sábado, 28 de marzo de 2026

Lo que queda del bosquejo

Ahora que termina la canción, del poema que se enreda en la enramada, pienso en cómo deformar lo que se anuda, cómo hacerlo sin palabras

un texto para hacer visibles las capas, una mata bajo el silencio sin cubrir, del rocío en el plano ambarino donde los versos parecen dedos que arrancan pedazos de tierra, marcando los surcos, mirando a las hormigas avanzar hacia los derroteros fecundos, la idea anudada cuyo preámbulo es la perplejidad y el débil asombro mientras atardece,

esas toscas representaciones y esos simulacros

ese vaivén mientras me pierdo en el bosquejo donde se anulan las percepciones.

sábado, 21 de marzo de 2026

La imagen de la poesía

Alguna vez me pregunté porqué la poesía no tiene una imagen que pudiera representar algo más que las desavenencias de un género literario o forma de existir en el mundo. Una imagen como la que se suele asociar a la justicia, el amor, la libertad (hoy tan bastardeada).

El cuestionamiento era que si hay un concepto al cual no puede asociarse una imagen, la pregunta sobre su naturaleza invariablemente ofrecía (ofrece) definiciones dispares, aunque coincidentes desde lo semántico, por más que las reflexiones parezcan cruzar infinidad de espacios, el plano sigue siendo el mismo, pero la imagen queda fuera del marco.

Definir esa idea puede llevar minutos o toda una vida.

Melancólicamente, busqué por años una imagen que representara la poesía, aún recuerdo el vértigo inicial ante la inquietud, la ausencia de certezas al atardecer.

La vida sigue mientras tanto.


domingo, 15 de marzo de 2026

La inevitabilidad del poema

Cuando se agotan los textos de las escrituras automáticas, la hoja en blanco es una sentencia que obliga a cruzar de planos cada uno de los esbozos derramados en el lienzo, abstraer las ideas de ese sonambulismo para desarrollarlas en conceptos nuevos, certidumbre de faroles en medio de una noche sin estrellas. 

Cuando un silencio está poblado de palabras, solo pienso en los correlatos de esos tránsitos bajo las sombras de los árboles, imbricar el movimiento de las hojas bajo el sol, dejar marcas en algo que parece apacible, la luz que apagamos cuando ya no tenemos nada por hacer.

En todo caso, la inevitabilidad del poema es esa apariencia de parral donde nada sucede, una acuarela de mediodía, los fantasmas del atardecer. 

Hay que poner ornamentos en las palabras, aproximar instancias, poder nombrar el vaivén de una hamaca en la plaza vacía.  


sábado, 7 de marzo de 2026

Sobre la autenticidad en el arte y otras convenciones


                             mientras escucho wonderfull, de los Residents

A veces me pierdo en los detalles de algunas conversaciones, como si alguna frase deshilvanada de su contexto pudiera permitirme sobrevolar las peripecias de un concepto, sin que nada de todo eso termine en un poema, apenas una concepción de una teoría, cuya única finalidad es la publicación en un blog de poesía, 

a propósito ¿cuántos quedamos?

Donde me extravié fue en un intercambio epistolar entre el novelista y dramaturgo polaco Witold Gombrowicz y el pintor y escultor francés Jean Dubuffet, quienes a lo largo de varias cartas discurren amable y críticamente sobre el sentido del arte y los mecanismos que se establecen en torno a la autenticidad de la obra. Los textos que se publicaron en la revista Las Ranas no tienen desperdicio, me quedo al azar con algunas afirmaciones, como cuando Gombrowicz afirma que todo el arte se basa en un lenguaje convencional “hace falta saber lo que "quiere decir" en poesía, por ejemplo "rosa", o en una sonata el acorde de séptima disminuida. Pero si esta especie de juego que se crea entre el creador y el consumidor va demasiado lejos, se pierde el contacto con la realidad, si el artista trata con un consumidor demasiado "maduro", demasiado "adaptado", demasiado "educado", entonces eso, a la larga, no puede volverse otra cosa que un juego”, y en ese juego, creo, se pierde la autenticidad de lo realizado, de esa suerte de confusión pasamos sin darnos cuenta al entretenimiento (y algo clave que en todo este proceso observa el gran escritor: la deformación debida a la educación), donde queda de lado la verificación de lo observado, el tiempo que no se destina a contemplar exhaustivamente una pintura, a desandar el sentido de un verso en medio de una meseta, la nota de alguna cuerda que por algún motivo parece alargarse.

