Hace un tiempo terminé de leer este pequeño ensayo “literato y compadrón” de Alejandro Rubio, habría que desandar por los tópicos frecuentados por el poeta, me quedo en uno en particular.
Parte de la base de
que la literatura argentina solo puede ser auténticamente mala, malvada,
canalla, si tiene una relación esencial con la impostura.
Trazo un vínculo
con esta otra idea:
Las falsificaciones
pueden llegar a ser tan buenas que cuando nos encontramos con el artículo
original nos decepcionamos de él. Es lo que pasó con Saer y la escuela de la
mirada francesa: Robbe-Grillet, tardíamente leído, parecía un imitador del
hombre de Serodino. Es el triunfo final del estafador: el simulacro en el lugar
de la idea.
Todo este análisis
desemboca previamente en Roberto Arlt, dice del autor de “el juguete rabioso”:
Arlt es la piedra
de toque para entender nuestro tema. Un tipo que escribía mal, con errores de
ortografía, de gramática, de composición, es nuestro mejor novelista.
Lógicamente, quería ser inventor: transmutar una imagen mental en un artefacto
fungible. Pero fracasó y murió, y en lugar de sus inventos quedó su literatura:
las imágenes mentales se transformaron en moneda falsa. De cualquier manera, la
moneda falsa compra bienes materiales, auténticos inventos. Es enloquecedor y
los autores argentinos están locos con la locura de Arlt. Todos los novelistas
nacionales después de él sacan fotocopias de sus billetes truchos e intentan
comprar el Nobel. La literatura argentina es falsificación, impostura, en
definitiva, estafa...”
Se puede objetar lo
que mismo el autor reconoce al final del ensayo, que solo ha tomado unos pocos
ejemplos concretos de escritor argentino (interesante la mirada sobre Sarmiento
y Borges) y que ni aún estos han sido estudiados a fondo, si bien invita al
lector a consultar las obras y a verificarlas en la biblioteca, considera que
es improcedente descalificar la crítica por no abordar un plano más amplio, y
como muestra ofrece un contundente mapa simbólico de lo que para Alejandro
Rubio es mala literatura:
Naturalmente,
existen jóvenes serios, grillos de papel, escarabajos de oro, ornitorrincos (como se sabrá, son
los nombres de las distinas revistas literarias que dirigió Abelardo Castillo),
Ernesto Sábato, cortazarianos, posconcretistas, varias clases de
neorrománticos. Y mujeres, muchas mujeres. Pero un escritor argentino del Bien
no contradice la verdad de la literatura argentina del Mal: es sólo un mal
escritor de la literatura universal.
Estoy tratando de
articular todo esto, en algún punto me recuerda aquella carta del vidente que
escribió Rimbaud en su adolescencia “los
poetas son ladrones de fuego”, el sentido del ensayo no es precisamente
ese, pero me inquieta saber que lo que pienso me ubica literalmente en un
fangal donde descubro mis propias limitaciones, regodeándome en un
entendimiento fatuo de la literatura que históricamente frecuenté, o tal vez no
sea para tanto y entonces me permita disentir estas aseveraciones, como Fabian
Casas cuando alega que el autor de la Garchofa esmeralda sostiene con este
ensayo un discurso contradictorio, ofreciendo un gesto conservador y purista.
No creo que se
trate de polemizar con ligereza, el asunto requiere variados estudios, y como
tal, los abordaré en otro momento.
Fuente: La garchofa esmeralda / Alejandro Rubio. Buenos Aires: Mansalva, 2010.
Hola, sabés dónde puedo leer el ensayo de Rubio?
ResponderEliminarUn saludo.
hola
ResponderEliminaraca podría ser que lo consigas:
https://www.facebook.com/Editorial-Mansalva-213293518726501/
vale la pena comprar el libro
saludos!