanto de cristianos como de mahometanos), de Albania, de Grecia, de Estonia, por lo que se refiere a Europa. En Asia, los poemas de los caucasianos, armenios y osetas; los de los calmucos, uzbekos y kara-kirguis; los de los yacutos y los ribereños del Liena, en Liberia; los de los pobladores del oeste de Sumatra y de la isla japonesa de Hokkaido; los de algunas tribus de Arabia, mientras que en África se han hallado muestras de poesía bélica en Sudán. Para los griot de Mali (oradores que recrean la tradición oral africana) la palabra, Kuma, es una fuerza fundamental que emana del mismo ser supremo, Maa Ngala, creador de todas las cosas. La sustancia misma de la historia africana descansa en las llamadas "escuelas de iniciación" u "órdenes", herederas de aquel legado ancestral, y continuadores del patrimonio cultural de sus pueblos. En ellos han sobrevivido las historias de sus ancestros, la riqueza de sus lenguas y dialectos, y la conciencia de su identidad.
Mismo Arthur Rimbaud, entre los árabes, frecuentó “poetas alucinados” que recitaban el Corán en las horas debidas.

Las diferentes creaciones orales, en la mayoría de los casos sin necesaria trascripción a la escritura, han alimentado en diversos países la existencia de canciones populares o cantares de gesta. Si en algunos casos se conocen estas expresiones se ha debido al silencioso trabajo de amanuenses que los copiaron en manuscritos, y de juglares que a través de la memoria recitaban ante un auditorio antiguas historias épicas, muchas de las cuales han llegado hasta nuestros días.

En América han pervivido narraciones míticas, crónicas nativas, conquistas militares y tradiciones históricas de numerosas culturas, entre ellas sobresalieron las de los Incas, Mayas y Aztecas. Los pueblos precolombinos poseyeron diversos sistemas de escritura (ideográfica, pictográfica, calendárica, numeral, fonética) que manejaron utilizando pieles de venado, superficies de piedras y tiras de papel de amatl.
En algunos casos se registraron códices con escritura jeroglífica, que constituían un verdadero sistema de transmisión de la cultura y un modo de fortalecer la continuidad de su universo. De este modo se conocieron obras impresionantes como el Popol Vuh o Libro del Conejo (escrito en lengua quiché) y la Tragedia Achi entre otros.

Existen escritores indígenas en la actualidad, quienes han logrado publicar en pequeñas editoriales sus poemas. Algunos de ellos lograron traspasar fronteras, como el mapuche Elicura Chihuailaf, quien, con gesto grave, se paró en Viena ante un auditorio desconocido, y recitó sus versos cantando, como si estuviera en una ceremonia, como si por un momento, pudiera recrear lo que sus abuelos contaron y re-elaboraron junto al fuego.

En general, de los innumerables relatos tradicionales de los pueblos originarios, solo una pequeña parte ha sido recogida y posteriormente publicada, mucha de la mitología oral se ha perdido o ha sido sustancialmente modificada a lo largo del tiempo.

Poemas nacidos de la memoria y el lenguaje, y un largo silencio detrás.

Bibliografía consultada:

Martín de Riquer y José María Valverde. Literaturas medievales de transmisión oral: con una exposición previa de la literatura en griego y en latín en la Edad Media - Barcelona : Planeta, 1984. [Historia de la Literatura Universal; 2]

Rodríguez, Jesús. Raíces de la memoria. En: Ñ: revista de cultura : Buenos Aires año 5 n° 241 mayo 2008: p.18

Amadou Hampaté Ba. Los archivos orales de la historia. En: El Correo de la UNESCO, Mayo-Junio 1986. p. 52-53.

Miguel Ángel Asturias. Función sagrada de los códices precolombinos En: El Correo de la UNESCO,
Mayo-Junio 1986. p. 55-56.

sábado, 25 de junio de 2011

Sobre continuidades y rupturas en la Poesía Argentina


Asistí a este encuentro, luego de años de no frecuentar escenarios, donde se puedan analizar críticamente ciertos aspectos que hacen a la poesía. De entrada nomás, se planteó como un disparate intentar abordar el tema en un encuentro pautado a dos horas, distribuido entre cuatro oradores y un coordinador, pero al menos valió el intento. Entre el público éramos unas 25 personas, algunas de las cuales arrojaron sus discrepancias y adhesiones.
La mesa de reflexión, asistida por Vicente Muleiro, estaba representada por Ricardo Herrera, traductor y poeta, Rodolfo Edwards, quien supo ser editor de 18 whiskies y la Novia de Tyson (emblemáticas revistas de poesía de los 90), y por último Osvaldo Aguirre, también poeta y editor, ausente Tamara Kamenszain.