"Nuestra admiración por la pintura es la consecuencia de un largo proceso de adaptación que se ha operado durante siglos y por razones que, muy a menudo, no tienen nada que ver con el arte, ni con el espíritu. La pintura se ha creado su receptor. Es una relación convencional". Si esto que afirma el dramaturgo es así ¿en qué parte se pierde el mensaje que busca marcar ese pintor mientras se inclina sobre el lienzo? ¿acaso importa? aceptar la convención ¿es hacer un trato para entender el juego?, hace falta que nos muestren un ejercicio en donde la obra interpele este sentido en algún lugar del "cuadro", "algo" que informe sobre el snobismo del receptor, Gombrowicz utiliza la imagen del cigarrillo en comparación con la pintura, se esgrime que si uno necesita un cigarrillo es porque anteriormente se adquirió el vicio de fumar, lo que lo convierte en una necesidad artificial, no legítima, entonces lo que se configura es todo un proceso de adaptación que no tiene nada que ver con la verdadera necesidad de la belleza por parte del consumidor, porque difícilmente sea entendida en su concepción y alcance, el novelista pone el ejemplo de las piedras preciosas, que muchos las desean como si fueran la representación de la belleza misma, sin embargo, un diamante artificial, falso, que es absolutamente idéntico al diamante auténtico, no vale más que unos centavos, entonces, ante la evidencia, debemos consagrar horas de nuestro tiempo para realizar el duro trabajo de la verificación en el terreno del arte.

En este espacio, quisiera creer que no pierdo el tiempo haciendo "aportes" a la cultura, ya que en ocasiones la crítica y el intercambio de opiniones dejan un hueco en el jardín, y siempre descubro, mientras escribo contra mí mismo, que el jardín de ese jardín no es alcanzado por la literatura.

Fuente consultada:

Las ranas. Artes, ensayo y traducción. Año II, N° 2, abril de 2006. p. 93-103.


viernes, 27 de febrero de 2026

La vasija de barro del poema

En esa antesala de lo que se va creando a través del poema, sucede algo que el pensamiento no logra apresar, lo sostuve en algún tiempo, creer que en lo no pensado del pensamiento se producían ciertas irregularidades que habilitaban la creación de textos como si fueran el resultado de esquirlas incrustadas en algún pasado por resolver, con sus propias líneas de ruptura disparadas en sincronía hacia múltiples direcciones. Lo curioso es que, en ese plano flamígero, el no entendimiento de algún modo propicia inmanencias hacia recovecos endógenos donde las palabras envuelven los pensamientos fractales, estableciendo junturas semánticas de algo que sucede mientras es desbrozada la maleza. Entonces me cuestiono esta ambigüedad: si lo creado nace de aquello que me ha interesado a pesar de no entenderlo, el sustento de ese poema podría ser el barro de una vasija en cuyo interior se entrecruzan las ideas, pero el temor -mientras las sombras van poblando ese cielo a medio hacer- es que la vasija, en esa lectura del artefacto, no represente la arborescencia que pueda subyacer de un plano teórico, ni habilite, por su mecanismo creativo interno, la posibilidad de teorizar sobre los destellos de una problemática.

El poema ya es solo conjetura, mientras el poeta se aparta, pronto se aproxima la filosofía, entonces se admite que ya no hay texto, no hay obra, no hay autor, solo manchas negras en un lienzo atiborrado de nubes. 


lunes, 16 de febrero de 2026

Una sombra sobre otra

Acerqué mi sombra a la sombra de un árbol, y no encontré que fuera más oscura al superponerse, solo un cuerpo y una corteza, la única cosa que parecía visible en este atardecer.

Y cuando digo atardecer, no es el atardecer del poema, ni tampoco el de las personas que caminaban en el muelle, como sombras en un fondo anaranjado,

solo es una palabra flotando como una pluma en medio de una conjetura.

viernes, 6 de febrero de 2026

¿Qué es la poesía?


En la revista Hablar de Poesía se hicieron esta pregunta hace unos años.
La retomo sin mayores expectativas, aunque en realidad siempre me interesó la indagación sobre los procesos de creación literaria, tratar de explicar el instante que antecede a la escritura de un poema. Alguna vez, en este pasillo de paredes descascaradas bajo un cielo verde, creí aportar dos conceptos entrecruzados que dirimieran el interrogante, concebido bajo la forma de un problema: el desbrozamiento y la imbricación.
A los pocos días, una ventisca llenó de hojas el atardecer.

