sábado, 22 de febrero de 2014

Un punto de inflexión

En el libro "El cielo protector" de Paul Bowles, aparece en el epígrafe un texto de Kafka que me detuvo:
“A partir de determinado punto, no hay retroceso posible. A ese punto hay que llegar”

En todo proceso de escritura, llega un punto de inflexión en el que no es posible razonar lo que se está construyendo. La prosa se torna arborescente, la "trama" se intensifica bordeando las márgenes imprevistas de los recovecos semánticos, hay allí un nudo que nunca termina de desatarse, un embrollo con sus dificultades ontológicas sin resolver, pero que es preciso continuar, ver hasta donde llegan sus discordancias.

Me encuentro trabajando en un tono desde hace tiempo, hay una idea de vacilación que cada tanto me detiene, luego avanzo por fragmentos, intentando sacralizar lo ya desacralizado, recogiendo parte de un romanticismo que anhelo recuperar, acaso una exaltación a través del poema.

Desde cierta lírica, cultivada mediante precarias lecturas, busco profanar aquella instancia del lenguaje calcinado, descifrar con la escritura lo que no es posible decir con la palabra, ese infinito.

2 comentarios:

  1. Hace poco le dije esa frase con la que comenzás a un amigo.... hablábamos en realidad de la vida y no de la escritura. PEro respecto a lo que hayas estado escribiendo, y quizás a modo de guía, tengo aquí otra frase de Kafka que dice: si el libro que leemos no nos despierta como un puño que nos golpeara en la cara, ¿para qué lo leemos? Lo qe debemos tener son esos libros que se precipitan sobre nosotros como la mala suerte y que nos perturban profundamente como la muerte de alguien a quien amamos más que a nosotros mismos. Un libro debe ser como un pico de hielo que rompa el mar congelado que llevamos dentro".

    Si me preguntás a mi, después de eso, no hay regreso.

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  2. Interesante punto Emilie
    Creo que esto es como los límites, todos tenemos uno.
    Pero llevas el tema a la lectura, lo cual provoca una inquietante coincidencia. Si lo que el libro contiene no produce eso que decís, conviene abandonarlo. No deberíamos entender la idea del no-regreso como una obligación para llegar a ese punto del que hablaba Kafka, es un contrasentido. Será por eso que Borges no creía en las "lecturas obligatorias" de la Universidad.
    Un abrazo.

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