jueves, 15 de mayo de 2014

Voces




Me quedé sin computadora el fin de semana, opté por leer al azar unos versos de Osvaldo Lamborguini, el hecho me llevó a pensar en las complejidades que los textos presentan –un poeta que conversó consigo mismo, o a lo sumo que pensó en voz alta, pero se le ocurrió escribir lo que pensaba, y ese simple acto arruinó la existencia de algunos lectores ¿poetas?– pienso en quienes bebieron de las orillas de Heráclito, aquellos que podían decir “me gustó lo que entendí, pero también lo que no entendí”, entonces ciertos poemas de Lamborguini me saben arborescentes, herméticos, disruptivos, viscerales, satíricamente ígneos, luminosos, barrosos, llenos de estiércol, acaso fulminantes, un sinsentido hacia adentro, la luz en el pasillo de la casa del poema donde apenas advertimos sus jardines, las escupidas en las esculturas, el oprobio, el barroquismo, la escatológica irrupción de la realidad, desbrozada contexto por contexto, atravesada por feroces imbricaciones, porque todo en Lamborghini se conceptualiza en plural.

Vaya un poema.
Raschella in the night (para Sergio Rondán)

Ese sofisma –tu alma– no te lo devolverán nunca.
lo robaron robándolo, lo robaron
ladroneándolo y escribiéndolo.
Ese sofisma ha muerto para que estés vivo
(“Dios mío, lo horrible”).
Y las mujeres no hablan de Miguel Ángel.
Quieren acercarse al pibe, a Rimbaud, pero
no: no hay tiempo, ¿o está muy lejos? (“Dios mío,
lo horrible”). Alfred Jarry Phinanzas, ministro de
Economía y su candela verde, pábulo no hubiera, no habría dado
a tanta catástrofe.

Estrofa

No va a venir a enseñarme ahora a poner las cosas en su debido
lugar (¿a mí?).
Lo que digo (“Dios mío, lo digo”) horrible.
Y semanas, no sememas, y meses y años. Un día.
Un día día.
Se acaba el cuenco de las manos: puf, agotado.
Morir es una flor.
El clavel del aire.
Clavado en su aroma yex, ex tinto.
Si los maestros no quieren enseñar, debo hacerlo yo.
Y si lo digo, día. Ah…,lo horrible:
mi Dios mío.
Seis antorchas encendidas en una habitación vacía y golpeando
            (todavía más) todavía más la blanca
            luminosa enceguecida
            cal del muro.
Quise mi templo y lo tuve, así
            (como quiere a mi Dios y lo tuve)
No: jamás minúsculas.

Estrofa

Ese silogismo (igual: estoy harto)
Que los hombres, Sócrates, sean mortales.
Que los perros relámanse avec la Teoría
     o la Doctrina.
“Pero, ¿cómo hay que robar?”
–Dios mío: robando,
robando.

                     Osvaldo Lamborghini (29 de octubre.1980)
                     del libro Poemas, 1969-1985 (2004 con edición de César Aira)

Me interesa la sintaxis de este poema, y la particularidad de la puntuación: comillas, itálicas, paréntesis, repeticiones, puntos suspensivos, guiones, separación de palabras, como bien dice Ezequiel Alemian “en la poesía de Lamborghini la escritura se vuelve contra sí misma, borrando sus puntos de sostén, sus articulaciones. Es una escritura constituida por las grietas que amenazan con desmoronarla. ¿O es que nunca alcanzó a constituirse?”
Leer a Osvaldo Lamborguini –como a Leónidas, su hermano– puede resultar una práctica desconcertante, el objeto que ofrece parece imbricado de referencias múltiples que permanentemente producen esquirlas, que son las marcas con las cuales probablemente pueda orientarse el lector en ese entramado poblado de sutilezas. Alemian agrega mayor claridad al estudio: “El uso de diferentes tipografías y tamaños de letra, las ya mencionadas operaciones a que somete a las palabras, la particular y enfática utilización que hace de los signos de puntuación tienen como efecto, a la manera de Mallarmé, la descomposición de la superficie poética en una serie de planos que se despliegan simultáneamente, pero que acá sólo se hacen visibles en el momento en que se intersectan. Como si en vez de haber una sola voz poética, hubiese una por cada plano, y la poesía de Lamborghini estuviese constituida por esos momentos brevísimos en que las distintas voces dialogan entre sí. De ahí el carecer dispersivo y disruptivo de sus poemas, pero también cierto rasgo fonológico: la poesía de Lamborghini es la de alguien que continuamente escribe hablando consigo mismo”.

Comparto una apreciación más del poeta, acaso visible en los sucesivos abordajes,
una gran tristeza atraviesa toda su poesía.

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