Sitio consultado:
https://hablardepoesia.com.ar/2019/03/20/que-es-la-poesia/ 


lunes, 2 de febrero de 2026

En este discurrir

En este discurrir del margen, que atraviesa el eje donde suelo dirimir conjeturas, interpelo vanamente sobre lo que antecede, acaso una nube que todo lo cubre, segmentos que parecen conceptos, con sedimentos propios de una fuga que marcarán las ideas de otros versos.

Hacia allí evado una teoría, cuando la construcción es abandono, a pesar de las perfectas torres de cristal.

Lo incomprensible de una nervadura, mientras trato de reptar hacia el sol con sus volutas efímeras de polvo, las repisas de los muebles pintados de verde.

Este pulso no es mío, los trazos que pinté no tienen silencios en común, ni juntura alguna, solo hay un punto en blanco al final del poema. 

domingo, 18 de enero de 2026

Sobre las diferentes formas de lectura

Me interesó un entendimiento que descubrí recientemente en una entrevista publicada en la revista Carapachay, realizada al poeta, músico y guionista Alberto Muñoz, cuya obra ha estado atravesada por la geografía del Delta, específicamente el Arroyo Espera, en el corazón del Tigre, provincia de Buenos Aires.

Lo que me pareció sumamente luminoso fue la comprensión de la lectura concebida desde un plano muy amplio, el autor lo resume con una anécdota, decía Muñoz que una vez, mientras hablaba con un isleño de nacionalidad paraguaya, a quien invitó a tomar unos mates en un muelle, notó que este hombre, de nombre Celso, no paraba de mirar el río mientras escuchaba, cuando el poeta le pregunta qué es lo que miraba, el hombre simplemente le dijo "mañana tenemos crecida, hoy a la noche llueve" y algo también sobre algún tipo de pescado que iba a haber, ahí es donde aparece la idea que expresa Muñoz, al decir que lo que estaba haciendo el isleño era leer el río "y el río se lee, así como en la Edad Media se leía la fachada de las iglesias", y puso como ejemplo la Basílica de Luján, que por fuera, arquitectónicamente, está custodiada por monstruos y gárgolas que miran para abajo, y que si había una lectura de esa situación, era que adentro de la iglesia estabas protegido de esos monstruos, que esas gárgolas de cemento estaban afuera, porque no podían entrar a la iglesia, en consecuencia, todo eso representaba una lectura, una piedra es también un libro.

Entonces, decía Muñoz, que lo hay que tratar de entender de todo esto es que el lector es piedra, el lector es agua, es lector es cielo, es olfato, lo que hace comprender que la lectura compete a todos los sentidos, y que asi como uno lee un libro, también lee gente.

Me pareció un buen discernimiento.

La entrevista culmina con un extenso poema del autor, solo tomo unos versos al pasar:

"que el desierto es matemática en estado de arena"...

PD: habría que trenzar alguna cuerda para llevar esta comprensión tal como la concibió Jacobo Fijman cuando dijo “Muchas veces acaece que el poeta veraz es traído a las tinieblas mismas de la muerte, y pasa a ser lector de símbolos, y vuelto en amistad de la belleza, goce de la voluntad de su gusto en el procedimiento, y en la consolación y esperanza de su obra”, y es que quizás, tal como lo concibió Fijman, todos los verdaderos poetas deberían hacer en algún momento la pregunta: ¿Qué es la poesía? y es maravilloso cuando parte de la respuesta la tiene el propio poeta pero asociada bajo la forma de otra pregunta: ¿quién soy? 

Todo esto ya no tiene que ver con un género literario sino con una forma de existir en el mundo, una forma de consuelo en medio de esta pradera, aquel que lee un río no necesariamente es un poeta, el que puede leer símbolos, tal vez lo sea.

Textos consultados:

Revista Carapachay o la guerrilla del junco. Conversación con Alberto Muñoz. Año 2, Número 4, páginas 11-38. Disponible en https://revistacarapachay.com/2016/08/12/entrevista-a-alberto-munoz/

Número. 14, febrero de 1931. Mallarmé, lector de símbolos. Recuperada del Archivo Histórico de Revistas Argentinas (AHIRA). Disponible en: https://ahira.com.ar/ejemplares/numero-14/

jueves, 15 de enero de 2026

Todo lo nuevo parece perderse

En este río que siempre se lleva algo, me encuentro una vez más rodeado de la espesura, donde el día termina sin saber en qué silencio habrá un cauce, que repare a su modo lo que el fuego se lleva mientras sube hacia los cerros, entre las ramas inclinadas en el agua fría, sabiendo que anochece, que ya no somos los mismos, que al amanecer seguiremos teniendo un nombre.

