viernes, 30 de julio de 2010

Sobre el plano de inmanencia...

Abordando un capítulo sobre los personajes conceptuales, se lee este texto de Deleuze-Guattari

"cuánta fuerza en esas obras con los pies desequilibrados, Hölderlin, Kleist, Rimbaud, Mallarmé, Kafka, Michaux, Pessoa, Artaud, muchos novelistas ingleses y americanos, de Melville a Lawrence o a Miller, cuyos lectores descubren con admiración que escribieron la novela del spinozismo (para Deleuze, Spinoza es el cristo de los filósofos, toda una declaración) ciertamente, no hacen una síntesis de arte y de filosofía. Se bifurcan y bifurcan sin cesar. Se trata de genios híbridos que no borran la diferencia de naturaleza, no la colman, pero emplean por el contrario todos los recursos de su "atletismo" para instalarse precisamente en esa diferencia, acróbatas desgarrados en un perpetuo más difícil todavía"…

Estas elucubraciones me obligan a repensar algo que permanecía oculto, y qué a la vez, subsumido en estructuras, me traslada a la enorme necesidad de crear conceptos, y examinarlos críticamente, simplemente se trata de un devenir en tanto llamado (si hubiera una ilusión de trascendencia en este acometido mencionaría el destino o lo destinado, prefiero aplicar ecuaciones y representar los movimientos infinitos desde un sobrevuelo)

Pero en este caso me ocupa la poesía y sin embargo esta permanece oculta, tal vez allí no haya necesidad de elaborar conceptos sino de algo mucho más complicado: utilizar el discernimiento filosófico para el proceso de creación literaria, intentar aquella síntesis expresada por Deleuze, entender el mecanismo que ovilla un plano de inmanencia.

Pero lo inquietante resulta cuando Deleuze habla del "idiota" que busca en lo que no comprende una bifurcación que lo haga creer que lo creado es literatura. Enorme desafío implica saber, desde una profunda interioridad menoscabada y en base a un genuino discernimiento, que aquella construcción -que debería estar exenta de erróneas percepciones y pueriles trascendencias- logre hacer un tránsito que permanentemente oscilará entre lo que creemos entender y aquello que por naturaleza surge desde lo candente de nuestra conciencia.

Creo que el plano de inmanencia es algo que intentamos captar, como cuando vemos un pavo real segundos después de perderse en la espesura, allí ocurrió el poema no escrito, tal vez será posible circunscribir aquella fugacidad, pero no podremos apresarla, hay en todo esto una atmósfera que no es tal, un ente aparente desde el cual fluctúan erupciones de poemas que nacen y trastabillan desde el propio recurso “atlético”. Pero Deleuze afirma que “no podemos soportar los movimientos infinitos ni dominar estas velocidades infinitas que nos destrozarían…” en este caso ¿se trata de detener el movimiento para alcanzar a esbozar esa síntesis de filosofía y de arte?.

En todo caso, pienso lo que implica la noción de caos en esta conjetura, ya que el poeta corre el riesgo, al crear en su ensimismado desasosiego, de hundirse en el propio caos por intentar dilucidar su arquitectura, ilustrar su vórtice o representar escuetamente sus volcánicos componentes.

¿No debemos los poetas revisar estas cosas?

Es probable que el plano de inmanencia se trate de lo no creado en el momento de transcribir la palabra, advertir la penumbra de lo ocurrido, aquello “que tal vez será”, lo presupuesto habitando el contexto subjetivo del poeta (se sabe que ha ocurrido, pero no se ha escrito aún). Cuando el poema comience acabará en el acto con la idea del plano, el poeta intentará comprender ese hálito-ente, en vano lo dilucidará, será considerado pensamiento abstracto, como una pintura que encierra una idea, acaso una brisa imposible de ovillar en la palabra. Entonces el poeta quedará desahuciado por ver, al final del poema escrito, que nada de aquello ha sido apresado, que el plano ha mutado, o se habrá tornado bosquejo, horizonte, tal vez absurda polisemia.

