sábado, 11 de septiembre de 2010

La reparación fundamental

Se ha dicho que el poeta es el gran terapeuta. En ese sentido, el quehacer poético implicaría exorcizar, conjurar y, además, reparar. Escribir un poema es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos

Alejandra Pizarnik

Ocurre.

Simplemente ocurre.

En esta palabra se encierran los complejos mecanismos que trasuntan el poema en tanto creación, verdad revelada, convergencia de contrarios.

Es como un malestar, y a la vez no se trata de eso, está allí, incólume, enmudecido, tiene lobos adentro, arroja nubes, constelaciones, vanas ideas.

El poeta escribe con prisa, la palabra creada intenta apresar lo que ocurre (valerse de la palabra para representar una abstracción, vaya tarea), lo concatenado prefigura el cosmos, la inmanencia que es a la vez arquitectura de diagramas mentales, de pensamientos arrancados que no pueden tolerar lo creado, lo que se va creando, la cola verde y negra de la serpiente, el ojo severo, el cuenco de plata, aquello que se ve y que se transcribe, los sentidos que pueden ser palpados, a la vez que el corazón deja su atavío, la dulce frase que corona lo amalgamado del poema, lo que deja de ser para tornarse fulgor, llama eterna, soledad…

Es como despojarse de algo, y a la vez no se trata de eso, no causa dicha, la palabra se desprende haciendo un trato con la belleza, quedan detrás los rasgos de un esquema improbable, una configuración con sus ecuaciones intentando dilucidar lo aparente, algo que apenas cabe en el entendimiento, que apenas puede representarse mediante prosaicas lamentaciones, porque en el fondo se trata de una reparación, algo que duele por lo candente, por lo que conlleva significar lo profundo de un vórtice, y que necesita ser arrojado de la conciencia, que necesita ser salvaguardado en algún recóndito del subconsciente, para desde allí congraciar la palabra con su contexto áureo.

Es como un jardín descuidado, que guarda en sí mismo un extraño concepto de belleza, y a la vez no se trata de eso, porque debajo del jardín hay un alma, y detrás de esa idea estamos nosotros, desnudos, temblorosos, perturbados, intentando revelar el interior de la piedra, allí donde atisban clamores nuestra naturaleza de poetas, portando un fuego a lo profundo de la cueva.

Como cuando Rimbaud escribió, maldita y desconsoladamente: estoy desnudo y no lo estoy…


domingo, 5 de septiembre de 2010

La experiencia candente

Fogwill, en ocasiones desprolijo y urbano como Roberto Arlt, llegó a pensar sobre la problemática del escritor, preguntándose como fabricar nuevos mundos imaginarios y experimentar en ellos, cómo inventar emociones nuevas y dominar las viejas, cómo cambiar las emociones, las ideas y el lenguaje sin perder la necesaria legibilidad.

No se trataba solamente del devenir de la escritura, sino también del desbrozamiento de lo que se encuentra detrás, su sentido oculto y complejo. Agitar ideas que incluyan nombres propios, acercarse desde la periferia de la lectura, para ejercer un sistema de pensamiento crítico que fue ampliamente reconocido por sus contemporáneos.

Pocos escritores suelen hurgar en esos recovecos. Se trata de actos desinteresados, y por cierto necesarios, porque suelen allanar senderos que otros terminarán recorriendo desde la espesura de la palabra.

Igualmente, creo que la experiencia candente no clarifica el camino, pero uno a veces fija algún vértigo, arroja algo de viento y se calla. Con el tiempo algunas de esas ideas se trasforman en movimientos, y otras en bollitos de papel.

Por cierto, que mi mesa está llena de esos nubarrones.


jueves, 26 de agosto de 2010

Sobre algunas erráticas percepciones

Creo que cuando se habla de poetas “condenados” se vincula el adjetivo a una connotación perceptiva que diagrama sus ribetes desde orillas poco transitadas por el oficio de la escritura. Resulta un ejercicio ligero reducir a esa palabra un “estado” pretendidamente espurio del escritor en tanto salvaje, en tanto maldito. Buenos poetas han merecido el elogio sin que se haya bastardeado el concepto. Para algunos, la idea queda asociada al romántico miserable que clava sus puñales literarios desde una periferia, buscando describir cuán “profundo” ha descendido su alma, imbuida del pantano donde mendiga una suerte impropia, un devenir. Hay allí la constante descripción de una cáscara, una imagen del pensamiento buscando adscribir lápidas y moradas desgastadas entre glicinas, alguna que otra mirada perdida, alguna que otra ensoñación.

En verdad prefiero la paradoja de la abstracción, donde discurre lo que no se añora.

sábado, 21 de agosto de 2010

Una sombra y una idea

Hace unos días encontré unas cajas llenas de poemas, se me ocurrió en primera instancia un ejercicio catártico: desmenuzar esos manuscritos, trabajarlos en el blog, cultivar todos los matices del silencio, no sé si estoy preparado para eso.

Discurro entre las diferencias que pueden suscitarse entre la originalidad y la autenticidad. Prefiero embestir los textos y librarlos al azar, a un viento sin nombre, después de todo, los poemas dejan de pertenecernos apenas los arrojamos a los lobos, y yo apenas soy una sombra y una idea.

El problema es como desbrozo la otredad, cuando no hay un detrás.

Suelo bifurcar lo añorado, elevo dicotomías, y todo por ver embebidas mis encrucijadas, mis literarios entuertos.

Anochece, soy un guardián en la azotea, la noche es ahora la más encantadora de los jardines, y mi nostalgia debería tener alas.


viernes, 13 de agosto de 2010

Sobre la antelación de lo creado

Si tuviéramos que analizar corrientes de pensamiento en torno al acto de creación literaria, tendríamos por terreno enormes bifurcaciones con pocos elementos en común. Haciendo escuetas lecturas del caso podríamos enhebrar algunas cercanías. Pero sería evidente la ausencia de puentes donde soslayar la materia, el perímetro, la substancia, el complejo enramado.

Por un lado, hay quienes estiman que la creación literaria se debe a una contemplación de la naturaleza, entendiéndose por naturaleza todo aquello que figura estático y simula un devenir, algo que es habitual y que es preciso apartarse para poder percibir un mundo detrás de las cosas. Paralelamente el espíritu debe estar sosegado, en estado apacible y perceptivo a todo lo que ocurra, por insignificante que parezca. Parecería una receta. Probablemente (quienes recuerden el film “La sociedad de los poetas muertos” tal vez concuerden) aquellos que aprueban la escala de Pritchard para clasificar un poema adscriban a estas ideas.

Creo que necesariamente hay algo más candente, algo que resulta complicado definir.

Siguiendo la disyuntiva, una segunda corriente de pensamiento sostiene que el poeta debería ser considerado un vidente, alguien que ve lo que otros creen ver, idea que se encuentra asociada, tal vez involuntariamente, al descenso de la profundidad del alma, que debemos conocer si pretendemos luego ilustrar sus pormenores a través del artificio de la palabra. Esto ocurre simplemente, no hay premeditación ni proposición, tampoco suposición. No hay elementos afectivos o perceptivos en el "contexto" que se pretende "trazar". Surge lo que debe surgir y en todo caso el poeta hará un trato con la belleza. Si en Filosofía la creación de un concepto incluye una serie de componentes que a su vez deberán estar, en cierta manera, imbuidos en un plano de inmanencia, concentrados en una estructura que igualmente habilita la noción de infinito, podemos decir entonces que, en poesía, o en el poema, ese plano de inmanencia contempla una "fase" anterior que es preexistente al acto de pensamiento, preexistente al propio plano donde se gesta lo concebido volcánicamente. Si el plano de inmanencia es lo no pensado del pensamiento, en el poema necesariamente existe una antelación a esa gestación en trance, probablemente more allí lo revelado, inherente a la verdad y a la belleza (igualmente suponer esto conlleva desbrozar la palabra esquema por esquema, ya que si tuviéramos que ejemplificar perceptivamente el asunto podríamos mencionar el desarreglo de los sentidos como modo de hilar una divagación). Pero ciertamente resultaría imposible corroborar con variables ese estado del alma, imposible discernir con el artificio aquello que el vidente apenas puede apresar. Dilucidarlo sería abrumador.