Ricardo Herrera destacó, en el trabajo de traducción de reconocidos poetas, la necesidad de “darle temple al verso”, para el, repetición y ruptura son términos que se excluyen, imposibles de abordar en el contexto propuesto, pero en un momento dijo algo así como que “el verso libre nos permite abordar la especificidad”, quedando flotando la duda de porqué no cuadraría el soneto en dicha concepción, y si lo dijo desde la posición del traductor o del crítico literario. Hay muchas maneras de entender qué representa la especificidad al momento de analizar poesía, y tal vez el verso libre permita al crítico literario detenerse en determinados bloques para desde allí significar un rasgo preciso del escritor, “algo” que permita descubrir un hilo conceptual que acaso justifique la idea de continuidad en la poesía, o en la formación y experiencia poética del autor. Traducir es, en cierto modo, recrear una lengua, y por tal motivo me parece mucho más complejo de abordar el tema de la especificidad desde esa práctica.

Siguió Rodolfo Edwards, enfatizando su creencia en lo generacional, la búsqueda de un tono representativo, un “paso de antorchas entre poetas”. Hay algo que es cierto, y que el editor de 18 whiskies se encargó de enfatizar, y es que buena parte de los llamados “poetas de los 90” supieron leer de otro modo a poetas como Ricardo Zelarayán, Joaquín Gianuzzi o Leónidas Lamborghini, por nombrar algunos. Hicieron relecturas de sus textos, los difundieron de boca en boca, en recitales de poesía, en debates, en entrevistas o en libros (precisamente Zelarayán, es el título de una publicación de Washington Cucurto). No se trata solamente de una revalorización, sino que allí pueden presentarse aspectos de una continuidad relacionado con el concepto de representatividad, y tal vez con un contexto particular de la poesía Argentina. A modo de ejemplo, leer a Fabian Casas, en cierto modo, nos ofrece una atmósfera propia de la poesía de Joaquín Gianuzzi, hay allí un tono representativo, tiestos de una estructura desde la cual trazar evidencias.

Por su parte, Osvaldo Aguirre mencionó las reediciones de obras poéticas incluyendo en las publicaciones textos complementarios, aparatos críticos y ensayos que habilitaron nuevos espacios de discusión, como así también inesperados redescubrimientos (tal vez la obra de Juan L. Ortiz, un simbolista entrerriano, haya sido la más significativa, también es válido recordar las reediciones de Juan Manuel Inchauspe, Carlos Mastronardi y el propio Zelarayán).

Invariablemente, al escuchar esto, pensé en una idea esbozada por Abelardo Castillo en su novela “El evangelio según Van Hutten”, esto es el pensar que la verdadera revolución puede darse en la lectura, si bien la novela lo plantea desde el contexto de la arqueología bíblica (leer con entendimiento lo que ya está escrito), se puede trasladar a la discusión de porqué ciertos poetas, antaño valorados, fueron reeditados décadas más tarde, ocupando un lugar que nunca dejó de estar vacío ¿acaso no fueron leídos desde una adscripción estética por los propios poetas jóvenes? Creo que en ningún momento se mencionó al lector ocasional, sino a los poetas lectores de poetas, no deja de llamarme la atención bajo que criterio algunos autores se editaron y otros no, pero eso seguramente hay que dejarlo para más adelante.

Al final, la idea de que existen en su mayoría “niveles pobres de comprensión” con respecto al rigor que implica detenerse en la lectura de poesía (citándose como excepción la cultura crítica de Borges) provocó, de alguna manera, que buena parte de la propuesta exhibida reconociera la inutilidad de discutir un tema semejante, ahí lo que hubo fue una ruptura, tanto por la arrogancia de la frase, como por la ínfima posibilidad de analizar con mayor detenimiento los alcances de esa supuesta realidad.

Un poco atribulado, salí a la calle Corrientes, hacía frío, y me esperaba una conversación con un amigo, terminamos en un bodegón de San Telmo, con pizza y cerveza, ofrecida por el “mejor mozo del mundo”, y la idea de volver sobre los textos, para descubrir otras cosas, o extasiarnos en la lectura, cuando queda tanto por descubrir, y que el tiempo sigue siendo poco.

