Cada tanto suelo abrevar observaciones en algunas entrevistas de carácter literario, como una reciente de Alberto Mangel, ex Director de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, entre varias apreciaciones se eleva una, concisa, cuando dice, a propósito de la obra de Jorge Luis Borges "que la literatura nunca es un catecismo. Que la literatura no da respuestas de sí o no. Que la literatura nos está diciendo algo o quiso decirnos algo que no hemos escuchado. Y en esa ambigüedad reside el hecho estético"
Es coincidente con lo que rescata del autor la investigadora y profesora Louis Annick cuando dijo que "Debemos aceptar que la realidad no pertenece a ningún género literario", en donde Borges elaborará una escritura sin nombrar en forma directa los planos de esa realidad, lo que Annick ha llamada "una estética oblicua".
Pero lo que me dejó pensando fue la incidencia del libro "Pierre Menard, autor del Quijote", básicamente el tema de las apropiaciones. En aquella obra, se sabe que un autor francés escribe palabra por palabra el Don Quijote de Cervantes, pero en el siglo XX, entonces, para Mangel, aunque el texto es igual, es otro libro, porque el autor es otro, el contexto es otro y será leído de otra manera, y acaso como ejemplo sea lícito observar la intervención del lector para cambiar el sentido del texto dejando las mismas palabras. Como bien lo subraya Mangel, el hecho nos hace comprender que también leemos un texto por lo que hemos oído de ese texto, que no necesariamente coincidirá con lo que piensa o comprende el mismo autor sobre ese texto.
Al final de la entrevista se comparte unos versos de Borges, en donde probablemente la estética oblicua se torna horizonte y llanura, a centímetros del corazón, a silencios acaso transitados:
Ya
no compartirás la clara luna
ni
los lentos jardines. Ya no hay una
luna
que no sea espejo del pasado,
cristal
de soledad, sol de agonías.
Adiós
las mutuas manos y las sienes
que
acercaba el amor. Hoy sólo tienes
la
fiel memoria y los desiertos días.
Nadie
pierde (repites vanamente)
sino
lo que no tiene y no ha tenido
nunca,
pero no basta ser valiente
para
aprender el arte del olvido.
Un
símbolo, una rosa, te desgarra
y te puede matar una guitarra.
Nota
consultada:

No hay comentarios:
Publicar un comentario