Frente a estas apreciaciones, quienes representan la primera corriente de pensamiento, experimentan la belleza como idealización o exaltación de lo visible (hacen de la poesía una estatua, un jardín de flores enlutadas, un acto que adscribe a ilustrar lo excelso y lo broncíneo).

Los últimos en cambio logran ilustrar, con su arte, la fealdad de la belleza.

El acto de escritura que supone entremezclar lo aparente, la pintura compasiva que se pinta con desgarro.


martes, 10 de agosto de 2010

Lo que aparta

Enajenado desde lo desfasado, hurgando en recónditos donde evitar resquebrajarme, así van las cosas, si tuviera que apresarlo en un pensamiento escogería el de Rimbaud a propósito de su relación con la poesía: “ya no me ocupo de eso”, y si desde cierta periferia hay algo de eso, lo cierto es que las obligaciones laborales absorben hasta anestesiar los sentidos, y después quedan luces diáfanas en el retorno a casa, vemos algo que en el cotidiano camino resultaba indiferente, y muy probablemente el mundo que habite detrás de esas cosas no importen, pero dan prueba del cansancio con que descubrimos otra mirada, luego de haber estado haciendo aquello que solíamos criticar a los demás.

Siempre tuve conciencia del hombre-engranaje accionando poleas de la gran máquina, lo relativo-causal tornándose masa, único rostro, reloj de fábrica.

Los planos que se bifurcan, las secuencias sin componentes, los conceptos vacíos…

Siempre creí que lo inevitable alimenta con su urgencia esa especie de máscara sin rasgos en que termina convirtiéndose todo, y se anulan las imprevisiones, el juego de los contrarios, lo subjetivo y lo transversal.

Al final quedan las nimiedades, alguna que otra brisa, los bollitos de papel…

Como estos esbozos.

Probablemente haya que practicar aquello de la prepotencia del trabajo, como solía cultivar Roberto Arlt.

miércoles, 4 de agosto de 2010

"La poesía simplemente me ocurre"

El poeta Rodolfo Alonso dice que somos tiempo, tiempo y memoria, seguramente se necesita tiempo para decir estas cosas, se necesita haber recorrido la palabra desde lo calcinado, para descubrir preguntas en vez de respuestas, para encontrarse mientras se es otro.
De tanto en tanto suelen ser necesarios estos barquitos de papel. Resulta interesante acercarse a este escritor, desovilla lo que parece enredado, y ayuda a nacer lo que parece callado.

Para mayor consuelo, leer sus "poemas pendientes", de reciente aparición.

viernes, 30 de julio de 2010

Sobre el plano de inmanencia...

Abordando un capítulo sobre los personajes conceptuales, se lee este texto de Deleuze-Guattari

"cuánta fuerza en esas obras con los pies desequilibrados, Hölderlin, Kleist, Rimbaud, Mallarmé, Kafka, Michaux, Pessoa, Artaud, muchos novelistas ingleses y americanos, de Melville a Lawrence o a Miller, cuyos lectores descubren con admiración que escribieron la novela del spinozismo (para Deleuze, Spinoza es el cristo de los filósofos, toda una declaración) ciertamente, no hacen una síntesis de arte y de filosofía. Se bifurcan y bifurcan sin cesar. Se trata de genios híbridos que no borran la diferencia de naturaleza, no la colman, pero emplean por el contrario todos los recursos de su "atletismo" para instalarse precisamente en esa diferencia, acróbatas desgarrados en un perpetuo más difícil todavía"…

Estas elucubraciones me obligan a repensar algo que permanecía oculto, y qué a la vez, subsumido en estructuras, me traslada a la enorme necesidad de crear conceptos, y examinarlos críticamente, simplemente se trata de un devenir en tanto llamado (si hubiera una ilusión de trascendencia en este acometido mencionaría el destino o lo destinado, prefiero aplicar ecuaciones y representar los movimientos infinitos desde un sobrevuelo)

Pero en este caso me ocupa la poesía y sin embargo esta permanece oculta, tal vez allí no haya necesidad de elaborar conceptos sino de algo mucho más complicado: utilizar el discernimiento filosófico para el proceso de creación literaria, intentar aquella síntesis expresada por Deleuze, entender el mecanismo que ovilla un plano de inmanencia.

Pero lo inquietante resulta cuando Deleuze habla del "idiota" que busca en lo que no comprende una bifurcación que lo haga creer que lo creado es literatura. Enorme desafío implica saber, desde una profunda interioridad menoscabada y en base a un genuino discernimiento, que aquella construcción -que debería estar exenta de erróneas percepciones y pueriles trascendencias- logre hacer un tránsito que permanentemente oscilará entre lo que creemos entender y aquello que por naturaleza surge desde lo candente de nuestra conciencia.

Creo que el plano de inmanencia es algo que intentamos captar, como cuando vemos un pavo real segundos después de perderse en la espesura, allí ocurrió el poema no escrito, tal vez será posible circunscribir aquella fugacidad, pero no podremos apresarla, hay en todo esto una atmósfera que no es tal, un ente aparente desde el cual fluctúan erupciones de poemas que nacen y trastabillan desde el propio recurso “atlético”. Pero Deleuze afirma que “no podemos soportar los movimientos infinitos ni dominar estas velocidades infinitas que nos destrozarían…” en este caso ¿se trata de detener el movimiento para alcanzar a esbozar esa síntesis de filosofía y de arte?.

En todo caso, pienso lo que implica la noción de caos en esta conjetura, ya que el poeta corre el riesgo, al crear en su ensimismado desasosiego, de hundirse en el propio caos por intentar dilucidar su arquitectura, ilustrar su vórtice o representar escuetamente sus volcánicos componentes.

¿No debemos los poetas revisar estas cosas?

Es probable que el plano de inmanencia se trate de lo no creado en el momento de transcribir la palabra, advertir la penumbra de lo ocurrido, aquello “que tal vez será”, lo presupuesto habitando el contexto subjetivo del poeta (se sabe que ha ocurrido, pero no se ha escrito aún). Cuando el poema comience acabará en el acto con la idea del plano, el poeta intentará comprender ese hálito-ente, en vano lo dilucidará, será considerado pensamiento abstracto, como una pintura que encierra una idea, acaso una brisa imposible de ovillar en la palabra. Entonces el poeta quedará desahuciado por ver, al final del poema escrito, que nada de aquello ha sido apresado, que el plano ha mutado, o se habrá tornado bosquejo, horizonte, tal vez absurda polisemia.

sábado, 24 de julio de 2010

Sobre las citas falsas

Existe un caso emblemático, citado hasta el hartazgo por selectas minorías, hablo de la famosa “ladran Sancho…”
Basta recorrer el ancho espacio virtual para constatar que algunos sitios citan esa frase como perteneciente a Cervantes. Hay hasta quienes dicen que es la frase más significativa que ha pronunciado el Quijote.
El asunto ilustra la ausencia de verificación de la fuente al momento de simbolizar una representación o realizar un análisis, cierto es que existen herramientas para corroborar estos improperios, por causas variadas no suelen aplicarse, dejando la aseveración en un terreno sinuoso.
Esas prácticas, propias de bibliotecarios y hombres de letras, no encuentran eco en quienes suben contenidos en blogs de literatura.
Lo que ocurre es que alcanza con que alguno lo haya escrito y subido en la Web como para legitimizar su uso y aseverar su origen.
Me recuerda un texto medieval en donde el representante de un rey exige las tierras para su amo exhibiendo un dudoso título de propiedad:
“Lo que yo exijo es legítimo”
¿Por qué?
“Porque está escrito”
La ignorancia teje un terreno propio, que la desidia embadurna con fango.

martes, 20 de julio de 2010

Más de un año ya...

Que cosa extraña, ya pasó más de un año de estar escribiendo con intermitencias en este blog, me lleva a pensar como cuesta percibir el paso del tiempo, ciertos aniversarios inquietan, los bollitos de papel se acumulan hasta formar barrancos de conjeturas, los relojes parecen despojarse del sentido práctico y mecánico de medir añoranzas, donde adquieren un tono solemne al dar la última vuelta del día. En esto se cuelan escrituras, divagaciones, aproximaciones, lejanías, probablemente un encuentro con la palabra.