sábado, 24 de julio de 2010

Sobre las citas falsas

Existe un caso emblemático, citado hasta el hartazgo por selectas minorías, hablo de la famosa “ladran Sancho…”
Basta recorrer el ancho espacio virtual para constatar que algunos sitios citan esa frase como perteneciente a Cervantes. Hay hasta quienes dicen que es la frase más significativa que ha pronunciado el Quijote.
El asunto ilustra la ausencia de verificación de la fuente al momento de simbolizar una representación o realizar un análisis, cierto es que existen herramientas para corroborar estos improperios, por causas variadas no suelen aplicarse, dejando la aseveración en un terreno sinuoso.
Esas prácticas, propias de bibliotecarios y hombres de letras, no encuentran eco en quienes suben contenidos en blogs de literatura.
Lo que ocurre es que alcanza con que alguno lo haya escrito y subido en la Web como para legitimizar su uso y aseverar su origen.
Me recuerda un texto medieval en donde el representante de un rey exige las tierras para su amo exhibiendo un dudoso título de propiedad:
“Lo que yo exijo es legítimo”
¿Por qué?
“Porque está escrito”
La ignorancia teje un terreno propio, que la desidia embadurna con fango.

martes, 20 de julio de 2010

Más de un año ya...

Que cosa extraña, ya pasó más de un año de estar escribiendo con intermitencias en este blog, me lleva a pensar como cuesta percibir el paso del tiempo, ciertos aniversarios inquietan, los bollitos de papel se acumulan hasta formar barrancos de conjeturas, los relojes parecen despojarse del sentido práctico y mecánico de medir añoranzas, donde adquieren un tono solemne al dar la última vuelta del día. En esto se cuelan escrituras, divagaciones, aproximaciones, lejanías, probablemente un encuentro con la palabra.

Pero resulta que suele llover de vez en cuando, y no puedo evitar acordarme de un capítulo de Rayuela, sobre un paraguas que Oliveira no se animó a arrojar al vacío, porque vi en ese acto y en ese enmudecimiento un signo de estas tribulaciones.

He aquí el texto:

Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra. Justamente un paraguas, Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo. Lo tiramos porque lo habías encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo usaste muchísimo, sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses, siempre torpe y distraída y pensando en pájaros pinto o en un dibujito que hacían dos moscas en el techo del coche, y aquella tarde cayó un chaparrón y vos quisiste abrir orgullosa tu paraguas cuando entrábamos en el parque, y en tu mano se armó una catástrofe de relámpagos y nubes negras, jirones de tela destrozada cayendo entre destellos de varillas desencajadas, y nos reíamos como locos mientras nos empapábamos, pensando que un paraguas encontrado en una plaza debía morir dignamente en un parque, no podía entrar en el ciclo innoble del tacho de basura o del cordón de la vereda; entonces yo lo arrollé lo mejor posible, lo llevamos hasta lo alto del parque, cerca del puentecito sobre el ferrocarril, y desde allá lo tiré con todas mis fuerzas al fondo de la barranca de césped mojado mientras vos proferías un grito donde vagamente creí reconocer una imprecación de walkiria. Y en el fondo del barranco se hundió como un barco que sucumbe al agua verde, al agua verde y procelosa, a la mer qui est plus félonesse en été qu'en hiver, a la ola pérfida, Maga, según enumeraciones que detallamos largo rato, enamorados de Joinville y del parque, abrazados y semejantes a árboles mojados o a actores de cine de alguna pésima película húngara. Y quedó entre el pasto, mínimo y negro, como un insecto pisoteado. Y no se movió, ninguno de sus resortes se estiraba como antes. Terminado. Se acabó. Oh Maga, y no estábamos contentos…


viernes, 16 de julio de 2010

Lo de siempre

El vaso de vino, la carga del día y sus despojos que caen al suelo, el traje maltrecho, la sombra desvariada en este inocuo ejercicio de labrar lo incierto, aún no es tiempo de cambiar estas cosas, podría decir que conmigo empieza todo lo nuevo, porque lo que creo se yergue desde el propio obstáculo que avizoro con la materia, sin lecturas previas ni atisbos concurridos, habito espacios calcinados por la palabra, me aventuro allí donde exhala el desánimo su último quejido, y sin embargo soy una sombra.

Hoy corroboré que los destinos prescinden del rutinario bosquejo, esto que no soy ha proferido nimiedades, tomé el mismo colectivo de siempre, miré como un náufrago detrás de la bufanda, conté la misma noticia tres veces, rompí mi taza y leí sin asombro las sentencias de siempre.

Pero tal vez, en alguna brisa, miré alrededor.

Tal vez estuve despierto.

viernes, 9 de julio de 2010

Los talleres de poesía frecuentados

Intermitencias y divagaciones fractales sobrevuelan en un trance, mientras un ocre atardecer va meciendo dulcemente el vaivén de la calma, como si estuviéramos oscilando en derredor de una hojarasca, mirando caer las hojas del invierno con entusiasmada languidez.

