jueves, 3 de diciembre de 2009

Divagaciones y desmembramientos

Añoro el vaso de vino del poema, ese detenerse en una totalidad que es en sí misma la poesía, el descreimiento de pertenecer hacia algo que abruma, una idea inconstante que ha perdurado por milenios, como la idea de Dios, o como prefiere Saramago, de dios…

Buenos poetas han bebido de raíces amargas y sin embargo extasiaron a los lectores como si nadaran en dulces viñedos, donde todo es posible. Allí lo anacrónico y lo irreverente queda subsumido a la observación atenta, nos asola un desierto del cual nada sabemos, pero podemos ver las huellas, el terror por sabernos videntes y que esa sola presunción podría sin esfuerzo alterar nuestro sistema de pensamiento, nuestras absurdas creencias.

No hay en dicho vericueto una mirada apocalíptica, solo puedo ver este desmembramiento en que se convierte una idea ante la quietud, lánguidas rutinas de caminos cuadriculados, debajo de un pálido cielo violeta que siempre tendrá pájaros.

En esta disyuntiva, a pesar de la perplejidad de la cual beben infundadas conjeturas, busco consuelo en la lectura, acaso un encuentro cuya ecuación simula un atavío.

No sé cuándo volverá a ocurrir.


No hay comentarios:

Publicar un comentario