Pero resulta que suele llover de vez en cuando, y no puedo evitar acordarme de un capítulo de Rayuela, sobre un paraguas que Oliveira no se animó a arrojar al vacío, porque vi en ese acto y en ese enmudecimiento un signo de estas tribulaciones.

He aquí el texto:

Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra. Justamente un paraguas, Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo tiramos porque lo habías encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo usaste muchísimo, sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses, siempre torpe y distraída y pensando en pájaros pinto o en un dibujito que hacían dos moscas en el techo del coche, y aquella tarde cayó un chaparrón y vos quisiste abrir orgullosa tu paraguas cuando entrábamos en el parque, y en tu mano se armó una catástrofe de relámpagos y nubes negras, jirones de tela destrozada cayendo entre destellos de varillas desencajadas, y nos reíamos como locos mientras nos empapábamos, pensando que un paraguas encontrado en una plaza debía morir dignamente en un parque, no podía entrar en el ciclo innoble del tacho de basura o del cordón de la vereda; entonces yo lo arrollé lo mejor posible, lo llevamos hasta lo alto del parque, cerca del puentecito sobre el ferrocarril, y desde allá lo tiré con todas mis fuerzas al fondo de la barranca de césped mojado mientras vos proferías un grito donde vagamente creí reconocer una imprecación de walkiria. Y en el fondo del barranco se hundió como un barco que sucumbe al agua verde, al agua verde y procelosa, a la mer qui est plus félonesse en été qu'en hiver, a la ola pérfida, Maga, según enumeraciones que detallamos largo rato, enamorados de Joinville y del parque, abrazados y semejantes a árboles mojados o a actores de cine de alguna pésima película húngara. Y quedó entre el pasto, mínimo y negro, como un insecto pisoteado. Y no se movió, ninguno de sus resortes se estiraba como antes. Terminado. Se acabó. Oh Maga, y no estábamos contentos…


viernes, 16 de julio de 2010

Lo de siempre

El vaso de vino, la carga del día y sus despojos que caen al suelo, el traje maltrecho, la sombra desvariada en este inocuo ejercicio de labrar lo incierto, aún no es tiempo de cambiar estas cosas, podría decir que conmigo empieza todo lo nuevo, porque lo que creo se yergue desde el propio obstáculo que avizoro con la materia, sin lecturas previas ni atisbos concurridos, habito espacios calcinados por la palabra, me aventuro allí donde exhala el desánimo su último quejido, y sin embargo soy una sombra.

Hoy corroboré que los destinos prescinden del rutinario bosquejo, esto que no soy ha proferido nimiedades, tomé el mismo colectivo de siempre, miré como un náufrago detrás de la bufanda, conté la misma noticia tres veces, rompí mi taza y leí sin asombro las sentencias de siempre.

Pero tal vez, en alguna brisa, miré alrededor.

Tal vez estuve despierto.

viernes, 9 de julio de 2010

Los talleres de poesía frecuentados

Intermitencias y divagaciones fractales sobrevuelan en un trance, mientras un ocre atardecer va meciendo dulcemente el vaivén de la calma, como si estuviéramos oscilando en derredor de una hojarasca, mirando caer las hojas del invierno con entusiasmada languidez.

A veces creo que es momento de confrontar mis encrucijadas literarias, alguna vez pensé en un taller de poesía, de hecho, frecuenté dos en mi adolescencia, en uno me acuerdo de las correcciones de una poetisa, yo mencionaba sobre los dulces quebrantos a propósito de un crepúsculo de mi existencia, la escritora insistía con eliminar una frase desafortunada que, en mi obstinación por la idea primaria, terminó fosilizada en el poema.

Duré un mes, igualmente le agradecí.

Después estuve con un poeta muy premiado en Alemania, Bélgica y algún otro recóndito europeo que ahora no recuerdo, le llevé el libro que en ese entonces no tenía pensado quemar, me recomendó que lo tiré a la basura, pero me dijo una frase que en su estatura resultó todo un elogio: “si te sirve de algo, no escribís boludeces, pero este libro no fue acertado publicarlo”. Entonces me propuso construir versos endecasílabos y me aboqué a la tarea, al poco tiempo analizaba la cantidad de yambos y fracturas rítmicas en las que irremediablemente recaían cada uno de mis versos, pero las palabras se iban concatenando junto con la métrica, podía entrever cierta gracia, tal vez deliberada.

Estas prácticas continuaron un par de meses. Una tarde me fui a caminar y nunca más volví, me extravié en mi propio jardín, llevaba conmigo razones inciertas, la idea de que la construcción del verso rimado implicaba en cierto modo una mutilación del poema. El acto de “podar” un vértigo era, cuando menos, escabroso para mi concepción de lo creado, donde significaba un detrás y un debajo imposible de representar mediante matemáticas musicales.

Me dejé arrastrar por el verso libre, que no es otra cosa que frecuentar mi propia interioridad, mientras sentía que la noche, o lo que se supone que era mi encuentro con lo revelado, me pertenecía.

Hoy creo que es deleznable la cuestión dogmática, prefiero más bien el entrelazamiento, encontrar preguntas en vez de respuestas, abordar un espacio subjetivo de perspectivas y de estéticas, de ideas, hallazgos, reflexiones. Todo aquello que se encuentra, aquello que también nos encuentra.

Después de todo, solo soy una sombra y una idea.


sábado, 3 de julio de 2010

Lo que es

Me reitero en las selváticas teorías de la creación literaria ¿Cómo pretender dilucidar esta apariencia?. Me evado simplemente, allá las razones que ponen en movimiento este sitio de encuentro con la palabra, puede haber tanta inutilidad como descubrimiento y eso, que a la vez me asola, me permite encender una vez más esta computadora y compartir nocturnamente estos embelecos.

Probablemente se intenta dilucidar, en este acto, la antelación de lo no pensado del pensamiento, al momento en que surge lo que surge (me urgen las lecturas de Deleuze para extraviarme en estas apreciaciones, a veces mis acercamientos al pensador francés simplemente sobrevuelan un halo de comprensión que lentamente desaparece).

Poiesis, creación, videntes que han proferido lo que hubo de ocurrir (acaso Daniel, el profeta del antiguo testamento, haya sido su máximo exponente)

Detrás de todo esto hay como un desmembramiento de la apariencia, simuladores según Platón, ladrones de fuego tal cual lo escupió Rimbaud.

¿Cómo establecer variables y constantes en el proceso de creación mediante escrituras?

¿Será posible utilizar algoritmos que expliquen las fluctuaciones del poema?

¿Y aquello que se construye, no delimita en cierto modo una estructura que impide realmente comprender su sistema de pensamiento, su vertebrada arquitectura?

¿Se piensa realmente en todo esto?

Necesidad de esgrimir lo que se tiene por disperso, imposibilidad de ovillar una abstracción, el mínimo consuelo de hollar una periferia.

Hasta que podamos lograrlo, nos encontraremos ocupados en otra cosa, aun sabiendo que estaremos posados en otro horizonte, lejos de lo que es el poema, de lo que ha sido el poema.


jueves, 1 de julio de 2010

La cruda poesía de Roberto Arlt

Doy vueltas como en un campo cercado de púas, y todo por esta relectura que intento hacer de un gran escritor, entiendo que vano es conjeturar un estropajo de palabras cuando lo que se siente es el filo de un cable oxidado en el corazón. Yo creo, ya que hay que arrojar una piedra al inmenso lago, que un modo de significar a Roberto Arlt es leyendo sus aguafuertes porteñas, porque de algún modo recrea el contexto asfáltico de su literatura, textos que son como radiografías subjetivas de una sociedad que se supo reflejada en su escritura, en sus personajes marginales y desangelados, en su angustiado existencialismo. Creo que se necesita de una sensibilidad extrema para mostrarnos un mundo debajo de las cosas, como lo hizo con cada uno de sus personajes (recuerdo ahora el capítulo titulado “dos almas” de los siete locos). Cada una de sus crónicas ofrece la crudeza de una realidad candente, hechos tal vez insignificantes pero que revelan todo un mundo, como lo pautaron Erdosain y Astier a su modo).