A veces creo que es momento de confrontar mis encrucijadas literarias, alguna vez pensé en un taller de poesía, de hecho, frecuenté dos en mi adolescencia, en uno me acuerdo de las correcciones de una poetisa, yo mencionaba sobre los dulces quebrantos a propósito de un crepúsculo de mi existencia, la escritora insistía con eliminar una frase desafortunada que, en mi obstinación por la idea primaria, terminó fosilizada en el poema.

Duré un mes, igualmente le agradecí.

Después estuve con un poeta muy premiado en Alemania, Bélgica y algún otro recóndito europeo que ahora no recuerdo, le llevé el libro que en ese entonces no tenía pensado quemar, me recomendó que lo tiré a la basura, pero me dijo una frase que en su estatura resultó todo un elogio: “si te sirve de algo, no escribís boludeces, pero este libro no fue acertado publicarlo”. Entonces me propuso construir versos endecasílabos y me aboqué a la tarea, al poco tiempo analizaba la cantidad de yambos y fracturas rítmicas en las que irremediablemente recaían cada uno de mis versos, pero las palabras se iban concatenando junto con la métrica, podía entrever cierta gracia, tal vez deliberada.

Estas prácticas continuaron un par de meses. Una tarde me fui a caminar y nunca más volví, me extravié en mi propio jardín, llevaba conmigo razones inciertas, la idea de que la construcción del verso rimado implicaba en cierto modo una mutilación del poema. El acto de “podar” un vértigo era, cuando menos, escabroso para mi concepción de lo creado, donde significaba un detrás y un debajo imposible de representar mediante matemáticas musicales.

Me dejé arrastrar por el verso libre, que no es otra cosa que frecuentar mi propia interioridad, mientras sentía que la noche, o lo que se supone que era mi encuentro con lo revelado, me pertenecía.

Hoy creo que es deleznable la cuestión dogmática, prefiero más bien el entrelazamiento, encontrar preguntas en vez de respuestas, abordar un espacio subjetivo de perspectivas y de estéticas, de ideas, hallazgos, reflexiones. Todo aquello que se encuentra, aquello que también nos encuentra.

Después de todo, solo soy una sombra y una idea.


sábado, 3 de julio de 2010

Lo que es

Me reitero en las selváticas teorías de la creación literaria ¿Cómo pretender dilucidar esta apariencia?. Me evado simplemente, allá las razones que ponen en movimiento este sitio de encuentro con la palabra, puede haber tanta inutilidad como descubrimiento y eso, que a la vez me asola, me permite encender una vez más esta computadora y compartir nocturnamente estos embelecos.

Probablemente se intenta dilucidar, en este acto, la antelación de lo no pensado del pensamiento, al momento en que surge lo que surge (me urgen las lecturas de Deleuze para extraviarme en estas apreciaciones, a veces mis acercamientos al pensador francés simplemente sobrevuelan un halo de comprensión que lentamente desaparece).

Poiesis, creación, videntes que han proferido lo que hubo de ocurrir (acaso Daniel, el profeta del antiguo testamento, haya sido su máximo exponente)

Detrás de todo esto hay como un desmembramiento de la apariencia, simuladores según Platón, ladrones de fuego tal cual lo escupió Rimbaud.

¿Cómo establecer variables y constantes en el proceso de creación mediante escrituras?

¿Será posible utilizar algoritmos que expliquen las fluctuaciones del poema?

¿Y aquello que se construye, no delimita en cierto modo una estructura que impide realmente comprender su sistema de pensamiento, su vertebrada arquitectura?

¿Se piensa realmente en todo esto?

Necesidad de esgrimir lo que se tiene por disperso, imposibilidad de ovillar una abstracción, el mínimo consuelo de hollar una periferia.

Hasta que podamos lograrlo, nos encontraremos ocupados en otra cosa, aun sabiendo que estaremos posados en otro horizonte, lejos de lo que es el poema, de lo que ha sido el poema.


jueves, 1 de julio de 2010

La cruda poesía de Roberto Arlt

Doy vueltas como en un campo cercado de púas, y todo por esta relectura que intento hacer de un gran escritor, entiendo que vano es conjeturar un estropajo de palabras cuando lo que se siente es el filo de un cable oxidado en el corazón. Yo creo, ya que hay que arrojar una piedra al inmenso lago, que un modo de significar a Roberto Arlt es leyendo sus aguafuertes porteñas, porque de algún modo recrea el contexto asfáltico de su literatura, textos que son como radiografías subjetivas de una sociedad que se supo reflejada en su escritura, en sus personajes marginales y desangelados, en su angustiado existencialismo. Creo que se necesita de una sensibilidad extrema para mostrarnos un mundo debajo de las cosas, como lo hizo con cada uno de sus personajes (recuerdo ahora el capítulo titulado “dos almas” de los siete locos). Cada una de sus crónicas ofrece la crudeza de una realidad candente, hechos tal vez insignificantes pero que revelan todo un mundo, como lo pautaron Erdosain y Astier a su modo).

