sábado, 1 de agosto de 2026

Variaciones sobre el atribulado alcance de la poesía. Parte 3

Uno cree que cambia el rumbo del viento, cubierto de los fulgores anaranjados que a veces quedan descriptos en el poema, que todo lo otro, de un amarillo incólume, resultan tiestos de un fondo sin telón atravesado por las gaviotas, en un atardecer flamígero, donde apenas caben las parábolas que parecen pontificar los atavíos de una metáfora. 

Uno cree que deja huellas en el camino, mientras se arremolinan en el poema las paradojas irresueltas que una ventisca horada en ese detrás de la palabra apenas concebida, porque siempre hay algo que antecede al viento entre los pliegos de una hora temprana, porque siempre se escuchan voces por fuera del poema, porque la noche gira dentro de una bóveda cubierta de estrellas titilantes, mientras una línea de fuga serpentea a través de las escrituras automáticas, “los vellones de oro de la dispersión”, colgados al costado de un muro cercado por la hiedra, y agrego entonces la palabra "colgajo" para que la similitud haga las paces con el desaliento.  

domingo, 26 de julio de 2026

El prado sin cruzar

En el medio de algo por atravesar, sin saber en qué tiempo y bajo qué murmuro, atribulado de los silencios y la incertidumbre, creo entender cómo será mi respuesta, si es que puedo cumplir lo prometido. 

En esa escollera de cauces oscuros, donde se han hundido cada uno de los poemas, he visto como un barco sin coraza subió hasta las estrellas, sin dejar de surcar el mar, perdido en el desasosiego que una infancia sin memoria pretendió sepultar.

Y en el medio de ese fárrago de penas sin nombrar, desalentado de los faros y los puentes, espero amanecer mientras anclo mi destino en alguna remembranza, las palabras que aparecen en ese prado sin cruzar:

Tengo que volver.

sábado, 18 de julio de 2026

Bajo los pliegos de una hora temprana

Suele pasar, en medio de farolas distantes, cuando intento encapsular el efecto de una distorsión que licua los componentes serenos de un plano sin transitar, un no andar que prefigura el entramado de un simulacro donde apenas soy visible, es entonces cuando me pregunto si alguna vez me importó algo, si son ciertos los resplandores. 

Lo que intento decir es que el tiempo me encorvó la espalda, en este pesar donde el poema se encuentra en otro lugar, acaso autocompasivo pero apartado de la consecuencia, las veces que proferí aullidos bajo una maleza sin adjetivar, atribulado bajo la inmensa luna blanca, sin alcanzar el sentido de los puntos suspensivos que un silencio pretende dirimir. 

Acaso deshabitado de palabras, no alcanzo a distinguir la brisa amarilla del poema, ensimismado bajo los pliegos de una hora temprana.

domingo, 12 de julio de 2026

Entre una hilera de mañanas desangeladas

En este frío desasosiego, urdido entre una hilera de mañanas desangeladas, cubro sin un jardín el verbo de un tiempo rodeado de flores. No sé qué lugar ocupo en esa distancia que lo transitado y lo concebido apenas pueden comerciar, acaso un fulgor rosado, a centímetros de una evocación incierta, sin otra pretensión que contemplar con cierta perplejidad, esta curva de la vida donde los silencios quedan sin habitar. 

Así me pierdo en la pretensión de un frío albor, no desarrollado en el poema, mientras creo elucidar los pormenores de una construcción basada en preceptos y conceptos, atribulado ante las grietas de una simple manifestación literaria, bajo los pliegos de un contrapunto que aún pretendo dirimir.