Muchas de las intemporales aguafuertes publicadas en el diario El mundo, logran expresar esa inherencia o inmanencia de la realidad oculta, una mirada piadosa en la que suelo quedarme, cada tanto, cuando los días no son tan fáciles ni la vida tan dura. Creo que vale la pena desentrañar, con cierta atención, su callosa simplicidad para mostrarnos un absoluto.

O si no creo que es posible hallar consuelo en cualquiera de sus novelas, quizás se pudiera decir que Roberto Arlt supo hollar, mejor que ninguno, las miserias de la condición humana, y que tuvo la empatía de compartirlo nocturnamente, con descalabrada dureza, con paciencia de animal, con sed y con espanto.

En todo caso, digamos que Arlt vio demasiadas cosas. 

Saludos, estimada.

jueves, 24 de junio de 2010

Lo que está detrás del entendimiento

Preguntas…

¿Cómo puede haber necesidad de escribir poesía, o crear conceptos desde el abordaje filosófico, si se vive en un simulacro de paraíso, sin urgencias, sin tristezas, sin agobio?

¿A qué nos lleva esto?

¿Qué tal vez, lo que nos justifica como miembros de algo que apenas comprendemos, es posible hollarlo desde el apartado faro de la desolación?

¿Cómo puede escribir alguien si está aburrido?

Todo surge porque debe surgir, no conozco quien laceró esta certidumbre, simplemente abrevo las aguas. Pero a veces, estas cosas ocurren porque detrás de la inmanencia hay un problema, que invariablemente nos traslada al análisis de la creación literaria (probablemente en filosofía esto sea más elocuente).

¿Pero cuál sería el problema en el acto de escribir poesía?

Se sabe cinematográficamente que no se escribe poesía porque sea bella, ni por corresponder a un sentimiento romántico de la literatura. Se escribe y se lee poesía porque somos miembros de la raza humana, y la raza humana bastaría como significación para ovillar el círculo de las razones que justifiquen esta ligera apreciación.

Necesariamente, ese estado subjetivo de conciencia perceptiva nos arroja a un hueco candente donde el poeta intentará, entre tanta maleza, resguardar hálitos de belleza de la invisibilidad colectiva.

“Allí hay poesía” podríamos decir, “allí ha ocurrido el poema”, pero para ello es preciso ver, descontextualizar el contexto, impregnarlo de nuestras impropias palabras, porque allí hay algo elemental y aterrador; el uso que hagamos de la palabra (desentrañando el plano de las cosas, socavando su interioridad) para simbolizar desde la escritura las mecánicas propiedades que trasuntan lo revelado, un sistema tal vez implícito, abordado desde una transfiguración, usando como “método” construcciones binarias subjetivas, o lo que se supone que pueda ser ejecutado en estado de trance.

Pero todo conlleva un riesgo.

¿Por qué extraer la belleza para ofrecer una apariencia sin representatividad del contexto?

¿Por qué no mostrar las cosas tal cuáles son?

Entender el significado de la frase “yo es otro”, lleva a duplicar un aparente no necesariamente compatible con la entidad del yo, para mostrar desde su concepto que otra realidad es posible, que es necesario identificar. Entidad socavada por la palabra, que es en sí misma toda realidad plausible de resguardar significado.

Después de esta intervención, los lectores podrán ver, surgirán nuevas posibilidades, entrelazamientos, reinterpretaciones, pero esa ya sería otra historia.


lunes, 21 de junio de 2010

Sobre la creación de conceptos


"Trascender la realidad y la materia. Reconstruir la poesía y el mundo espiritual del ser humano" ante este lema Juan Gelman se preguntó ¿Qué significa reconstruir la poesía? Ningún poeta nace de la nada y, cada uno a su manera, sigue el consejo de Basho: no hay que imitar a los antiguos, hay que buscar lo mismo que ellos buscaron. Es cierto que vivimos en una época en la que la improvisación, la trivialidad y la ligereza parecen dominar. Pero el poeta abre caminos interiores para escribir cada poema, desbroza las malezas de su subjetividad, no escucha el estrépito de la palabra impuesta. No vive para escribir, escribe para vivir…

Esto me recuerda a lo que opinaba Gilles Deleuze sobre el sentido de la filosofía: la creación de conceptos. El pensador francés se preguntaba qué valor tendría un filósofo del que se pudiera decir: no ha creado conceptos, no ha creado sus propios conceptos.
Por ende ¿de qué serviría reiterar, corroborar o justificar lo ya recorrido, si en el acto de pensamiento no elevamos nuestra propia teoría, nuestro propio significado de las cosas?

Se trata de construir lo que otros en su tiempo construyeron, pero desde otro plano.

Deleuze definió al concepto por la inseparabilidad de un número finito de componentes heterogéneos, recorridos por un punto en sobrevuelo absoluto, a velocidad infinita.

Esta sentencia debería obligarnos a ir más allá de nuestras posibilidades, a corroborar cuáles son nuestros límites, precisamente allí donde somos libres, allí donde nada nos ata, allí donde simplemente podemos crear.

sábado, 19 de junio de 2010

Adios maestro...

El sol se muestra en uno de los ángulos superiores del rectángulo, el que está a la izquierda de quien mira, representando el astro rey una cabeza de hombre de la que surgen rayos de aguda luz y sinuosas llamaradas, como una rosa de los vientos indecisa sobre la dirección de los lugares hacia los que quieren apuntar, y esa cabeza tiene un rostro que llora, crispado en un dolor que no cesa, lanzando por la boca abierta un grito que no podemos oír, pues ninguna de estas cosas es real, lo que tenemos ante nosotros es papel y tinta, nada más…

De “El evangelio según Jesucristo”, José Saramago.

Duele saber esto, duele saber que algún día estas cosas llegan, que las trincheras cada vez son menos, que ya no queda donde poner a resguardo el alma, que la palabra, tan elevada en su uso, es apenas una necesidad de decir que estamos un poco más solos, un poco más callados, no importan las comas ni los puntos suspensivos, tampoco importa si dios va en minúscula, importa esto que ya no es, y que sin embargo seguirá siendo, importa que apenas se tolera que ya no es ayer, que mañana es otro día de junio, frío como este, con un poco de sol.

Saramago bogaba por la necesidad de elevar conceptos, inquiría por filosofía, por conciencia social, cometía verdaderos deleites con esto que llamamos el entendimiento humano.

Si bastara reducir su aporte a la literatura tendríamos bastante consuelo, bastante que indagar, pero no, su talla moral, su lucidez reflexiva, su inquebrantable sentido de la ética, hacen insoportable esta ausencia.


martes, 15 de junio de 2010

Pinturas rupestres

Nada surge desde lo abúlico, segmentos de impresiones van tallando un cuerpo acostumbrado a la reiteración, socavando con el acto creativo la concepción de la anterioridad, de la que el tiempo desprende sus ubérrimos conceptos. Trazos que necesariamente vuelven a un mismo punto de partida, por muchísimo tiempo.

Si esos trazos se dispusieran unos sobre otros, remarcando con la misma intensidad el mismo recorrido, tendríamos al cabo de unos años la figura pétrea de un animal extinguido antes de nacer. La inevitable obra sería en realidad una exposición muda de una acción consecuentemente desesperada, realizada con resignada abnegación para que otros no cometan el mismo desvarío, completando mecánicamente el idéntico trazo.

Se sabe que en esta intención original no prima el desfiguramiento del símbolo temporal, sino el hecho de alertar silenciosamente a sus congéneres para que abandonen la cueva, para que sepan que el tiempo ha pasado, que allí no hay nada más que hacer.