Muchas de las intemporales aguafuertes publicadas en el diario El mundo, logran expresar esa inherencia o inmanencia de la realidad oculta, una mirada piadosa en la que suelo quedarme, cada tanto, cuando los días no son tan fáciles ni la vida tan dura. Creo que vale la pena desentrañar, con cierta atención, su callosa simplicidad para mostrarnos un absoluto.

O si no creo que es posible hallar consuelo en cualquiera de sus novelas, quizás se pudiera decir que Roberto Arlt supo hollar, mejor que ninguno, las miserias de la condición humana, y que tuvo la empatía de compartirlo nocturnamente, con descalabrada dureza, con paciencia de animal, con sed y con espanto.

En todo caso, digamos que Arlt vio demasiadas cosas. 

Saludos, estimada.

jueves, 24 de junio de 2010

Lo que está detrás del entendimiento

Preguntas…

¿Cómo puede haber necesidad de escribir poesía, o crear conceptos desde el abordaje filosófico, si se vive en un simulacro de paraíso, sin urgencias, sin tristezas, sin agobio?

¿A qué nos lleva esto?

¿Qué tal vez, lo que nos justifica como miembros de algo que apenas comprendemos, es posible hollarlo desde el apartado faro de la desolación?

¿Cómo puede escribir alguien si está aburrido?

Todo surge porque debe surgir, no conozco quien laceró esta certidumbre, simplemente abrevo las aguas. Pero a veces, estas cosas ocurren porque detrás de la inmanencia hay un problema, que invariablemente nos traslada al análisis de la creación literaria (probablemente en filosofía esto sea más elocuente).

¿Pero cuál sería el problema en el acto de escribir poesía?

Se sabe cinematográficamente que no se escribe poesía porque sea bella, ni por corresponder a un sentimiento romántico de la literatura. Se escribe y se lee poesía porque somos miembros de la raza humana, y la raza humana bastaría como significación para ovillar el círculo de las razones que justifiquen esta ligera apreciación.

Necesariamente, ese estado subjetivo de conciencia perceptiva nos arroja a un hueco candente donde el poeta intentará, entre tanta maleza, resguardar hálitos de belleza de la invisibilidad colectiva.

“Allí hay poesía” podríamos decir, “allí ha ocurrido el poema”, pero para ello es preciso ver, descontextualizar el contexto, impregnarlo de nuestras impropias palabras, porque allí hay algo elemental y aterrador; el uso que hagamos de la palabra (desentrañando el plano de las cosas, socavando su interioridad) para simbolizar desde la escritura las mecánicas propiedades que trasuntan lo revelado, un sistema tal vez implícito, abordado desde una transfiguración, usando como “método” construcciones binarias subjetivas, o lo que se supone que pueda ser ejecutado en estado de trance.

Pero todo conlleva un riesgo.

¿Por qué extraer la belleza para ofrecer una apariencia sin representatividad del contexto?

¿Por qué no mostrar las cosas tal cuáles son?

Entender el significado de la frase “yo es otro”, lleva a duplicar un aparente no necesariamente compatible con la entidad del yo, para mostrar desde su concepto que otra realidad es posible, que es necesario identificar. Entidad socavada por la palabra, que es en sí misma toda realidad plausible de resguardar significado.

Después de esta intervención, los lectores podrán ver, surgirán nuevas posibilidades, entrelazamientos, reinterpretaciones, pero esa ya sería otra historia.


lunes, 21 de junio de 2010

Sobre la creación de conceptos


"Trascender la realidad y la materia. Reconstruir la poesía y el mundo espiritual del ser humano" ante este lema Juan Gelman se preguntó ¿Qué significa reconstruir la poesía? Ningún poeta nace de la nada y, cada uno a su manera, sigue el consejo de Basho: no hay que imitar a los antiguos, hay que buscar lo mismo que ellos buscaron. Es cierto que vivimos en una época en la que la improvisación, la trivialidad y la ligereza parecen dominar. Pero el poeta abre caminos interiores para escribir cada poema, desbroza las malezas de su subjetividad, no escucha el estrépito de la palabra impuesta. No vive para escribir, escribe para vivir…

Esto me recuerda a lo que opinaba Gilles Deleuze sobre el sentido de la filosofía: la creación de conceptos. El pensador francés se preguntaba qué valor tendría un filósofo del que se pudiera decir: no ha creado conceptos, no ha creado sus propios conceptos.
Por ende ¿de qué serviría reiterar, corroborar o justificar lo ya recorrido, si en el acto de pensamiento no elevamos nuestra propia teoría, nuestro propio significado de las cosas?