martes, 7 de julio de 2026

Variaciones sobre el atribulado alcance de la poesía. Parte 2

Uno cree que modifica el desierto, que se abre un surco entre las espigas, pobladas en otro contexto, apenas inclinadas por la ventisca, sin que el labrador de sombrero pajizo pueda recoger ese amarillo en el poema, acaso la oscuridad de las sombras proyectadas por los álamos al atardecer, porque en esa labranza o en ese viento hay algo que no podemos dirimir, como cuando pasa un ave nocturna apenas transparentada en sus escamas plateadas bajo la luna, cruzando hacia el cielo del poema, sin los colores suficientes, sin las nubes adecuadas, perdidos por no saber dónde culmina ese vuelo, sin el auxilio de una metáfora que incluya el manto de una ausencia. Mencionar en este tránsito la invisibilidad del poeta, en el mismo momento que sacude las retorcidas ramas del árbol más alto del poema, para que caigan las naranjas en la hierba inclinada, para que alguien recoja algo antes de que anochezca.

domingo, 28 de junio de 2026

La paradoja de los poetas

A veces, en la orilla donde se abrevan las sombras de las eventuales conjeturas, pienso en el oficio de los poetas, y pienso en quienes aún siguen escribiendo en un blog, si acaso ese propósito no es otra cosa que una justificación de una leve presencia en el mundo, creyendo que podemos iluminar los recovecos sin esperar reconocimiento alguno, solo por el mero hecho de formar parte de una pequeña comunidad que acaso algún día reconozca un sentido, sin pretender un aplauso ni mendigar una aprobación. 

No creo entender lo que hago, probablemente la paradoja consista en ese prevalecer de la idea de que esta pobreza y esta oscuridad es el precio que se paga por sostener sin argumentos un espacio donde otros puedan apoyarse, así sea una breve lectura, el aleteo de un pensamiento, o una mera ventisca en una habitación vacía. 

En todo caso, creo que hacemos de cuenta que soltamos amarras en medio de la noche, que ese barco ebrio, apenas iluminado por la luna, anclará en algún amanecer, y que cuando alguien vaya a la orilla, no hallará a los poetas, solo encontrará palabras, parecidas a las huellas recién borradas por el mar.

domingo, 21 de junio de 2026

Sobre algunas manifestaciones de la otredad en la lectura

Cada tanto suelo abrevar observaciones en algunas entrevistas de carácter literario, como una reciente de Alberto Mangel, ex Director de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, entre varias apreciaciones se eleva una, concisa, cuando dice, a propósito de la obra de Jorge Luis Borges "que la literatura nunca es un catecismo. Que la literatura no da respuestas de sí o no. Que la literatura nos está diciendo algo o quiso decirnos algo que no hemos escuchado. Y en esa ambigüedad reside el hecho estético"

Es coincidente con lo que rescata del autor la investigadora y profesora Louis Annick cuando dijo que "Debemos aceptar que la realidad no pertenece a ningún género literario", en donde Borges elaborará una escritura sin nombrar en forma directa los planos de esa realidad, lo que Annick ha llamada "una estética oblicua".

Pero lo que me dejó pensando fue la incidencia del libro "Pierre Menard, autor del Quijote", básicamente el tema de las apropiaciones. En aquella obra, se sabe que un autor francés escribe palabra por palabra el Don Quijote de Cervantes, pero en el siglo XX, entonces, para Mangel, aunque el texto es igual, es otro libro, porque el autor es otro, el contexto es otro y será leído de otra manera, y acaso como ejemplo sea lícito observar la intervención del lector para cambiar el sentido del texto dejando las mismas palabras. Como bien lo subraya Mangel, el hecho nos hace comprender que también leemos un texto por lo que hemos oído de ese texto, que no necesariamente coincidirá con lo que piensa o comprende el mismo autor sobre ese texto.

Al final de la entrevista se comparte unos versos de Borges, en donde probablemente la estética oblicua se torna horizonte y llanura, a centímetros del corazón, a silencios acaso transitados:  

Ya no compartirás la clara luna

ni los lentos jardines. Ya no hay una

luna que no sea espejo del pasado,

cristal de soledad, sol de agonías.

Adiós las mutuas manos y las sienes

que acercaba el amor. Hoy sólo tienes

la fiel memoria y los desiertos días.

Nadie pierde (repites vanamente)

sino lo que no tiene y no ha tenido

nunca, pero no basta ser valiente

para aprender el arte del olvido.