Nota:

La imagen corresponde a una pintura rupestre realizada por la etnia San, pueblo de cazadores-recolectores que vivieron en todo el sur y el este de África durante miles de años antes de ser desplazados por tribus africanas y colonizadores europeos. El pueblo San sigue viviendo en el desierto de Kalahari de Namibia. 

sábado, 12 de junio de 2010

Sobre las escrituras simultáneas

Hace algunos meses, leí un pequeño artículo sobre diversos proyectos de un escritor llamado Pablo Ramos, en una primera lectura no pude absorber la posibilidad de tantas escrituras simultáneas, luego pensé que sería interesante abarcar dicha producción desde donde el escritor elige avanzar, y me llegué a preguntar, si dispusiese de otros tiempos, dónde enfocaría mis entuertos literarios.

Ahora bien, en este caso concreto, o se avanza desde lo que se planifica o se avanza desde el llamado de la obra en tanto creación genuina (donde no es precisamente el escritor el que elige escribir). Cuesta creer esto último cuando lo que se tiene entre manos son géneros dispares.

No todos tienen esa facilidad. Para escribir poesía no puedo concebir abarcar otras cosas, necesito abstracción, o tal vez deba decir que la abstracción se impone por sí misma, paulatinamente modifica el contexto hasta absorber lo que se encuentra fuera de la periferia. Mucho antes de todo eso el poema ya estaba siendo creado. Se ingresa como en un túnel, los lobos muerden la conciencia, afuera no hay nada, y a la vez, una totalidad le otorga presunciones al poema, lo esquematiza (extraña paradoja), finalmente lo deja librado a su suerte.

Me sorprenden estos casos, busco el método pero los procesos creativos imponen sus coordenadas, porque cuando se está dentro de un sistema pareciera que un rasgo de mutilación de la escritura se apropia del escritor, como el músico que poda sus versos para que los sonidos no queden desmembrados de la palabra, asimismo cumplir con tiempos impuestos por editoriales atentaría contra ese estado de belleza en transición, el cuerpo pasa a ser una máquina que ya conoce los mecanismos, los vericuetos, y las salidas tal vez armoniosas, y lo que se gesta sale al mercado (horrenda palabra) bajo el esquema de una producción (tal vez no sea así, en todo caso haya que corroborarlo inútilmente).

Aun así, tal vez resulte posible, desde un sobrevuelo, descubrir en la simultaneidad las pequeñas fragmentaciones del conjunto, una especie de limbo donde no se sabe bien dónde terminan las cosas.

Los lectores, mientras tanto, esperan ingresar al inmenso jardín.


viernes, 28 de mayo de 2010

Modos de construir poesía

Fabián Casas se encuentra diciendo estas palabras mientras transita en un puente de su escritura:

 “Tensar los poemas como en una catástrofe se ha convertido ahora en mi segunda naturaleza”.

Que es algo así como arrancarle el hilo a la poesía, que surja lo que deba surgir, caminar sin red por el entramado del poema, o como dice el poeta “si voy a escribir algo que sé que lo estoy escribiendo porque soy mirado, termino sacándolo. Prefiero poner algo que me dé vergüenza, que sea imperfecto sintácticamente, pero que sea real”.

Esto viene a cuento por la mirada reflexiva del escritor con respecto a la poesía de los 90’, aquella "pulsión de contemporaneidad" vivenciada desde la lectura y la devoción a consagrados poetas como Giannuzzi, Girri, Gelman, Zelarayán y Leónidas Lamborghini entre otros. Los espacios virtuales han hecho su aporte a esa observación que suele provocar una limitación, y para lo cual queda como opción refugiarse en la lectura y discusión de poemas en círculos reducidos.

Por último, una observación del poeta, harto comprobable para quienes visitamos blogs de poesía: el escribir “para la tribuna” dejando de lado las verdades propias vaya a saberse si por temor o conveniencia.

Para leer la nota completa vayan a este enlace.

Por mi parte, elijo como despedida esta respuesta que me dejó pensando:

–Sí, tal vez un escritor debería construir una obra como se construye un mueble.


domingo, 23 de mayo de 2010

La representación de las ideas

Cualquiera que haga algún tipo de trabajo artístico en su vida se dará cuenta de que cuando llega a cierta edad se pregunta cada vez con más frecuencia si tiene algo adicional para ofrecer. Requiere tiempo y energía ingresar a un mundo desconocido, ver las cosas con ojos diferentes. Desde mi punto de vista, tiene sentido permanecer allí una vez entro en ese mundo, porque me gusta. No hay misterio…

Esto lo dijo un actor de cine, Daniel Day Lewis, pero no puedo evitar trasladarlo a estos espacios, donde se intenta construir apreciaciones en torno al acto de creación literaria.

Aquello que vamos acumulando con el paso del tiempo: lecturas, ideas, teorías, soledades, apuntes y quien sabe que más.

¿Cómo se supone que debe representarse el acto creativo?

¿Desde la complejidad de un frondoso laberinto de ideas?

¿Desde la sencillez más pura y despojada?

¿Qué se supone que es el concepto cuando se está en un promontorio del pensamiento?

¿Cómo abordarlo?

¿Bajo qué parámetros?

¿Socavar lo socavado desde aquello frecuentemente habitado?

¿Volver a la fuente y pensar lo recorrido desde otra mirada?

Uno se pregunta si lo realizado ha tenido mérito, mismo desde este lugar, un blog un tanto descuidado bajo una lluvia del mundo.

Honestamente, entre nosotros, no tengo la respuesta.


jueves, 20 de mayo de 2010

Aquello...

Las oportunidades perdidas, porque no fuimos lo que debimos ser, por que callamos cuando debimos gritar, por apagar los volcanes de la discordia, aquellos días de escrituras automáticas, y estar siempre callado escuchando los chillidos de los pájaros proféticos, aquellos que se posaron en los tejados de los círculos literarios y vomitaron con desdén toda la cordura, todas las falsas teorías, todas las inútiles presunciones...

Así fue que, empantanando aguas, nos convertimos en puentes, y el poema se tornó inhabitado. La belleza pasó a ser parte de un diccionario, nada nuevo bajo el sol.

Vi esquivas mis frecuentadas conjeturas, no más que una realidad irresuelta, un desvarío que balbucea su hora confusa, un jardín descuidado, un pensamiento fosilizado desde una periferia, cizañas que han crecido como hojas de zapallos, las teorías abrazadas y nunca comprendidas.

y entonces decir, acodado en una barra, mientras la noche es otra y la lira enmudece, que después de esto no hay nada.


jueves, 13 de mayo de 2010

Un día en la Feria del Libro

Una máquina que funciona a monedas escupe libros en la Feria del Libro. Cada uno se lleva su talismán. Los que parecer pertenecer a una cadena de supermercados, reponen lo que falta reponer.

Todos contentos.

La Feria ya es una industria cultural, en esta oportunidad se le han sumado algunas estridencias, simbolizadas en carteles luminosos con alusión al Bicentenario, gigantografías varias y granaderos de la casa rosada recorriendo los pasillos, los lectores hacen de cuenta que no lo saben, ellos pululan, husmean, mezclan y sopesan cada uno de aquellos extraños artefactos de la felicidad, los vendedores hacen descuentos en efectivo, ya es sábado, antepenúltimo día de este mega evento que invita a encontrarse a medida que se avanza, pude conseguir un libro de Gilles Deleuze, no pude llevar la antología poética de Nietzche, tampoco la de Susana Thenon  -algo así como la versión femenina de Oliverio Girondo-, encontré ejemplares de Marosa Di Giorgio, el arte callado de Joaquín Giannuzzi, poemas de Fogwill y de Diana Bellesi, compilaciones de Olga Orozco…y por tercera o cuarta vez consecutiva no pude conseguir una versión de las Mil y una noches en papel biblia, traducido por Rafael Cansinos Assens.

No alcanzaron los colores para clarificar lo profuso, ni que aquello sirva de guía al náufrago desesperado, como un ciego guiando a los ciegos.

El mundo era un mercado luminoso, y yo hurgando en lo que parecía inerme, como paseando una nostalgia inadecuada, con mi sombra invisible.