Se trata de construir lo que otros en su tiempo construyeron, pero desde otro plano.

Deleuze definió al concepto por la inseparabilidad de un número finito de componentes heterogéneos, recorridos por un punto en sobrevuelo absoluto, a velocidad infinita.

Esta sentencia debería obligarnos a ir más allá de nuestras posibilidades, a corroborar cuáles son nuestros límites, precisamente allí donde somos libres, allí donde nada nos ata, allí donde simplemente podemos crear.

sábado, 19 de junio de 2010

Adios maestro...

El sol se muestra en uno de los ángulos superiores del rectángulo, el que está a la izquierda de quien mira, representando el astro rey una cabeza de hombre de la que surgen rayos de aguda luz y sinuosas llamaradas, como una rosa de los vientos indecisa sobre la dirección de los lugares hacia los que quieren apuntar, y esa cabeza tiene un rostro que llora, crispado en un dolor que no cesa, lanzando por la boca abierta un grito que no podemos oír, pues ninguna de estas cosas es real, lo que tenemos ante nosotros es papel y tinta, nada más…

De “El evangelio según Jesucristo”, José Saramago.

Duele saber esto, duele saber que algún día estas cosas llegan, que las trincheras cada vez son menos, que ya no queda donde poner a resguardo el alma, que la palabra, tan elevada en su uso, es apenas una necesidad de decir que estamos un poco más solos, un poco más callados, no importan las comas ni los puntos suspensivos, tampoco importa si dios va en minúscula, importa esto que ya no es, y que sin embargo seguirá siendo, importa que apenas se tolera que ya no es ayer, que mañana es otro día de junio, frío como este, con un poco de sol.

Saramago bogaba por la necesidad de elevar conceptos, inquiría por filosofía, por conciencia social, cometía verdaderos deleites con esto que llamamos el entendimiento humano.

Si bastara reducir su aporte a la literatura tendríamos bastante consuelo, bastante que indagar, pero no, su talla moral, su lucidez reflexiva, su inquebrantable sentido de la ética, hacen insoportable esta ausencia.


martes, 15 de junio de 2010

Pinturas rupestres

Nada surge desde lo abúlico, segmentos de impresiones van tallando un cuerpo acostumbrado a la reiteración, socavando con el acto creativo la concepción de la anterioridad, de la que el tiempo desprende sus ubérrimos conceptos. Trazos que necesariamente vuelven a un mismo punto de partida, por muchísimo tiempo.

Si esos trazos se dispusieran unos sobre otros, remarcando con la misma intensidad el mismo recorrido, tendríamos al cabo de unos años la figura pétrea de un animal extinguido antes de nacer. La inevitable obra sería en realidad una exposición muda de una acción consecuentemente desesperada, realizada con resignada abnegación para que otros no cometan el mismo desvarío, completando mecánicamente el idéntico trazo.

Se sabe que en esta intención original no prima el desfiguramiento del símbolo temporal, sino el hecho de alertar silenciosamente a sus congéneres para que abandonen la cueva, para que sepan que el tiempo ha pasado, que allí no hay nada más que hacer.

Nota:

La imagen corresponde a una pintura rupestre realizada por la etnia San, pueblo de cazadores-recolectores que vivieron en todo el sur y el este de África durante miles de años antes de ser desplazados por tribus africanas y colonizadores europeos. El pueblo San sigue viviendo en el desierto de Kalahari de Namibia. 

sábado, 12 de junio de 2010

Sobre las escrituras simultáneas

Hace algunos meses, leí un pequeño artículo sobre diversos proyectos de un escritor llamado Pablo Ramos, en una primera lectura no pude absorber la posibilidad de tantas escrituras simultáneas, luego pensé que sería interesante abarcar dicha producción desde donde el escritor elige avanzar, y me llegué a preguntar, si dispusiese de otros tiempos, dónde enfocaría mis entuertos literarios.

Ahora bien, en este caso concreto, o se avanza desde lo que se planifica o se avanza desde el llamado de la obra en tanto creación genuina (donde no es precisamente el escritor el que elige escribir). Cuesta creer esto último cuando lo que se tiene entre manos son géneros dispares.