Árboles negros se contemplan en el reflejo del río, el tiempo es una hebra que flota en la orilla, me pregunto si los peces seguirán saltando contra la corriente, si los pájaros harán otra vez sus nidos.

Todo lo nuevo parece perderse al paso del viento, esa espera sin ocurrir.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Vaya cosa la poesía

Hace poco leí que se formó un agujero negro ubicado a unos 135 millones de años luz de la Tierra, y que tiene una masa equivalente a 30 millones de soles...

me cuesta dimensionar esa cifra, realmente no la entiendo

mientras tanto, muy lejos de esa circunstancia, me quedo pensando en los problemas de la creación literaria...

tal vez se trate de lo mismo, pero a distinta escala, tal vez sea el poema lo más inabarcable, y no ese fenómeno que ni la física logra explicar

vaya cosa, el tiempo y el espacio, 

vaya cosa la poesía.

lunes, 22 de diciembre de 2025

Las desharrapadas conjeturas

En estos días de contemplaciones esquivas que acaso parecen atravesarse por última vez, reflexioné sobre algunas cosas sin que exista la posibilidad de vincular un puente entre las eventuales conjeturas. Por un lado, pensé en la idea del fracaso, no aplicada a lo que hago sino al contexto devanado en múltiples conversaciones internas, sin que lo producido -aún sea cultivado desde una llanura visible- permita explicar lo que hago. 

A lo que quisiera alcanzar, en este jardín de melancólicas sincronías, es a condensar el pliego de una periferia de textos cruzados, de silencios habitados por fantasmas que perdieron su voz, de concatenaciones literarias que olvidaron registrar el origen del improperio, la duda transformada en canción. 

No sé si pretendo acentuar la desacralización de los versos primigenios, esos que planteaban la autocompasión como un fin en sí mismo, una patria sin territorio, una hermosa derrota. 

Lo que viene, si es que viene, son fragmentos de escrituras sin colmenas, esperando posarme en el brazo tieso del espantapájaros, graznando entre los árboles del bosque.

sábado, 6 de diciembre de 2025

Donde cruzan las palabras

Donde cruzan las palabras, el plano curvo de las ideas, algo las oblitera desde adentro, mientras un crepúsculo lleno de niebla cubre el horizonte. 

Sin darme cuenta, proyecté una sombra sobre mi futuro. 

Este suceso que hoy contemplo, 

este brillo que se expande, 

esta medida sin tiempo, 

estos papeles en el cajón.

martes, 2 de diciembre de 2025

Lo que no ocurre

"La cultura es un intercambio simbólico que sirve para armar un destino común, para inventar un mundo”

Lucrecia Martel

No ocurre. 

Uno puede dar argumentos para ciertos conflictos internos, de algo que solo formará parte de una teorización densa, sin anclas debajo de los botes, sin sombras que puedan definirse. 

Pero el crepúsculo no forma parte del poema, es otro atardecer en esta curva del tiempo, una línea trazada con un lápiz de carbón, mientras me pregunto cómo desramar un sonido para que quepa en un verso, cómo hacer que esa piedra retumbe con palabras, mientras rueda a un fondo de agua fría. 

No ocurre, 

no es este el día, 

ni es este mi tiempo.

sábado, 15 de noviembre de 2025

El dilema de la inercia

En algún momento, se perdió la necesidad de recordar números de teléfono, una dirección, incluso el nombre de una canción, el argumento es que todo eso lo está haciendo una inteligencia artificial, que comprime y almacena cualquier dato que merezca no ser recordado, y pareciera que en el exacto momento en que surge el cuestionamiento por la consecuencia del olvido, un algoritmo aparece para convencerte de que la memoria no tiene importancia. 

La vida sigue, fuera de la pantalla, en el resplandor de cualquier crepúsculo, mientras abro una botella de vino. 