Un símbolo, una rosa, te desgarra

y te puede matar una guitarra.

Nota consultada:

https://infosantiago.com.ar/a-nota/224729/todo-borges-nos-dice-que-la-literatura-nunca-es-un-catecismo-alberto-manguel-en-ginebra-a-40-anos-de-la-muerte-del-escritor

sábado, 13 de junio de 2026

Variaciones sobre el atribulado alcance de la poesía

Uno cree que separa las aguas, que en un determinado momento irrumpe la necesidad de salvar algo para que suceda todo lo otro, porque somos efímeros e imperfectos, porque sin embargo algo queda al final de esta orilla, imaginando un dique que algún día desviará los barcos hacia una vida menos complicada, que proyectaremos una sombra parecida a la de los árboles, para que todos los poetas se pregunten si vale la pena insistir sobre aquel prolongado desasosiego, aquella profundidad en el fondo del estanque. 

Ahora mismo se estiran las palabras separadas por una breve bruma, como un hiato entre crepúsculos, algo que no puedo explicar al final del día. 

Mientras me pierdo en el vadeo de una conjetura, me pregunto por qué la luna cabe entre dos ramas apenas extendidas.

viernes, 5 de junio de 2026

Indio


Las despedidas son, esos dolores dulces 

Adiós poeta...

sábado, 30 de mayo de 2026

El plano inclinado de la tristeza


Cuando todo parece eclipsar, la poesía se hace invisible en el bosque
donde ya no sé cómo abrevar este silencio

solo veo sombras tornasoladas en un cuadro que no supe pintar

el arbolito de la infancia con que me distraigo 
para no ver dónde termina el jardín

porque sé que en el poema hay un cerco, y nunca puedo atravesarlo.


domingo, 24 de mayo de 2026

El cauce del poema

Alguna vez, el plano del poema fue transitado bajo los pliegos de una evocación, sin relación alguna con las antiguas estructuras, un cauce que al paso de los años decidí contemplar desde una orilla, haciendo el ejercicio del trabajo con las palabras, el río que no es posible nadar dos veces. Desde un tiempo sin medirlo en la gravedad de cada vicisitud acumulada, las teorías obturaron el poema, la escritura pasó a ser una excusa para dirimir el alcance de una divagación disfrazada de conjetura, y los piélagos inalcanzables de la literatura, donde moran los peces cantantes, se llenaron de supuestos no acercados por la validación ni por el reconocimiento, solo hubo inercia, alguien que aún hoy no encuentra su propia voz. 

Anclado en el no hacer, sigo dirimiendo el hueso del poema, en el mismo estanque de agua quieta, donde a veces arrojo piedras.

domingo, 17 de mayo de 2026

La no-filosofía


Elucubrando sobre la no-filosofía, vientos que cruzan de páramo en páramo, tratando de articular un precepto en medio de reglas apenas frecuentadas. 

El entendimiento común de un pulso creativo, el concepto y la idea, la tela sin cortar, la posibilidad de un texto, un problema a medio hacer, un cielo de pájaros negros. 

Nadar de noche, hacia el fondo del poema, el temblor de las estrellas en el agua oscura, un lago o un estanque, la posibilidad de una experiencia, poder pasar con las palabras del otro lado del velo insondable, donde el piélago es conjetura, acaso falsas derivaciones de unas cuantas verdades sin resolver.

domingo, 10 de mayo de 2026

Algunos poemas de Alejandra

Anoche, un poco al azar, volví a leer unos poemas de Alejandra Pizarnik, afuera llovía y el otoño ya había arrojado nuevamente sus hojas amarillas en la vereda de los troncos negros.

Leerla me recordó la cita de Kafka, que Pizarnik recupera, cuando dice “es una exhortación a los jóvenes para que no estén tristes, ya que existen la naturaleza, la libertad, Goethe, Schiller, Shakespeare, las flores, los insectos, etc.”, podría agregar en ese listado a la autora de extracción de la piedra de locura, pero pensé más que nada en el consuelo que supone leer poesía mientras la vida discurre en la aparente mansedumbre de un jardín abandonado.