No todos tienen esa facilidad. Para escribir poesía no puedo concebir abarcar otras cosas, necesito abstracción, o tal vez deba decir que la abstracción se impone por sí misma, paulatinamente modifica el contexto hasta absorber lo que se encuentra fuera de la periferia. Mucho antes de todo eso el poema ya estaba siendo creado. Se ingresa como en un túnel, los lobos muerden la conciencia, afuera no hay nada, y a la vez, una totalidad le otorga presunciones al poema, lo esquematiza (extraña paradoja), finalmente lo deja librado a su suerte.

Me sorprenden estos casos, busco el método pero los procesos creativos imponen sus coordenadas, porque cuando se está dentro de un sistema pareciera que un rasgo de mutilación de la escritura se apropia del escritor, como el músico que poda sus versos para que los sonidos no queden desmembrados de la palabra, asimismo cumplir con tiempos impuestos por editoriales atentaría contra ese estado de belleza en transición, el cuerpo pasa a ser una máquina que ya conoce los mecanismos, los vericuetos, y las salidas tal vez armoniosas, y lo que se gesta sale al mercado (horrenda palabra) bajo el esquema de una producción (tal vez no sea así, en todo caso haya que corroborarlo inútilmente).

Aun así, tal vez resulte posible, desde un sobrevuelo, descubrir en la simultaneidad las pequeñas fragmentaciones del conjunto, una especie de limbo donde no se sabe bien dónde terminan las cosas.

Los lectores, mientras tanto, esperan ingresar al inmenso jardín.


viernes, 28 de mayo de 2010

Modos de construir poesía

Fabián Casas se encuentra diciendo estas palabras mientras transita en un puente de su escritura:

 “Tensar los poemas como en una catástrofe se ha convertido ahora en mi segunda naturaleza”.

Que es algo así como arrancarle el hilo a la poesía, que surja lo que deba surgir, caminar sin red por el entramado del poema, o como dice el poeta “si voy a escribir algo que sé que lo estoy escribiendo porque soy mirado, termino sacándolo. Prefiero poner algo que me dé vergüenza, que sea imperfecto sintácticamente, pero que sea real”.

Esto viene a cuento por la mirada reflexiva del escritor con respecto a la poesía de los 90’, aquella "pulsión de contemporaneidad" vivenciada desde la lectura y la devoción a consagrados poetas como Giannuzzi, Girri, Gelman, Zelarayán y Leónidas Lamborghini entre otros. Los espacios virtuales han hecho su aporte a esa observación que suele provocar una limitación, y para lo cual queda como opción refugiarse en la lectura y discusión de poemas en círculos reducidos.

Por último, una observación del poeta, harto comprobable para quienes visitamos blogs de poesía: el escribir “para la tribuna” dejando de lado las verdades propias vaya a saberse si por temor o conveniencia.

Para leer la nota completa vayan a este enlace.

Por mi parte, elijo como despedida esta respuesta que me dejó pensando:

–Sí, tal vez un escritor debería construir una obra como se construye un mueble.


domingo, 23 de mayo de 2010

La representación de las ideas

Cualquiera que haga algún tipo de trabajo artístico en su vida se dará cuenta de que cuando llega a cierta edad se pregunta cada vez con más frecuencia si tiene algo adicional para ofrecer. Requiere tiempo y energía ingresar a un mundo desconocido, ver las cosas con ojos diferentes. Desde mi punto de vista, tiene sentido permanecer allí una vez entro en ese mundo, porque me gusta. No hay misterio…

Esto lo dijo un actor de cine, Daniel Day Lewis, pero no puedo evitar trasladarlo a estos espacios, donde se intenta construir apreciaciones en torno al acto de creación literaria.

Aquello que vamos acumulando con el paso del tiempo: lecturas, ideas, teorías, soledades, apuntes y quien sabe que más.

¿Cómo se supone que debe representarse el acto creativo?

¿Desde la complejidad de un frondoso laberinto de ideas?

¿Desde la sencillez más pura y despojada?

¿Qué se supone que es el concepto cuando se está en un promontorio del pensamiento?

¿Cómo abordarlo?

¿Bajo qué parámetros?

¿Socavar lo socavado desde aquello frecuentemente habitado?

¿Volver a la fuente y pensar lo recorrido desde otra mirada?

Uno se pregunta si lo realizado ha tenido mérito, mismo desde este lugar, un blog un tanto descuidado bajo una lluvia del mundo.

Honestamente, entre nosotros, no tengo la respuesta.


jueves, 20 de mayo de 2010

Aquello...

