jueves, 15 de noviembre de 2012

El estanque de agua quieta


He aquí un poco de quietud luego de ocurrida una tempestad.
En este lugar (una autopista que llega hasta Ezeiza) una vez al año se inunda al costado del camino, el pasto deja de verse por unos días, se forma una laguna, un estanque de agua quieta, entonces sale el sol y se desata la poesía.
Los árboles se duplican, el plácido reflejo del espejo de agua, impide saber donde terminan y donde empiezan aquellas ramas, donde continúan aquellos troncos.
Me hace acordar a ciertas pinturas rupestres prehispánicas, cuyos grabados representan la inmortalidad, un camino o puente hacia otro mundo, una suerte de dualidad natural, de complementariedad eterna.

Es atemporal lo que sucede, ajeno como estoy a los autos veloces, que pasan indiferentes con sus radios encendidas.




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