Y fue tanto el temor de la sed, que caminé sin rumbo,

y entre los pasillos, me perdí.


jueves, 6 de mayo de 2010

Sobre los poetas y las menciones ilustres

Los poetas avanzan por sus obras y se sostienen en las exaltaciones que otros hacen de su recorrido, siempre el final se descubre que alguien transitó mucho el improperio de la palabra, y acaso una infeliz ambivalencia, la sombra andrajosa es embadurnada con un rostro de bronce, como si su empantanada existencia necesitara, por designio de aquellos que emprenden lo que no recorren,  escrutar un destino con letras de oro, puro como leche, amparado en la dulcísima voz de un quebranto, un suave acontecer en la mirada, y un andar áureo, medido sin tiempo, inmaculado…

Pero no, la realidad suele ser otra, la realidad es que, bajo la púrpura y la mitra del título otorgado, el poeta recoge su hambre y su angustia de mañana, y entonces aquello que ve, no es otra cosa que la marquesina de lo alejado –lo alejado de sí- que otros han edificado con su extravío, y desordenadamente, enciende una lámpara y aúlla el temor de su sed, arroja sus volcanes, come de sus mendrugos hasta extasiarse y dejarse vencer por el sueño. Un sueño compasivo con una mirada indulgente.

Al amanecer, el ciudadano ilustre, hurgará un pan duro y guardará su mención en el cajón más oscuro.


lunes, 3 de mayo de 2010

Sobre la búsqueda de poesía en los blogs

“Siempre he tenido la impresión de que el hecho mismo de ponerme a escribir significaba de alguna manera una tentativa de contacto, no con personas definidas, no con lectores definidos, probablemente conmigo mismo o con una realidad ajena y exterior con la que se busca precisamente el contacto para que llegue a ser un poco menos ajena y exterior...

...Sobre todo porque quisiera sentirme un poco como si estuviera en la misma habitación donde usted oye ahora este disco, y cuando digo usted, usted no existe para mí, y sin embargo vaya si existe porque...usted y yo somos este encuentro desde tiempos y espacios distintos, una anulación de esos tiempos y esos espacios y eso es siempre la palabra y la poesía... digamos entonces que estamos juntos…"

Estas reflexiones las ofreció hace algún tiempo Julio Cortázar, y no varía demasiado el paralelo que podamos trazar con los blogs y las escrituras que se leen y que se habitan en tiempos y espacios diferentes. Habla de un eventual contacto, ínfimo, improbable, entre los que escriben y aquellos destinados a comprender sus símbolos, a tomarlos como propios…

No deja de inquietarme esa extraña concatenación que suelen ofrecer aquellas sombras ligadas por una significación estética de la palabra, como así tampoco las eventualidades suscitadas según los tópicos planteados.

Inmensas serpientes azules y verdes suelen nacer de estas elucubraciones.

Después el monstruo deja de crecer, y con sus mendrugos hacen poemas los poetas.

Esos ladrones de fuego...

Dejo aquí un poema del gran Julio, especial para traductores...

" Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias."


viernes, 30 de abril de 2010

Desde la alternancia de la escritura

“No te pronunciaré jamás, verbo sagrado,

Aunque me tiña las encías de color azul,

Aunque me ponga debajo de mi lengua una pepita de oro,

Aunque derrame sobre mi corazón un caldero de estrellas

Y pase por mi frente la corriente secreta de los grandes ríos”…

Olga Orozco

Cuando empiezo a escribir siento que algo llama de pronto, como si estuviera alguien cerca de mi casa, luego el tiempo discurre su tardía hora. En ese momento creo que tengo el comienzo de una idea, algo que toma forma en la palabra. Es como si hubiera abierto una puerta…al final de una especie de corredor veo otra puerta un poco más oscura, y esa puerta es la que va a ser donde cruce el poema. Entonces sé cómo cierra y cómo abre; el camino que tengo que recorrer es totalmente ignorado, va alternándose; hay elementos subconscientes, pero siempre reviso. No sé si es surrealismo, he leído sobre la canalización de elementos oníricos y sobre la creencia en otras realidades que no representan el aquí y ahora, la exaltación de valores como la justicia, el amor, la libertad. Pero nunca hice automatismo como los surrealistas. Si lo hiciera, no terminaría en poema sino en plegaria.

Olga Orozco no deja de representar a una vidente que atraviesa malezas entremedio de entuertos oníricos, una suerte de madre-guía para muchos poetas, como pitonisa ha sido parte de una corriente estética que ha albergado lo inescrutable y lo profuso, y lo ha hecho desde el hechizo y el encantamiento. Pero para qué hablar inútilmente, mejor es leerla, a vuestra salud:

“Mis poderes son escasos. No he logrado trizar un cristal con la mirada, pero tampoco he conseguido la santidad, ni siquiera a ras del suelo. Mi solidaridad se manifiesta sobre todo en el contagio: padezco de paredes agrietadas, de árbol abatido, de perro muerto, de procesión de antorchas y hasta de flor que crece en el patíbulo. Pero mi peste pertinaz es la palabra”.

Nota: El relato fue extraído de una entrevista realizada por Soledad Costantini de Muniz Barreto y Mariana Bozetti, publicada en el libro “Literatura en el Malba: encuentro con escritores”


miércoles, 21 de abril de 2010

Lo imposible de prever...

"¿Qué es la poesía? Nadie lo sabe"...

                                                           Juan Gelman

Para Juan Gelman, el momento de la creación literaria "es imposible de prever", considera incluso que el proceso poético es comparable a experiencias místicas porque, en él, "el individuo sale de sí mismo".

Este acto, donde el poeta intenta desbrozar aquello que ha visto, constituye un descenso hacia los abismos que le permiten la posibilidad de "una expresión más verdadera de uno mismo y del mundo".

Tal vez pueda inferirse que el poeta se encuentra detrás de lo no pensado en el momento de crear poesía, y que quizás, en algún instante impreciso, le es otorgado "ver" el cuerpo del poema, pero no así comprenderlo, es allí que debe ilustrarlo del modo más elevado y espantoso posible. Después, analizar lo ocurrido, tal vez no sea su tarea, pero puede llevarlo a otras orillas, a desmalezar hacia adentro el relámpago de la creación, aquello "imposible de prever" que nos deja tiesos, esperando imbuirnos de la prosa para no ser incomprendidos, como cuando llueve una lluvia ajena y no hay expresión más verdadera que un paraguas destartalado

sábado, 17 de abril de 2010

Los tiestos de la razón


Buscamos en la interioridad los mendrugos de nuestra inconciencia, para luego ofrecer bosquejos de una subjetividad carcomida por los lobos del poema. Luego, lo visto, resignifica la parca tesitura, tiestos conjurados donde se repliegan los tiestos de la razón.
Todo esto lo ofrece el poeta, en la mesa de los humanos títeres.
Ellos aplauden, hacen de cuenta que entienden, beben taciturnamente un vino fuerte, se saben fuera del engranaje y parte del tiempo, después se irán a caminar en sus cornisas, a ser otros.
El poeta calla, lo que escribe parece un viento que no nace, arrastra consigo la reiterada quejumbre, la noche donde se guarda lo musitado, la noche que a todos pertenece. Pena que habremos de habitar.

domingo, 11 de abril de 2010

El deleznable almíbar...

Aunque lo intente, este lord noble y relamido, quien levanta su pluma, vehemente, creyendo que puede escribir…No puede, pues ¿quién escribe bien cuando está aburrido?. La mente ociosa solo puede ser trivial. Este fino caballero, quien levanta débilmente su espada contra su inevitable fracaso en infructuosa estocada, es frustrado por lo que su noble cuna provee sin restricciones: perros, perros, más perros y demasiadas habitaciones. Así que la fortuna les sonríe a quienes de la tierra se han apropiado, y desaprueba las trivialidades de mano de un aficionado

                                                                                  De “Orlando” (1995)

En esta escena de la película, el poeta deja al descubierto el deleznable almíbar (en la figura de Orlando) que suele escurrirse de aquellos que “escriben”, mientras hablan en una mesa frutal de lo “excelso” de la poesía broncínea. Escuché alguna vez charlas semejantes, “poemas” en la línea de “espero que mueras mil muertes” y cosas por el estilo. Hasta que alguien –el tiempo tal vez– le arroja la escupida que debería encerrar su ego en un cajón (el que esto escribe recuerda la cinematográfica meada de Rimbaud a un poeta insulsamente romántico). Sin embargo, algunos resisten los embates, y persisten en la reiterativa aventura de la escritura significativa.