Las oportunidades perdidas, porque no fuimos lo que debimos ser, por que callamos cuando debimos gritar, por apagar los volcanes de la discordia, aquellos días de escrituras automáticas, y estar siempre callado escuchando los chillidos de los pájaros proféticos, aquellos que se posaron en los tejados de los círculos literarios y vomitaron con desdén toda la cordura, todas las falsas teorías, todas las inútiles presunciones...

Así fue que, empantanando aguas, nos convertimos en puentes, y el poema se tornó inhabitado. La belleza pasó a ser parte de un diccionario, nada nuevo bajo el sol.

Vi esquivas mis frecuentadas conjeturas, no más que una realidad irresuelta, un desvarío que balbucea su hora confusa, un jardín descuidado, un pensamiento fosilizado desde una periferia, cizañas que han crecido como hojas de zapallos, las teorías abrazadas y nunca comprendidas.

y entonces decir, acodado en una barra, mientras la noche es otra y la lira enmudece, que después de esto no hay nada.


jueves, 13 de mayo de 2010

Un día en la Feria del Libro

Una máquina que funciona a monedas escupe libros en la Feria del Libro. Cada uno se lleva su talismán. Los que parecer pertenecer a una cadena de supermercados, reponen lo que falta reponer.

Todos contentos.

La Feria ya es una industria cultural, en esta oportunidad se le han sumado algunas estridencias, simbolizadas en carteles luminosos con alusión al Bicentenario, gigantografías varias y granaderos de la casa rosada recorriendo los pasillos, los lectores hacen de cuenta que no lo saben, ellos pululan, husmean, mezclan y sopesan cada uno de aquellos extraños artefactos de la felicidad, los vendedores hacen descuentos en efectivo, ya es sábado, antepenúltimo día de este mega evento que invita a encontrarse a medida que se avanza, pude conseguir un libro de Gilles Deleuze, no pude llevar la antología poética de Nietzche, tampoco la de Susana Thenon  -algo así como la versión femenina de Oliverio Girondo-, encontré ejemplares de Marosa Di Giorgio, el arte callado de Joaquín Giannuzzi, poemas de Fogwill y de Diana Bellesi, compilaciones de Olga Orozco…y por tercera o cuarta vez consecutiva no pude conseguir una versión de las Mil y una noches en papel biblia, traducido por Rafael Cansinos Assens.

No alcanzaron los colores para clarificar lo profuso, ni que aquello sirva de guía al náufrago desesperado, como un ciego guiando a los ciegos.

El mundo era un mercado luminoso, y yo hurgando en lo que parecía inerme, como paseando una nostalgia inadecuada, con mi sombra invisible.

Y fue tanto el temor de la sed, que caminé sin rumbo,

y entre los pasillos, me perdí.


jueves, 6 de mayo de 2010

Sobre los poetas y las menciones ilustres

Los poetas avanzan por sus obras y se sostienen en las exaltaciones que otros hacen de su recorrido, siempre el final se descubre que alguien transitó mucho el improperio de la palabra, y acaso una infeliz ambivalencia, la sombra andrajosa es embadurnada con un rostro de bronce, como si su empantanada existencia necesitara, por designio de aquellos que emprenden lo que no recorren,  escrutar un destino con letras de oro, puro como leche, amparado en la dulcísima voz de un quebranto, un suave acontecer en la mirada, y un andar áureo, medido sin tiempo, inmaculado…

Pero no, la realidad suele ser otra, la realidad es que, bajo la púrpura y la mitra del título otorgado, el poeta recoge su hambre y su angustia de mañana, y entonces aquello que ve, no es otra cosa que la marquesina de lo alejado –lo alejado de sí- que otros han edificado con su extravío, y desordenadamente, enciende una lámpara y aúlla el temor de su sed, arroja sus volcanes, come de sus mendrugos hasta extasiarse y dejarse vencer por el sueño. Un sueño compasivo con una mirada indulgente.

Al amanecer, el ciudadano ilustre, hurgará un pan duro y guardará su mención en el cajón más oscuro.


lunes, 3 de mayo de 2010

Sobre la búsqueda de poesía en los blogs

“Siempre he tenido la impresión de que el hecho mismo de ponerme a escribir significaba de alguna manera una tentativa de contacto, no con personas definidas, no con lectores definidos, probablemente conmigo mismo o con una realidad ajena y exterior con la que se busca precisamente el contacto para que llegue a ser un poco menos ajena y exterior...