Dos de esos poemas no recordé haberlos leído, probablemente por tratarse de su Poesía Completa, un libro de 470 páginas publicado por la Editorial Lumen (Colección Poesía N° 120), cuya edición estuvo a cargo de Ana Becciu, reuniendo poemas, manuscritos y textos que abarcan desde 1955 a 1972 (ahora que lo pienso, que increíble que toda una vida quede condensada en menos de 500 páginas, único artefacto que ubica un dique de madera contra el olvido y el silencio, ese que Pizarnik consideraba que no existía).

El primero de esos poemas “pequeños cantos” que creí olvidar, es el tercero de una publicación que se hizo en la revista Árbol de Fuego (N° 45, Caracas, 1971), donde se advierte de un modo acaso visible el sentido de la ausencia cuando se acerca al aislamiento y a la soledad en el más profundo de los descensos, son estos versos:

el centro de un poema

                                    es otro poema

el centro del centro

                                    es la ausencia


en el centro de la ausencia

mi sombra es el centro

del centro del poema


El otro poema, que lleva el número 15, y que parece escrito en una servilleta, plantea con breves versos algo que siempre me interpeló en la escritura, esa espera que no sucede en el devenir de la poesía, mientras nuestras disquisiciones continúan alejándose y acercándose a la única montaña, esa que, en un determinado momento, no sabemos si estamos subiendo o empezamos a bajar:


Niña que en vientos grises

Vientos verdes aguardó


Después de leer esto, me quedé pensando en ese viento, si algo de eso que aguardamos puede formar parte de un problema.

Afuera había dejado de llover.


domingo, 3 de mayo de 2026

Mientras los trazos cruzan memorias deshabitadas

Estoy atravesando el pasillo de los silencios destejidos por el tiempo, cuando las sombras no parecían sombras y se quedaban quietas en la punta de la mesa, las manos entrelazadas, los ojos perdidos en el leve ondular de las cortinas, el sueño que nunca tuve, mientras el viento murmuraba por fuera de la ventana sin marco, sombras que alguna vez tuvieron un nombre.

El pasillo era largo y apenas iluminado por vitrales amarillos, es conveniente fijar el tiempo en el pasado, para que el presente no difumine los rostros como si no importara lo que irrumpe. Afueran están los árboles y el bullicio, de donde vengo caminando bajo una nube blanca, como si fuera un paraguas de la infancia.

Las personas que miran a las personas que se pierden en un rincón apenas iluminado, la posibilidad de una conversación, mientras espero por un cauce que se vuelva motivo, circunstancia, abstracción, una mirada que se vuelva silencio, que parezca una despedida con claroscuros que se inclinan mientras anochece, como si los claroscuros fueran parte de la conversación, la hora en la que no se sabe que hay del otro lado de la pared, en esa ida sin andares, la parte anaranjada del crepúsculo, los pájaros negros posados en las terrazas resplandecientes, las plantas que apenas se ven al final del pasillo, cuando las sombras no parecían sombras, cuando simulaban olvidarse del olvido, caminando sin un detrás, escribiendo este poema.


sábado, 25 de abril de 2026

Cita

La grandeza del poeta puede, en realidad, medirse mejor por lo que calla si a la vez intenta no silenciar lo inexpresable” de Wilhelm Richard Wagner.

Cuando la cita anula la eventualidad de una divagación...

sábado, 18 de abril de 2026

Poemas del círculo

Esto es todo lo que no conocí.

Todo lo que no sabíamos del círculo

Andrea Bernal

Supe de un poemario que anda preparando Andrea Bernal, nacida en Madrid en 1985, profesora de filosofía y poeta, llevará por título “Círculo”, en lo que pareciera ser un conjunto de poemas reflexivos sobre la vida y la muerte, acaso el tránsito hacia algo que se nos escurre de las manos. Me detuve en el poema titulado “Mundo”, donde escribe lo siguiente:

El mundo deshaciéndose en un cordel.
Mientras no miramos
quién lanza lluvia,
envuelve,
detiene el tiempo o lo persigue.
Cuando un mundo se descubre ciego,
otros mirlos ya lo atrapan.

