sábado, 8 de septiembre de 2012

La primera infancia


Porqué será que algunos hechos perduran en la memoria. Una vez, estando en el patio trasero de la casa materna, jugábamos con mi hermano arrojando piedras entre los yuyos y las macetas, había un tanque de agua que en cierto modo obstaculizaba nuestro pequeño universo, el calor era insoportable, hacía días que no llovía y fue entonces que mi hermano me preguntó algo que el tiempo no pudo hacer olvidar ¿por qué no haces que llueva?, le pedí quedarme solo, tendría 7 años, me arrodillé en el tanque de agua y rogué al cielo que lloviera.
Vaya a saberse porqué ciertas variables se manifiestan en una etapa de tanta pureza, porque a las pocas horas el milagro sucedió, estaba lloviendo, todo se llenó de agua...

Desde entonces me creí alguien especial.
Aún sigo viendo a ese niño, a través de los invencibles sueños infantiles, en el sol de aquella tarde, que entibiaba la parte alta de los muebles, mientras las nubes parecían barquitos de papel, de esos que andan en los estanques, empujados como en un susurro por la brisa del verano.

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