Otros se convierten en críticos literarios (feroz el ejemplo en el cuento La Luna roja, de Roberto Arlt), para sentir el placer de destrozar cada obra que llegue a su escritorio, con el fin de dinamitar todos los cerebros que osen convertirse en escritores.

Algunos simplemente no se dan cuenta…


domingo, 4 de abril de 2010

A veces...

A veces no entiendo por qué persisto, porqué dedicar un mínimo tiempo a las encrucijadas deshabitadas por la razón, porque quedarse después quieto, hasta otra inercia arrojando muérdagos hacia lo que emerge, porqué este porqué, y hasta cuándo.

No hago de este texto una melancólica abulia intentando preconizar sobre lo que se aprecia, no pretendo eso.

Pienso en la inutilidad de tanta escritura, que en los blogs a veces se encuentran mirillas desde donde observar un mundo detrás de las cosas, pero lo que sigue después es una lenta declinación de las ideas y es entendible, la producción es abrumadora, no nos podemos detener, y si algo significa algo, el tiempo se encarga de poner cal a la peligrosa significación, y la significación se olvida, se desestima casi automáticamente, y volver a intentar un darse cuenta, un valer la pena…

La bipolaridad puede aquietar lo agitado del intelecto, a la vez trauma desde su vértigo, desasocia lo hallado, desintegra desde los lentos engranajes del tiempo, donde nos tornamos poleas mecánicas construyendo movimientos ajenos, nos osificamos, somos como muñones de carne y acero, y nos habituamos a estar dormidos con los ojos abiertos. Tiempo después, estamos institucionalizados con la idea de aceptar nuestras limitaciones. Entonces la quietud, la atroz y banal quietud, y los versos que representan lo apagado de nuestra condición, como un tránsito lateral hacia un horizonte purpúreo.

Sigo insistiendo cuando tengo en claro que esto no se trata de insistir, “esto” es preexistente a la tarea de otorgar significado, escribimos brevemente sobre lo escueto y acontecido del devenir de la escritura, y ese instante, alumbrado con precariedades, sin explicación aparente, en que nace lo que nace, termina arrancando lo candente de nuestro inconsciente acto, para saciarnos con mendrugos y darnos cuenta que no se trata de darse cuenta, de que no hay razones para persistir, que todo esto no es más que escritura, nada más efímero y disoluto y aparente, nada que no hayamos visto antes.


viernes, 2 de abril de 2010

El atavío de las ideas


Alguien enciende una computadora nocturna, bebe un trago blanco, acaso sin saberlo buscará configurar una tesitura que tendrá partículas de una entidad subjetiva, impertérrita, absorta, callada, la suya propia…
Entonces buscará espejos bajo los cuales verse reflejado, bastarán unas pocas escrituras arrojadas a una pantalla, por algún desconocido, para saberse conjeturado en prosa ajena. Bastará incluso el encantamiento de un seudónimo para ingresar a un espacio sin contraseñas ni ventanas, con la intencionalidad de un deseo de pertenencia bajo parámetros estéticos que nunca serán esclarecidos o explicitados. Este anónimo acto hará que, momentáneamente, sea parte de algo que intentará comprender.

Esto ocurre cada vez que alguien se conecta en el espacio virtual. Ahora, si lo que esa sombra evoca es su propia poesía lo que se abren son esclusas del pensamiento que los demás intentarán desmenuzar, mutilando su propia literatura para sostener un diálogo prosaico.
En este juego de simulaciones se deja al margen el contexto, la atención se encuentra dirigida a un hilo tensado cuya altura se desconoce (alguien lo sabrá, los ocasionales visitantes nadarán en el supuesto de las ideas).

Tal vez haya cansancio, o una botella a medio terminar, hasta que la sombra parecida al títere que la sostiene se deja abatir por el sueño, olvidando anotar la dirección donde proseguir el compartido hallazgo. Los demás caen, tomados de una cuerda que los arrojará a una meseta inerte, la de sus propias computadoras esperando vanas respuestas.

Al otro día, un cuerpo sin su sangre se pondrá a cumplir una rutina, y no podrá tener el don de volar, para ver desde los techos su vida previsible, su cuadriculada conjetura.

domingo, 28 de marzo de 2010

Dilucidaciones


Capas sobre capas de pensamiento académico intentan dilucidar un poema ataviado a su contexto, algo que significó jardines y crepúsculos y bosquejos de sombra, para la misma sombra que bosquejó crepúsculos en un jardín.
Cáscaras para las corazas del intelecto…
(estas cosas las escribo a partir de hechos dispares, la pantalla no refleja las negras manchas del pensamiento en estas temblorosas hojas) sin embargo, ya lo decía Oscar Wilde, no habría obra si no fuera por el crítico destinado a descubrirla, a decodificarla, a desentrañarla, para luego ofrecer esa nimiedad a lectores ávidos de nuevas lucubraciones.
Y lo que a veces el lector hace es interpretar una interpretación.
Mejor nos sería aprender un idioma para leer sin intermediarios ¿Cómo traducir a Oliverio Girondo? Mientas tanto buceemos en nuestra propia lengua, y que las esclusas se abran, sin que perdamos con el acto nuestra capacidad de asombro.

jueves, 25 de marzo de 2010

Sobre la palabra y el significado

En el poema “ Ab ovo”, Joseph Brodsky, premio Novel 1987, escribe:

En última instancia, debería haber un idioma donde la palabra “huevo” se redujese a una O. Los que más se aproximan a eso son los italianos con su “uova”…

El poeta tal vez nos hable de experimentar con la escritura, como el amor, que según Rimbaud, había que “reinventarlo”.

Llegará el día que la humanidad se comunique solo con imágenes. Un lenguaje de imágenes.

O que volvamos siglos atrás, cuando la gestualidad antecedió a la palabra, y fuera con los gestos que la gente primitivamente se comunicaba.

Esto que hacemos con la palabra, este feliz entrecruzamiento ¿es limitado?

Solo puedo divagar calladamente, porque corro el riesgo de “interpretar”, extrapolando un verso fuera de contexto.

Por eso, mejor termino mi café, y me disculpo por la intromisión…


miércoles, 24 de marzo de 2010

24 de marzo


Así que has vuelto.
Como si hubiera pasado nada.
Como si el campo de concentración, no.
Como si hace 23 años
que no escucho tu voz ni te veo.
Han vuelto el oso verde, tu
sobretodo larguísimo y yo
padre de entonces.
Hemos vuelto a tu Hijar incesante
en estos hierros que nunca terminan.
¿Ya nunca cesarán?
Ya nunca cesarás de cesar.
Vuelves y vuelves
y te tengo que explicar que estás muerto.


“Regresos” de Juan Gelman

Creo que es el mejor modo de simbolizar esta fecha.
Pienso en los arrancados, y que la palabra a veces no puede representarse.
No puede abarcar tanto mar y tanta sombra, no puede explicar nada.
Arrojar poemas al viento es un débil consuelo contra las bestias del olvido.
La memoria ahí anda, en una esquina cualquiera, reclamando.
El tiempo torna visible lo que vuelve a empezar.

viernes, 19 de marzo de 2010

El perímetro de lo creado

Todo concepto tiene un perímetro irregular, definido por la cifra de sus componentes

Gilles Deleuze

Desde su abstracción, una idea representa una unidad de conocimiento, resulta una construcción desde donde comprendemos experiencias propias de la interacción con nuestro entorno. Intuyo que interpretar el pensamiento de Deleuze genera una usina de creatividad para músicos, pintores y poetas.

El perímetro irregular del que habla el autor parecería, en apariencia, ilimitado dentro de su propia contextualización (ejes invariables vinculados por una entidad subjetiva)

“el concepto es el perímetro, la configuración, la constelación de un acontecimiento futuro”. Estimo que cuando surge el poema se advierte, en lo no pensado del pensamiento, el fulgor apagado del horizonte, algo que tal vez inconscientemente el poeta logrará completar. Pero veamos esto:

se puede decir que el plano de inmanencia es a la vez lo que tiene que ser pensado y lo que no puede ser pensado. Podría ser lo no pensado del pensamiento”.

