viernes, 23 de febrero de 2024

La improbable vida


Una línea finísima, que se prolonga hasta un banco de niebla, titilando como una nebulosa

playas blancas que parecen brillar en el pasillo, la puerta abierta siempre lejana.

así fue morir en aquel sueño, la vida improbable, los manzanos muy rojos.

Una hilera de caracoles resplandece bajo el crepúsculo.


viernes, 16 de febrero de 2024

La escama de la serpiente

Si todo fuera pasar una escoba para limpiar las calles todos los días, en el mismo lugar, a la misma hora…

si todo fuera dejar una simple calle limpia, sin que nadie que, sin que nadie nada.

en la autopista, cuando voy para el trabajo, ya no miro por el espejo retrovisor

ni me inquietan los pájaros negros posados sobre los puentes rojos.

y entonces (no) me doy cuenta, que si a mi auto lo estuviera viendo desde un lugar muy alto

sería la pequeña escama de una serpiente sin enroscar, sin volverse contra sí misma.

y si en verdad todo eso ocurriese, no nos daríamos cuenta en qué momento la serpiente se vuelve contra sí misma, cerrando el círculo de una inmensa bóveda, donde todo se desplaza -tesitura de la impermanencia- sin que nada sepamos.

viernes, 9 de febrero de 2024

La improbable verdad del universo

Ayer medí la curvatura del espacio con un hilo amarillo, parecía sencillo, pero tuve que tensar el cordel entre una palmera algo inclinada y un farol pintado de rojo carmesí.

Yo estaba en medio del patio, bajo la tenue claridad de una noche de verano.

Me serví un vaso de cerveza, me saqué las sandalias y miré las estrellas en silencio.

Era esa la vida eterna, en medio de la luna llena, dejando huellas en algún desierto.

jueves, 1 de febrero de 2024

Mirando pasar un tren desde un tren

Correr hacia ningún lugar, porque todo lo que va en paralelo avanza a una velocidad que se deforma, en el espejo desgastado de los silencios que se labran bajo la sombra de una sentencia. Una pintura sin marco, la pared como una extensión de un rapto marcado con pedazos de carbón, concebir un hecho artístico con las manos manchadas de negro. Una casa con una viña cubierta de uvas moradas, el sol que se inclina, el amarillo horizonte atravesando las paredes blancas, los verdes loros del día anterior.

Mirando pasar un tren desde un tren, el cielo que orbita raudo entre los cardos violetas, la ventana de enfrente que me refleja con algo de tardanza.