Hay en ese pasillo largo de flores rojas y macetas amarillas, una palabra que me preocupa, porque la cubro de apatía y desinterés, esa palabra es la inercia. Ya empecé a darme cuenta que con ciertas decisiones, involuntariamente o no, termina siendo visible dentro de su invisibilidad, y lo que suelo hacer para minimizar el hecho, es creer que esa preocupación tiene un disfraz, y que al final del día, sale a representar un personaje en el medio del escenario de una tragedia griega. 

Allí está el dilema sin resolver, mientras avanzo con perplejidad, debajo de un foco de luz, la mirada al frente, la noche por delante.

martes, 11 de noviembre de 2025

La mera asociación de las ideas

Cuando en un texto, que se va extendiendo, busco un sinónimo para pintar una cerca, pareciera que como autor estoy parado en un pedregal sin flores, sin entender demasiado la visible presencia que sugiere una conjetura dentro del verso, sin embargo, esta eventual suposición pierde el sentido de lo que encierra su pequeño universo, y se limita a situarse como un sintagma, a medio camino entre el poema y la idea del poema. 

Es entonces cuando me pregunto en qué momento tiene lógica aplicar un monólogo interior, para que esa línea no requiera ser adornada con acepciones ni que tengamos por gesto sentar a la belleza en las rodillas, que ese trazo y esa fuga marquen las coordenadas de un mero ejercicio de asociación, sin preocuparme que sigue del otro lado de la penumbra, si acaso hay silencio o resplandor.

domingo, 2 de noviembre de 2025

Las esquirlas del poema

Muchas veces se escriben poemas con las esquirlas del poema, muchas veces se busca entre las sombras las perspectivas de una conjetura, con sus diatribas y bifurcaciones, cuyo único fin es ensamblar las composiciones estróficas para luego desarmar el sentido, prestar atención al significante, intentar de nuevo proferir el conjunto de arborescencias semánticas, hacer visible los procedimientos acaso trabajados, no conformarse con la luna roja del poema. 

Y es que acaso ese haya sido el problema: los poemas que se escribieron con las esquirlas del poema.

sábado, 25 de octubre de 2025

Poética del error

En el último libro publicado por Daniel Samoilovich, se comparte un poema del poeta chino Su Che, de aparente simpleza, traducido por María Teresa León y Rafael Alberti, que expone de una forma acaso alegórica lo que implica el entendimiento, la confusión y el error en la interpretación y construcción de unos versos. Releyendo, puedo concebir el sentido de la primera lectura de Samoilovich: la vinculación del poema con la caverna de Platón, donde al final agrega una idea muy potente, cuando dice que “acaso todo error en un mundo sea un acierto en otro que apenas podemos pensar, un patito feo de una raza de cisnes fantásticos”.

Me pregunté desde una orilla cubierta por madreselvas, si todos aquellos que simplemente intentan hacer bien su trabajo, no persisten en el error de alguna manera, pero sobre todo me detuve en el alcance que puede llegar a tener la poética del error cuando cruza hacia otros planos, si acaso es posible descubrir cuánto de ramificado tiene el acierto en el objeto creado a partir del desacierto.

Guardo para otra ocasión el poema de Su Che y la feliz reflexión del recientemente fallecido poeta, ensayista, editor, periodista y traductor argentino:

El joven sirviente barre la terraza de jade

intentando apartar las sombras de las flores.

En vano: cuando el sol, al decaer, deja que se esfumen,

el claro de luna las trae de vuelta.