Para quienes gusten, dejo algunos sitios de los escritores citados.

Ricardo Herrera:
http://hablardepoesia.blogspot.com/2010/08/ricardo-h-herrera-editorial-hablar-de.html

Rodolfo Edwards:
http://lainfanciadelprocedimiento.blogspot.com/2007/03/rodolfo-edwards-seleccin-de-poemas.html

Osvaldo Aguirre:
http://www.apuntesdeosvaldoaguirre.blogspot.com/

domingo, 19 de junio de 2011

III Festival de Poesía en el Centro


Una buena excusa para compartir reflexiones en torno a la situación de la poesía argentina y latinoamericana en los comienzos del nuevo siglo. El III Festival de Poesía en el Centro ofrece la posibilidad de un encuentro donde no faltarán lecturas de poemas, debates y presentaciones de libros.

Mención aparte para el espectáculo de poesía denominado "Los poetas de Mascaró", dedicado a la memoria de los poetas desaparecidos en la dictadura militar argentina: María Elena San Martín, Claudio Valetti y Claudio Ostrej, integrantes del Taller Literario “Mario Jorge De Lellis”.
Seguramente, valdrá la pena presenciarlo.
Quienes puedan, que lo disfruten.

Adjunto algunos nombres y el sitio web.

Participan: Viviana Abnur, Clara Muschietti, Carlos Aldazábal (Salta), Mercedes Araujo (Mendoza), Miguel Angel Federik (Entre Ríos), Ana Arzoumanian, Macky Corbalán (Neuquén), Juan Meneguín (Entre Ríos), Alberto Szpunberg, Hugo Rivella (Salta), Horacio Zabaljáuregui, Nicolás Dorado, Daniel Amiano, Julio Félix Royano, Norberto Antonio (La Plata), Alfia Arredondo (San Juan), Néstor Mux (La Plata), Ana Laferranderie (Uruguay), Marcelo Carnero, Valeria Meiller. Coordinan: Inés Manzano y Rodolfo Edwards.

Mesa de reflexión y debate. De 20:00 a 22:00
Sala Jacobo Laks [3º P].

23/06: ¿De qué hablamos cuando hablamos de poesía?
24/06: Continuidades y rupturas en la poesía argentina.
27/06: Poesía en condiciones de excepción.
28/06: Poesía y regiones. La diversidad poética del país.

Participan: Miguel Dalmaroni, Alicia Genovese, Roberto Raschella, Ricardo Herrera, Tamara Kamenszain, Rodolfo Edwards, Osvaldo Aguirre (Rosario), Camilo Blajáquis, Susana Valenti (Rosario), María Medrano,Claudia Prado, Martín De Souza, Juan Carlos Moisés (Chubut), Julián Axat (La Plata), Sergio De Matteo (La Pampa) y Ricardo Trombino (San Juan). Coordinan: Mario Goloboff, Alicia Genovese, Vicente Muleiro y Carlos Aldazábal.

Cierre. 29/06,19:00. Sala Solidaridad [2º S].
Lecturas de Jacobo Rauskin (Paraguay) y Nara Mansur (Cuba).
Cierre musical: los tangos de Alberto Muñoz en la voz de Claudia Tomás.

Ciclo: Los Poetas en el Cine Documental
Jueves 19:00 hs. Sala Raúl González Tuñón [1º P] Localidades: $ 15.-
[Jue 23] Ernesto Cardenal -Solentiname. Dirección Modesto López
[Jue 30] Juan Gelman y otras cuestiones. Dirección Jorge Denti

Los poetas de Mascaró l Espectáculo de poesía

Textos y Autores: “Sudestada”, de Luis Alonso; “El cansancio de los materiales”, de Leonor García Hernando; “Electrificar Rusia”, de Sergio Kisielewsky; “Los soles oblicuos”, de Nora Perusíny ; “Una leona entra en el mar”, de Juano Villafañe.
Con: Alejandro Awada, Patricio Contreras, Leonor Manso, Ingrid Pelicori, Elena Tasisto y Claudia Tomás. Músico Invitado: Benito Grande.

