Uno cree que separa las aguas, que en un determinado momento irrumpe la necesidad de salvar algo para que suceda todo lo otro, porque somos efímeros e imperfectos, porque sin embargo algo queda al final de esta orilla, imaginando un dique que algún día desviará los barcos hacia una vida menos complicada, que proyectaremos una sombra parecida a la de los árboles, para que todos los poetas se pregunten si vale la pena insistir sobre aquel prolongado desasosiego, aquella profundidad en el fondo del estanque.
Ahora mismo se estiran las palabras separadas por una breve bruma, como un hiato entre crepúsculos, algo que no puedo explicar al final del día.
Mientras me pierdo en el vadeo de una conjetura, me pregunto por qué la luna cabe entre dos ramas apenas extendidas.


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