¿de estos hierbajos no están constituidos los jardines del poema?

 Ir detrás de lo que se piensa, o tal vez más, ir detrás de la antelación de lo gestado, donde emerge lo que activa todo principio de creación, impulsos de la mácula-útero o simiente, desde donde el poema converge.

No se trata de ubicar en un margen la periferia de lo no pensado, como si nos fuera inevitable desechar imágenes o dispares simbologías, sino que esas ramificaciones invisibles implican, en sí mismas, el nodo básico desde donde emergerá el pensamiento en tanto dilucidado, consciente, verbalizado de aquello destinado a hurgar en los vórtices para devolver mendrugos propios de un absoluto, que no mitigarán la profunda desdicha del poeta ante un torrente imposible de ser perpetuado y salvaguardado.

El perímetro del concepto, donde nace y se expande la idea, tiene su centro neurálgico en el cerebro, el estado mental del creador.

Alguien podrá probar, consciente de ese estado, que el perímetro existe en nuestra propia representación, pero sin pruebas empíricas que constaten su existencia, necesitamos de su arquitectura, la probabilidad “física” de su sentido abstracto, pero todo acto de creación poética, en sí mismo, resultaría ilimitado, y tal vez el perímetro, o lo inevitable de su idea, resulte necesario para otorgar contexto a una inferencia basada en literatura.

Imaginemos una idea que declina, el perímetro se va cerrando, pero el concepto guarda la materia, o tiene esencias de sus componentes primarios, esto no es más que una divagación provocada por una intervención criptográfica.

Después de todo, siempre habrá razones para nadar de noche en un estanque poblado de estrellas.


domingo, 14 de marzo de 2010

El amor nos va a separar...

Cuando la rutina muerde con fuerza y las ambiciones son escasas

Y el rencor tiene altos vuelos pero las emociones no crecen

Y cambiamos nuestras costumbres, tomando caminos diferentes

Entonces el amor, el amor nos separará de nuevo…”

Ian Curtis

Ya pasaron 30 años desde que Ian Curtis, figura emblemática del post-punk inglés, se suicidara dejando atrás una historia de oscuro romanticismo al frente de una de las bandas que más influenciaron la escena del rock, en aquella Manchester sin árboles, autodeclarada división de la felicidad:

Joy División.

Solía ir con un amigo a escuchar a “Homenaje a Joy División” en la Buenos Aires de fines de los 80, nunca antes peregriné tanto por una banda de rock, porque lo que hacían Ernesto Castro (cantante) y compañía, era algo más que respetar una versión original. Vaya a saberse los destinos de cada uno…

Lo cierto es que me acerqué como pocas veces a la poética de un músico de Rock, tendríamos que ir a Jim Morrison para establecer un paralelo, pero la dolorosa introspección de Ian Curtis inquietó oscuramente aquellos tempranos días.

Siempre fui de considerar que algunas letras de canciones representan poemas mutilados, en cambio en las escrituras de Ian Curtis se advierte un doliente contexto que no prescinde del entramado necesario para corresponder a la métrica musical.

 El amor nos va a separar” decía Ian Curtis en Love will tear us apart, acaso un himno de su generación, días después el hombre bebía whisky mientras una cuerda se hilaba a sí misma.

Yo habité, como tantos, la mansedumbre y la melancolía de un tiempo que se agotaba, es probable que la música de Joy Division (y tal vez deba decir, de las versiones de Homenaje a Joy División) hayan evidenciado ese fin de la inocencia, eso que simplemente se nos estaba escurriendo como arena entre los dedos, era como si nos estuvieran diciendo “este sueño terminará pronto, y después de esto no habrá nada”.

Ian Curtis escribió “yo existo en la mejor forma que puedo, el pasado es ahora parte de mi futuro, el presente se me ha ido de las manos”.

Tardamos un tiempo en volvernos a ver con aquel amigo de siempre, Homenaje no volvió a tocar en vivo, los bares dejaron de ser frecuentados pero la música perduró, como un escrito en la piedra.

Después de todo, la existencia ¿Qué importancia tiene?.


lunes, 8 de marzo de 2010

Crear dentro de una estructura


He tratado de entender que la noción de libertad no depende de los límites conscientes de una estructura. Que podemos estar dentro de ella y perfectamente sentirnos libres. Para quienes tienen las suelas de viento, corroborar tal clarividencia quizás resulte problemático. Pensemos en los que caminan sin mirar atrás, simplemente por querer dejar un pasado en algún recóndito quieto del alma, o en aquellos que siempre ven un mar cuando solo hay edificios con artritis en las paredes y canillas rotas que arrojan agua con escrúpulos.
Cada uno de ellos tiene, en su sistema de pensamiento, un candado en la conciencia. Algunos fingen no saberlo.

Incluirnos en un sistema, sea tal vez la más perturbadora de nuestras acciones, es un modo de indagar en los vericuetos, para aproximarnos a un conocimiento interior, aquel que un alma azorada debe soslayar para poder ver.

Crear dentro de estructuras sea tal vez nuestro desanimado designio.
Asaltar un espacio que nos pertenece, agregarle rayas y promontorios, figuras y ecuaciones. Configurarle una cosmogonía. Escuchar colores. Pintar sonidos. Escribir imágenes.
Cuando alcancemos la verdad no habrá nada del otro lado.
No habrá materia. No habrá espacio. No habrá tiempo. Solo el poema creado.
Crear nos hará libres. Condenadamente libres.

viernes, 5 de marzo de 2010

Los verdaderos poetas son de repente...


"los verdaderos poetas son de repente, nacen y desnacen en 4 líneas y nada de obras completas..."
de Gonzalo Rojas, 80 veces nadie.

Me parecieron reveladores estos versos, algo cercanos a la prosa de Walt Whitman, difundidos en el blog de Diego Bentivegna. Da una aproximación de los oscuros versos que a lo largo de la
historia pudieron construir algunos videntes, como volcanes donde irrumpe lo impostergable, condenados a ver sin mediaciones, sin filtros desmedidos, sin análisis previo. Solo lo que surge, solo lo que nace. En el momento que surge, en el instante que nace, cuando ocurre lo que ocurre.

y lo bien que dice al final de su texto: "lo irreparable es el hastío"...

jueves, 4 de marzo de 2010

El zapatero meditativo

Una tarde, en su casa de Santos Lugares, escuchamos con Ernesto Sábato un leve golpeteo detrás de una de las viejas paredes, justó allí donde descansan sus pinturas, recuerdo que el maestro le prestó mucha atención a ese hecho banal, y después caviló, como para sus adentros ¿ves? Me dijo, ese ruido lo debe hacer un zapatero, debe haber uno detrás de esta pared, en la casa contigua… mientras hablaba el sonido se perdía impreciso.

Los zapateros ejercen un oficio en el que es preciso meditar mientras se trabaja-me dijo-, presta atención cada vez que veas uno, no es como otro oficio en el cual no es necesario reflexionar sobre lo que se hace, ellos sin embargo parecen abstraídos mientras toman el pequeño martillo y el punzón, es un oficio muy noble que requiere soledad y que no haya interferencias del mundo exterior, ellos simplemente meditan mientras arreglan sus zapatos…

Esta conversación ocurrió a principios de 2002, desde entonces mucha agua pasó debajo del puente ¿somos el agua o somos el puente?

Dicen que el maestro ya no lee ni pinta, que está un poco ciego (justamente él) y que disfruta que le lean.

En aquel momento llegué a escuchar que el zapatero era de Italia o Alemania, y que Don Ernesto no podía recordarlo, vaya a saberse en qué cuaderno habrá guardado lo que escribió.

Quiero resguardar esto, las cosas pasan, las circunstancias se olvidan, después un viento nos desvía la mirada, prosigue lo que se añora, tal vez de eso se trate.

Al irme, recordé la foto de una mujer, en una columna de su cuarto de estudio, cerca de la puerta, porque tenía la mirada de Alejandra, y probablemente lo era.

Vaya a saberse…