Quiero explicarme la emoción que despierta este poema y pienso que se trata de su visible y sencilla presentación de un combate en torno a nada, o a una ilusión, a una mácula en rigor inexistente, pero por lo mismo inextinguible. El hecho de que, en una convención extendida en la poesía del período Han, la terraza de jade que el joven está tratando de despejar sea el campo de batalla del amor, un símbolo o correlato material del amor sexual pensado como lugar perfecto, agrega una dimensión sugerente pero no imprescindible: yo, por lo menos, admiré durante años este poema sin saberlo. Los dos primeros versos presentan la confusión del sirviente entre las flores y su sombra; los dos últimos, al introducir el paso del día, evocan la figura solitaria que ha estado toda la jornada empeñada en la tarea: y hay un paralelo entre la impersonal, involuntaria pertinacia de las hojas en arrojar sombra y la insistencia del joven sirviente en su confusión. Las hojas persisten a través de una retirada y un retorno (el crepúsculo se las lleva, la noche las trae de vuelta); el joven, persiste en su incapacidad de entender lo que pasa. Estando involucradas cosas y sombras, es casi imposible no pensar en la caverna de Platón. Tampoco los encadenados entienden, justamente porque lo están y no pueden tocar lo que ven, comprobando así su falta de sustancia material; digamos, de un modo brutalmente anacrónico, que al encadenarlos Platón torna verosímil la situación en que no pueden reunir la información suficiente sobre la naturaleza de lo que ven. El joven sirviente, en cambio, no sabemos por qué no entiende, es más mágico o absurdo, como se prefiera, su no entender: Su Che nos pide sin más que aceptemos que no entiende, e incluso que persiste durante toda una jornada (que valdría por un tiempo infinito) sin que su experiencia le muestre que esas hojas no son “reales”. Platón encadena a sus personajes, el poeta chino deja libre al suyo. ¿Será esta una diferencia entre filosofía y poesía? ¿Es en Platón el que no entiende una víctima y en Su Che un héroe? La metáfora, la paronomasia, la aliteración, la sinécdoque, casi no hay figura retórica que no sea de algún modo una confusión: confusión entre sonido y sentido, entre dos cosas semejantes en algún punto, entre la parte y el todo. La propia creencia en que una musicalidad más eficaz hace a una frase más cierta es, lógicamente, una confusión absoluta, y sin embargo se trata de una confusión sin la cual la poesía no podría existir. Los chinos —para volver a los chinos— parece que agregan a este error otro más, para nosotros muy difícil de concebir: la asimilación entre la belleza de la escritura en su aspecto gráfico y la belleza de la idea expresada. Para los chinos un excelente poeta es también un calígrafo excelente, y el ideograma mejor dibujado expresa mejor, más clara y elegantemente el concepto; el concepto no acaba nunca de estar en el ideograma, necesita ser dibujado de nuevo cada vez para que la pericia e inspiración del calígrafo-poeta le hagan rendir algo nuevo. Estamos ante un concepto de la escritura y el sentido que por momentos intuimos y por momentos se nos escapa, ante algo que a ratos parece un error enorme y a ratos una idea maravillosa, maravillosamente diferente de las nuestras: de una materia diferente, diríamos. Acaso todo error en un mundo sea un acierto en otro que apenas podemos pensar, un patito feo de una raza de cisnes fantásticos. Acaso la inútil tarea del joven sirviente no sea tan inútil, ya que es ella la que genera el poema. ¿Será esta, entonces, la diferencia entre filosofía y poesía? Al revés que el esclavo encadenado, alegoría de la ignorancia e imperfección humanas opuestas al mundo perfecto de las formas, el sirviente de Su Che crea una forma, la forma del poema que sin su equivocación no existiría. Por otra parte, inmerso como está en una especie de sueño, el joven que barre se parece más a un monje budista haciendo laberintos de arena que a un necio; no hay en él imperfección alguna, sino cierta iluminación por el error, cierta perfección del sonambulismo que no disgusta como imagen del artista.

Del libro “Estética del error. Apuntes sobre arte y poesía”, de Daniel Samoilovich. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2024.

domingo, 19 de octubre de 2025

El olvido

Hubo algo que ocurrió, en ese alejarse de uno mismo, donde el olvido ocupó todo un plano, en el exacto momento en que el sol se oscureció, 

ese no darse cuenta al que me estoy acostumbrando, 

ese jardín que parece ser mi única obra, 

ese que no, 

ese que tal vez, 

y me tengo que acordar de no olvidar(me).

sábado, 11 de octubre de 2025

El tiempo de la pregunta

Yo debería haber sido un par de garras afiladas

corriendo por los fondos de mares silenciosos

T. S. Eliot


Hay algo del silencioso desatino que parece cubrir con su niebla el resplandor de una sentencia, acaso habitada por certezas inconclusas, negando el correlato del tiempo, mientras el patio donde comimos manzanas se llena de moscas grises. 

Yo alguna vez me detuve en los charcos amarillos creyendo encontrar una cifra del destino, y desde entonces me aterra saber, que si algún día arrojo las cajas llenas de manuscritos que tengo guardadas en el altillo, mi vida se limitará únicamente al tiempo presente, y sabré que no tendré algo nuevo que decir, que ya no habrá un pasado que me sostenga. 

Yo debería haberme puesto la máscara, mientras el jardín se llenaba de niebla, pero la máscara fue solo una palabra, preferí realizar bien mi trabajo, y hacer de cuenta que no tuve tiempo para redimir el inalcanzable sentido de esa pregunta.