Este espectáculo está dedicado a: Leonor García Hernando (1955-2001), Luis Eduardo Alonso (1951-2002), a nuestros poetas desaparecidos en 1976 (María Elena San Martín, Claudio Valetti y Claudio Ostrej) integrantes del Taller Literario “Mario Jorge De Lellis”- al escritor Haroldo Conti, junto a su novela Mascaró, el cazador Americano y al poeta Mario Jorge de Lellis.
Funciones: Sábados 19:00 hs. l Sala Raúl González Tuñón l Localidades: $ 50.-

Organiza: Espacio Literario Juan L Ortiz. Auspician: ALBA Cultural - Secretaría de Cultura de la Nación.
Festival miembro de la Red Nuestra América de Festivales Internacionales.

Consultar programación: http://www.festivalpoesiaenelcentro.blogspot.com

sábado, 18 de junio de 2011

Barroquismo populista


“Nuestras nadas poco difieren; es trivial y fortuita la circunstancia de que seas tú el lector de estos ejercicios, y yo su redactor”.
Fervor de Buenos Aires, Jorge Luis Borges

Pienso en el alcance de las aportaciones que ciertos blogs realizan, más allá de la selección de algunos poemas, buscando frecuentar el análisis crítico y la admonición a lo que se supone es tendencia o pertenencia.
Habitualmente no suelen hallarse estas disquisiciones desde donde soslayar evidencias.
Al azar, encontré este artículo que habilitó un leve discernimiento:

Cozarinsky no duda en definir como “fatal” la tentativa de imitar el tono, el vocabulario y la sintaxis de Borges. “Quienes lo intentaron en los años ’40 y ’50 perecieron víctimas de su error. El mismo Borges fue limpiando su prosa del asfixiante barroquismo populista de sus artículos de los años ’20, hasta acceder al tono inconfundible que lo iba a identificar”, argumenta el autor de La tercera mañana. “No veo en las letras argentinas una herencia de Borges que valga la pena señalar, a menos que se trate de una fe inconmovible en la primacía de lo literario...

Pienso cuantas bitácoras adscriben sin saberlo a la noción de barroquismo populista, y discernir qué se entiende por "populista" en el acontecer de la literatura. Probablemente se trate de una digresión, arrojada al azar bajo la forma de un relato autocompasivo.
Algo que nace buscando una forma, intentando a su vez transformarse en un ser orgánico.
Ese “algo”, bajo la tribulación de un conjunto de poemas callados, o de gritos filosóficos, que no va más allá de un plano estéticamente preconcebido para comulgar imbricadas líneas de pensamiento. El hecho concreto infiere un criterio de compartir aquello que ocurre, mientras paralelamente un número indeterminado de conceptos se diluyen, simbolizados en puntos suspensivos o imágenes suntuosas, que buena parte de los lectores apenas advertirán.

Mientras tanto, el silencio es profanado, a la espera de un consuelo, o de una comunión.

sábado, 11 de junio de 2011

Los antiguos romanceros populares


En otros tiempos las canciones de cuna eran verdaderos romanceros populares que se transmitían de voz en voz, versos que en las voces de las abuelas sobrevolaron generaciones, pequeñas rondas infantiles recreadas por los chicos en las plazas de barrio, donde acaso sin saberlo cantaban breves romances de siglos, nacidos vaya a saberse porqué circunstancia: “estaba la paloma blanca sentada en un verde limón, con el pico cortaba la rama con la rama cortaba la flor”…Hoy se tararean sonidos, no canciones.
En algún recóndito del tiempo aquello se reemplazó por algo.
Tal vez haya sido precisamente el tiempo con el que contaban las madres, a la hora de la siesta, para mecer al niño con dulces canciones, por no tener la excusa de la televisión o del DVD, ni contar con catálogos de discos infantiles en Internet.
Sin saberlo, se transmitía un legado ancestral.

Acaso ocurre lo mismo, en la actualidad de nuestro siglo, con las diezmadas culturas indígenas que aún recrean sus tradiciones, mitos y leyendas, relatados en dos lenguas puertas adentro de sus casas, aferrados a una cultura de resistencia.
Invariablemente, todo eso se perderá algún día.
Alguien nos contará la historia, sin embargo.

De paso, como quien no pretende asociar un desasosiego, me recuerdo que ya no se escuchan cigarras en las tardes de verano (lo mismo que las mariposas, cada vez hay menos) ¿signo de los tiempos?
Misterio, vaya misterio.