En esos dos últimos versos vi algo nuevo, porque una cosa es la imagen que se transcribe en medio de un desasosiego que se transita, y otra cosa muy distinta es cuando la poesía representa con el verso aquello que forma parte de lo que no vemos o creemos ver, esa perplejidad encuentra en la acción de los mirlos un sentido que el poema va descubriendo mientras el mundo se deshace en un cordel.

Me pregunto qué hubiera pasado si esos pájaros no estuviesen en el poema, probablemente no hubiera un círculo por comprender.

Sitio consultado:

5 poemas de Círculo, de Andrea Bernal

https://www.zendalibros.com/5-poemas-de-circulo-de-andrea-bernal/

sábado, 11 de abril de 2026

El sol de la infancia


La hora de la siesta, esa nada aparente.

Antes, cuando los niños eran niños, un resplandor amarillo llenaba de luz a las paredes, hasta aplacarlas de tanto brillo, como un cuerpo inerme que espera recuperarse bajo el sol, en las calles de la infancia apenas pasaban autos y hasta podía escucharse el paso de las personas dejando huellas violetas en la vereda. Había abejas y mariposas, muchas mariposas. Algo que se perdía en el túnel del tiempo, junto con el último aleteo anaranjado.

Y es que nunca hubo un túnel bajo ese cielo, estábamos despiertos, trepando al gigantesco árbol de moras cuando caía el atardecer.


sábado, 4 de abril de 2026

Una escena sin nombrar

Intento ponerle un nombre a una escena vacía, para que la mera consecución de las palabras llegue antes que la resignación, en esta nada en donde me preocupo por el sentido de la asociación, acaso un movimiento que indique el inicio de algo nuevo.

Mover algo en esta escena sin nombrar, trazar los pliegos de una hilera de sombras, para conjeturar sobre el taciturno silencio de los árboles, alejarnos lo suficiente para que otro espacio sea creado.

Así, una lámpara es cambiada de lugar en el poema, la escena desteje la sombra que se inclina ante el tiempo, se ven las grietas en la pared pintada de verde, y el marco de la única ventana se hace visible con el atardecer.


sábado, 28 de marzo de 2026

Lo que queda del bosquejo

Ahora que termina la canción, del poema que se enreda en la enramada, pienso en cómo deformar lo que se anuda, cómo hacerlo sin palabras

un texto para hacer visibles las capas, una mata bajo el silencio sin cubrir, del rocío en el plano ambarino donde los versos parecen dedos que arrancan pedazos de tierra, marcando los surcos, mirando a las hormigas avanzar hacia los derroteros fecundos, la idea anudada cuyo preámbulo es la perplejidad y el débil asombro mientras atardece,

esas toscas representaciones y esos simulacros

ese vaivén mientras me pierdo en el bosquejo donde se anulan las percepciones.

sábado, 21 de marzo de 2026

La imagen de la poesía

Alguna vez me pregunté porqué la poesía no tiene una imagen que pudiera representar algo más que las desavenencias de un género literario o forma de existir en el mundo. Una imagen como la que se suele asociar a la justicia, el amor, la libertad (hoy tan bastardeada).

El cuestionamiento era que si hay un concepto al cual no puede asociarse una imagen, la pregunta sobre su naturaleza invariablemente ofrecía (ofrece) definiciones dispares, aunque coincidentes desde lo semántico, por más que las reflexiones parezcan cruzar infinidad de espacios, el plano sigue siendo el mismo, pero la imagen queda fuera del marco.

Definir esa idea puede llevar minutos o toda una vida.

Melancólicamente, busqué por años una imagen que representara la poesía, aún recuerdo el vértigo inicial ante la inquietud, la ausencia de certezas al atardecer.

La vida sigue mientras tanto.