...Sobre todo porque quisiera sentirme un poco como si estuviera en la misma habitación donde usted oye ahora este disco, y cuando digo usted, usted no existe para mí, y sin embargo vaya si existe porque...usted y yo somos este encuentro desde tiempos y espacios distintos, una anulación de esos tiempos y esos espacios y eso es siempre la palabra y la poesía... digamos entonces que estamos juntos…"

Estas reflexiones las ofreció hace algún tiempo Julio Cortázar, y no varía demasiado el paralelo que podamos trazar con los blogs y las escrituras que se leen y que se habitan en tiempos y espacios diferentes. Habla de un eventual contacto, ínfimo, improbable, entre los que escriben y aquellos destinados a comprender sus símbolos, a tomarlos como propios…

No deja de inquietarme esa extraña concatenación que suelen ofrecer aquellas sombras ligadas por una significación estética de la palabra, como así tampoco las eventualidades suscitadas según los tópicos planteados.

Inmensas serpientes azules y verdes suelen nacer de estas elucubraciones.

Después el monstruo deja de crecer, y con sus mendrugos hacen poemas los poetas.

Esos ladrones de fuego...

Dejo aquí un poema del gran Julio, especial para traductores...

" Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias."


viernes, 30 de abril de 2010

Desde la alternancia de la escritura

“No te pronunciaré jamás, verbo sagrado,

Aunque me tiña las encías de color azul,

Aunque me ponga debajo de mi lengua una pepita de oro,

Aunque derrame sobre mi corazón un caldero de estrellas

Y pase por mi frente la corriente secreta de los grandes ríos”…

Olga Orozco

Cuando empiezo a escribir siento que algo llama de pronto, como si estuviera alguien cerca de mi casa, luego el tiempo discurre su tardía hora. En ese momento creo que tengo el comienzo de una idea, algo que toma forma en la palabra. Es como si hubiera abierto una puerta…al final de una especie de corredor veo otra puerta un poco más oscura, y esa puerta es la que va a ser donde cruce el poema. Entonces sé cómo cierra y cómo abre; el camino que tengo que recorrer es totalmente ignorado, va alternándose; hay elementos subconscientes, pero siempre reviso. No sé si es surrealismo, he leído sobre la canalización de elementos oníricos y sobre la creencia en otras realidades que no representan el aquí y ahora, la exaltación de valores como la justicia, el amor, la libertad. Pero nunca hice automatismo como los surrealistas. Si lo hiciera, no terminaría en poema sino en plegaria.

Olga Orozco no deja de representar a una vidente que atraviesa malezas entremedio de entuertos oníricos, una suerte de madre-guía para muchos poetas, como pitonisa ha sido parte de una corriente estética que ha albergado lo inescrutable y lo profuso, y lo ha hecho desde el hechizo y el encantamiento. Pero para qué hablar inútilmente, mejor es leerla, a vuestra salud:

“Mis poderes son escasos. No he logrado trizar un cristal con la mirada, pero tampoco he conseguido la santidad, ni siquiera a ras del suelo. Mi solidaridad se manifiesta sobre todo en el contagio: padezco de paredes agrietadas, de árbol abatido, de perro muerto, de procesión de antorchas y hasta de flor que crece en el patíbulo. Pero mi peste pertinaz es la palabra”.

Nota: El relato fue extraído de una entrevista realizada por Soledad Costantini de Muniz Barreto y Mariana Bozetti, publicada en el libro “Literatura en el Malba: encuentro con escritores”


miércoles, 21 de abril de 2010

Lo imposible de prever...

"¿Qué es la poesía? Nadie lo sabe"...

                                                           Juan Gelman

Para Juan Gelman, el momento de la creación literaria "es imposible de prever", considera incluso que el proceso poético es comparable a experiencias místicas porque, en él, "el individuo sale de sí mismo".

Este acto, donde el poeta intenta desbrozar aquello que ha visto, constituye un descenso hacia los abismos que le permiten la posibilidad de "una expresión más verdadera de uno mismo y del mundo".

Tal vez pueda inferirse que el poeta se encuentra detrás de lo no pensado en el momento de crear poesía, y que quizás, en algún instante impreciso, le es otorgado "ver" el cuerpo del poema, pero no así comprenderlo, es allí que debe ilustrarlo del modo más elevado y espantoso posible. Después, analizar lo ocurrido, tal vez no sea su tarea, pero puede llevarlo a otras orillas, a desmalezar hacia adentro el relámpago de la creación, aquello "imposible de prever" que nos deja tiesos, esperando imbuirnos de la prosa para no ser incomprendidos, como cuando llueve una lluvia ajena y no hay expresión más verdadera que un paraguas destartalado